DEL TRABAJO CLÁSICO AL TRABAJO DEL “INTELECTO GENERAL”: EL IMPACTO DE LA ERA DE LA INTELIGENCIA DIGITAL EN LA TEORÍA SOCIALISTA DEL TRABAJO. Te Li

Te Li.

Ilustración: Inteligencia Artificial. Autor: David S. Soriano

26 de abril 2026.

Es necesario promover el desarrollo de la teoría socialista del trabajo en nuestra época basándose en la innovación teórica y la exploración práctica, garantizando que el progreso tecnológico sirva en última instancia al bienestar común de todos los trabajadores.


Exposición clásica de la teoría marxista del trabajo

La teoría marxista del trabajo constituye la piedra angular teórica del materialismo histórico y de la teoría de la plusvalía, impregnando el análisis crítico de Karl Marx sobre el modo de producción capitalista. Este sistema teórico toma el trabajo como su categoría central y construye un marco crucial para comprender las leyes del desarrollo social humano al revelar las características sociohistóricas, duales y subjetivas del trabajo.

La siguiente exposición clásica se desarrolla en cuatro dimensiones: la determinación esencial del trabajo, la teoría del carácter dual del trabajo, el mecanismo de producción de la plusvalía y el objetivo del desarrollo humano libre y integral.

Marx definió el trabajo como el «metabolismo» entre los seres humanos y la naturaleza, haciendo hincapié en sus atributos duales: por un lado, es una actividad naturalmente necesaria para producir los medios materiales de subsistencia; por otro lado, es una actividad objetivadora que confirma las facultades esenciales del ser humano.1

En los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, Marx señaló:

Todo el carácter de una especie, su carácter específico, reside en la naturaleza de su actividad vital… El carácter específico del hombre es precisamente la actividad libre y consciente».2 

Esta concepción filosófica del trabajo trasciende la perspectiva limitada de la economía política clásica, que se limita a considerar el trabajo como una fuente de riqueza, y le confiere un significado ontológico: es tanto la característica esencial que distingue a los seres humanos de los animales como el vínculo que configura las relaciones sociales.

Una característica clave de la concepción marxista del trabajo es su marcada historicidad y socialidad. El trabajo no es meramente la expresión de un comportamiento individual, sino una actividad colectiva llevada a cabo en condiciones sociohistóricas.

Con el desarrollo de las fuerzas productivas, las formas, la naturaleza y el contenido del trabajo, así como su papel en la estructura social, cambian continuamente. En el marco teórico de Marx, el trabajo está íntimamente conectado con las formaciones sociales, los modos de producción, las estructuras de clase y el desarrollo humano integral.

El carácter social del trabajo determina que este exista siempre dentro de relaciones de producción específicas. Marx se opuso explícitamente a los debates abstractos sobre el trabajo, defendiendo que las formas reales del trabajo deben examinarse dentro de formaciones sociales concretas.

Por ejemplo, el trabajo esclavo, el trabajo servil y el trabajo asalariado, aunque comparten el nombre de «trabajo», presentan en realidad naturalezas sociales fundamentalmente diferentes debido a las diferencias en la propiedad de los medios de producción. Esta perspectiva metodológica nos enseña que un análisis aislado del trabajo, separado de las relaciones de producción, oscurecerá la esencia de la explotación.

La teoría del carácter dual del trabajo (trabajo concreto y trabajo abstracto) propuesta por Marx en el primer volumen de El Capital representa una importante innovación en la historia de la economía política. El trabajo concreto crea valor de uso, encarnando la relación de intercambio material entre los seres humanos y la naturaleza; el trabajo abstracto constituye la sustancia del valor, reflejando las relaciones sociales entre los productores de mercancías. Esta distinción desmontó por completo la concepción errónea de los economistas clásicos, quienes confundían el trabajo con los factores generales de producción.

En el contexto de la inteligencia digital moderna, la creación de valor por parte del trabajo sigue siendo el núcleo del desarrollo de las fuerzas productivas sociales.

Sin embargo, con la aplicación generalizada de la automatización, la inteligencia artificial y el big data, tanto la creación de valor por parte del trabajo como las formas de explotación de la plusvalía han experimentado cambios significativos.

Esto significa que la teoría del valor de Marx necesita ser reexaminada en el contexto de la era de la inteligencia digital para abordar los retos y las transformaciones que trae consigo el trabajo inteligente.

Cabe destacar especialmente el énfasis de Marx en que

todo trabajo es un gasto de fuerza de trabajo humana, en el sentido fisiológico, y es en esta cualidad de ser trabajo humano igual, o abstracto, donde forma el valor de las mercancías3.  

Esto encierra dos niveles de significado profundo: en primer lugar, el trabajo abstracto no es un gasto de energía física, sino una unidad de medida e e del tiempo de trabajo socialmente necesario; en segundo lugar, la esencia del valor son las relaciones sociales reificadas, no los atributos naturales. Este pensamiento dialéctico sentó las bases teóricas para desvelar el secreto de la plusvalía.

Mediante el análisis del proceso de producción capitalista, Marx reveló el estado distorsionado del trabajo bajo el dominio del capital. En El capital, dividió la jornada laboral en tiempo de trabajo necesario y tiempo de trabajo plusvalía, reproduciendo el primero el valor de la fuerza de trabajo y creando el segundo plusvalía de forma gratuita para los capitalistas.

Esta división conlleva dos graves consecuencias: en primer lugar, los trabajadores solo pueden recibir una remuneración equivalente al valor de su fuerza de trabajo, lo que da lugar a un régimen arraigado en la empobrecimiento relativo; en segundo lugar, los propios productos del trabajo se convierten en instrumentos para la valorización del capital que, a su vez, domina a los trabajadores, creando una situación en la que «el trabajo muerto domina y absorbe al trabajo vivo»(4).

Los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 señalaron con mayor agudeza la cuádruple alienación del trabajo en el capitalismo: la alienación de los trabajadores respecto a los productos de su trabajo, respecto a sí mismos, respecto a los demás y respecto a la naturaleza.

La raíz de este estado de alienación radica en la externalización del trabajo causada por la propiedad privada: el trabajo, que debería ser un medio de autorrealización, se convierte meramente en un medio de supervivencia. Marx concluyó así:

Solo en comunidad con los demás dispone cada individuo de los medios para cultivar sus dotes en todas las direcciones(5).

La teoría marxista del trabajo apunta, en última instancia, hacia la liberación humana. El Manifiesto Comunista declara solemnemente:

En lugar de la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, tendremos una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos»6.

Este «libre desarrollo» se basa en la superación de la alienación laboral capitalista: cuando la propiedad pública de los medios de producción elimine la base de la explotación, el trabajo podrá volver a su estado auténtico, siendo a la vez un medio de subsistencia y un medio de autorrealización.

En la Crítica al Programa de Gotha, Marx imaginó la fase superior de la sociedad comunista aplicando el principio de «de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades», donde el trabajo ya no estaría sujeto a coacción externa y se convertiría verdaderamente en «la principal necesidad de la vida».

Sin embargo, hizo hincapié en que alcanzar este estado ideal requiere un largo proceso histórico, y que la tarea actual consiste en romper el control del capital sobre el trabajo mediante la revolución socialista y reconstruir el estatus subjetivo de los trabajadores.

La teoría marxista del trabajo no solo critica el carácter opresivo de las relaciones laborales capitalistas, sino que también propone la teoría de la liberación del trabajo en la sociedad socialista.

Marx afirmó claramente en el Manifiesto Comunista que el objetivo último de la revolución socialista es eliminar las diferencias de clase y lograr la liberación de los trabajadores: «La emancipación del proletariado debe ser obra de toda la humanidad»(7).

Creía que la sociedad socialista debía eliminar la propiedad privada de los medios de producción, permitiendo a los trabajadores determinar colectivamente los métodos de producción y distribución que hicieran posible el disfrute común de la riqueza social. La sociedad socialista que Marx imaginó es aquella que hace realidad el desarrollo humano libre y integral. En esta sociedad, el trabajo ya no se identifica con la alienación individual, ya no es una mera actividad para la supervivencia, sino un medio para el desarrollo integral del individuo. El trabajo en la sociedad socialista es libre, significativo y capaz de servir al progreso humano integral.

La teoría marxista del trabajo penetra en la niebla de los fenómenos económicos con una profunda dialéctica, afirmando el gran poder del trabajo en la creación de la civilización y exponiendo sin piedad la alienación e e del trabajo bajo el sistema capitalista.

Esta teoría sigue siendo nuestra arma intelectual para analizar las contradicciones en las relaciones laborales en la era de la economía digital, revelando cómo la búsqueda de la liberación del trabajo proporciona una dirección para el desarrollo humano en la era del intelecto general.

La ola de la inteligencia digital que redefine la determinación esencial del trabajo

Con la profunda integración de la tecnología digital y la tecnología inteligente (en lo sucesivo, «inteligencia digital»), el paradigma de producción de la sociedad humana está experimentando una transformación revolucionaria. Esta transformación no solo cambia las formas físicas de las herramientas de trabajo y los objetos de trabajo, sino que sacude más profundamente la determinación esencial del trabajo revelada por la teoría marxista del trabajo.

El trabajo ya no es simplemente el «intercambio material entre los seres humanos y la naturaleza», sino que ha evolucionado hasta convertirse en un sistema complejo que contiene elementos de datos, mediación algorítmica y colaboración inteligente.

Esta reconstrucción amplía los límites teóricos del trabajo y plantea nuevas exigencias de interpretación teórica. El siguiente análisis multidimensional examina los efectos de la inteligencia digital en la reconfiguración de la determinación esencial del trabajo.

La teoría clásica del trabajo se centra en los trabajadores humanos, haciendo hincapié en su posición central en la creación de valor.

Sin embargo, en la era de la inteligencia digital, los brazos robóticos de las líneas de producción industrial pueden completar de forma autónoma montajes de precisión, los vehículos no tripulados de los almacenes logísticos pueden optimizar dinámicamente las rutas, e incluso algunos trabajos creativos han comenzado a incorporar IA generativa.

Estos escenarios indican que la fuerza principal de la producción material directa ha evolucionado gradualmente hacia sistemas de colaboración entre humanos y máquinas.

La relación tradicional de «trabajo vivo que domina al trabajo muerto» se ha roto, sustituida por nuevas relaciones laborales en las que los trabajadores y las máquinas inteligentes son sujetos que se constituyen mutuamente. Esta transformación nos obliga a reexaminar la connotación de la subjetividad del trabajo: cuando las máquinas poseen capacidades de aprendizaje y pueden adaptarse activamente a los entornos, las funciones de los trabajadores humanos se desplazan cada vez más hacia las de supervisores, coordinadores y responsables de la toma de decisiones innovadoras, junto con formadores de máquinas y otros operarios de apoyo.

Bajo la ola de la inteligencia digital, las funciones de los trabajadores han experimentado profundos cambios. En primer lugar, los puestos de trabajo de los trabajadores ya no son principalmente los de operarios y trabajadores físicos, sino que se orientan cada vez más hacia el soporte técnico, el análisis de datos y el trabajo innovador.

Con el auge de la inteligencia artificial, los trabajadores tradicionales pueden enfrentarse al riesgo de ser sustituidos por máquinas, especialmente aquellos que realizan trabajos repetitivos y estandarizados, que pueden perder oportunidades de empleo.

Un informe del Foro Económico Mundial predijo en 2020 que, para 2025, desaparecerían más de 85 millones de puestos de trabajo en todo el mundo debido a la automatización, mientras que se crearían 97 millones de nuevos puestos, la mayoría de los cuales requerirían competencias digitales y capacidades innovadoras.8

La ola de la inteligencia digital ha intensificado, en cierta medida, la relación de explotación del capital con la mano de obra.

Con la aplicación de la inteligencia artificial y la tecnología de automatización, las empresas pueden sustituir la mano de obra humana por máquinas, reduciendo los costes de producción y aumentando los beneficios. Sin embargo, esto también conduce a un deterioro de la situación laboral de los trabajadores, en particular de los trabajadores poco cualificados, que se enfrentan al desempleo o a la disminución de los salarios.

Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo, la ola de digitalización podría ampliar aún más las brechas salariales a nivel mundial, con una disminución de los ingresos de los trabajadores poco cualificados, mientras que los ingresos de los trabajadores altamente cualificados podrían aumentar de forma más significativa.9

En la economía de la inteligencia digital, los datos masivos se convierten en un factor clave de producción, constituyendo un objeto especial de trabajo. Las operaciones diarias de los recopiladores de datos implican transformar el mundo físico en señales digitales, mientras que el proceso de formación de los ingenieros de algoritmos consiste esencialmente en extraer y refinar patrones de datos.

A diferencia de las materias primas tradicionales, los datos poseen características de no consumo, replicabilidad y costes marginales cercanos a cero, lo que cambia de manera fundamental la forma en que se procesan los objetos de trabajo: de la transformación de entidades materiales al procesamiento de símbolos de información. Más importante aún, los datos en sí mismos conllevan atributos de relación social, y sus procesos de recopilación, circulación y uso están profundamente arraigados en la lógica del capital y las estructuras de poder social, lo que dota a los objetos de trabajo de una complejidad social sin precedentes.

Los sistemas salariales basados en el tiempo fueron el invento emblemático del capitalismo para controlar el tiempo de trabajo, y en la era de la inteligencia digital, los algoritmos han logrado una gestión microscópica y refinada de los procesos laborales.

Las rutas de los repartidores se calculan en tiempo real mediante sistemas, las horas de servicio de los conductores de plataformas de transporte se registran con precisión y los ritmos de habla de los presentadores de retransmisiones en directo se rigen por algoritmos de tráfico.

Este control de los procesos laborales dominado por algoritmos presenta una doble característica: mejora superficialmente la eficiencia en la asignación de recursos, mientras que en realidad lleva la gestión científica taylorista a su extremo. Esto conduce a una fragmentación del tiempo de trabajo y hace que la intensidad laboral sea menos escrutable.

Los trabajadores parecen ganar la libertad de un empleo flexible, pero en realidad caen en trampas de eficiencia tendidas por los algoritmos, y los límites entre el tiempo de trabajo necesario y el tiempo de trabajo excedente se vuelven cada vez más difusos debido a los estados de trabajo en línea continuos.

Las aplicaciones en las tiendas de aplicaciones para teléfonos inteligentes, la creación de contenidos en plataformas de vídeos cortos, las listas de recomendaciones de productos en plataformas de comercio electrónico: estos productos laborales típicos de la era de la inteligencia digital poseen importantes características virtuales.

No ocupan espacio físico, pero logran una realización de valor masiva a través de la economía de la atención. Este mecanismo de captura de valor pone de relieve las contradicciones específicas del trabajo contemporáneo: por un lado, el valor de uso de los productos virtuales depende en gran medida de la experiencia subjetiva de los usuarios; por otro lado, su valor de cambio sigue estrictamente las leyes del mercado.

Cuando el número de «me gusta» determina la participación en los ingresos de los creadores de contenido, los estándares de medición del valor del trabajo han dado, de hecho, un salto peligroso del tiempo de trabajo a la atención del usuario.

La tecnología de inteligencia digital ha roto las limitaciones espacio-temporales del trabajo tradicional, dando lugar a nuevas formas como el empleo flexible, el trabajo a distancia y la economía gig. La pandemia de COVID-19 aceleró aún más esta tendencia, transformando el trabajo a distancia de una situación excepcional a una opción habitual.10

En la dimensión temporal, el trabajo digital presenta características de «24/7». Los trabajadores de plataformas pueden aceptar encargos en cualquier momento, los creadores de contenido no tienen horarios de trabajo fijos y los programadores a menudo deben responder a fallos repentinos del sistema.

El concepto tradicional de «jornada laboral» se difumina, y los límites entre el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso se disuelven cada vez más. Este cambio, si bien proporciona a los trabajadores flexibilidad temporal, también conlleva problemas de intensidad laboral incontrolable.11

En la dimensión espacial, los lugares de trabajo ya no se limitan a espacios físicos como fábricas y oficinas. La tecnología de computación en la nube permite trabajar desde cualquier lugar con conexión a Internet, mientras que la tecnología de realidad virtual amplía aún más las posibilidades de colaboración a distancia.

La movilidad y la colaboración global del talento se hacen posibles, y los equipos de proyectos transnacionales logran una integración perfecta a través de plataformas digitales.12

Esta reconstrucción espacio-temporal plantea nuevos requisitos para la gestión laboral y la protección de los derechos. Las cuestiones tradicionales del derecho laboral, como la definición de la jornada laboral, el cálculo de las horas extras y la garantía de la seguridad en el trabajo, se vuelven más complejas en los entornos digitales. Al mismo tiempo, proporciona las condiciones técnicas para lograr condiciones laborales más humanizadas y personalizadas.

La inteligencia digital no ha invalidado el marco básico de la teoría marxista del trabajo, sino que confirma su poderosa y única capacidad explicativa. Al igual que el sistema fabril que surgió en la era de la máquina de vapor no invalidó la teoría de la plusvalía, la gobernanza algorítmica en la era de la inteligencia artificial necesita, de manera similar, un análisis dentro del marco del carácter dual del trabajo.

La clave reside en comprender la relación dialéctica entre cambio y continuidad: lo que cambia son únicamente las formas específicas de manifestación del trabajo y los soportes tecnológicos; lo que permanece constante es el hecho básico de que el trabajo constituye la base de la reproducción de lo social.

En la actualidad, existe una necesidad urgente de desarrollar la teoría marxista del valor-trabajo en relación con las prácticas de la inteligencia digital, en particular la innovación teórica en ámbitos como la definición de los derechos de propiedad de los datos, la regulación de la ética algorítmica y la protección de los derechos laborales digitales.

Nuevas contradicciones creadas por el trabajo digital y soluciones socialistas

Una de las contradicciones más destacadas de la era de la inteligencia digital es el conflicto entre las posiciones monopolísticas que han adquirido las grandes empresas tecnológicas gracias a sus ventajas tecnológicas y la necesidad generalizada de proteger los derechos de los trabajadores.

Este monopolio difiere de los monopolios tradicionales de recursos; se basa en el control de recursos digitales como los datos, los algoritmos y las plataformas, y presenta un mayor grado de opacidad y penetración.13

El auge de las economías de plataforma ha permitido a unas pocas grandes empresas tecnológicas controlar enormes cantidades de datos de usuarios y tecnologías algorítmicas avanzadas, convirtiéndose de facto en «oligarcas digitales».

Tomando como ejemplo a Estados Unidos, gigantes tecnológicos como Google, Amazon, Apple y Meta poseen ventajas abrumadoras en sus respectivos campos.

No solo controlan nodos clave de la circulación de la información, sino que también determinan los ingresos y las oportunidades laborales de millones de trabajadores de plataforma a través de algoritmos.14  Este monopolio tecnológico coloca a los trabajadores en posiciones extremadamente desfavorables en la economía digital: la elaboración unilateral de normas por parte de las plataformas, el funcionamiento de algoritmos como «cajas negras», una distribución de ingresos gravemente sesgada y la ausencia de garantías laborales se están convirtiendo en problemas cada vez más graves.15 

Aunque la regulación antimonopolística se ha reforzado continuamente en diversos países, persisten las contradicciones estructurales en las economías de plataforma.

Los trabajadores de nuevas formas de negocio, como los repartidores de comida y los conductores de servicios de transporte a demanda, se enfrentan a dificultades en el reconocimiento de las relaciones laborales, a la ausencia de seguridad social y a retos en la protección de los derechos en caso de accidentes laborales.

Los sistemas socialistas proporcionan la base institucional para resolver esta contradicción.

En primer lugar, la adhesión a una estructura de propiedad en la que predomine la propiedad pública puede impedir de manera fundamental la concentración excesiva de los medios de producción en manos de unos pocos capitalistas.

En el ámbito de la economía digital, la participación de las empresas estatales y las economías colectivas puede constituir un control eficaz frente a los monopolios privados. En segundo lugar, el fortalecimiento de las funciones de regulación macroeconómica del Gobierno mediante la aplicación de medidas antimonopolio, la definición de los derechos de propiedad de los datos y la responsabilidad de las plataformas, mientras que la estandarización mantiene una competencia de mercado justa.

En tercer lugar, el establecimiento y la mejora de sistemas de protección de la « » laboral adaptados a las características de las nuevas formas de negocio garantizan que los trabajadores de las plataformas disfruten de derechos laborales básicos y de seguridad social.

Otra contradicción destacada en el trabajo inteligente es la oposición fundamental entre la profunda intervención de los sistemas algorítmicos en los procesos laborales y las necesidades humanas de subjetividad y dignidad.

Esta contradicción es particularmente evidente en las economías de plataforma, donde los algoritmos no solo determinan el contenido y el ritmo del trabajo de los trabajadores, sino que penetran profundamente en sus patrones de comportamiento y modos de pensamiento, dando lugar a nuevos tipos de «disciplina algorítmica».

En el sector de la entrega de comida a domicilio, los sistemas algorítmicos calculan con precisión el tiempo de entrega y las rutas de cada pedido, implementando un seguimiento en tiempo real y un ajuste dinámico de los repartidores.

Esta «gestión algorítmica», aunque mejora la eficiencia de las entregas, también transforma a los trabajadores en herramientas para la ejecución de algoritmos, lo que perjudica gravemente su autonomía y creatividad.16  Situaciones similares se dan en los servicios de transporte a demanda, la mensajería urgente, los servicios domésticos y otros sectores.

Lo que es más grave aún, algunos sistemas algorítmicos realizan «calificaciones crediticias» basadas en el historial de rendimiento de los trabajadores, lo que afecta a sus futuras oportunidades laborales y da lugar a sistemas jerárquicos digitalizados.17

Este control algorítmico es, en esencia, una nueva forma de dominación del capital sobre el trabajo. Tal y como analizó Marx, el objetivo de los procesos de producción capitalistas es la maximización de la plusvalía, siendo los trabajadores meros medios para alcanzar este objetivo.

En la era de la inteligencia digital, los algoritmos se convierten en nuevas herramientas del capital para controlar el trabajo, con una precisión y un alcance que superan con creces los métodos de gestión tradicionales.

El objetivo fundamental del socialismo de lograr un desarrollo humano integral proporciona una orientación crítica para resolver las contradicciones del control algorítmico.

En primer lugar, el establecimiento de un concepto de desarrollo tecnológico «centrado en las personas» exige que el diseño y la aplicación de los algoritmos estén al servicio de las necesidades de desarrollo humano, y no al revés.

En segundo lugar, el establecimiento de sistemas de transparencia y explicabilidad algorítmica protege el derecho de los trabajadores a conocer y supervisar, evitando el funcionamiento de los algoritmos como «cajas negras».

En tercer lugar, la mejora de los mecanismos de participación de los trabajadores en la gobernanza de las plataformas a través de las organizaciones sindicales y la negociación colectiva otorga a los trabajadores voz en la elaboración de normas algorítmicas.18

La tecnología de inteligencia digital ha creado una enorme riqueza social, pero la distribución de estos «dividendos digitales» es extremadamente desequilibrada, lo que genera nuevas brechas de riqueza. Este desequilibrio se manifiesta no solo entre empresas y trabajadores, sino también entre diferentes tipos de trabajadores, regiones y grupos de edad.

A nivel mundial, el desarrollo de la economía digital ha permitido a unos pocos gigantes tecnológicos acumular una riqueza sin precedentes. Las estadísticas muestran que la capitalización bursátil total de las diez principales empresas tecnológicas del mundo supera el PIB de muchos países.

Estas empresas cuentan con relativamente pocos empleados, lo que significa que se apropia un valor extremadamente alto por unidad de trabajo.19  En marcado contraste, un gran número de trabajadores de la industria tradicional se enfrentan a problemas de habilidades obsoletas, ingresos en declive e inestabilidad laboral. Esta «brecha digital» no solo agrava la desigualdad social, sino que también amenaza la estabilidad social.

El requisito esencial del socialismo de lograr la prosperidad común proporciona una orientación fundamental para resolver la distribución desigual de los dividendos digitales, de acuerdo con los siguientes principios.

En primer lugar, los logros del desarrollo que se comparten con la población mediante medidas redistributivas, como la regulación fiscal y los pagos de transferencia, contribuyen a reducir las brechas de ingresos e es.

En segundo lugar, el aumento de la inversión en la construcción de infraestructuras digitales en zonas subdesarrolladas y el fomento de la construcción digital en el medio rural permiten que más personas disfruten de los dividendos del desarrollo de la economía digital.

En tercer lugar, la mejora de los sistemas de formación profesional y capacitación ayuda a los trabajadores de la industria tradicional a adaptarse a la transformación digital, lo que evita el desempleo estructural a gran escala.20

La era de la inteligencia digital ha sido testigo de nuevas formas de alienación laboral que, al tiempo que perpetúan la alienación tradicional, presentan manifestaciones específicas de la digitalización.

Esta nueva alienación constituye una profunda contradicción con el ideal socialista de perseguir el desarrollo humano integral.

La alienación en el trabajo digital se manifiesta, en primer lugar, como la alienación de los trabajadores respecto a los productos de su trabajo. En la economía de datos, cada clic, cada navegación y cada compra de los usuarios se convierte en un activo de datos de la plataforma, pero los propios usuarios no pueden participar del valor creado por estos datos. Este «trabajo gratuito» separa por completo a los trabajadores de los resultados de su trabajo.

En segundo lugar, se acentúa la alienación de los trabajadores respecto a los procesos laborales, ya que el control algorítmico hace que el trabajo sea altamente estandarizado y mecanizado, con lo que los trabajadores pierden el control sobre el ritmo y los métodos de trabajo.

En tercer lugar, aumenta la alienación de las relaciones humanas, ya que las plataformas digitales, si bien conectan a masas de usuarios, también conducen a una reducción de la comunicación cara a cara y a relaciones sociales fragmentadas.

Lo que es más grave, la tecnología digital puede exacerbar la alienación del ser humano respecto a la naturaleza. Aunque la economía digital se caracteriza con frecuencia como una «economía verde», problemas como el consumo energético de los centros de datos y la fabricación y eliminación de productos electrónicos son cada vez más prominentes.

El entrenamiento y el funcionamiento de la inteligencia artificial requieren un enorme consumo de electricidad y una carga medioambiental cada vez mayor.21

Los sistemas socialistas, al priorizar el desarrollo humano integral como su objetivo central, ofrecen garantías institucionales para superar las nuevas formas de alienación laboral.

En primer lugar, a través de la propiedad pública y la distribución según los sistemas de trabajo, el socialismo garantiza que los trabajadores puedan compartir los frutos de su trabajo, reconstruyendo la conexión inherente entre los trabajadores y los productos del trabajo.

En segundo lugar, defiende conceptos de desarrollo tecnológico centrados en el ser humano, haciendo que el progreso tecnológico sirva a las necesidades de desarrollo humano en lugar de someter a los seres humanos a la tecnología.

En tercer lugar, construye nuevas relaciones sociales en la era digital, promoviendo la interacción y la colaboración humanas integrales a través de medios digitales y logrando una unidad orgánica entre el desarrollo individual y el desarrollo social.

Las nuevas contradicciones creadas por el trabajo inteligente presentan complejidad y profundidad, reflejando tanto las contradicciones entre el progreso tecnológico y el retraso institucional como los conflictos entre la lógica del capital y los valores humanísticos.

Los sistemas socialistas, con sus ventajas institucionales únicas y sus objetivos de valor, pueden proporcionar soluciones fundamentales para resolver estas contradicciones.

Sin embargo, esto requiere avanzar en la exploración práctica basada en la innovación teórica y perfeccionar continuamente los sistemas institucionales socialistas para adaptarlos a los requisitos de la era de la inteligencia digital.

Vías para el desarrollo contemporáneo de la teoría socialista del trabajo

Ante la profunda transformación de las formas de trabajo en la era de la inteligencia digital y las nuevas contradicciones que plantea el trabajo inteligente, la teoría socialista del trabajo debe experimentar un desarrollo contemporáneo sin apartarse de los principios básicos.

Este desarrollo no es una simple revisión de la teoría clásica , sino más bien una interpretación creativa y una ampliación práctica de la teoría marxista del trabajo en las nuevas condiciones históricas.

El desarrollo contemporáneo de la teoría socialista del trabajo requiere un avance coordinado en tres niveles: construcción teórica, innovación institucional y exploración práctica, con el fin de construir un nuevo sistema teórico del trabajo que incorpore los requisitos esenciales del socialismo y se adapte a las características de la era de la inteligencia digital.

Esta vía de desarrollo no solo se refiere a la mejora de los sistemas teóricos, sino también a la plena realización de la superioridad del sistema socialista y a la protección efectiva de los intereses fundamentales del pueblo.

El desarrollo contemporáneo de la teoría socialista del trabajo requiere, en primer lugar, una reconstrucción innovadora de los sistemas conceptuales y los marcos analíticos a nivel de construcción teórica. Este proceso debe construir un sistema teórico que refleje con precisión la esencia de las relaciones laborales contemporáneas, heredando el núcleo científico de la teoría marxista del trabajo y combinándolo con las nuevas características de la era de la inteligencia digital.

En cuanto a la reconstrucción del sistema conceptual, los conceptos tradicionales del trabajo deben ampliarse y profundizarse.

En primer lugar, se trata de la ampliación del concepto de sujeto de trabajo, pasando de los trabajadores puramente humanos a los «sujetos de trabajo colaborativos entre humanos y máquinas», reconociendo la condición de cuasi-sujeto de los sistemas de aprendizaje automático en condiciones específicas, al tiempo que se aclara el dominio humano en los procesos de trabajo.

En segundo lugar, la transformación digital de los conceptos de objeto de trabajo, incorporando elementos intangibles como datos, algoritmos y activos virtuales a la categoría de objetos de trabajo, y estableciendo sistemas de clasificación de objetos de trabajo adaptados a las características de la economía digital.22

En tercer lugar, la transformación computacional de los conceptos de proceso de trabajo, destacando nuevas características como la participación algorítmica, la interacción entre humanos y máquinas y los procesos basados en datos, formando marcos conceptuales que reflejen la esencia de los procesos de trabajo en la era de la inteligencia digital.

En cuanto a la innovación del marco analítico, deben construirse sistemas analíticos multidimensionales y multinivel. Verticalmente, esto requiere establecer cadenas analíticas que abarquen desde el trabajo microindividual hasta el trabajo macrosocial, cubriendo la adaptación de las competencias de los trabajadores individuales, la transformación organizativa a nivel empresarial, el ajuste estructural a nivel sectorial y la innovación institucional a nivel social.

Horizontalmente, exige la construcción de marcos analíticos integrales que abarquen las dimensiones económica, política, cultural, social y ecológica para comprender plenamente la complejidad y diversidad de las relaciones laborales en la era de la inteligencia digital.

Reviste especial importancia el desarrollo innovador de la teoría de la creación de valor. Si bien se deben respetar los principios básicos de la teoría del valor del trabajo, es necesario realizar un análisis profundo de los mecanismos mediante los cuales funcionan en la creación de valor nuevos elementos como los factores de datos, los sistemas algorítmicos y los efectos de red, con el fin de construir una teoría de la creación de valor adaptada a las características de la economía digital.

Al mismo tiempo, debe prestarse atención a la expropiación del trabajo no remunerado en formas de trabajo no mercantiles, como el desarrollo de software de código abierto, el intercambio de conocimientos y el servicio comunitario.23

La innovación teórica debe combinarse con la innovación institucional para hacer realidad el desarrollo contemporáneo de la teoría socialista del trabajo. El núcleo de la innovación institucional es el establecimiento de mecanismos de seguridad laboral y sistemas de gobernanza adaptados a los requisitos de la era de la inteligencia digital, proporcionando apoyo institucional para la protección de los derechos de los trabajadores y el desarrollo social armonioso.

En cuanto a los mecanismos de ajuste de las relaciones laborales, es necesario establecer normas de reconocimiento de las relaciones laborales y sistemas de gestión adaptados a las nuevas formas de empleo.

Para abordar la dificultad del reconocimiento de las relaciones laborales en las economías de plataforma, la exploración de conceptos de «relaciones de cuasi-empleo» puede proporcionar protección jurídica a las nuevas relaciones laborales que se sitúan entre las relaciones de empleo tradicionales y el trabajo autónomo completo.

Al mismo tiempo, deben mejorarse los mecanismos de negociación colectiva, apoyando la participación de los trabajadores de plataforma en la elaboración de normas de las plataformas a través de organizaciones como los sindicatos, con el fin de proteger sus derechos legítimos.

También deben crearse sistemas de seguridad social unificados que cubran a todos los trabajadores. El enfoque debe centrarse en establecer sistemas de seguridad social para el personal con empleo flexible y resolver los problemas de seguridad social de grupos como los trabajadores de plataformas y los autónomos.

La creación de «fondos de seguridad para los trabajadores digitales», financiados conjuntamente por las empresas de plataformas, el Gobierno y los trabajadores, puede proporcionar una seguridad básica a los trabajadores de estas nuevas formas de trabajo.

Además, deben implantarse mecanismos de protección de los derechos digitales, sistemas de derechos de propiedad de los datos y sistemas de protección de los derechos de los trabajadores digitales.

Aclarar la titularidad de la propiedad de los datos personales y crear mecanismos de reparto del valor de los datos permite a los productores de datos participar en los beneficios de la comercialización de los mismos. Al mismo tiempo, deben existir sistemas de transparencia algorítmica, que exijan a los sistemas algorítmicos relacionados con los derechos de los trabajadores que revelen a estos la lógica básica y las bases de la toma de decisiones, protegiendo así su derecho a conocer y supervisar dichos sistemas.

En materia de formación profesional y servicios de empleo, es importante establecer sistemas de aprendizaje permanente y plataformas inteligentes de servicios de empleo. El establecimiento de sistemas de formación profesional con la participación conjunta del gobierno, las empresas y las organizaciones sociales ayuda a los trabajadores a adaptarse a los requisitos de la transformación tecnológica.

El uso de la tecnología de inteligencia artificial para proporcionar servicios de empleo precisos permite lograr una adecuación laboral inteligente y personalizada.

El desarrollo contemporáneo de la teoría socialista del trabajo requiere, en última instancia, ser puesto a prueba y mejorado mediante la exploración práctica. Es necesario llevar a cabo una exploración práctica diversificada en diferentes ámbitos y a distintos niveles, acumulando experiencia y configurando modelos de desarrollo replicables y promovibles.

A nivel empresarial, es necesario alentar a las empresas estatales y privadas a explorar modelos de gestión inteligente humanizados. Promover enfoques de gestión que combinen «algoritmos + intervención humana» aprovecha la eficiencia de los sistemas algorítmicos al tiempo que mantiene la atención humanística y la flexibilidad.

Apoyar a las empresas en el establecimiento de mecanismos para la participación de los trabajadores en la gobernanza digital, como la creación de «comités algorítmicos» y la realización de «auditorías algorítmicas», otorga a los trabajadores una mayor voz en las aplicaciones tecnológicas.

En la gobernanza de las plataformas, debe implementarse una gobernanza colaborativa con participación de múltiples actores.

El gobierno desempeñaría funciones reguladoras y orientadoras, las empresas de plataformas asumirían las responsabilidades principales, las organizaciones de trabajadores representarían los intereses colectivos y las instituciones profesionales proporcionarían apoyo técnico, formando así una sinergia de gobernanza global.

En el desarrollo regional, es crucial el desarrollo coordinado entre las regiones digitalmente desarrolladas y las subdesarrolladas. En la cooperación internacional, debe haber una participación activa en la construcción de un sistema de gobernanza digital global que promueva un orden económico digital internacional justo y razonable.

Los tres niveles del desarrollo contemporáneo de la teoría socialista del trabajo no son aislados, sino que constituyen un todo orgánico de conexión y promoción mutuas. Es necesario considerar de manera sistemática las relaciones entre la construcción teórica, la innovación institucional y la exploración práctica para elaborar estrategias de desarrollo sistemáticas.

En cuanto a la organización temporal, es crucial gestionar adecuadamente las relaciones entre la herencia y la innovación. Es necesario proceder tanto adhiriéndose inquebrantablemente a los principios básicos de la teoría marxista del trabajo como llevando a cabo una innovación teórica acorde con las características de la época; tanto aprendiendo y tomando prestadas experiencias extranjeras avanzadas como explorando vías de desarrollo adecuadas a las condiciones nacionales basadas en las circunstancias reales.

En cuanto a las tareas clave, la cuestión radica en combinar la orientación hacia los problemas con la orientación hacia los objetivos. Es esencial concentrar los esfuerzos en las contradicciones y problemas más destacados de las relaciones laborales en la era de la inteligencia digital, al tiempo que se centra la atención en los objetivos a largo plazo de lograr el desarrollo humano integral y el progreso social común, y se planifican sistemáticamente las vías de desarrollo.

En cuanto a los mecanismos de avance, es vital aprovechar la superioridad del sistema socialista. Esto incluye fortalecer el liderazgo del Partido, utilizar el papel coordinador del Gobierno, movilizar el entusiasmo de todos los sectores y formar una poderosa sinergia para impulsar el desarrollo contemporáneo de la teoría del trabajo.

Al mismo tiempo, es necesario respetar un espíritu pionero práctico, fomentando la exploración y la innovación a nivel de base, para aprender de las experiencias exitosas y compartirlas.

El desarrollo contemporáneo de la teoría socialista del trabajo es un proceso histórico a largo plazo que requiere una exploración y mejora continuas en la práctica. Solo adhiriéndonos a la combinación de teoría y práctica, a la unidad entre herencia e innovación, y a la coordinación entre las condiciones reales y las tendencias mundiales, podremos construir un nuevo sistema teórico del trabajo que encarne los requisitos esenciales del socialismo y se adapte a las características de la era de la inteligencia digital, proporcionando una orientación científica para lograr un desarrollo de alta calidad y mejorar la vida de las personas.

La visión de una civilización del «trabajo del intelecto general»: hacia el reino de la libertad

En El capital, Marx describió el proceso histórico de la sociedad humana que pasa del «reino de la necesidad» al «reino de la libertad», haciendo hincapié en que «el verdadero reino de la libertad» solo puede florecer cuando se construye sobre los cimientos del «reino de la necesidad»24.

En la era de la inteligencia digital, el desarrollo de la tecnología inteligente proporciona condiciones materiales y técnicas sin precedentes para hacer realidad este gran ideal.

Bajo la orientación y la regulación de los sistemas socialistas, la implementación del intelecto general promete construir una nueva visión de civilización que libere plenamente las fuerzas productivas y desarrolle de manera integral las capacidades humanas, haciendo realidad la sociedad ideal concebida por Marx, en la que «el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos».

La aplicación generalizada de tecnologías inteligentes, como la inteligencia artificial, la robótica y los sistemas de automatización, podría liberar por completo a la humanidad de las cadenas del trabajo físico.

En las fábricas «inteligentes», los robots se encargan de la gran mayoría de las tareas de producción, mientras que los trabajadores humanos se dedican principalmente al diseño creativo, el control de calidad, la optimización de sistemas y otras labores creativas.

En el sector servicios, los sistemas inteligentes gestionan las demandas de servicios estandarizados, mientras que los humanos se centran en el servicio personalizado y la comunicación emocional. Esta división del trabajo no es una simple sustitución del ser humano por la máquina, sino una asignación optimizada a través de la colaboración entre humanos y máquinas.

Y lo que es más importante, el desarrollo del aprendizaje automático reducirá drásticamente el tiempo de trabajo socialmente necesario. Tal y como profetizó Marx, cuando «el desarrollo de las fuerzas productivas sociales se acelere tanto» que «el tiempo de trabajo directo se reduzca cada vez más», la humanidad dispondrá de más tiempo libre para su desarrollo integral.25

En tales condiciones, la jornada laboral estándar podría reducirse a entre veinte y treinta horas semanales, o incluso menos, lo que permitiría a las personas disponer de tiempo suficiente para el aprendizaje, las actividades creativas, el ocio y las actividades sociales, logrando así un verdadero equilibrio entre el trabajo y la vida personal.26

La característica fundamental de una civilización organizada en torno a lo que Marx denominó «el intelecto general» es la transformación del contenido del trabajo en direcciones creativas, basadas en el conocimiento y emocionales.27

Cuando las máquinas asuman la mayor parte del trabajo estandarizado y programado, el trabajo humano se concentrará principalmente en áreas que las máquinas no pueden sustituir: la innovación y la creación, la toma de decisiones complejas, la comunicación emocional y el juicio de valor. Esta transformación hace que el trabajo se convierta verdaderamente en la objetivación de las facultades esenciales del ser humano, logrando una transformación fundamental de «medio de subsistencia» a «necesidad vital».

En la civilización del trabajo del intelecto general, donde domina la economía del conocimiento, el trabajo intensivo en conocimiento —como la investigación científica, la innovación tecnológica, la creación artística y la educación y la formación— se convertirá en la forma principal de trabajo. Los trabajadores ya no son «engranajes» mecánicos que ejecutan instrucciones, sino trabajadores del conocimiento con capacidad de pensamiento independiente y espíritu innovador.

Al mismo tiempo, a medida que se satisfagan las necesidades materiales básicas, crecerá cada vez más la demanda de productos espirituales y culturales, y se reconocerá plenamente el valor del trabajo emocional, como la creatividad cultural, el asesoramiento psicológico y los servicios sociales.

Esta civilización del intelecto general y del trabajador colectivo transformará profundamente las relaciones laborales tradicionales, construyendo nuevas relaciones laborales más igualitarias, democráticas y cooperativas.

En condiciones de medios de producción socializados y procesos de trabajo basados en el intelecto general, las relaciones antagónicas tradicionales entre el capital y el trabajador serán sustituidas por relaciones de cooperación entre los trabajadores. Los trabajadores ya no son «recursos humanos» pasivos, sino socios cooperativos que participan activamente en la toma de decisiones y la gestión de la empresa.

El desarrollo de las plataformas digitales proporciona el apoyo técnico para hacer realidad la democratización de las relaciones laborales. Las organizaciones autónomas descentralizadas establecidas mediante la tecnología blockchain pueden lograr la participación directa de los trabajadores y la toma de decisiones democrática. La tecnología de contratos inteligentes garantiza una distribución transparente y justa de los beneficios, lo que permite a los trabajadores recibir los beneficios correspondientes en función de sus contribuciones. Este nuevo tipo de relación laboral encarna el requisito esencial del socialismo de que «los trabajadores sean los dueños», sentando las bases para alcanzar una auténtica democracia económica.

La civilización del intelecto general crea condiciones sin precedentes para el desarrollo integral del individuo. Las mejoras en la productividad y la reducción de la jornada laboral que trae consigo el progreso tecnológico permiten a las personas desarrollar sus talentos en múltiples campos, sin verse ya estrictamente limitadas por la división tradicional del trabajo.

Una persona puede ser simultáneamente investigador científico, creador artístico, proveedor de servicios sociales y otras múltiples identidades, haciendo realidad verdaderamente la vida libre que Marx imaginó: «cazar por la mañana, pescar por la tarde, dedicarse a la ganadería por la noche y dedicarse a la crítica después de la cena» (28).

El aprendizaje permanente se convierte en una característica básica de la civilización del intelecto general. Ante entornos tecnológicos en rápida evolución, los trabajadores necesitan actualizar continuamente sus conocimientos y habilidades; este aprendizaje no es una adaptación pasiva, sino un autodesarrollo activo.

La tecnología de inteligencia artificial ofrece programas de aprendizaje personalizados; la tecnología de realidad virtual crea entornos de aprendizaje inmersivos, lo que hace que los procesos de aprendizaje sean más eficientes y agradables. Las fronteras entre la educación y el trabajo, el aprendizaje y la práctica, se difuminan cada vez más, creando una atmósfera social de aprendizaje universal y desarrollo permanente.

La civilización del intelecto general requiere una transformación fundamental de las relaciones sociales, pasando de la competencia a la cooperación. En condiciones de riqueza material extremadamente abundante, la presión de la competencia por la supervivencia disminuye en gran medida, y las personas se muestran más dispuestas a lograr un desarrollo común a través de la cooperación.

Nuevos modelos cooperativos, como el desarrollo de software de código abierto, las plataformas de intercambio de conocimientos y las redes de innovación colaborativa, ya han demostrado una gran vitalidad, lo que indica un enorme potencial para la cooperación social futura.

Las redes digitales globalizadas proporcionan las bases técnicas para construir una comunidad con un futuro compartido para la humanidad. A través de Internet, personas de diferentes países y orígenes culturales pueden colaborar en tiempo real, resolviendo conjuntamente los principales retos a los que se enfrenta la humanidad.

Cuestiones globales como la gestión del cambio climático, la prevención y el control de enfermedades y la erradicación de la pobreza requieren un esfuerzo humano colectivo. La tecnología inteligente proporciona herramientas poderosas para dicha cooperación global.

El camino hacia una civilización del trabajo basada en el intelecto general no será fácil y requiere superar numerosos retos, como el monopolio tecnológico, la brecha digital y los sesgos algorítmicos.

Los sistemas socialistas, con sus ventajas únicas, ofrecen vías realistas para hacer realidad este ideal. La propiedad pública garantiza que la tecnología inteligente sirva a todas las personas; la regulación planificada evita el desarrollo tecnológico desordenado, y la participación democrática protege los derechos de los trabajadores.

Conclusión

En la era de la inteligencia digital, la esencia del trabajo está experimentando una profunda transformación.

La aplicación generalizada de la inteligencia artificial, la tecnología de automatización y el big data ha reconfigurado las relaciones laborales y ha trascendido el concepto tradicional de la teoría marxista del trabajo de «el trabajo como proceso de intercambio material entre los seres humanos y la naturaleza».

A medida que el trabajo se integra gradualmente en nuevos modelos de producción basados en datos, algoritmos y colaboración inteligente, los mecanismos tradicionales de creación de valor y explotación del trabajo se enfrentan a nuevos retos y necesidades interpretativas.

No obstante, los principios fundamentales de la teoría marxista del trabajo siguen siendo armas teóricas importantes para analizar las relaciones laborales en la era de la economía digital.

Bajo los sistemas capitalistas, la estructura básica de la explotación laboral sigue existiendo, aunque sus formas hayan cambiado.

El progreso tecnológico no ha eliminado la desigualdad en el trabajo, especialmente cuando unas pocas grandes empresas tecnológicas forman monopolios mediante el control de datos y algoritmos, lo que hace que las cuestiones relacionadas con la protección de los derechos de los trabajadores sean cada vez más graves.

Por lo tanto, los sistemas socialistas proporcionan fundamentos institucionales eficaces capaces de abordar estas nuevas contradicciones y garantizar la protección de los derechos de los trabajadores en la era de la inteligencia digital.

La teoría socialista del trabajo proporciona un respaldo teórico para resolver estas contradicciones.

Mediante la adhesión a estructuras de propiedad en las que la propiedad pública sea la modalidad principal, el fortalecimiento de las funciones de regulación macroeconómica del gobierno y la innovación de los sistemas de protección laboral, puede prevenir eficazmente la desigualdad de riqueza y oportunidades que conlleva el progreso tecnológico.

Bajo la guía de un sistema socialista, la tecnología de inteligencia digital puede transformarse en una fuerza motriz para liberar las fuerzas productivas y promover el desarrollo humano integral, en lugar de intensificar la explotación y la desigualdad.

Aunque la tecnología de inteligencia digital está provocando una transformación sin precedentes en las relaciones laborales, el objetivo del socialismo de perseguir un desarrollo humano libre e integral sigue siendo la vía fundamental para resolver las contradicciones laborales actuales.

Es necesario promover el desarrollo de la teoría socialista del trabajo en nuestra época basándose en la innovación teórica y la exploración práctica, garantizando que el progreso tecnológico sirva en última instancia al bienestar común de todos los trabajadores.

Traducción nuestra


*Te Li es profesor adjunto en la Facultad de Economía y Gestión de la Universidad Abierta de Yunnan. Su investigación se centra en la matematización de las instituciones y la economía política.

Notas

  1. Karl Marx, El capital: Crítica de la economía política, vol. 1 (Londres: Penguin, 1976), 283.
  2. Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 (Moscú: Editorial Progreso, 1959), 75.
  3. Marx, El capital, vol. 1, 137.
  4. Marx, El capital, vol. 1, 548.
  5. Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana, ed. C. J. Arthur (Nueva York: International Publishers, 1970), 83.
  6. Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto Comunista (Londres: Penguin, 2002), 244.
  7. Marx y Engels, El Manifiesto Comunista, 245.
  8. Foro Económico Mundial, Informe sobre el futuro del empleo 2020 (Ginebra: Foro Económico Mundial, 2020).
  9. Organización Internacional del Trabajo, Perspectivas del empleo y la sociedad en el mundo: Tendencias 2019 (Ginebra: OIT, 2019).
  10. Richard Baldwin, La revolución globótica: globalización, robótica y el futuro del trabajo (Oxford: Oxford University Press, 2019).
  11. Janine Berg et al., Plataformas de trabajo digital y el futuro del empleo: hacia un trabajo decente en el mundo en línea (Ginebra: Oficina Internacional del Trabajo, 2018).
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  13. K. Sabeel Rahman y Kathleen Thelen, «El auge del modelo de negocio de las plataformas y la transformación del capitalismo del siglo XXI», Politics & Society 47, n.º 2 (2019): 177-204.
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  15. Alex Rosenblat y Luke Stark, «Algorithmic Labor and Information Asymmetries: A Case Study of Uber’s Drivers», International Journal of Communication 10 (2016): 3758–84.
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  18. Kurt Vandaele, ¿Sobrevivirán los sindicatos en la economía de plataformas?: Patrones emergentes de la voz colectiva y la representación de los trabajadores de plataformas en Europa (Bruselas: Documento de trabajo del ETUI, 2018).
  19. «Las empresas públicas más grandes del mundo en 2023», Forbes Media, 2023.
  20. Christian Fuchs, El trabajo digital y Karl Marx (Nueva York: Routledge, 2014).
  21. Emma Strubell, Ananya Ganesh y Andrew McCallum, «Energy and Policy Considerations for Deep Learning in NLP», Actas de la 57.ª Reunión Anual de la Asociación de Lingüística Computacional (2019): 3645-50.
  22. Erik Brynjolfsson y Tom Mitchell, «¿Qué puede hacer el aprendizaje automático?: Implicaciones para la fuerza laboral», Science 358, n.º 6370 (2017): 1530-34.
  23. Yochai Benkler, La riqueza de las redes: cómo la producción social transforma los mercados y la libertad (New Haven: Yale University Press, 2006).
  24. Karl Marx, El capital, vol. 3 (Londres: Penguin, 1981), 959.
  25. Karl Marx, Grundrisse: Fundamentos de la crítica de la economía política (Nueva York: Penguin, 1993), 706.
  26. Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, La segunda era de las máquinas: trabajo, progreso y prosperidad en una época de tecnologías brillantes (Nueva York: W. W. Norton & Company, 2014).
  27. Marx, Grundrisse, 706.
  28. Marx y Engels, La ideología alemana, 53.

Fuente: Monthly Review

Vol. 77, n.º 11 (abril de 2026)

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