UCRANIA: ODESA EN EL PUNTO DE MIRA Y UN POSIBLE PUNTO DE INFLEXIÓN EN LA GUERRA. Roberto Iannuzzi.

Roberto Iannuzzi.

Foto: El puerto de Odesa (Foto de Vlad Patana en Unsplash)

24 de julio 2026.

La ofensiva ucraniana en el mar de Azov ha proporcionado a Moscú la justificación para atacar el sistema ucraniano de exportación de trigo en la región de Odesa, mientras que Kiev pierde terreno en el Donbás.


Entre los principales acontecimientos que quizá estén destinados a cambiar el rumbo del conflicto ucraniano se encuentra la serie de ataques lanzados tanto por Kiev como por Moscú contra los puertos y la red de navegación comercial del adversario en el mar Negro.

La ofensiva, con diferencia la más dura, es la que las fuerzas rusas han lanzado en las proximidades del puerto de Odesa y de los puertos vecinos de Yuzhny, Chornomorsk y Nikoláiev.

Debido a las operaciones militares rusas con drones, la capacidad de almacenamiento del puerto de Odesa se ha reducido en un tercio, según fuentes citadas por el Financial Times, mientras que los armadores se niegan a enviar sus buques a la región por temor a que sean alcanzados.

Los ataques contra los buques, así como la destrucción sistemática de puentes ferroviarios y nudos de autopistas en la parte occidental de la región de Odesa, parecen una maniobra rusa para aislar la ciudad del resto de Ucrania, creando las condiciones para un bloqueo total, tanto terrestre como marítimo, del puerto más importante del país.

El Financial Times lamenta que la ofensiva rusa amenace

una de las rutas de exportación de cereales más importantes del mundo, que también representa una fuente vital de ingresos para Ucrania.

Kiev ya registra un enorme déficit por cuenta corriente, ya que tiene que importar mucho más de lo que consigue exportar. El presupuesto del Estado ucraniano está financiado casi en su totalidad por los gobiernos occidentales.

Los exportadores ucranianos están evaluando la posibilidad de desviar parte de las exportaciones de trigo hacia los puertos del Danubio para luego enviarlas al puerto de Constanza, en la costa rumana del mar Negro.

Pero eso requeriría infraestructuras de las que actualmente no se dispone, y no eliminaría el riesgo de los bombardeos rusos.

Kiev preveía exportar unos 43 millones de toneladas de trigo para la temporada 2026/27, una cantidad que se reducirá considerablemente.

2022: acuerdo sobre el trigo

A pesar del conflicto, Ucrania sigue siendo uno de los principales exportadores de cereales a nivel mundial. Sin embargo, el primer exportador mundial es, con diferencia, Rusia, que representa alrededor del 20 % de las exportaciones del planeta, con una producción que en 2025 superó los 85 millones de toneladas.

En 2022, para garantizar la exportación de trigo ucraniano desde Odesa y los puertos vecinos, Europa y Estados Unidos ejercieron una enorme presión sobre Rusia para que llegara a un acuerdo.

Moscú sostenía que nunca había bloqueado las exportaciones ucranianas de cereales con sus buques de guerra, cuya misión era, por el contrario, impedir el envío de armas por mar a Ucrania.

La insistencia occidental se justificaba oficialmente por la necesidad de garantizar el abastecimiento a los países más necesitados.

En julio de 2022 se firmó un acuerdo sobre el trigo que garantizaba las exportaciones ucranianas a cambio de la promesa europea de eliminar las sanciones que impedían a los rusos exportar fertilizantes (de los que Moscú es uno de los principales productores mundiales).

La exportación de fertilizantes rusos habría beneficiado a su vez a los países más pobres, pero evidentemente ese no era el objetivo principal del acuerdo impulsado por Occidente.

Los europeos nunca cumplieron su parte del acuerdo. Las sanciones no se levantaron.

Durante el periodo de aplicación del acuerdo, el trigo ucraniano se envió principalmente a países de renta media-alta, y solo en pequeña parte a los países más necesitados.

Además, los rusos acusaron a Kiev de haber aprovechado el corredor del trigo para atacar el puente de Kerch que une Crimea con Rusia, y para atacar la base naval de Sebastopol (también en Crimea).

Por estas razones, aproximadamente un año después de la firma, Moscú anunció la suspensión del acuerdo. Sin embargo, debido a las presiones de los países del Sur (con los que los rusos suelen mantener buenas relaciones), Moscú siguió tolerando en gran medida la exportación de trigo ucraniano.

Kiev altera el statu quo

Sin embargo, han sido las fuerzas armadas ucranianas las que han cambiado recientemente la situación con una operación que, paradójicamente, ha resultado contraproducente para Kiev.

Desde principios de julio, han lanzado una ofensiva coordinada de notable intensidad contra objetivos rusos en el mar de Azov.

Concebida como una «ampliación» de la campaña llevada a cabo contra la autopista R-280, que los rusos utilizan para abastecer a Crimea, dicha ofensiva se ha centrado no solo en la denominada «flota fantasma» de petroleros rusos, sino en la flota mercante rusa en su conjunto.

Como ha escrito Glen Howard, expresidente de la Fundación Jamestown,

la campaña de Azov ha tenido como objetivo todo tipo de embarcaciones, desde los petroleros de la flota fantasma y los buques de carga seca hasta los remolcadores, los transbordadores y las dragas.

Los drones ucranianos también han atacado las infraestructuras del puerto de Taganrog, situado en el extremo nororiental del mar de Azov, lo que ha obligado a las autoridades rusas a suspender el tráfico comercial en el canal Don-Azov.

Este último forma parte del sistema integrado de canales del Volga que conecta el mar Negro con el Caspio y llega hasta el Báltico.

El sistema integrado de canales del Volga (Fuente: The Strategic Significance of the Russian Volga River System)

Tal y como ha señalado Howard, por los puertos rusos del mar de Azov pasa el 25 % (una cuarta parte) del total de las exportaciones de trigo y cereales de Rusia a nivel mundial.

El puerto de Taganrog actúa como un nudo crucial de tránsito fluvial-marítimo para las cosechas rusas procedentes de las principales regiones agrícolas de Rostov y del Volga.

Howard elogió las operaciones militares ucranianas en el mar de Azov, aunque estas obstaculizan

el flujo de millones de toneladas de cereales rusos destinados a los mercados occidentales y mediterráneos, en particular a África.

Como mostré en el artículo de la semana pasada, las operaciones ucranianas con drones contra objetivos rusos se llevan a cabo invariablemente gracias al apoyo de los servicios de inteligencia occidentales, en primer lugar los estadounidenses y los británicos.

Así pues, el ataque ucraniano a las infraestructuras rusas para la exportación de trigo no solo no ha suscitado reacciones por parte de Occidente —que, por el contrario, se había interesado profundamente por el acuerdo sobre el trigo de 2022—, sino que probablemente ha contado con el apoyo de los servicios de inteligencia occidentales.

Sin embargo, dicho ataque ha proporcionado a Moscú la justificación perfecta para atacar el sistema de exportación de cereales ucranianos a través de Odesa y los puertos vecinos.

Indiferencia ante las consecuencias

La campaña militar rusa contra los puertos de la región de Odesa lleva ya unas dos semanas en marcha y ha impuesto un bloqueo de facto al tráfico marítimo.

Los datos del tráfico ferroviario indican que el transporte de trigo por ferrocarril hacia los puertos de la región de Odesa también ha descendido un 11 % solo en la semana comprendida entre el 2 y el 8 de julio.

Además de atacar los puertos, Rusia está bombardeando las infraestructuras ferroviarias. A esto se suma el problema de la escasez de mano de obra provocada por las elevadas tasas de reclutamiento en el ejército de Kiev.

A pesar del desinterés de los medios de comunicación occidentales, la implicación en el conflicto de las exportaciones de cereales, tanto rusas como ucranianas, se produce en una fase de aumento de los precios de los alimentos a nivel mundial, a raíz de la crisis energética provocada por la crisis en el Golfo Pérsico.

Dicha crisis podría dar lugar a una emergencia alimentaria mucho más grave que la que propició el acuerdo sobre el trigo de 2022.

De hecho, el cierre del estrecho de Ormuz también provocará una escasez de fertilizantes, una parte importante de los cuales procedía del Golfo. Pero esto no ha suscitado en Occidente el revuelo mediático que en 2022 había precedido al acuerdo sobre el trigo con Rusia.

Kiev pierde terreno

Mientras tanto, a pesar de la euforia que hasta hace unas semanas se percibía en la prensa occidental en torno a un supuesto punto de inflexión en el conflicto a favor de Kiev, la situación militar de Ucrania se está deteriorando no solo en la región de Odesa, sino en general.

Aunque Ucrania ha intensificado los ataques contra refinerías y depósitos de combustible en territorio ruso, las fuerzas armadas de Moscú siguen avanzando en el Donbás.

La caída de Konstantinovka, negada por los ucranianos y silenciada por los medios occidentales, abre a los rusos el camino hacia las demás ciudades del cinturón fortificado que defiende la región.

Dado que Lyman también está a punto de caer, ante el avance ruso solo quedarán Druzhkivka y los dos centros principales: Kramatorsk y Sloviansk. Las fuerzas rusas se encuentran ya a pocos kilómetros de ambas ciudades.

La caída del cinturón fortificado del Donbás abriría a las fuerzas de Moscú un paso a través de llanuras escasamente urbanizadas hacia ciudades clave como Dnipro y Kiev. En otros sectores del frente, los rusos operan a no más de 10 km de Sumy, Járkov y Zaporizhia.

Mientras tanto, Rusia está intensificando sus ataques con misiles, en particular sobre la capital, Kiev. Los ataques contra la ciudad son los más intensos desde el inicio de la guerra y cada vez son más destructivos.

Entre los objetivos se incluyen infraestructuras clave de logística, de la industria armamentística y aeroespacial, y del sector energético. La defensa aérea ucraniana ya no parece capaz de contrarrestar de ninguna manera estas ofensivas.

Conflictos internos y agravamiento del conflicto

La dificultad para defender Kiev y contrarrestar el avance ruso en el frente está en el origen de la crisis política que, en pocos días, ha llevado al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky a destituir primero al ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, y luego, en un intento por contener las protestas estalladas en el país, al comandante del ejército y adversario de Fedorov, Oleksandr Syrsky.

En el origen de la disputa se encuentran dos visiones opuestas sobre la gestión de la guerra.

Fedorov, de 35 años, es un defensor de la innovación tecnológica en el ámbito militar, desde los drones hasta los robots; es un hombre cercano a Occidente y a empresas de la «Big Tech» estadounidense como Palantir, y es el impulsor de los ataques en profundidad en territorio ruso.

Syrsky es un general de la vieja guardia, formado en la escuela soviética, defensor de la importancia perdurable de la guerra de artillería y portavoz de las necesidades de los soldados ucranianos en el frente.

El quid de la cuestión radica en la insuficiencia de recursos destinados al ejército.

Los ataques con drones en territorio ruso impulsados por Fedorov y los países occidentales restan financiación y material valioso a los soldados agotados y mal armados que deben hacer frente al avance ruso, cada vez más arrollador, en Donbás y en otros puntos del frente.

Kiev se encuentra, por tanto, en una situación cada vez más difícil, desde el punto de vista militar, económico y político.

Moscú, tras haber perdido la confianza en el proceso de negociación propuesto por Estados Unidos con motivo de la reunión entre el presidente Donald Trump y su homólogo ruso, Vladímir Putin, en Alaska, parece más inclinada a resolver el conflicto por la vía militar, intensificando los bombardeos y la ofensiva de sus fuerzas sobre el terreno.

Pero los partidarios occidentales de Kiev, y en particular los europeos, no tienen intención de resignarse a la derrota ni de entablar negociaciones con Moscú, tal y como se reiteró en la cumbre del G7 del pasado mes de junio.

Y es probable que respondan a la escalada rusa reforzando el apoyo a Ucrania, en particular mediante una integración cada vez más estrecha de la industria armamentística europea con la de Kiev.

Inevitablemente, dicha integración convierte cada vez más a los europeos en parte beligerante en el conflicto.

Traducción nuestra


*Roberto Iannuzzi es analista independiente especializado en Política Internacional, mundo multipolar y (des)orden global, crisis de la democracia, biopolítica y «pandemia new normal».

Fuente original: Intelligence for the people

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