Prabhat Patnaik.
Foto: Wrongkindofgreen.org
05 de mayo 2026.
En otras palabras, el proyecto de recolonización se hace posible debido a la fractura de la anterior alianza de clases anticolonial que había propiciado la descolonización.
El neoliberalismo ha llevado al capitalismo mundial a un callejón sin salida. La razón es la siguiente.
La disposición del capital a deslocalizar la producción del norte global al sur global, que ha sido un rasgo distintivo del neoliberalismo, ha mantenido bajos los salarios en el norte global, al obligar a los trabajadores de allí a competir con los trabajadores del sur, cuyos salarios son mucho más bajos; al mismo tiempo, dicha deslocalización no agota las vastas reservas de mano de obra del sur global, ya que la tasa de crecimiento de la productividad laboral en el sur aumenta considerablemente bajo el neoliberalismo, por lo que los salarios de los trabajadores del sur siguen manteniéndose en un nivel abismalmente bajo.
Por lo tanto, apenas se produce un aumento del nivel de los salarios reales en todo el mundo, a pesar de que la productividad laboral aumenta en todas partes, lo que da lugar a un incremento de la proporción de la plusvalía económica en la producción, tanto en la economía mundial en su conjunto como dentro de cada país individual.
Dado que los trabajadores consumen una mayor proporción de cada unidad de renta que aquellos a quienes corresponde el excedente, dicho aumento de la proporción del excedente económico tiene el efecto de reducir la demanda de consumo en relación con la producción y, por ende, el nivel de la demanda agregada; el aumento de la proporción del excedente económico da lugar, por lo tanto, a una tendencia a la sobreproducción, que se manifiesta a través del estancamiento económico y de mayores niveles de desempleo (aunque dicho desempleo suele camuflarse mediante una reducción de la tasa de participación de los trabajadores).
Esto es precisamente lo que ha estado ocurriendo en la economía mundial desde el colapso de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos.
Sin embargo, el estancamiento y el aumento del desempleo no son per se los síntomas del callejón sin salida; se derivan del hecho de que el Estado poco puede hacer para superar esta situación. El remedio keynesiano que se suponía que proporcionaría una solución para todas estas situaciones es totalmente incapaz de hacerlo bajo el neoliberalismo.
Esto se debe a que, para que un mayor gasto público aumente la demanda agregada, debe financiarse bien mediante un déficit fiscal, bien mediante impuestos a los ricos.
Si el mayor gasto público se financia mediante mayores impuestos a los trabajadores —que, de todos modos, consumen la mayor parte de sus ingresos—, entonces apenas se produce un aumento de la demanda agregada: un mayor gasto público de, digamos, 100 dólares, si se financia con una cantidad equivalente de impuestos a los trabajadores, no aumentaría la demanda agregada.
Dado que los trabajadores habrían consumido esos 100 dólares de todos modos, lo único que ocurriría en este caso es un cambio en la naturaleza de la demanda, que pasaría del consumo de los trabajadores a lo que demanda el Estado, pero sin aumento de la demanda agregada y, por lo tanto, sin alivio del estancamiento y el desempleo.
El capital financiero, sin embargo, se opone tanto a los déficits fiscales como a un aumento de los impuestos a los ricos (entre cuyos miembros destacan los financieros); y dado que el Estado sigue siendo un Estado-nación mientras que el capital financiero se ha globalizado bajo el neoliberalismo, el Estado debe acatar los dictados de las finanzas, pues de lo contrario se produciría una salida de capitales de la economía, lo que provocaría una crisis.
Así pues, la única forma en que la intervención estatal puede superar la difícil situación a la que el neoliberalismo ha llevado a las economías nacionales queda descartada por el propio neoliberalismo, debido a los flujos financieros transfronterizos sin restricciones que este conlleva.
El callejón sin salida consiste, por tanto, en lo siguiente: el neoliberalismo ha creado una crisis que no puede superarse dentro del propio neoliberalismo.
La forma en que el capitalismo ha abordado este callejón sin salida hasta ahora ha sido promoviendo el neofascismo, forjando una alianza corporativo-fascista que genera un discurso distractor mediante la «otredad» y el fomento del odio contra una minoría religiosa o étnica.
Con ello se pretende mantener dividida a la clase trabajadora y, por ende, impedir cualquier desafío a la hegemonía del capital monopolista en los países afectados por el estancamiento y el aumento del desempleo.
Sin embargo, ni siquiera el neofascismo puede eludir las cuestiones económicas para siempre; tarde o temprano debe mostrarse que tiene una agenda económica. Y Donald Trump tiene claramente esa agenda.
La opinión liberal hace varias afirmaciones: niega que exista crisis alguna; no ve ninguna conexión entre la crisis y la aparición en todo el mundo de neofascistas al estilo de Trump; y descarta por completo las acciones de Trump como los actos de una persona desequilibrada.
La cuestión, sin embargo, no es si Trump está desequilibrado o no; la cuestión es cómo interpretamos sus acciones en el contexto del callejón sin salida en el que se encuentra atrapado el capitalismo neoliberal.
La estrategia de Trump prevé que Estados Unidos se libere del régimen neoliberal mientras obliga al Sur global a permanecer atrapado en él. Esto queda claro en su agresión arancelaria y en los tratados comerciales que está imponiendo a países como la India con esta agresión.
El tratado con la India, por ejemplo, estipula no solo que Estados Unidos aplicaría aranceles más elevados a los productos indios en comparación con los vigentes anteriormente —mientras que la India aplica aranceles mucho más bajos que antes a las importaciones procedentes de Estados Unidos—, sino también que la India estaría obligada a comprar cantidades específicas, y mucho mayores, de productos estadounidenses en fechas determinadas.
El neoliberalismo que glorifica el «mercado» debería, en principio, ser contrario a fijar tales objetivos para los volúmenes de importación; al fijarlos, por lo tanto, Trump va más allá del neoliberalismo en lo que respecta a Estados Unidos.
Pero no se ha fijado ningún objetivo similar para el volumen de importaciones que Estados Unidos debería adquirir de la India en una fecha concreta; esa es una cuestión que se deja en manos del «mercado».
El tratado comercial equivale, por tanto, a un acuerdo por el cual Estados Unidos no obedece ningún dictado neoliberal, mientras que la India sí lo hace; y exactamente lo mismo ocurre con respecto a los tipos arancelarios diferenciales propuestos en el tratado, según los cuales la India debería estar abierta a importaciones prácticamente libres de productos estadounidenses, mientras que Estados Unidos se protegería mediante aranceles contra los productos indios.
El objetivo de esta estrategia comercial es trasladar la ubicación de determinadas actividades económicas desde la India, y otros países del Sur Global que estarían sujetos a tratados similares por parte de EE. UU., a los propios EE. UU.
En otras palabras, busca superar el estancamiento y el aumento del desempleo en EE. UU. exportando dicho estancamiento y desempleo a los países del Sur Global; de este modo, pretende trasladar la carga de la crisis a los hombros de los países del Sur Global.
Tales tratados desiguales recuerdan a la era colonial. Por lo tanto, la estrategia de Trump puede considerarse como una recreación de un escenario colonial, o como un intento de recolonizar el mundo.
Exactamente lo mismo puede decirse del actual intento de Estados Unidos de hacerse con el control de los recursos minerales, incluidos en particular los recursos petrolíferos, del Sur Global.
La descolonización política tras la Segunda Guerra Mundial había sido el precursor del proceso, mucho más difícil, de la descolonización económica en los países del Sur Global, mediante el cual estos habían tratado de tomar el control de sus recursos naturales; el éxito que habían logrado en materia de descolonización económica se había debido en gran medida al apoyo de la Unión Soviética.
Si el neoliberalismo había iniciado una inversión de este proceso, la estrategia de Trump pretende completar dicha inversión. El asalto de EE. UU. a Venezuela (que cuenta con las segundas reservas de petróleo más grandes entre los países) y a Irán son indicativos de este intento de revertir la descolonización económica.
Este intento explica por qué EE. UU. está subvirtiendo el orden internacional basado en normas. Por supuesto, un intento de recolonización puede producirse incluso dentro de un orden internacional basado en normas, como por ejemplo lo que había significado el régimen neoliberal.
Pero si el callejón sin salida provocado por el régimen neoliberal ha de superarse mediante el abandono del neoliberalismo en EE. UU. (y otros países del norte global), mientras que su aplicación en el sur global continúa a buen ritmo, entonces ir más allá del orden internacional basado en normas se vuelve absolutamente necesario para el imperialismo.
Esta estrategia imperialista para superar el callejón sin salida del neoliberalismo delata al mismo tiempo su incapacidad para propiciar una solución que pueda prometer beneficiar a todos.
En otras palabras, equivale a admitir que el sistema ha agotado su potencial incluso para prometer una mejora en las condiciones de vida de todos, que no es posible ir más allá del neoliberalismo para el sistema en su conjunto; algunos países pueden ir más allá del neoliberalismo, pero solo sometiendo a otros a una servidumbre aún mayor bajo él.
La pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué los gobiernos del Sur global aceptan tratados comerciales tan desiguales y la recolonización que estos tratados simbolizan?
La respuesta radica en el hecho de que, mientras que los trabajadores, los pequeños productores e incluso los pequeños capitalistas del Sur Global sufrirían a causa de dicha recolonización (el tratado comercial entre la India y EE. UU., por ejemplo, sería especialmente perjudicial para el campesinado indio), la burguesía monopolista, estrechamente integrada con el capital metropolitano, no lo haría.
Por el contrario, es probable que se beneficie de ella; y los gobiernos del Sur Global, incluidos y en particular los neofascistas, atienden a sus intereses.
En otras palabras, el proyecto de recolonización se hace posible debido a la fractura de la anterior alianza de clases anticolonial que había propiciado la descolonización.
Traducción nuestra
*Prabhat Patnaik es un economista político y comentarista político indio. Entre sus libros se encuentran Accumulation and Stability Under Capitalism (1997), The Value of Money (2009) y Re-envisioning Socialism (2011).
Fuente: MRonline
