LA CANDIDATURA TURCA A LOS BRICS: ¿CAMBIO ESTRATÉGICO O INFLUENCIA DIPLOMÁTICA? Suat Delgen.

Suat Delgen.

Ilustración: The Cradle

10 de septiembre 2024.

El intento de Ankara de unirse a los BRICS indica un cambio potencial hacia la multipolaridad en sus prioridades de política exterior. ¿Se verá frustrada la adhesión de Turquía por sus aliados de la OTAN, o se trata simplemente de una jugada política para empujar a Occidente a abrir sus carteras?


La solicitud formal de Turquía, miembro de la OTAN, para unirse al grupo BRICS de economías emergentes a principios de este mes ha suscitado una gran atención.

Aunque el Ministerio de Asuntos Exteriores turco y la Dirección de Comunicaciones aún no han confirmado ni desmentido oficialmente la noticia, ha habido varias confirmaciones indirectas por parte de funcionarios turcos y rusos.

Omer Celik, miembro del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), formuló cuidadosamente su respuesta a los periodistas:

Nuestro presidente ha declarado en varias ocasiones que queremos ser miembro [del BRICS]… Nuestra petición al respecto es clara. El proceso está en marcha en este marco, pero no hay ningún avance concreto al respecto.

Yuri Ushakov, presidente del BRICS y asesor de política exterior del presidente ruso Putin, confirmó públicamente la solicitud de adhesión de Turquía:

Turquía ha solicitado el ingreso como miembro de pleno derecho. Consideraremos esta solicitud.

El giro de Turquía hacia la multipolaridad

Además, Sputnik informó de que se espera que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan asista a la cumbre de los BRICS en Kazán, prevista del 22 al 24 de septiembre. Esto coincide con anuncios anteriores de que Erdogan también asistiría a la próxima reunión de jefes de Estado de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS).

Estos acontecimientos ponen de relieve el interés de Ankara por el orden multipolar que representan los BRICS, especialmente tras sus intentos fallidos de adherirse a la UE, aunque la postura oficial de Turquía sigue siendo poco clara, quizá deliberadamente.

El momento de la posible adhesión de Turquía a los BRICS plantea importantes cuestiones, sobre todo teniendo en cuenta que este acontecimiento se produce tras una reunión informal con los ministros de Asuntos Exteriores de la UE, lo que supone la primera invitación de este tipo que recibe Turquía desde 2019.

El acrónimo BRICS, acuñado en 2001 por el economista de Goldman Sachs Jim O’Neill, describía originalmente a Brasil, Rusia, India y China. Sudáfrica se unió en 2010, transformándolo en BRICS. A partir de 2024, otros países como Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudí y los EAU también se han unido al bloque BRICS+, ampliando aún más su alcance mundial.

El BRICS pretende aumentar la voz de las economías emergentes en los asuntos internacionales y desafiar el dominio atlantista sobre el sistema financiero mundial. Aunque no es una organización internacional formal como la ONU o el Banco Mundial, el BRICS ha creado el Nuevo Banco de Desarrollo para conceder préstamos a proyectos de desarrollo en las economías emergentes.

A finales de 2022, el banco había prestado la asombrosa cifra de 32.000 millones de dólares para nuevas carreteras, puentes, ferrocarriles y proyectos hídricos, aunque sólo representaba la mitad de los 72.800 millones de dólares comprometidos por el Banco Mundial en el año fiscal 2023.

En su forma ampliada, el número de personas que viven en los países BRICS asciende a la friolera de 3.500 millones, es decir, el 45% de la población mundial.

El tamaño combinado de sus economías es de más de 28,5 billones de dólares, o alrededor del 28% de la economía mundial. Combinados, los miembros ampliados de los BRICS también producen alrededor del 44% del petróleo crudo mundial.

¿Y Occidente?

En el frente nacional, la política interna de Turquía es cambiante. En las elecciones locales del 31 de marzo, el partido gobernante, el AKP, perdió una parte significativa de su apoyo por primera vez en 20 años, debido en gran parte a la actual crisis económica.

En respuesta, el presidente Erdogan nombró nuevo ministro de Finanzas a Mehmet Simsek, una figura conocida por sus fuertes vínculos con instituciones financieras occidentales, lo que algunos han interpretado como un giro hacia una política exterior favorable a la UE y a la OTAN.

En una reunión en el think tank británico Chatham House a principios de verano, Simsek reiteró que la adhesión a la UE sigue siendo el objetivo estratégico de Turquía y que el país se adheriría a las sanciones impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania.

La retórica de Simsek causó cierto malestar en Moscú. Se canceló la esperada visita del presidente ruso Vladimir Putin a Turquía, y éste dejó claras sus ideas en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo el 5 de junio:

Me parece que el bloque económico del gobierno turco se ha centrado últimamente en obtener préstamos, realizar inversiones y recibir subvenciones de instituciones financieras occidentales. Probablemente esto no sea malo, pero si se relaciona con la restricción de las relaciones comerciales y económicas con Rusia, entonces la economía turca perderá más de lo que gane. En mi opinión, existe tal amenaza.

Mientras tanto, continúa la tensión en las relaciones de Turquía con Rusia. Al parecer, los bancos turcos han restringido las transferencias de dinero de las empresas dedicadas al transporte marítimo a Rusia para cumplir las sanciones estadounidenses, lo que ha provocado un descenso del comercio entre ambos países.

Y como advirtió Putin, a pesar de la participación de Turquía el mes pasado en una reunión informal de ministros de Asuntos Exteriores de la UE, Ankara ha visto pocos avances en sus peticiones de liberalización de visados o de actualización del tratado de unión aduanera con la UE.

En este contexto de tensas relaciones tanto con la UE como con Rusia, la solicitud de adhesión de Turquía al BRICS puede significar una recalibración de su política exterior. Los informes de que Turquía solicitó el ingreso en el BRICS, confirmados por Rusia, sugieren que el país busca una nueva posición en la diplomacia mundial.

¿Maniobra estratégica o apuesta económica?

En particular, el interés de Turquía por los BRICS no es nuevo; se lleva debatiendo desde 2018. Sin embargo, los diferentes enfoques dentro del gobierno turco –en particular entre el ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, que apoya la adhesión a los BRICS, y el ministro de Finanzas, Simsek, que parece más cauto– reflejan las divisiones internas sobre la cuestión.

La confirmación por parte de Rusia de la solicitud de adhesión de Turquía antes del anuncio oficial de Ankara parece destinada a cuestionar la postura prooccidental de Simsek.

Esta situación revela la persistente tensión entre las ambiciones de Ankara de mantener una política económica prooccidental y, al mismo tiempo, su posible adhesión al BRICS, un bloque encabezado por las potencias euroasiáticas Rusia y China.

Desde una perspectiva económica, los BRICS podrían presentar oportunidades para Turquía, especialmente mediante el acceso a préstamos e inversiones del Banco de Desarrollo de los BRICS. Pero Turquía también debe tener en cuenta las limitaciones:

Entre ellas, el desequilibrio comercial de Ankara con los miembros del BRICS, especialmente con China, que es preocupante. En 2023, Turquía sólo exportó 3.500 millones de dólares a China, mientras que importó 45.000 millones, lo que dio lugar a un importante déficit comercial. En cambio, las relaciones comerciales de Turquía con la UE están mucho más equilibradas, con 153.000 millones de dólares en exportaciones y 160.000 millones en importaciones durante el mismo periodo.

Dado que Occidente sigue siendo el mayor socio económico de Turquía y su principal fuente de crédito, dañar estas relaciones podría suponer riesgos sustanciales.

La pertenencia a los BRICS puede reavivar los debates sobre la alineación geopolítica de Turquía, especialmente como miembro de la OTAN y estado candidato a la UE. Aunque cabe mencionar que el ascenso de Arabia Saudí, aliada de Occidente, y Egipto al club de los BRICS a principios de este año no pareció generar ningún desencuentro con Washington.

Se especula con que Erdogan podría estar utilizando la candidatura de Ankara a los BRICS como instrumento de negociación con Occidente, sobre todo tras la aprobación por EEUU de la compra de aviones de combate F-16 a Turquía.

Tal movimiento podría servir como palanca contra los embargos, especialmente en los sectores de defensa y tecnología. Sin embargo, el éxito de esta estrategia depende de cómo responda Occidente, en particular EEUU, a la evolución de la política exterior turca.

Traducción nuestra


*Suat Delgen es un antiguo oficial de guerra naval turco reconvertido en analista de defensa con amplios conocimientos sobre la OTAN, la UE, la seguridad marítima, las tecnologías emergentes y Asia Occidental.

Fuente original: The Cradle

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