Giacomo Gabellini.
Foto: Mervin Sealy, de Carolina del Norte, participó el miércoles en una manifestación en el Capitolio para exigir al Congreso que cree puestos de trabajo, en lugar de aplicar recortes presupuestarios. Reuters
27 de julio 2026.
Estados Unidos tiene un problema con las estadísticas, especialmente en lo que se refiere a la medición de la incidencia real del desempleo.
En la semana que finalizó el pasado 11 de julio, las solicitudes de prestaciones por desempleo se habían desplomado hasta el nivel más bajo registrado en las diez semanas anteriores, ante un número reducido de despidos. Además, en el mes de junio, la tasa de desempleo había descendido al 4,2 %, frente al 4,3 % registrado en mayo.
Las solicitudes semanales de prestaciones por desempleo y la tasa de desempleo son los dos indicadores que las autoridades suelen examinar para evaluar el estado real del mercado laboral estadounidense.
El economista y estadístico John Williams ha llamado la atención sobre la falta de fiabilidad de estas estadísticas, señalando que la tasa oficial de desempleo U3 utilizada por la Reserva Federal solo tiene en cuenta el total de desempleados como porcentaje de la población activa.
La Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), al examinar un ámbito más amplio, obtiene en cambio una tasa denominada U6, que se calcula sumando a la tasa U3 a las personas que trabajan a tiempo parcial pero que desearían trabajar a tiempo completo, además de aquellas que han trabajado durante un cierto período en los últimos 12 meses pero que, en este momento, no trabajan ni buscan empleo y se encuentran en esta situación de desamparo determinada por la situación particular del mercado laboral.
Antes de 1994, la propia BLS utilizaba un criterio aún diferente, que permitía expresar una tasa de desempleo que sumaba a la U6 a todos los trabajadores desanimados a largo plazo.
Al seguir utilizando este criterio para calcular la tasa de desempleo, Williams ha constatado que, a partir de 2009, las tasas U3 y U6 han registrado una tendencia a la baja, mientras que la tasa de desempleo calculada con el antiguo método trazaba una trayectoria al alza, lo que sigue situando el coeficiente de desempleo muy por encima del 20 %.
Se presta mucha menos atención a unas estadísticas mucho más reveladoras —empezando por la tasa de participación en la actividad económica— que a la tasa oficial de desempleo.
Los datos publicados por la BLS confirman que, de una población civil no institucionalizada (que agrupa a los ciudadanos a partir de los 16 años que no prestan servicio militar y no se encuentran en prisión), equivalente a 275,1 millones de personas, nada menos que 105,8 millones de adultos se encontraban sin empleo.
Aunque casi la mitad de la cifra agregada está compuesta por jubilados, la tasa de participación de la población activa en el crecimiento económico lleva ya años oscilando en los niveles más bajos desde finales de los años 70, cuando aún se sentía con fuerza el impacto de la desvinculación del dólar del oro y de las crisis del petróleo.
En el mes de junio, el porcentaje se desplomó hasta el 61,5 % (-0,3 % en términos mensuales y -1,1 % en términos anuales), como consecuencia de la salida del mercado laboral de unas 832 000 personas en un solo mes.
Además, el número total de trabajadores que han dejado de trabajar tras un período de desempleo es superior al registrado en el punto álgido de la recesión desencadenada por la quiebra de Lehman Brothers o de la crisis pandémica.
El destacado economista Nicholas Eberstadt ha destacado que este fenómeno afecta sobre todo a la población masculina.
En términos muy aproximados, se estima que hay unos 7 millones de hombres fuera del mercado laboral en el grupo de edad comprendido entre los 25 y los 54 años», afirmó Eberstadt. En cuanto a las mujeres, se habla de más de 3,5 millones de personas fuera de la población activa, que han «abandonado los estudios, no trabajan ni buscan trabajo, no tienen hijos que vivan bajo el mismo techo y no tienen un marido presente.
En conjunto, unos 5,3 millones de trabajadores (lo que equivale al 5 % de la población estadounidense sin empleo) han abandonado su trabajo, y alrededor del 22 % de la población estadounidense sin empleo (casi 24 millones de personas) percibe prestaciones por enfermedad de larga duración, invalidez u otras formas de asistencia.
También en junio, la tasa de empleo cayó al 59 % (-0,2 % en términos mensuales y -0,9 % en términos anuales), alcanzando el mínimo registrado en septiembre de 2021, cuando Estados Unidos se disponía a salir de la crisis pandémica.
Las tendencias actuales están abocadas a agravarse, señala Eberstadt, como consecuencia directa de la creciente integración de la inteligencia artificial en los procesos productivos, lo que está condenando a la obsolescencia a categorías laborales enteras y dando lugar a propuestas como la introducción de una renta básica universal como forma de amortiguador social.
No obstante, el economista está convencido de que esta perspectiva abriría inexorablemente la puerta a un aumento aún mayor del abandono escolar, con la consiguiente concentración de la productividad, los ingresos y la influencia política en un núcleo cada vez más reducido de «titulares de competencias» que en el pasado «sustituyeron a muchos trabajadores no cualificados.
Parece que nos encontraremos en el mismo camino con la inteligencia artificial, sea cual sea su evolución en los próximos 18 meses o 10 años».
Traducción nuestra
*Giacomo Gabellini es escritor y analista de cuestiones económicas y geopolíticas. Es autor de numerosos libros y colabora con diversas publicaciones tanto italianas como extranjeras, entre ellas «Krisis», «L’Antidiplomatico» y «Global Times». Dirige la web de análisis Il Contesto (www.ilcontesto.net) y el canal de YouTube del mismo nombre.
Fuente: Strategic Culture Foundation
