LO QUE OCCIDENTE NO LOGRA COMPRENDER SOBRE LA ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN DE IRÁN. Lorenzo Maria Pacini.

Lorenzo Maria Pacini.

Foto: Hossein Salamí, jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán, asesinado por un operativo militar ejecutado por Israel. (Archivo 10.12.2024) Imagen: Icana/Zumapress/picture allianc

25 de abril de 2026.

La dimensión comunicativa se ha convertido en una parte integral del conflicto, tan importante como las operaciones militares o la dinámica económica.


Contexto

En el panorama actual de las relaciones internacionales, la dimensión comunicativa se ha convertido en una parte integral de los conflictos, tan importante como las operaciones militares o la dinámica económica.

En este contexto, la República Islámica de Irán está perfeccionando progresivamente una estrategia mediática que, a primera vista, parece contradictoria e inconexa, pero que puede interpretarse como una forma sofisticada de ambigüedad estratégica: un enfoque que permite a Teherán multiplicar los niveles del discurso político, confundir a su adversario y mantener margen de maniobra tanto a nivel nacional como internacional.

Uno de los elementos más evidentes de esta estrategia es la coexistencia de registros comunicativos diferentes —y en ocasiones divergentes— entre los principales componentes del sistema de poder iraní.

Por un lado, el Gobierno civil y las instituciones diplomáticas adoptan un lenguaje relativamente cauteloso, abierto a la negociación y cuidadoso de no cerrar por completo los canales con Occidente, en particular con Estados Unidos e, indirectamente, con Israel. Por otro lado, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) mantiene una postura retórica decididamente más asertiva, si no abiertamente conflictiva, haciendo hincapié en la legitimidad de la resistencia armada y la necesidad de continuar la confrontación.

Cabe señalar que esta aparente dicotomía no debe interpretarse únicamente como un signo de disfunción interna, sino más bien como una posible estrategia deliberada.

La presencia de múltiples voces permite a Irán dirigirse simultáneamente a diferentes públicos: los interlocutores internacionales, sus aliados regionales y la población nacional.

En términos de la teoría de las relaciones internacionales, se podría hablar de una forma de «mensaje de doble vía», en la que la diplomacia y la disuasión se ejercen en paralelo a través de canales distintos pero complementarios.

Estratégicamente, este enfoque ofrece ventajas significativas. La ambigüedad reduce la previsibilidad de la acción iraní, lo que complica los procesos de toma de decisiones de los adversarios.

De hecho, Estados Unidos e Israel se ven obligados a interpretar señales a menudo contradictorias, sin poder identificar con certeza qué línea es dominante dentro del sistema iraní. Esto genera un efecto de «ruido informativo» que puede ralentizar o distorsionar las respuestas políticas y militares occidentales.

Cabe señalar que en Occidente estas tácticas son bien conocidas; Irán no ha inventado nada nuevo.

La cuestión es que nadie esperaba una actuación tan firme, precisa, oportuna y eficaz por parte de Irán, suficiente para cambiar rápidamente la percepción colectiva.

Quizás los occidentales subestimaron el potencial de Irán, o quizás las propias reglas de la comunicación ya no son bien comprendidas por los occidentales, quienes se están dando cuenta de la disfuncionalidad de ciertos «productos culturales» que han introducido en el mundo.

Estrategia más amplia

Al mismo tiempo, la narrativa iraní forma parte de un choque discursivo más amplio con Occidente.

Mientras Washington y Tel Aviv siguen presentando sus acciones como una defensa del orden internacional y los valores democráticos, Teherán se posiciona como una fuerza que se resiste a una forma de imperialismo percibida como agresiva y desestabilizadora.

En este sentido, la comunicación iraní no se limita a reaccionar, sino que construye activamente una contranarrativa que encuentra eco en diversos contextos del Sur Global y entre los actores críticos con la hegemonía occidental.

Un elemento crucial de esta dinámica es la percepción de ventaja estratégica.

Según algunos análisis, Irán se encuentra actualmente en una posición relativamente favorable, no tanto en términos de superioridad militar convencional, sino más bien debido a su capacidad para sostener un conflicto prolongado y asimétrico.

La red de alianzas regionales, la resiliencia económica desarrollada bajo las sanciones y la capacidad para llevar a cabo operaciones indirectas contribuyen a reforzar esta percepción.

En este contexto, los mensajes asertivos del IRGC pueden interpretarse como un reflejo de una confianza creciente, mientras que la labor diplomática del Gobierno mantiene abiertas las opciones de negociación para consolidar los logros alcanzados.

Sin embargo, esta imagen externa corre el riesgo de ocultar la complejidad de la situación interna de Irán, ya que el sistema político de la República Islámica se caracteriza por una amplia diversidad de centros de poder, cuyas relaciones suelen estar marcadas por la competencia y la tensión.

Las diferencias entre pragmáticos y conservadores, entre instituciones civiles y aparatos militares, y entre diversas visiones del futuro del país generan una dinámica interna que dista mucho de ser monolítica.

En este sentido, la comunicación divergente no es meramente una herramienta para la interacción externa, sino que refleja también un conflicto interno real.

Las decisiones relativas a la política exterior y a la gestión de las relaciones con Occidente se convierten en un campo de batalla entre facciones que proponen estrategias diferentes: por un lado, la integración controlada en el sistema internacional; por otro, el fortalecimiento de un modelo de resistencia autónoma y antagónica.

Las implicaciones de esta competencia interna son difíciles de predecir. Podría conducir a un reequilibrio de poder entre las instituciones, o a una redefinición más profunda de la identidad política de la República Islámica.

En cualquier caso, la dimensión comunicativa seguirá desempeñando un papel central, tanto como herramienta de legitimación interna como medio de proyección internacional.

Irán está demostrando ante el mundo entero una notable capacidad para operar simultáneamente en múltiples niveles comunicativos, aprovechando sus divisiones internas como un recurso estratégico en lugar de como una debilidad.

Esta capacidad le permite mantenerse firme, al menos en el plano narrativo, frente a un Occidente que sigue apoyándose en marcos comunicativos más lineales y menos flexibles.

Comprender esta dinámica requiere ir más allá de interpretaciones simplistas y reconocer la complejidad de un actor que, a pesar de estar desgarrado por tensiones internas, logra transformarlas en una palanca de poder en el contexto de la competencia global.

Y, sobre todo, comprender este aspecto es esencial para entender lo que Irán está dispuesto a hacer en el futuro, luchando en todos los frentes —incluidos los híbridos— con el fin de alcanzar la victoria.

Traducción nuestra


*Lorenzo Maria Pacini es Profesor asociado de Filosofía Política y Geopolítica, UniDolomiti de Belluno. Consultor en Análisis Estratégico, Inteligencia y Relaciones Internacionales.

Fuente original: Strategic Culture Foundation

Deja un comentario