Ana Vračar.
Foto: La gente porta banderas nacionales de Islandia en una manifestación en contra de la reanudación de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea en Reikiavik, Islandia, el 27 de agosto de 2026. Crédito de la foto: Marco Di Marco
04 de septiembre 2026.
Por qué los progresistas rechazaron las negociaciones de adhesión
El 29 de agosto, la mayoría de los islandeses votó en contra de reanudar las negociaciones de adhesión con la Unión Europea.
En un referendo con alta participación, cerca del 53 % de los 225 031 participantes rechazó la propuesta, mientras que el 47 % la apoyó.
Los reportes de los medios principales destacaron que la campaña en contra de las negociaciones se centró en temas de agricultura y pesca. A primera vista, esto alineaba a la campaña del «No» con los argumentos de la extrema derecha en la región —lo cual se reflejó en las notas de felicitación difundidas por líderes de derecha europeos—.
Según los mismos informes, la campaña del «Sí» se centró en la política internacional y la alineación, aparentemente sugiriendo que la UE era un camino para brindar mayor estabilidad frente a una administración estadounidense agresiva con la mirada puesta en las reservas minerales del Ártico.
Sin embargo, los partidos y grupos progresistas también expresaron su oposición a la adhesión a la UE, criticando la agenda política y económica del bloque.
Si bien algunas figuras políticas de izquierda, como Rósa Björk Brynjólfsdóttir, del Movimiento Izquierda-Verde, anunciaron que apoyarían nuevas negociaciones —lo que reflejaba encuestas que indicaban que una parte significativa de sus votantes planeaba hacer lo mismo—, amplios sectores de la membresía de los partidos hicieron lo contrario. La juventud del Movimiento Izquierda-Verde, por ejemplo, se opuso a la propuesta de referéndum.
Junto con jóvenes de otros partidos progresistas, los activistas juveniles del Movimiento Izquierda-Verde criticaron las duras políticas económicas y migratorias de la UE, así como su falta de acción frente al genocidio de Israel en Gaza.
Hay suficiente información disponible para que las personas de izquierda se familiaricen con lo que representa la UE, y debería quedar muy claro que no es lo que queremos, declaró Silja Sóley Birgisdóttir, del Partido Socialista de Islandia, a los medios locales.
El Partido Socialista proporcionó más información sobre su oposición a la adhesión a la UE antes del referéndum.
La UE es un bloque económico y una unión de estados basada fundamentalmente en políticas económicas capitalistas, una política exterior al servicio del imperialismo, el militarismo y el sionismo, el distanciamiento de los ciudadanos de la toma de decisiones y el debilitamiento de la lucha independiente de la clase trabajadora, escribió el partido.
«Dentro del marco legal y regulatorio de la UE, se priorizan las leyes del mercado a costa del interés público», agregaron, expresando su preocupación por las políticas relacionadas con la educación pública, la vivienda y la atención médica en caso de una adhesión a la UE.
Al mismo tiempo, el marco legal y regulatorio de la UE abre aún más la puerta a la privatización, la competencia y la subcontratación de los servicios públicos.
Las preocupaciones de los progresistas respecto a la adhesión a la UE también se basaban en las experiencias de otros países nórdicos, donde activistas y sindicalistas advirtieron sobre la erosión de las políticas sociales y laborales como resultado de las políticas de la UE.
Cualquier intento de mantener estándares específicos en materia de medio ambiente, salud, calidad alimentaria, condiciones laborales y similares es, desde el punto de vista de la UE, un ejemplo de interferencia con las fuerzas del mercado, afirmó la activista y política danesa Karen Sunds durante un debate sobre este tema organizado por el Partido Socialista.
Los críticos también cuestionaron el argumento de que incorporarse a la UE le brindaría más seguridad a Islandia, haciendo hincapié en que la agenda de militarización del bloque persigue objetivos muy diferentes a los de contrarrestar amenazas concretas de la administración de Trump.
En cambio, esta línea de argumentación insistió en que los líderes e instituciones de la UE siguen alineados en su mayoría con EE. UU., con la mirada puesta en la confrontación con Rusia y China.
En este contexto, Sunds sugirió que el interés de la UE en Islandia podría no basarse en la construcción de un bloque regional más coherente, sino más bien en asegurar los recursos energéticos ubicados en las regiones árticas.
Según Sunds, también se pueden encontrar indicios de esta interpretación en declaraciones de funcionarios de la UE.
Ya hace un año, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo lo siguiente sobre la importancia estratégica del Ártico durante una reunión del Consejo Nórdico:
Sí, el calentamiento global trae consigo riesgos nuevos y peligrosos para el Ártico. Pero también trae nuevas responsabilidades y nuevas oportunidades. Tomemos como ejemplo las materias primas críticas. Solo Groenlandia cuenta con 25 de las 34 materias primas críticas que Europa necesita: un tesoro encerrado bajo el hielo y la roca.
Traducción nuestra
*Ana Vračar es reportera de salud en People’s Health Dispatch, un boletín quincenal publicado por Peoples Dispatch y el People’s Health Movement. Es coordinadora regional de PHM Europa y copresidenta del consejo directivo de PHM.
Fuente: Savage Minds
