Roberto Iannuzzi.
Foto: Protestas en Albania contra el complejo turístico de lujo que Jared Kushner tiene previsto construir en la isla de Sazan (Crédito de la foto: REUTERS/Florion Goga)
19 de junio 2026.
La adquisición de la isla de Sazan por parte del yerno del presidente estadounidense pone de manifiesto cómo los vínculos políticos y el capital privado pueden amenazar la soberanía de países enteros en el siglo XXI.
Numerosos misterios rodean la isla de Sazan, situada frente a las costas albanesas, donde Jared Kushner y su esposa Ivanka, hija del presidente estadounidense Donald Trump, tienen previsto construir un complejo turístico para multimillonarios.
La decisión ha desencadenado protestas masivas contra el Gobierno albanés del primer ministro Edi Rama, que se suceden desde hace semanas en este pequeño país balcánico bajo el lema «Albania no está en venta».
Tanto la isla como la cercana laguna de Narta-Zvernec, donde se desarrollaría el proyecto turístico valorado en más de 4 mil millones de dólares, son zonas protegidas que albergan un delicado ecosistema crucial para el Mediterráneo.
De hecho, constituye una parada fundamental para las aves migratorias que se desplazan entre Europa y África, y destaca por su extraordinaria biodiversidad, ya que ofrece un hábitat esencial a más de 200 especies, entre ellas los flamencos, que se han convertido en símbolo del movimiento de protesta.
Según la versión difundida por Invaka, la pareja habría «descubierto» la isla por casualidad durante una excursión «en el barco de un amigo». Tras hacer una parada para darse un baño, ambos quedaron cautivados por la belleza del lugar.
Tras llegar a Sazan a nado, la habrían escalado descalzos hasta la cima. De ahí habría surgido la idea del proyecto.
Un valor estratégico
Sin embargo, tras la apariencia idílica de la isla se esconde algo muy diferente. Sus laderas están salpicadas de pequeños búnkeres antinucleares (unos 3.600), conectados entre sí por más de 16 kilómetros de túneles fortificados, junto con un centro de mando subterráneo.
Alrededor de la isla, proyectiles de artillería, minas antisubmarinas e innumerables artefactos explosivos sin detonar que datan de la Segunda Guerra Mundial yacen aún en el fondo marino.
Durante la Guerra Fría, Sazan fue dotada de sus estructuras fortificadas por el gobierno comunista albanés. Los soviéticos construyeron una base para submarinos en la cercana bahía de Vlorë.
La bahía, controlada desde la isla de Sazan, es el único puerto de aguas profundas en el canal de Otranto, un paso de apenas 72 kilómetros de ancho entre Italia y Albania, y la única puerta de acceso al Mediterráneo desde el Adriático.
No es casualidad que la isla, ocupada por Italia en 1914, fuera posteriormente fortificada por Mussolini, quien la utilizó para controlar el Adriático. Refiriéndose a Sazan, el líder comunista albanés Enver Hoxha se jactaba de tener las llaves de acceso al Canal de Otranto.
Un poco más al norte de Sazan discurre el trazado del Trans Adriatic Pipeline (TAP), un gasoducto conectado al Trans Anatolian Pipeline turco que transporta a Italia el gas procedente de la región del Caspio.
No hay que pasar por alto el hecho de que también Israel tiene la intención de construir un imponente gasoducto que conectaría el yacimiento israelí de Leviathan con Europa a través de Chipre, Creta, la Grecia continental e Italia.
El tramo final de dicho gasoducto se tendería no muy lejos del lugar donde Kushner y sus socios quieren construir su «complejo turístico».
En otras palabras, la pequeña isla de Sazan tiene un valor estratégico imposible de pasar por alto incluso para la propia OTAN, alianza de la que Albania es miembro oficial desde 2009.
Diplomacia y negocios
También hay que reinterpretar la versión del «encuentro fortuito» de Kushner y su esposa Ivanka con la isla. Según una versión proporcionada por el propio Kushner, la embarcación en la que se encontraban ambos era el lujoso yate de Nat Rothschild, miembro de la conocida familia de banqueros, implicado en los archivos de Epstein.
A bordo del yate, según lo declarado por Kushner, se reunió con el primer ministro albanés Rama. Siempre según Kushner, quien le sugirió invertir en Albania fue Richard Grenell, exdirector de Inteligencia Nacional y actual enviado especial del presidente Trump.
The Guardian escribe que Grenell habría actuado como «mediador comercial» en la región para Affinity Partners, la sociedad de inversiones de Kushner.
Esta última se constituyó en 2021. Sus principales clientes son fondos soberanos de las monarquías del Golfo (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar), es decir, esos mismos países con los que Kushner mantiene relaciones diplomáticas en calidad de representante de Trump.
La revista Forbes señala que gran parte de quienes han invertido en Affinity proceden de contactos que Kushner estableció mientras trabajaba en la Casa Blanca, lo que supone un evidente conflicto de intereses.
Entre las tareas diplomáticas de Kushner se encontraba la de promover los Acuerdos de Abraham, puestos en marcha por Trump en 2020 para normalizar las relaciones entre Israel y los países árabes del Golfo (y otros).
Kushner también forma parte del Consejo de Paz creado por Trump para reconstruir Gaza, al que se han sumado varias monarquías del Golfo que ya son clientes de Affinity.
Kushner, que es amigo de la familia del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, también tiene participaciones en varias empresas israelíes, entre ellas una por valor de 1,68 mil millones de dólares en Phoenix Financial, una de las principales sociedades financieras y aseguradoras de Israel.
Kushner ha dejado claro que se reservarían inversiones lucrativas para aquellos países que se adhirieran a los Acuerdos de Abraham.
La relación con Israel
La ampliación del interés israelí hacia los países no árabes se entiende en el marco de la antigua «estrategia de la periferia» cultivada por Israel.
Estrechar relaciones con los países no árabes de la periferia de la región de Oriente Medio era una forma de contrarrestar el aislamiento regional debido al conflicto árabe-israelí. Dicha doctrina sigue aplicándose hoy en día desde Tel Aviv.
En virtud de ella, el Estado judío ha establecido relaciones con Azerbaiyán, Serbia, Rumanía y otros países. Entre ellos se encuentra Albania, estratégicamente situada en los Balcanes y de clara orientación proestadounidense.
Para complacer a Washington, Tirana ha aceptado acoger a miles de miembros del Mojahedin-e-Khalq (MEK), una secta islamo-marxista que, tras participar en la revolución iraní de 1979, se convirtió en enemiga acérrima de la recién creada República Islámica.
El grupo, que en el pasado figuraba en la lista de organizaciones terroristas tanto en EE. UU. como en Europa, fue trasladado a Albania tras años de exilio en Irak, en virtud de un acuerdo impulsado por la Administración Obama en 2013.
A raíz de las protestas que estallaron en Albania en torno al proyecto de Kushner, Edi Rama incluso llegó a acusar a Irán de avivar la ira popular.
En los últimos años, Tirana ha firmado numerosos acuerdos económicos con Israel, a pesar del genocidio que se está produciendo en Gaza. Entre mayo de 2023 y mayo de 2024, las exportaciones israelíes a Albania crecieron un 150 %.
El Gobierno albanés ha firmado un acuerdo con Elbit Systems, empresa líder del sector de la defensa en Israel. Tirana también se ha adherido al Consejo de Paz de Trump y se ha comprometido incluso a enviar «fuerzas de paz» a Gaza.
¿Para qué sirve Sazan?
El proyecto del complejo turístico multimillonario de Kushner en Albania se anunció tras la reelección de Trump. El Gobierno de Edi Rama ha concedido la condición de «inversor estratégico» a Atlantic Incubation Partners, empresa vinculada a Affinity Partners, lo que ha permitido tramitar los permisos y ofrecer incentivos.
Según la prensa local, la mafia albanesa también habría desempeñado un papel importante en la adquisición de los terrenos destinados al proyecto. Este último cuenta con inversores de Catar.
La adquisición de la isla de Sazan por parte de Kushner, yerno del presidente estadounidense y estrechamente vinculado al primer ministro israelí, pone de manifiesto cómo los vínculos políticos y el capital privado pueden amenazar la soberanía de países enteros en el siglo XXI.
Como ha escrito la bien informada Wanted in Rome, revista para «expatriados» en la capital italiana,
El desarrollo de un importante complejo turístico en la isla de Sazan implica la construcción de importantes infraestructuras civiles —puertos, sistemas de comunicación, helipuertos, infraestructuras de seguridad— en un territorio estratégico […]
Un gran complejo turístico con instalaciones portuarias e infraestructuras de comunicación crea una capacidad de «doble uso». Las infraestructuras aparentemente civiles pueden adaptarse rápidamente a fines militares o de inteligencia: un puerto privado supervisa el tráfico en el Adriático; las infraestructuras de comunicación interceptan señales; las bases para helicópteros llevan a cabo actividades de vigilancia; los complejos turísticos de acceso restringido albergan a agentes secretos.
La revista, de orientación proatlántica, afirma que el caso Sazan llega a amenazar la cohesión de la OTAN, ya que demuestra que algunas de sus miembros más poderosos pueden infringir sin consecuencias las propias normas de la Alianza sobre infraestructuras estratégicas.
A esto habría que añadir que ni Israel ni Catar son miembros oficiales de la Alianza.
En cualquier caso, la revista se pregunta si el sistema internacional occidental podrá sobrevivir cuando el poder político y el capital se vuelven inseparables, cuando los familiares de los presidentes en el cargo se convierten en importantes inversores internacionales, cuando gobiernos extranjeros financian dichas inversiones y cuando estas inversiones remodelan la soberanía y adquieren el control de recursos estratégicos en naciones aliadas.
Traducción nuestra
*Roberto Iannuzzi es analista independiente especializado en Política Internacional, mundo multipolar y (des)orden global, crisis de la democracia, biopolítica y «pandemia new normal».
Fuente original: Intelligence for the people
