AUMENTO DE LAS TENSIONES ENTRE ISRAEL Y TURQUÍA: DE LA ALIANZA ESTRATÉGICA A UNA RIVALIDAD ARTIFICIAL. Ricardo Martins.

Ricardo Martins.

Ilustración: The Cradle

26 de abril 2026.

El conflicto actual en Gaza está redefiniendo el panorama moral y geopolítico de Oriente Medio. La retórica de Israel hacia Turquía ya no solo indica una ruptura diplomática, sino que pone de manifiesto un patrón de antagonismo estratégico en el que la guerra se ha convertido en la principal forma de diplomacia.


De una asociación inestable a un antagonismo abierto

La ruptura entre Israel y Turquía no es el resultado de un único desacuerdo o incidente. Más bien, es la culminación de un prolongado colapso político que se ha acelerado desde el inicio de la guerra de Gaza.

Dos Estados que en su día mantuvieron relaciones comerciales, de coordinación y, en ocasiones, de confianza mutua, se han convertido ahora en rivales enzarzados en una guerra pública de palabras.

En mayo de 2024, Turquía suspendió todo comercio con Israel, afirmando que la decisión permanecería en vigor hasta que se lograra un alto el fuego permanente y el acceso humanitario a Gaza.

En respuesta, Israel derogó su acuerdo de libre comercio con Turquía e impuso un arancel del 100 % a las importaciones turcas. El comercio, que antes servía de amortiguador diplomático, se ha convertido ahora en una herramienta de confrontación.


«El actual liderazgo de Israel está normalizando un orden regional caracterizado por ataques punitivos, desafío legal y sospecha persistente»


Además, la fiscalía turca ha imputado a 35 altos cargos israelíes en relación con la interceptación de la flotilla humanitaria Sumud.

Según Ankara, Israel está «quemando todos los puentes» en la región. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, ha declarado públicamente que Israel «no puede vivir sin un enemigo» y que podría estar intentando posicionar a Turquía como su próximo adversario tras Irán.

Así, la disputa diplomática ha evolucionado hacia una contienda narrativa sobre amenazas percibidas.

Turquía como el «nuevo Irán»: la política de crear enemigos

La postura actual de Israel se caracteriza no solo por la hostilidad hacia Ankara, sino también por una tendencia a enmarcar cada desacuerdo regional como un conflicto existencial.

El ex primer ministro israelí Naftali Bennett describió a Turquía como «el nuevo Irán» en unas declaraciones ampliamente difundidas en febrero y marzo de 2026.

Esto indica que los líderes de la derecha israelí están tratando a Turquía no como un vecino convencional con disputas aisladas, sino como un desafío estratégico que debe identificarse, amplificarse y contenerse.

Este hecho es significativo, ya que refleja la cultura política que rodea al Gobierno de Benjamin Netanyahu. El reciente análisis de Aaron Gell en The Guardian sobre el libro de Omer Bartov, Israel: What Went Wrong?, ofrece una perspectiva más amplia.

Bartov sostiene que un sionismo liberal y preocupado por la seguridad ha evolucionado hacia un proyecto etnonacionalista caracterizado por la violencia, la movilización constante y la dependencia del apoyo estadounidense.

Independientemente del lenguaje utilizado, el argumento subyacente es que un Estado cada vez más definido por una psicología de asedio acabará construyendo nuevos bloqueos a través de estrategias narrativas. Turquía se está incorporando ahora a este marco.

Gaza, la Flotilla y la erosión de la moderación diplomática

La escalada está estrechamente vinculada a las consecuencias morales y legales del conflicto de Gaza. La indignación turca se ha intensificado no solo debido a la guerra, sino también porque Ankara se ha posicionado como centro de la responsabilidad jurídica, un desarrollo que Israel no había previsto.

La acusación relacionada con la flotilla humanitaria Sumud, que los fiscales turcos han asociado con crímenes contra la humanidad, ejemplifica un cambio más amplio de la condena retórica a la confrontación jurídica y diplomática con los líderes israelíes.

En respuesta, Netanyahu acusó a Erdoğan de dar cobijo a terroristas mientras se centraba únicamente en los kurdos.

Erdoğan ha calificado repetidamente las acciones de Israel de genocidio, ha comparado a Benjamin Netanyahu con Hitler y le ha acusado de orquestar un ataque no provocado contra Irán, implicando a Donald Trump en el proceso.

Las acciones regionales de Israel han reforzado estas percepciones. Según Reuters, la campaña militar de Israel en el Líbano sigue siendo intensa, con ataques que, según se informa, han causado desde el 2 de marzo cerca de 2300 muertes, y las fuerzas israelíes mantienen el control sobre una franja de 5 a 10 km de territorio libanés como zona de amortiguación.

Estos acontecimientos conforman el contexto en el que Turquía percibe las amenazas israelíes. Cuando un gobierno normaliza el conflicto en múltiples frentes, su retórica hacia Turquía parece menos defensiva y cada vez más expansiva.

El tablero de ajedrez del Mediterráneo: Grecia, Chipre, Italia y las alianzas emergentes

La relación entre Israel y Turquía debe entenderse en el contexto más amplio del Mediterráneo Oriental.

Viktor Mikhin, en un artículo publicado en New Eastern Outlook, explica que Grecia, Israel y Chipre han acordado aumentar las maniobras aéreas y navales conjuntas, profundizar la cooperación en materia de defensa y ampliar los proyectos de seguridad marítima e interconexión energética.

Turquía sigue de cerca esta cooperación, percibiendo la aparición de un triángulo de seguridad en su flanco occidental. Según Mikhin, esta alianza representa no solo una iniciativa estratégica, sino también un acto de desesperación por parte de Israel, que depende cada vez más de Estados Unidos como su único aliado.

Esta dinámica refleja las realidades subyacentes que configuran la región: las rutas energéticas, el espacio aéreo, las islas, los puertos y los sistemas de misiles se integran ahora en una contienda más amplia por la influencia en el Mediterráneo.

Sin embargo, los acontecimientos regionales no son unidireccionales. Según el análisis de Barin Kayaoglu en Al-Monitor, la prevista adquisición por parte de Italia del dron Bayraktar TB3 de Turquía significa algo más que un acuerdo de compra; indica que Ankara está emergiendo como un socio de defensa significativo dentro de la arquitectura de seguridad más amplia de Europa. Esto pone en tela de juicio la suposición, predominante en el pensamiento estratégico israelí, de que Turquía puede aislarse fácilmente.

Kayaoglu observa que el acuerdo refleja un reajuste más amplio en Europa:

Lo que está cambiando ahora es la conciencia estratégica de ambas partes: Turquía está consolidando su posición como socio de defensa indispensable para los Estados europeos que no pueden esperar a soluciones a nivel de la UE».

Del mismo modo, Francesco Schiavi sostiene que el giro de Italia hacia los sistemas turcos está impulsado por la coproducción industrial y un mercado de defensa en transformación, más que por un interés temporal.

Sigue siendo improbable un conflicto directo, pero aumenta la fragilidad regional

Sigue siendo improbable un conflicto militar directo entre Turquía e Israel. Ambos Gobiernos reconocen los importantes costes que ello implicaría y tratan de evitar una escalada incontrolada que pudiera afectar al Mediterráneo, a Siria o al mercado energético en general.

Turquía también ha emprendido esfuerzos de distensión en otros frentes. Erdoğan declaró que Ankara está trabajando para prolongar el alto el fuego con Irán y mantener las conversaciones diplomáticas, al tiempo que advirtió de que las acciones de Israel en el Líbano socavan la paz regional.

Este enfoque refleja la cautela de Ankara más que su ingenuidad.

Sin embargo, la ausencia de una guerra inminente no debe equipararse con la estabilidad regional.

El actual liderazgo de Israel está normalizando un orden regional caracterizado por ataques punitivos, desafío legal y sospecha persistente. La crítica de Bartov, tal y como la resume Aaron Gell, es pertinente: si Israel equipara el dominio militarizado con la seguridad, entonces todos los Estados vecinos podrían acabar convirtiéndose en objetivos de hostilidad.

Turquía es el último Estado en verse arrastrado a esta lógica estratégica israelí. La cuestión subyacente no es meramente la identificación de un nuevo adversario, sino la creación continua de tales adversarios.

En consecuencia, el peligro principal no reside en la perspectiva de una sola guerra, sino en el surgimiento de un sistema político en el que la guerra se convierte en la forma predominante de interacción.

Traducción nuestra


*Ricardo Martins – Doctor en Sociología, especialista en política europea e internacional, así como en geopolítica.

Fuente: New Eastern Outlook

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