Comisión Internacional Constituyente Obrera y CBST.
Foto: Marchas en apoyo a Delcy Rodríguez por su participación en el 81° Periodo de Sesiones de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Estas marchas se realizaron a nivel nacional
25 de septiembre 2026.
“En la medida en que vamos recuperando esa institucionalidad, vamos recuperando también los espacios de conquista del pueblo venezolano. Y en la medida en que eso ocurre, vamos ganando tiempo; y con ese tiempo nos consolidamos hacia esa gran mayoría que ratificará a la Revolución Bolivariana cuando corresponda”
INTRODUCCIÓN
La Comisión Internacional de la Constituyente Obrera (CICO), en articulación con la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y Trabajadoras (CBST), presenta la presente ponencia como parte de la sistematización político-documental de la XXXII Convocatoria Internacional de la Clase Obrera, realizada el 25 de septiembre de 2026, con la participación especial del diputado a la Asamblea Nacional Jehyson Guzmán.
La CICO y la CBST reafirman ante la clase trabajadora internacional su compromiso indeclinable con tres ejes de lucha:
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La libertad inmediata del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de la diputada y primera combatiente Cilia Flores, secuestrados por los Estados Unidos.
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La eliminación inmediata de las sanciones unilaterales impuestas contra el pueblo venezolano.
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La devolución inmediata de todos los activos de la República venezolana sustraídos por los Estados Unidos y por los países de Europa.
Bajo estos principios se presenta la intervención del diputado Jehyson Guzmán, miembro de la Dirección Nacional de la Revolución Bolivariana, quien profundizó sobre el discurso de la presidenta encargada Delcy Rodríguez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y sobre las claves de la estrategia diplomática bolivariana frente a la agresión imperial.
PRESENTACIÓN POR FRANCISCO TORREALBA
Esta XXXII videoconferencia internacional de la Clase Obrera tiene como invitado especial a un compañero profesional, diputado con experiencia de gobierno —fue gobernador del estado Mérida— y con múltiples responsabilidades políticas a lo largo de la Revolución Bolivariana. Actualmente, además de diputado, continúa siendo miembro de la Dirección Nacional, y es un compañero que ha dedicado buena parte de su tiempo al trabajo gremial con los profesionales y técnicos de la Revolución, labor que lo convocaba ese mismo día a otra reunión que él mismo ayuda a organizar.
El compañero Jehyson Guzmán se ha dedicado también a la investigación permanente de los procesos vinculados a la guerra cognitiva que se libra —no solo contra el pueblo venezolano, sino contra los procesos de emancipación de los pueblos en distintas partes del mundo— siempre contra la idea de soberanía y dignidad que defendemos los pueblos libres.
Esta fue, además, su segunda participación en este espacio: junto con el profesor Eduardo Piñate, invitado en la tercera y en la XXXI videoconferencia internacional, es el único compañero convocado en dos oportunidades, precisamente porque ambos se mantienen en permanente actualización sobre las formas en que se desarrollan estas batallas en los distintos terrenos donde investigan, se forman y nos forman.
INTERVENCIÓN DEL DIPUTADO JEHYSON GUZMÁN
El debate en la Asamblea Nacional y el discurso de Delcy Rodríguez ante la ONU
Gracias, compatriotas. Muy buenos días y buenas tardes a quienes nos acompañan desde otras latitudes. Un saludo a nuestros hermanos y hermanas de clase, trabajadores y trabajadoras, luchadores y luchadoras de todo el mundo.
El video del debate en la Asamblea Nacional que acaban de presenciar es el preámbulo necesario para comprender buena parte del contenido de la intervención magistral de la presidenta Delcy Rodríguez ante las Naciones Unidas.
Para nadie es un secreto que, en casi todos los países del mundo, un mandatario o mandataria debe solicitar permiso al Poder Legislativo para salir del país. Ese debate se dio precisamente en el marco de la solicitud de permiso de la presidenta Delcy Rodríguez para asistir a este encuentro en las Naciones Unidas.
Esto es clave para nuestros hermanos en otras latitudes, porque de manera reiterada se dice en el mundo que la presidenta Delcy Rodríguez no es presidenta, que Venezuela es una dictadura.
Pero ¿en qué clase de dictadura la oposición vota en contra de darle permiso a la Presidenta de la República para asistir a un encuentro de las Naciones Unidas? ¿En qué dictadura se debate si se participa o no en la ONU? Eso no ocurre en ninguna otra parte del mundo, solo en Venezuela. Esa es la primera demostración.
Pero hay más: incluso quienes votaron en contra de otorgar el permiso, incluso quienes no compartieron el contenido de su discurso, están reconociendo tácitamente la figura de la presidenta Delcy Rodríguez, porque desde el Poder Legislativo se está discutiendo de manera directa sobre las tareas que debe desarrollar el Poder Ejecutivo.
Cuando la presidenta Delcy Rodríguez inicia su discurso, lo hace primero como hija de Venezuela, y explica con enorme claridad tres cosas: que ha estado allí como canciller, que ha estado como vicepresidenta y que ahora está como presidenta encargada.
Quienes se preguntan por qué la presidenta Delcy Rodríguez no mencionó a Nicolás Maduro deberían reparar en la inteligencia de ese discurso: al decir «presidenta encargada», ella respeta los principios constitucionales y reconoce que existe un presidente titular —el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros— designado por el voto popular, hoy preso en los Estados Unidos, secuestrado por el imperio, en medio de un proceso de negociación política.
Esa negociación política la sostiene hoy la presidenta Delcy Rodríguez, y en ella nadie más que el gobierno bolivariano está buscando la liberación de ese secuestro, que a todas luces es ilegal.
En el campo de la diplomacia hay que cuidar muchas formas y operaciones, y por eso resulta extraordinario que la presidenta se defina como presidenta encargada: porque hay un presidente titular, Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, secuestrado desde hace 266 días.
Antes de partir hacia Nueva York, la presidenta había dicho ante nosotros, en la Asamblea Nacional: «si me toca ir al imperio, voy con la dignidad en alto, de pie y jamás arrastrada». Y en efecto, no llegó allí como llegan otros. Vale la pena revisar, por ejemplo, por qué el presidente de Colombia no intervino en este período de sesiones pudiendo hacerlo, y cuántos otros jefes de Estado tampoco participaron.
Como bien lo señaló nuestro hermano y colega parlamentario Francisco Torrealba, antes de que llegara la presidenta Delcy Rodríguez, además de la reunión con los Estados Unidos, ya tenía cerca de 49 solicitudes de reuniones bilaterales con países de todas las latitudes, hermanos y no tan hermanos.
Todo esto se conecta con una decisión que tomamos hace 250 días: decidir qué rumbo tomar. Pudimos haber optado por el camino de las armas después de la agresión del 3 de enero, pero decidimos otro camino. Y lo digo con respeto hacia nuestros hermanos de la comunidad internacional, pero he escuchado discursos que se alejan de la lógica humana.
Hay quienes quisieran organizar con Venezuela actos de solidaridad como los que se hacen con el pueblo palestino. Y perdóneseme la comparación, pero es doloroso ver cómo cada día es bombardeado el pueblo palestino y la única reacción internacional posible son actos de solidaridad, precisamente porque no existe la capacidad armada para responder y proteger esas vidas.
Ese no es el destino que debe correr Venezuela. La solidaridad con Venezuela no puede consistir en esperar a que haya un millón de muertos para después marchar en su nombre.
La solidaridad con Venezuela es comprender la naturaleza de la agresión de la que fuimos víctimas el 3 de enero, sus consecuencias, y las decisiones que tomamos a partir de allí.
Porque tomar el camino de la paz nos ha permitido una primera gran victoria: la presidenta Delcy Rodríguez llega a la ONU representando a un país en paz, sin tener que explicar muertos. Esa es una victoria que frustra tanto a quienes, desde la derecha, como a quienes, desde una supuesta izquierda, hubiesen preferido un discurso de guerra para Venezuela.
Hay compañeros que pueden considerarse muy revolucionarios pero que estarían dispuestos a entregar la vida de otros para que Venezuela entre en guerra. A quienes preguntan por qué Venezuela no actúa como Irán, hay que responderles: porque Venezuela no va a atacar a Colombia, no va a atacar a Brasil, no va a atacar a República Dominicana, no va a atacar a ninguno de los países donde los Estados Unidos tiene bases militares en Suramérica.
No puede, no debe, porque el principio bolivariano es el principio de libertad, independencia y paz. Venezuela jamás ha sido un pueblo agresor, aunque sí sabe defenderse.
Las tres decisiones del Alto Mando Político de la Revolución Bolivariana
Como bien lo explicó nuestro hermano Francisco Torrealba, el Alto Mando Político de la Revolución Bolivariana tomó, tras la agresión del 3 de enero, tres decisiones fundamentales: primero, garantizar la paz por encima de todas las cosas; segundo, iniciar un proceso de recuperación y estabilidad política del país; y tercero, luchar por el retorno del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores.
Todo lo que se ha hecho desde entonces está enmarcado en esas tres premisas, y el principio de paz ha estado acompañado de una estrategia de paz ejercida a través de la diplomacia bolivariana.
El día en que la presidenta Delcy Rodríguez acudió a la Asamblea Nacional a solicitar el permiso correspondiente, la Asamblea votó, y quiero decirlo con claridad: esa no fue una decisión unilateral de la presidenta Delcy Rodríguez, sino una decisión colectiva de la Revolución Bolivariana.
Los diputados y diputadas de la Asamblea Nacional respaldamos a la presidenta desde el 10 de enero, cuando decidimos que el camino para resolver las contradicciones históricas entre Monroe y Bolívar sería el de la diplomacia, el diálogo con el adversario, y no el de las armas.
Si el conflicto se resolviera por la vía armada, estaríamos en condiciones desfavorables desde el punto de vista tecnológico y militar. Por la vía del diálogo, en cambio, tenemos la supremacía moral necesaria para decir lo que hay que decir en los términos en que hay que decirlo. Sobre esa premisa se estableció un diálogo directo, y allí radica tanto la gran victoria de la Revolución como la derrota de nuestro adversario.
¿Por qué votó la oposición en contra de otorgar el permiso? Porque su agenda es desconocer a la Revolución Bolivariana al frente del gobierno. La tesis del «Estado fallido» se derrumba en el momento en que el Poder Legislativo le otorga el permiso al Poder Ejecutivo, demostrando la fortaleza institucional del Estado.
Y queda establecido, además, algo que no se puede ocultar: que la Revolución, el Partido Socialista Unido de Venezuela, está al frente del gobierno. Que sea la presidenta Delcy Rodríguez quien hable ante la ONU deja desarmada la narrativa opositora del «gobierno interino» —ya fuera el de Juan Guaidó o el que después se intentó construir en torno a otras figuras— y permite afirmar, con toda claridad, que en Venezuela hay un solo gobierno: el que dirige la presidenta encargada Delcy Rodríguez, en nombre del presidente Nicolás Maduro.
Y esa es la victoria: haberlo logrado de manera pacífica, sin disparar un solo tiro. ¿Qué otra revolución en el mundo ha logrado semejante cosa? Es difícil decirlo de cualquier otro proceso, porque cada revolución es distinta según el país en que ocurre, y nosotros respetamos a nuestros hermanos en sus métodos, sus formas y sus aspiraciones propias.
Pero en Venezuela, desde que el comandante Hugo Chávez nos dijo que era momento de deponer las armas y avanzar hacia un futuro mejor —«por ahora», dijo, porque los objetivos aún no se habían cumplido— decidimos avanzar hacia una sociedad de igualdad y justicia social por la vía democrática. Esa decisión también fue una decisión revolucionaria, tomada colectivamente: en 1998 pudimos optar por las armas y, en cambio, optamos por presentar al comandante Hugo Chávez como candidato por la vía democrática.
Y ese ha sido un camino difícil. Por la vía democrática hay que construir y sostener mayorías, y hemos sido mayoría desde que llegó el comandante Chávez y con el presidente Nicolás Maduro. En medio de los bloqueos, las sanciones y los ataques, es evidente que existen condiciones que han erosionado esas mayorías. Uno de los principales misiles que impactó a esas mayorías fue el de la guerra económica dirigida contra los bolsillos de la clase trabajadora: esos misiles destruyeron el poder adquisitivo de nuestro pueblo.
La guerra económica y el «misil económico» contra la clase trabajadora
Desde 2017-2018, esa guerra económica atacó los sistemas de abastecimiento de alimentos y medicamentos, acompañada de un cerco y bloqueo comercial internacional que llevó a que empresas proveedoras de insumos, materiales y tecnología dejaran de atender a Venezuela en elementos clave para la vida del pueblo.
El tema eléctrico es un buen ejemplo, y no se limita a General Electric o a Siemens: viví en carne propia, al frente del gobierno del estado Mérida, una verdadera tragedia con estas empresas, que atacaron directamente la yugular de la economía de nuestro pueblo.
Una de las transnacionales que manejaba la tecnología del teleférico de Mérida —principal atractivo turístico y motor económico del estado— se negó a vender las tarjetas electrónicas necesarias para mantenerlo en funcionamiento.
Para sortear ese bloqueo tuvimos que pedir ayuda a hermanos en Colombia, en México, en los Estados Unidos y en Francia, para que una tarjeta electrónica del tamaño de un teléfono pudiera venderse desde Alemania o Francia, pasar por México y Colombia, y llegar por vía terrestre a la frontera venezolana, con el único fin de activar un sistema vital para la economía de un estado.
Ese es el verdadero rostro del misil económico: una estrategia para ahogar a la clase trabajadora y apretar el bolsillo del pueblo. Y hoy, con la cara muy lavada, vienen los mismos que diseñaron ese cerco a hablar en la Asamblea Nacional sobre supuestos problemas eléctricos, de medicamentos o de alimentación.
Por eso resultan tan certeras las intervenciones de Tania Díaz, de Pedro Infante, de Roy Daza y del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez: porque son los mismos que pidieron las sanciones y el bloqueo, los mismos que diseñaron el cerco eléctrico, los mismos que —siendo diputados de la Asamblea Nacional bajo el gobierno paralelo de Guaidó— votaron en contra de que el Banco Interamericano de Desarrollo y la CAF invirtieran alrededor de 600 millones de dólares en el sistema eléctrico venezolano durante 2019 y 2020.
Y son los mismos que hoy, cuando la presidenta solicita el permiso para asistir a la ONU, alegan que no se le puede otorgar por los problemas eléctricos, de medicamentos o de alimentación que ellos mismos provocaron.
Cuando una diputada de oposición dice que no sabe cómo hablarle a las madres que no tienen cómo llenar la lonchera de sus hijos para ir al colegio, hay que decir con claridad que se trata de un discurso prefabricado en el marco de la guerra cognitiva.
En Venezuela, la clase trabajadora no manda a sus hijos al colegio con lonchera, porque en cada escuela de la Revolución Bolivariana existe el sistema de alimentación escolar, sostenido por las cocineras de la patria —también clase trabajadora—, cuya única función es garantizar la alimentación de nuestros niños.
Ese es precisamente el constructo que se ha querido instalar ante la opinión pública internacional: que en Venezuela los niños no comen, que hay problemas eléctricos, que hay problemas de acceso a medicinas, todo causado, en realidad, por quienes hoy lo denuncian.
Por eso es lapidaria la frase del presidente Jorge Rodríguez en ese debate: es inaceptable que los mismos que pidieron que estas situaciones ocurrieran en el país vengan ahora, de manera descarada, a hablar del problema eléctrico, de la alimentación o del salario digno de la clase trabajadora.
Y a ellos también se les está por acabar el tiempo de hablar mal de la Revolución y de Venezuela.
El acuerdo petrolero y la mejora del ingreso
La segunda de las tres decisiones que mencioné —la estabilidad del gobierno y la estabilidad económica— tiene como objetivo la dignificación de la clase trabajadora, entendiendo que la situación que ha atravesado nuestro pueblo fue inducida por estos misiles económicos.
Para dignificar a la clase trabajadora hace falta ingreso, y no es lo mismo hablar de aumento de salario que hablar de aumento de salario garantizando el ingreso necesario para pagarlo. Venezuela trabaja en mejorar sus ingresos como gobierno, como Estado y como nación, para redistribuir esa riqueza de manera justa, en el marco del objetivo socialista.
En un gobierno de derecha, el objetivo sería la acumulación de riqueza; en el nuestro, es incrementar la producción y los ingresos petroleros para garantizar la mejora del ingreso de la clase trabajadora.
Eso pasa por recuperar el volumen de producción petrolera, que en medio del bloqueo llegó a tocar un piso de 500 mil barriles diarios, comercializados de manera irregular, porque ningún país cómplice del imperio le compraba el petróleo a Venezuela a precio justo.
Y lo digo aunque me meta en problemas: a quienes cuestionan el acuerdo petrolero alcanzado por la presidenta Delcy Rodríguez con los Estados Unidos sin conocer el fondo del asunto, hay que preguntarles con quién más haríamos un acuerdo para vender un millón y medio de barriles de petróleo y poder financiar el aumento que necesita la clase trabajadora venezolana. Si alguien tiene una alternativa real de dónde obtener esos recursos, es bienvenida.
Pero Venezuela tiene la responsabilidad de decidir el aumento, y no puede pasarse por debajo de la mesa que, hace apenas una semana, cuando comenzaron las clases, la derecha auguraba que los docentes no se incorporarían por tener los salarios más bajos del sector educación de la región.
Nadie menciona, sin embargo, que el 97,5 % de toda la planta docente, administrativa y obrera del sector educación se integró a las actividades. Eso ha sido posible porque, tras la reforma de la Ley de Hidrocarburos, se han ido concretando ajustes que permiten un alivio en el ingreso —no todavía la aspiración plena, porque seguiremos trabajando para incrementar aún más esos niveles—, pero un alivio real.
La reunión bilateral con Estados Unidos: ¿derrota o victoria?
En el marco de esas casi 49 reuniones bilaterales sostenidas por la presidenta Delcy Rodríguez, hubo una con el propio presidente de los Estados Unidos. Vale recordar que el comandante Hugo Chávez se reunió con Clinton y con los dos presidentes Bush, y que a Obama le entregó el libro Las venas abiertas de América Latina.
En aquel momento se comprendió el ejercicio magistral de la política por la vía diplomática. Hoy, en cambio, hay quienes fusilan simbólicamente a quien se sienta a conversar con el adversario.
Hay que verlo de otra manera: sería una derrota para nosotros que esa reunión bilateral no se hubiese dado con la presidenta Delcy Rodríguez, sino con cualquier figura de la derecha venezolana.
Que el propio imperio tenga que sentarse con la presidenta designada por Nicolás Maduro Moros es una derrota para la derecha y un reconocimiento para la Revolución. Esa sí es una victoria, porque no puede leerse de otra manera. Si hipotéticamente el señor Trump se hubiese reunido con una figura como Henry Ramos Allup, la lectura habría sido de derrota.
Que Trump se reúna con la presidenta Rodríguez no es una rendición de Venezuela ante los Estados Unidos, como tampoco lo es que, al día siguiente, se siente con Xi Jinping: nadie interpreta eso como una rendición de China ante Estados Unidos ni de Estados Unidos ante China, porque se entiende que es el gran debate de dos potencias disputándose el dominio del planeta.
De la misma manera, no hay rendición de Venezuela frente a los Estados Unidos.
Claro que tiene que haber debate, y prefiero mil veces ese debate a tener que levantar cadáveres en las calles de Venezuela porque alguien decidiera ir a la confrontación armada.
Eso es lo que hay que comprender en el mundo para entender por qué hemos tomado ciertas decisiones. Como lo ha dicho la propia presidenta: son decisiones que duelen, que se han tenido que tomar en silencio y que en silencio seguirán tomándose.
Hemos tenido que «tragar arena», y lo volveríamos a hacer mil veces, porque no estamos aquí para ofrendarle vidas al imperio, sino para ofrendar nuestro esfuerzo a esas familias humildes que tenemos que sacar de la pobreza.
Las siete líneas planteadas por la presidenta Delcy Rodríguez ante la ONU
Ahí están las siete líneas que planteó la presidenta Delcy Rodríguez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Primero, la paz: la paz de Venezuela y la paz del mundo, incluida la paz para el pueblo palestino y la paz frente a cualquier guerra en cualquier latitud.
Segundo, el derecho al desarrollo inclusivo para superar la pobreza. Si hay una bandera histórica de los movimientos de izquierda en el mundo, es la lucha contra la pobreza y la desigualdad social; y esa fue, precisamente, una de las raíces del nacimiento de la Revolución Bolivariana, heredera de la lucha del Libertador Simón Bolívar contra la esclavitud y de la lucha del comandante Hugo Chávez contra la pobreza.
Tercero, el respeto por la naturaleza y la lucha contra el cambio climático, porque una de las grandes disputas del planeta ya no es solo por sus recursos, sino por la destrucción del clima, que nos afecta a todos por igual.
Cuarto —un tema clave para la clase trabajadora—, el fracaso del modelo de comercio internacional, planteado sin ambages por la presidenta. Se trata de una forma desigual de relación económica: por más que se avance en la socialización de los medios de producción en un territorio o un país, si el mecanismo de comercialización internacional sigue en manos de los hegemones, esa conquista puede terminar siendo destruida por el propio modelo comercial. Es un debate profundo pendiente entre los movimientos marxistas y de la clase trabajadora del mundo.
Quinto, lo que la presidenta llamó el trilema —no dilema— energético, que combina tres elementos: la seguridad, porque todos los países con algo de energía tienen allí una vulnerabilidad, como quedó demostrado para Venezuela el 3 de enero; el precio justo, tanto de los productos, bienes y servicios como del acceso de los sectores humildes a los elementos básicos de la vida, un debate histórico de los movimientos de izquierda; y el componente ético, referido a no generar energía a costa de destruir pueblos y a costa de la humanidad. Nosotros defendemos nuestra riqueza no para entregar vidas, sino para que esa riqueza sirva a la reivindicación de las familias humildes y a la construcción de una sociedad justa.
Sexto, la inteligencia artificial al servicio de la humanidad, un tema que hemos venido investigando de cerca. Hace poco, Xi Jinping reunió a 130 países para impulsar un organismo internacional de cooperación en inteligencia artificial, del cual los Estados Unidos y otro grupo de países —entre ellos, lamentablemente, algunos considerados históricamente contrarrevolucionarios— decidieron no formar parte. Queda abierto el debate sobre por qué no quisieron integrarse, y nos corresponde discutir si el control de los grandes centros de datos es hoy el verdadero objeto de la carrera entre países, y cuáles deben ser los controles éticos de la inteligencia artificial. La presidenta también planteó la necesidad de discutir sobre las brechas digitales, porque el desigual acceso a la tecnología en el mundo es parte de la construcción de la desigualdad social y económica del planeta, y esa brecha digital amplía las brechas sociales. Tenemos que buscar que el acceso a la inteligencia artificial se dé bajo criterios de desarrollo ético, eficiente y orientado al bienestar de la humanidad, y no al contrario.
Séptimo, la soberanía sobre el Esequibo. Recordemos que fue el presidente Nicolás Maduro quien convocó el referéndum consultivo para decidir el destino de la Guayana Esequiba. En el plano internacional, la presidenta invitó abiertamente a los actores involucrados a apegarse al Acuerdo de Ginebra: Venezuela no irá a la guerra con el pueblo guyanés y seguirá insistiendo en la vía diplomática.
Elecciones, institucionalidad y cierre
Finalmente, la presidenta Delcy Rodríguez tocó el tema de las elecciones en Venezuela, y hay que escucharlo bien: dijo que en Venezuela habrá elecciones, y no dijo ninguna mentira, porque desde que llegó el comandante Chávez y se aprobó esta Constitución, en Venezuela hay elecciones todos los años.
El 18 de octubre habrá elecciones en las comunidades y en las comunas, en el marco de un Estado que avanza hacia el fortalecimiento de lo comunal, para escoger soluciones a nivel local. Y la presidenta también señaló que habrá elecciones para los cargos de elección popular, porque estamos en un proceso profundo de reconstrucción de la confianza del pueblo en las instituciones democráticas.
Los mismos que votaron en contra del permiso de la presidenta Delcy Rodríguez para ir a la ONU son los mismos que se han declarado permanentemente en desacuerdo con la institucionalidad del Estado: los mismos que desconocieron la Presidencia de la República y crearon un Estado paralelo; los mismos que instalaron un Tribunal Supremo de Justicia en el exilio; los mismos que armaron un órgano electoral paralelo con actas fabricadas en Panamá; los mismos que crearon un Banco Central de Venezuela en el exterior; los mismos que impusieron una junta directiva paralela en CITGO; los mismos que destruyeron la institucionalidad de PDVSA para imponer allí también una junta paralela.
Toda esa institucionalidad paralela, corroída por la corrupción de la derecha, sirvió incluso para financiar campañas electorales de la derecha en América Latina —desde CITGO se financiaron elecciones en Ecuador, Argentina y Bolivia—.
Esa misma institucionalidad paralela es la que hoy buscamos desmontar, reconstruyendo la institucionalidad venezolana real para recuperar la credibilidad de nuestras instituciones y, sobre todo, su control en función del bienestar de Venezuela.
En la medida en que vamos recuperando esa institucionalidad, vamos recuperando también los espacios de conquista del pueblo venezolano. Y en la medida en que eso ocurre, vamos ganando tiempo; y con ese tiempo nos consolidamos hacia esa gran mayoría que ratificará a la Revolución Bolivariana cuando corresponda —no antes, no cuando lo quiera la derecha o el imperio, sino cuando lo establezca la Constitución—.
Y termino con el cuentico de esa señora que primero decía que no la dejaban salir de Venezuela y ahora, con un nuevo storytelling, dice que no la dejan entrar ni salir. Todo eso es un cuento para justificar su propia inoperancia.
Esta semana salimos a marchar en 24 estados de Venezuela para respaldar a la presidenta Delcy Rodríguez, y esas calles —repletas, no de oligarcas, sino de pueblo— entienden que lo que está haciendo la presidenta forma parte del tiempo que se está invirtiendo para lograr el retorno del presidente Nicolás Maduro, la estabilidad económica del país y, por encima de todo, la prevalencia de la paz.
Desde aquí envío a mis hermanos y hermanas de clase un abrazo a todas las luchas de cada uno de los partidos internacionales presentes: su lucha también es nuestra lucha. A nuestros hermanos cubanos, que también son víctimas de la estrategia imperial.
Yo también les digo a los paises hermanos: no esperen a que bombardeen Cuba o secuestren al presidente Díaz-Canel para manifestar su solidaridad y hermandad.
Estos tiempos no son solo de manifestaciones de solidaridad, son tiempos de acción y estas acciones tienen que ser de otra naturaleza. Y Venezuela no solo manifiesta solidaridad: está actuando, está defendiendo a los pueblos, y estamos venciendo.
Gracias, mis queridos hermanos Y hermanas.
Documento elaborado por la Comisión Internacional de la Constituyente Obrera (CICO) y la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y Trabajadoras de la Ciudad, el Campo y la Pesca (CBST-CCP), a partir de la transcripción de la intervención oral del compañero Jehyson Guzmán en el marco de la XXXII Convocatoria Internacional de la Clase Obrera, con fines de su publicación y difusión.

