Alastair Crooke.
Ilustración: OTL
28 de septiembre 2026.
Fue el análisis erróneo de Occidente el que ha atrapado a Occidente en una espiral de acciones que corren el riesgo de llevar inadvertidamente a Europa a una guerra con Rusia, una guerra que ningún europeo desea.
En los últimos días, la clase política europea ha subido el volumen al máximo con mensajes claramente coordinados —y compartidos—:
Se avecina una guerra con Rusia; Rusia tiene la intención de atacar a la OTAN; debemos prepararnos; abastezcámonos de agua embotellada y comida enlatada, y estémos listos para entregar a sus hijos al servicio militar obligatorio — «Muchos morirán; pero es su deber defender a su país».
¡Qué tontería! Para reforzar el mensaje, los líderes europeos, entre ellos el Alto Representante de la UE, Kallas, y el canciller alemán, Merz, se vistieron recientemente a propósito con uniformes de camuflaje de campo para señalar su «preparación para la defensa» durante la Cumbre Ártica Europea del 14 de septiembre. (Se puede ver a estos políticos europeos en uniformes militares aquí).
Se ven absurdos. Sin embargo, eso no puede desviar la atención de la pregunta: ¿qué es exactamente esta histeria que se ha apoderado de los tecnócratas europeos?
A primera vista, el mensaje unificado de que Rusia está a punto de atacar a Europa y de que se avecina una guerra no tiene ningún sentido. Europa no cuenta ni con el personal, ni con las municiones, ni con los recursos financieros, ni con la capacidad industrial para librar una guerra contra lo que hoy en día puede considerarse una de las principales «grandes potencias» militares, así como contra el Estado que posee el mayor arsenal de armas nucleares.
ZeroHedge señala que:
Entre los difusores más enérgicos de esta narrativa sin fundamento [sobre la amenaza de un ataque ruso] se encuentran los líderes de los Estados bálticos. Por ejemplo, esta semana el presidente letón, Edgars Rinkevics, ha llegado a afirmar que los “ataques” rusos contra la UE y la OTAN ya han comenzado. Los países bálticos incluso están publicando planes de preparación para emergencias destinados a su población, alegando un escenario al estilo de *Red Dawn*.
No estamos hablando de una guerra convencional. Estamos hablando de todo tipo de provocaciones, todo tipo de actos de sabotaje, todo tipo de pruebas, y definitivamente esto es algo que ya está sucediendo en este mismo momento», dijo el líder letón.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha afirmado esta semana que Rusia podría lanzar ataques esporádicos que fingiría que son ‘accidentales’ con el fin de ‘paralizar o, al menos, debilitar la motivación de los países de la OTAN’, según cita The Associated Press. “Existe un riesgo real de que drones u otros tipos de proyectiles entren en el territorio de uno o varios países del flanco oriental e incluso causen destrucción”, agregó Tusk, advirtiendo: «Moscú podría llegar incluso a lanzar algún tipo de ataque aéreo contra territorio de la OTAN en los próximos meses para demostrar que el compromiso de defensa común del Artículo 5 de la alianza militar no es más que unas pocas palabras en un pedazo de papel.
Sin embargo, a pesar de todas las pruebas acumuladas, los líderes europeos se están animando a sí mismos para estar psicológicamente preparados para activar ese Artículo 5 contra una gran potencia con armas nucleares.
A raíz de este alboroto, el ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, advirtió explícitamente:
Me gustaría enfatizar que no tenemos ningún interés en involucrarnos en esto [atacar a Europa], pero si Europa, que habla a diario de prepararse para la guerra contra Rusia, ataca a Rusia, será una guerra completamente diferente —y será muy corta.
¿Qué hay detrás de este aparente absurdo?
Por un lado, está claro que las élites gobernantes de Bruselas ven cómo sus errores estratégicos (el apoyo sin límites a Ucrania, el sacrificio del modelo empresarial europeo en aras de presionar a Rusia, su apoyo a la guerra contra Irán y su indiferencia ante el sufrimiento en el Medio Oriente) les están pasando factura.
Su campaña de miedo contra Rusia huele a desesperación, más que a una reflexión cuidadosa y a la debida diligencia sobre los riesgos muy reales de avivar la guerra de esta manera.
Sin duda, el establishment ve que la crisis energética derivada de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ya no está “por venir”, sino que ya llegó.
Ven cómo se disparan los costos de vida, cómo se esfuman los empleos y el inminente colapso de los mercados —principalmente en el mercado de bonos (cuyo nivel de tasas de interés define el valor de todos los demás activos de riesgo)—.
Al ver esto, estos políticos en peligro tal vez hayan llegado a la conclusión de que generar miedo es la única forma de desviar la atención de sus propios fracasos y, tal vez, les permita albergar la esperanza de poder sobrevivir al ciclo electoral.
La supervivencia es una motivación clave, pero es probable también que la psique de las élites se sostenga en dos proposiciones que son falsas, aunque aparentemente suenen plausibles para la clase política.
La primera falacia es que Rusia lanzó una guerra preventiva en febrero de 2022 para apoderarse de Kiev y aproximadamente el 60 por ciento de Ucrania.
Los acontecimientos anteriores en Siria explican la realidad: Rusia entró oficialmente en el conflicto civil sirio en septiembre de 2015, tras una solicitud del presidente Assad.
La intervención rusa resultó ser de alcance limitado: un despliegue aéreo muy reducido (de 28 a 34 aeronaves) y un número mínimo de fuerzas especiales de combate (la contribución de Rusia consistió principalmente en asesores militares, controladores aéreos de primera línea y policía militar).
La presencia de Rusia en Siria fue intencionalmente simbólica: una declaración de intenciones serias, más que un deseo de participar en una guerra terrestre.
De hecho, el objetivo de Moscú era evitar el combate terrestre directo. No obstante, los ataques aéreos rusos —con el respaldo de las tropas terrestres iraníes— ayudaron al Ejército sirio a expulsar a las fuerzas yihadistas de Alepo. Esto condujo a una tregua negociada por Rusia y Turquía a finales de 2016, y al proceso de paz de Astana que comenzó poco después.
El enfoque de Putin respecto a Alepo definió claramente el modelo para sus tácticas iniciales en relación con Ucrania. Rusia desplegó entre se estima 15 000 y 30 000 hombres en las afueras y alrededores de Kiev, durante el asalto inicial a principios de 2022.
La narrativa europea de que esta fuerza tenía como objetivo tomar Kiev a principios de 2022 es ridícula: 40 000 soldados tal vez puedan llenar una plaza de la ciudad, pero ¿pueden tomar una ciudad de más de tres millones de habitantes? Es absurdo.
Sin embargo, los comentaristas europeos y estadounidenses —incluido el comentarista estadounidense Robert Pape— sostienen que, dado que el intento de tomar Kiev fracasó, lo cual, combinado con el corolario implícito de que Putin esperaba que su demostración simbólica de «intención seria» hiciera retroceder a la OTAN, sugiere —según Pape— que Putin está atrapado en una trampa de escalada.
Pape sostiene que Putin buscaba una victoria rápida en 2022, pero al haber fracasado, se encuentra «atrapado» al tener que subir ahora por una escalera de escalada con perspectivas de éxito cada vez peores; de ahí que Putin fracase. «Es solo cuestión de tiempo».
Lejos de ser un fracaso, la demostración de fuerza de Moscú en Siria, por pequeña que fuera, funcionó: Astana fue el modelo tomado de Siria. A finales de marzo de 2022, el Proceso de Estambul había dado lugar al Comunicado de Estambul, un marco para un acuerdo con Ucrania.
Esta última iniciativa fracasó por una sola razón —Boris Johnson la torpedeó— y Rusia se vio obligada a reorganizarse, lo cual logró con éxito, aunque a costa de una larga guerra de desgaste y la pérdida innecesaria de cientos de miles de vidas ucranianas.
No, fue Boris Johnson quien llevó a Europa a una trampa de escalada.
Al parecer, los europeos han basado su «historia de éxito» en la guerra contra Rusia, en primer lugar, en la noción del supuesto fracaso de Kiev y, en segundo lugar, en la confianza exagerada en las sanciones financieras.
El exministro de Finanzas francés Le Maire, en un momento de euforia, declaró «una guerra económica y financiera total contra Rusia». Insistió en que las sanciones asfixiarían y derrumbarían la economía rusa; en la práctica, Rusia, desde 2007, cambió a un modelo económico nacional (autosuficiente) y sigue prosperando.
Entonces, ¿quién ha atrapado a quién? La premisa central imaginada por Occidente —de que Rusia quedó atrapada en la escalada desde el momento en que fracasó el inexistente plan para tomar Kiev— ha dado un giro completo a la situación.
Fue el análisis erróneo de Occidente el que ha atrapado a Occidente en una espiral de acciones que corren el riesgo de llevar inadvertidamente a Europa a una guerra con Rusia —una guerra que ningún europeo desea—.
Traducción nuestra
*Alastair Crooke, es un exdiplomático británico y es el fundador y director del Foro de Conflictos con sede en Beirut, una organización que aboga por el compromiso entre el Islam político y Occidente.
Fuente: Conflicts Forum Substack
