Raphael Machado.
Foto: Un manifestante sostiene una bandera nacional albanesa mientras unos estudiantes albaneses llevan a cabo una manifestación contra el Gobierno en Tirana, Albania, el 13 de octubre de 2026. / Florion Goga.
23 de octubre 2026.
No se puede considerar a los manifestantes como miembros de un segmento social específico, ya que, por el contrario, constituyen un movimiento que trasciende las divisiones partidistas y abarca todos los sectores de la sociedad.
Albania ha vuelto a ser noticia en los últimos días, con protestas que finalmente culminaron en la destrucción del Ministerio de Educación; sin embargo, el proceso que condujo a este caos comenzó hace algunos meses debido a las negociaciones en torno a la construcción de un gigantesco complejo turístico de lujo en el país, en un megaproyecto liderado por Affinity Partners, propiedad de Jared Kushner, el agente sionista que es yerno de Donald Trump y que en ocasiones actúa como su diplomático ad hoc.
Junto a Kushner en este proyecto, también participaba capital de tres petro-monarquías árabes e inversionistas locales.
El primer punto de desacuerdo, la chispa, por así decirlo, de este incendio, fue el hecho de que el proyecto se construiría en un área de protección ambiental, en la zona pantanosa de Albania, considerada un paraíso natural donde anidan flamencos, pelícanos y otros animales, algunos de ellos en peligro de extinción.
No obstante, Kushner obtuvo la autorización del gobierno de Edi Rama para seguir adelante con el proyecto, así como la clasificación de inversionista estratégico, lo que le permite eludir las regulaciones locales.
Se espera que el proyecto en sí alcance un monto de 4,7 mil millones de dólares y se llevaría a cabo en la isla de Sazan (que en su momento fue una base militar), en la isla de Vjosa-Narta y en la isla de Zvernec, las cuales también cuentan con características defensivas.
Al parecer, a Kushner se le ocurrió la «idea» y «descubrió» Sazan mientras viajaba en el yate de su amigo Nathan Rothschild, un contexto en el que también conoció al primer ministro albanés.
Los otros socios de Kushner en Affinity Partners son Luis Videgaray, exministro de Finanzas de México, y Elad Gil, un inversionista israelí; el proyecto implica la construcción de hoteles, puertos deportivos y villas privadas, en un esfuerzo que parece apuntar hacia una «dubaiización» de Albania.
Desde junio, por lo tanto, cuando se revelaron estos negocios turbios, los ciudadanos albaneses comenzaron a salir a las calles a protestar, con consignas («Albania no está en venta») contra Washington y Tel Aviv y exigiendo que se declarara a Kushner persona non grata.
Estas protestas ya se sumaban a las organizadas en febrero y marzo por las acusaciones de corrupción contra Edi Rama, así como por el hecho de que el primer ministro albanés había iniciado una campaña para alentar a los israelíes a mudarse a Albania.
Lo más preocupante para el gobierno albanés es que estos manifestantes no pueden ser descartados como miembros de un segmento social específico, sino que constituyen un movimiento que trasciende partidos y abarca todos los sectores de la sociedad.
Y las protestas continuaron, de manera intermitente, hasta ahora en octubre, lo que apunta a un descontento permanente que es difícil de sofocar.
Las protestas más recientes se centran más en la juventud y en nuevos escándalos de corrupción, problemas en la educación y los intentos del gobierno de «forzar» el ingreso a la Unión Europea, pero el tema del complejo turístico de lujo de Jared Kushner sigue en la agenda.
Es posible analizar el caso desde el ángulo conspirativo de la «Isla de Epstein», especialmente considerando los vínculos de la familia Rothschild con Epstein y con Kushner, pero tal vez un ángulo más interesante apunte a la geopolítica del Mediterráneo y al proyecto de poder del Estado de Israel.
Israel ha estado ampliando sus actividades en esta zona y expandiendo su presencia. Los inversionistas israelíes, por ejemplo, han estado adquiriendo propiedades en masa en Chipre y en la ciudad portuaria griega de Kalamata.
Al sumar estas iniciativas centradas en propiedades en Chipre, Grecia y ahora Albania, se percibe claramente que existe un enfoque hacia el Mediterráneo oriental en las actividades empresariales paraestatales israelíes.
Llama la atención que estas siempre involucren islas y puertos, lo que apunta específicamente a la construcción de una estrategia talasocrática por parte del Estado de Israel.
También llama la atención un aspecto específico de la realidad político-social albanesa: el hecho de que se haya convertido en una práctica común que los inversionistas albaneses, tras ser legitimados como inversionistas estratégicos para obtener la aprobación de proyectos de desarrollo, revendan sus participaciones por montos insignificantes a otros actores más oscuros.
En muchos casos, estamos hablando de esquemas de «hombres de paja» utilizados por la mafia albanesa. Naturalmente, ese no sería el caso de Kushner ni de las petro-monarquías árabes, pero la sospecha generada afecta a los socios albaneses en esta inversión.
Quizás por eso la violenta represión de las protestas ha llamado menos la atención que en otros lugares.
Parece ser el auténtico estallido del descontento popular en un país que durante décadas ha sido víctima de líderes corruptos, mafias sumamente peligrosas y terroristas brutales.
Traducción nuestra
*Raphael Machado, editor, analista geopolítico y político, escritor especializado en asuntos latinoamericanos.
Fuente: Strategic Culture Foundation
