Lorenzo Mria Pacini.
26 de junio 2026.
La impresión general es que la cumbre de Nueva Delhi ofrece un anticipo de en qué podría convertirse el sistema internacional en los próximos años.
Cooperación renovada
La reunión de los asesores de seguridad nacional de los países del BRICS, que se inauguró en Nueva Delhi bajo la presidencia de la India al frente del grupo, representa mucho más que una simple reunión técnica centrada en las amenazas emergentes.
Más allá de los temas oficiales —ciberseguridad, inteligencia artificial, terrorismo, seguridad de las infraestructuras digitales y amenazas no convencionales—, está surgiendo una dinámica geopolítica mucho más amplia: la transformación gradual del BRICS, que pasa de ser una plataforma económica a convertirse en un foro estratégico en toda regla para el mundo multipolar.
La reunión presidida por Ajit Doval se produce en un momento especialmente delicado para el sistema internacional. La reciente crisis en Oriente Medio, el difícil proceso de normalización entre Washington y Teherán, la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, y las transformaciones del orden económico mundial han acentuado la importancia de los organismos capaces de coordinar las posiciones entre las principales potencias no occidentales.
Por lo tanto, no es de extrañar que la presencia del ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, haya suscitado especial atención. Su visita a Nueva Delhi supone, de hecho, un paso más en el deshielo gradual de las relaciones entre la India y China, que —tras años de tensiones a lo largo de la frontera del Himalaya— parecen estar entrando ahora en una fase más estructurada.
Para comprender la importancia del actual acercamiento, es importante recordar que las relaciones entre las dos grandes potencias asiáticas atravesaron una de las fases más difíciles de su historia reciente tras los enfrentamientos de 2020 en la región de Ladakh.
Durante varios años, el diálogo político se mantuvo limitado y se suspendieron numerosos mecanismos bilaterales. Sin embargo, en los últimos dos años se ha producido un cambio gradual de esta tendencia.
Las reuniones entre los máximos dirigentes políticos, las negociaciones militares a lo largo de la Línea de Control Efectivo y una creciente conciencia de la necesidad de evitar la desestabilización en Asia han contribuido a reabrir canales de comunicación que parecían comprometidos.
En las conversaciones mantenidas al margen de la cumbre del BRICS, Doval y Wang Yi reconocieron los avances logrados hacia la normalización de las relaciones bilaterales. Según fuentes diplomáticas, ambas partes hicieron hincapié en la importancia de reforzar el diálogo y evitar que las disputas fronterizas afecten a la relación estratégica en su conjunto.
El avance más significativo no es tanto la reanudación de los contactos diplomáticos como el hecho de que la India y China parecen compartir una convergencia de opiniones cada vez mayor en torno a las transformaciones del orden internacional.
Aunque mantienen profundas diferencias estratégicas, ambas potencias observan de cerca el debilitamiento gradual del unilateralismo occidental y la necesidad de construir instituciones internacionales que sean más representativas del peso político y económico del Sur Global, que constituye el «corazón» político de la asociación.
La seguridad en un contexto multipolar
La presidencia de la India en 2026 se desarrolla bajo el lema «Construyendo para la resiliencia, la innovación, la cooperación y la sostenibilidad», un eslogan que refleja la ambición de Nueva Delhi de ampliar aún más el ámbito de actuación del grupo.
El BRICS ya no es meramente un mecanismo de cooperación económica. La ampliación a once miembros ha alterado profundamente la naturaleza de la organización.
Junto a las principales economías emergentes originales se sitúan ahora actores regionales clave como Irán, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía e Indonesia. Esta ampliación ha introducido inevitablemente nuevas exigencias en materia de coordinación política y de seguridad.
Los temas abordados en Nueva Delhi dan testimonio de esta evolución. Los ciberataques, las vulnerabilidades digitales, el terrorismo internacional, el uso de la inteligencia artificial en el ámbito militar y la protección de las infraestructuras críticas son retos que ningún país puede afrontar de forma aislada.
Y es aquí donde los BRICS están asumiendo gradualmente el papel de campo de pruebas para un modelo alternativo de gobernanza de la seguridad frente al dominado por las estructuras occidentales. De hecho, todavía no se trata de una alianza militar y probablemente no lo será en un futuro próximo, pero la creciente institucionalización de los diálogos estratégicos indica una voluntad de desarrollar formas de coordinación capaces de influir en el equilibrio de poder mundial.
Uno de los aspectos más significativos de la reunión de Nueva Delhi se refiere a la postura adoptada respecto a Irán, que es quizás la cuestión más controvertida que toda la asociación ha tenido que abordar durante este primer semestre del año.
Durante la cumbre, Wang Yi se reunió con el vicesecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ghadir Nezamipour, y reafirmó el apoyo de China a la soberanía, la seguridad y la dignidad nacional de la República Islámica.
Resultó especialmente significativa la acogida que se dispensó al reciente memorando de entendimiento entre Teherán y Washington, que Pekín considera una herramienta potencial para consolidar el alto el fuego regional y crear condiciones favorables para una mayor estabilidad en Oriente Medio.
La postura de China revela un elemento que a menudo se pasa por alto en los análisis occidentales: Pekín no solo pretende contrarrestar la influencia estadounidense, sino que busca cada vez más presentarse como garante de la estabilidad regional y facilitador diplomático.
Este enfoque ya se había puesto de manifiesto en la reconciliación de 2023 entre Irán y Arabia Saudí y ahora parece estar encontrando una confirmación adicional.
Los chinos están decididos a preservar el BRICS+ como una arquitectura de estabilidad y apertura de miras, y desde luego no a convertir esta alianza en un «problema» global.
La India también ha mostrado una actitud pragmática, precisamente en esta dirección. Doval expresó un optimismo cauteloso respecto al acuerdo entre Estados Unidos e Irán, haciendo hincapié en cómo la estabilización de Oriente Medio podría promover la seguridad energética y la continuidad de las cadenas de suministro globales. Para Nueva Delhi, Oriente Medio es una región vital tanto desde el punto de vista energético como por la presencia de una numerosa diáspora india. Por consiguiente, cualquier reducción de las tensiones regionales se considera un interés estratégico directo.
La convergencia sino-india y el futuro del Sur Global
Quizá el elemento más interesante que se desprende de la cumbre es la creciente conciencia, tanto en Pekín como en Nueva Delhi, de que la competencia bilateral ya no puede ser el único marco para interpretar sus relaciones.
La India y China seguirán sin duda compitiendo por la influencia económica, tecnológica y geopolítica. Persisten las disputas territoriales sin resolver, las diferencias estratégicas en el Océano Índico y las distintas relaciones con Estados Unidos, pero ambos reconocen que el nuevo contexto internacional también exige formas de cooperación.
La expansión del BRICS, el auge del Sur Global, la crisis de las instituciones de la posguerra y la creciente fragmentación de la economía mundial están creando áreas de convergencia que habrían sido difíciles de imaginar hace tan solo unos años.
La normalización de las relaciones entre Nueva Delhi y Pekín no implica la formación de una alianza estratégica. Más bien, señala el surgimiento de una lógica de coexistencia competitiva, en la que la rivalidad se gestiona a través de mecanismos diplomáticos permanentes en lugar de mediante una escalada continua.
Por un lado, la cumbre confirma la evolución gradual de los BRICS hacia una plataforma política y estratégica cada vez más sofisticada; por otro, pone de relieve el lento pero constante acercamiento entre la India y China, dos potencias que comprenden que la estabilidad de Eurasia y del Sur Global requiere un nivel mínimo de cooperación mutua.
El Sur Global, cabe recordar, es el principal escenario de inversión estratégica de los actores más importantes del mundo. El paso de la cooperación económica a la integración en materia de seguridad es una medida que se ha vuelto imprescindible debido a la inestabilidad de las rutas globales y a la agresividad de los países occidentales.
La impresión general es que la cumbre de Nueva Delhi ofrece un anticipo de en qué podría convertirse el sistema internacional en los próximos años: un orden —cada vez más multipolar— caracterizado no por la ausencia de conflictos, sino por la presencia de nuevos mecanismos de coordinación entre las grandes potencias, mantenidos en equilibrio por redes de seguridad compartidas —verdaderas redes de intercambio y equilibrio mutuo— en las que se imposibilita el dominio de una potencia «más fuerte» sobre otra «más débil».
Quién sabe si, de aquí a la cumbre de septiembre —durante la sesión plenaria del BRICS+—, nos depararán algunas sorpresas agradables en forma de nuevos acuerdos de seguridad.
Traducción nuestra
*Lorenzo Maria Pacini es Profesor asociado de Filosofía Política y Geopolítica, UniDolomiti de Belluno. Consultor en Análisis Estratégico, Inteligencia y Relaciones Internacionales.
Fuente original: Strategic Culture Foundation
