UN JUEGO DE MANOS TEÓRICO. Prabhat Patnaik.

Prabhat Patnaik.

Ilustración: Tiago Hoisel, Brasil. ilustracion digital.

06 de septiembre 2026.

Sin embargo, esto supone que los Estados metropolitanos se quedarán simplemente de brazos cruzados viendo cómo sus economías retroceden; obviamente tomarían medidas para impedir la relocalización que provoca tal retroceso.


Tras la descolonización, los países del Tercer Mundo recién liberados habían buscado seguir una trayectoria de desarrollo que se alejara conscientemente del modelo colonial de división internacional del trabajo.

Con ese fin, habían aplicado una política de industrialización de sustitución de importaciones y sus antiguos amos coloniales, aunque no les gustaba, poco podían hacer al respecto.

Tuvieron la oportunidad de atacarla cuando se produjo cierta difusión de la industrialización capitalista desde las metrópolis hacia Asia Oriental a través del crecimiento de las exportaciones de esta última, inicialmente como consecuencia de la Guerra de Vietnam y, posteriormente, debido a un proceso de reubicación consciente de actividades desde las metrópolis, estimulado por los salarios más bajos de estas últimas.

Estos factores habían logrado altas tasas de crecimiento del PIB en algunos de estos países, los cuales, al ser en su mayoría pequeños, habían absorbido gran parte de sus reservas de mano de obra.

El ataque de los países metropolitanos a la industrialización de sustitución de importaciones tomó la forma de la afirmación de que el éxito de Asia Oriental podría replicarse en todo el Tercer Mundo si tan solo todos los países del Tercer Mundo abandonaran sus estrategias de desarrollo «cerradas», de las que la sustitución de importaciones había sido parte integral, y se abrieran al crecimiento impulsado por las exportaciones, sin interferir demasiado en el mecanismo de precios y permitiendo la libre circulación de bienes y capital a través de las fronteras.

Esta fue una justificación teórica para la estrategia neoliberal que vendría después; se presentó por primera vez en un estudio de siete volúmenes publicado en 1970 y elaborado para la OCDE, que es, en esencia, un club de países ricos. Había un volumen, escrito por I.M.D. Little, Tibor Scitovsky y M.Fg. Scott, que presentaba las conclusiones generales, y otros seis volúmenes que eran estudios de caso de países específicos, en los que se basaban dichas conclusiones.

La India fue uno de los países estudiados, donde la estrategia de Nehru-Mahalanobis de desarrollar industrias pesadas y de bienes de capital fue, como era de esperarse, blanco de críticas.

La izquierda también había criticado la estrategia de Nehru-Mahalanobis, pero por motivos totalmente diferentes, a saber, que al no llevar a cabo reformas agrarias y, por lo tanto, mantener baja la tasa de crecimiento del sector agrícola —especialmente el de los cereales alimenticios—, había contribuido a la inflación que azotó la economía durante el segundo plan quinquenal.

Pero la crítica de la OCDE fue totalmente diferente: no exigía reformas agrarias, de hecho guardaba silencio al respecto; su crítica se dirigía contra el intento mismo de romper conscientemente con el modelo de división internacional del trabajo heredado de la época colonial.

El argumento de la OCDE fue, como era de esperarse, muy criticado por la izquierda por estar en consonancia con los dictados imperialistas.

El argumento de la izquierda era el siguiente. El modelo de producción que prevalecía en gran parte del Tercer Mundo, y especialmente el modelo de exportaciones, estaba dominado por los productos básicos primarios, en particular los agrícolas, cuya demanda mundial no crecía a un ritmo particularmente rápido; por lo tanto, había que recurrir a una intervención estatal consciente para cambiar el modelo de producción tras muros proteccionistas con el fin de acelerar la tasa de crecimiento de la economía.

Sin embargo, la clave era hacerlo con prudencia y sensatez, manteniendo un equilibrio entre los diferentes sectores, para que no surgieran presiones inflacionarias que empeoraran las condiciones de vida ya precarias de la clase trabajadora; para ello, las reformas agrarias destinadas a impulsar la producción agrícola eran absolutamente esenciales.

El argumento central de la OCDE consistía en refutar esta afirmación de que las exportaciones del Tercer Mundo se veían limitadas por el lado de la demanda. En cambio, afirmaba que cualquier país del Tercer Mundo, en cualquier momento, podía vender en el mercado mundial tanta cantidad de sus productos como quisiera.

De hecho, junto con los volúmenes de la OCDE que analizaban la industrialización, los autores del estudio de la OCDE también presentaron un criterio para seleccionar proyectos: si el gobierno tiene que elegir, digamos, entre dos proyectos, ¿en qué se basa para decidir cuál elegir?

Y el criterio que sugirieron fue elegir aquel proyecto que ofreciera una mayor tasa de rendimiento cuando sus insumos materiales y su producción se evaluaran a precios mundiales.

Es cierto que se hicieron algunos ajustes a esta regla, pero estos se aplicaron únicamente en casos excepcionales; la adopción de la regla general de evaluar los insumos y la producción a precios mundiales se basaba en el supuesto de que no existían restricciones de demanda para las exportaciones en el mercado mundial.

Por supuesto, se trataba de una suposición absurda; y, sin embargo, no ha recibido la crítica adecuada. El argumento de la OCDE ha sido criticado con razón sobre la base de que, incluso en los países de Asia Oriental, el Estado desempeñó un papel importante en el desarrollo industrial; que no se trataba simplemente de dejar las cosas en manos del «mercado»; y que la protección del mercado interno y el uso de este mercado protegido para obtener grandes utilidades —de modo que los bienes pudieran venderse a bajo precio en el mercado mundial— fue un pilar fundamental del éxito de Asia Oriental.

Sin embargo, no se ha puesto suficientemente de manifiesto que el argumento de la OCDE ignora por completo el lado de la demanda.

Dicha omisión se justificaba con la «hipótesis del país pequeño», es decir, que cada país del Tercer Mundo era tan pequeño que, como es razonable suponer, podía vender todo lo posible en el mercado mundial.

El problema con la suposición del país pequeño, sin embargo, es que, si bien puede asumirse para un país, no puede darse por cierto que se cumpla para un gran número de países al mismo tiempo: no se pueden formular recetas generales para un gran número de países asumiendo que cada uno es un país pequeño sin crear una contradicción lógica.

La situación aquí es análoga a la «paradoja del ahorro». Se supone que abstenerse de consumir para aumentar los «ahorros» es una forma de enriquecerse.

Pero mientras que una persona que lo haga puede, de hecho, enriquecerse, que todos lo hagan simultáneamente provoca una reducción en el nivel de la demanda agregada, si el resto de factores se mantienen constantes, y por lo tanto una recesión que reduce los ingresos y el empleo para todos; y el nivel de riqueza total en la sociedad permanece sin cambios.

Así, paradójicamente, lo que puede ser válido para un individuo se vuelve contraproducente para todos los individuos en conjunto.

Del mismo modo, creer que lo que puede ser válido para un país lo es ipso facto para todos los países, como suponía el argumento de la OCDE, es totalmente erróneo.

Hubo un segundo argumento falaz que se presentó para respaldar esta suposición de que los países del tercer mundo podían exportar tanto como quisieran.

Este argumento se basaba en el hecho de que, para países como la India que seguían la llamada “estrategia de desarrollo orientada hacia el interior”, su participación en el comercio mundial —en particular en la exportación de bienes, donde antes habían tenido un papel destacado en el mercado mundial— había estado en descenso. De este hecho se deducía que sus exportaciones se habían visto limitadas no desde el lado de la demanda, sino desde el lado de la oferta.

Este argumento también era falaz; y un ejemplo dejaría claro por qué se trataba de un argumento falaz.

Supongamos que las exportaciones de un país están tan limitadas por el lado de la demanda que se espera que crezcan solo un 1 por ciento al año.

Debido a esto, el país adopta una estrategia «orientada hacia el interior» o de sustitución de importaciones; como resultado, la exportación no se convierte en una prioridad nacional para él, y sus exportaciones no crecen en absoluto, lo que da lugar a una disminución de su participación en el mercado mundial.

Sin embargo, de este hecho no se deduce que la suposición original de que sus exportaciones no podrían crecer a una tasa superior al 1 por ciento anual fuera errónea.

En otras palabras, es un completo non sequitur inferir, a partir de las consecuencias observadas de un curso de acción basado en cierta suposición —que aparentemente niegan dicha suposición—, que la suposición era errónea; simplemente no hay fundamento para extraer ninguna inferencia de este tipo a partir de los hechos observados.

El argumento de la OCDE fue, por lo tanto, solo un juego de manos. No solo fue una interpretación errónea de la experiencia del este asiático, ya que ignoró el papel de la protección y del Estado en general, sino que además se basó en una suposición —la de una demanda mundial ilimitada de las exportaciones de un país— que era completamente insostenible.

Y dado que el argumento neoliberal se basaba, en última instancia, en el argumento original de la OCDE, también era insostenible.

Sin duda, en defensa del argumento neoliberal se diría que, al seguir esta estrategia, todos los países del tercer mundo pueden beneficiarse a costa de las economías metropolitanas, desde donde se produciría una relocalización de actividades hacia el tercer mundo, donde los salarios son más bajos.

Sin embargo, esto supone que los Estados metropolitanos se quedarán simplemente de brazos cruzados viendo cómo sus economías retroceden; obviamente tomarían medidas para impedir la relocalización que provoca tal retroceso.

De hecho, esto es precisamente lo que han estado haciendo las sucesivas administraciones de EE. UU. desde hace algún tiempo; y Donald Trump, en particular, ha estado haciendo hincapié en este aspecto.

Traducción nuestra


*Prabhat Patnaik es un economista político y comentarista político indio. Entre sus libros se encuentran *Accumulation and Stability Under Capitalism* (1997), *The Value of Money* (2009) y *Re-envisioning Socialism* (2011).

Fuente: MRonline

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