Ricardo Martins.
Ilustración: @James Ferguson.
15 de junio 2026.
El enfrentamiento entre Irán, Israel y Estados Unidos podría marcar un punto de inflexión estratégico en la geopolítica de Oriente Medio. A medida que Teherán pasa de una doctrina de supervivencia a otra de influencia regional, el equilibrio de poder que ha definido la región durante décadas se está reconfigurando de forma radical.
El cambio de Irán: de la defensa a la ambición
Los analistas observan un Oriente Medio en constante cambio, donde Irán ya no lucha únicamente por sobrevivir, sino que está tanteando el terreno para alcanzar la preeminencia regional. Robert Pape, politólogo estadounidense y profesor de la Universidad de Chicago, denomina a esto la «fase intermedia»: Irán está dejando atrás la estrategia defensiva y ahora está construyendo lo que él describe como un «cinturón de seguridad de resistencia» que se extiende desde el estrecho de Ormuz hasta el mar Rojo.
Irán ya no se limita a contraatacar; está tejiendo una red de influencia que abarca el Golfo Pérsico, el Líbano y Yemen, convirtiendo la región en un único escenario estratégico y en una vía para que Irán establezca las reglas, en lugar de limitarse a seguirlas.
Estamos en la fase intermedia. Y en esta fase intermedia hay una característica definitoria: Irán está pasando de la supervivencia a la ambición. Y esto va a continuar. Irán se encuentra en una trayectoria que le llevará a convertirse en el Estado dominante del Golfo Pérsico.
La nueva doctrina del IRGC: un nuevo cinturón de seguridad de la resistencia. Irán va camino de convertirse en una potencia hegemónica en la región. Una potencia dominante que no se preocupa por su supervivencia, sino que está construyendo una esfera de influencia. Y así es como se presenta una potencia hegemónica regional. (Robert Pape)
“Irán tiene ahora más confianza y desempeña un papel más importante a la hora de configurar la región mediante la presión y las maniobras”
¿Por qué es esto importante? Indica un cambio real en el funcionamiento del conflicto. Pape sostiene que Irán está adoptando una estrategia cada vez más coordinada y decidida, mientras que Washington y Tel Aviv parecen atrapados en un ciclo de reacciones.
El presidente Donald Trump se limita a hacer gestos sin ninguna estrategia; no da crédito a lo que ven sus ojos y le dice a un Netanyahu reacio que acceda a las exigencias de Irán, como dejar de bombardear Beirut.
Irán está ejerciendo presión donde más cuenta: sobre Kuwait y Baréin para complicar la vida al ejército estadounidense; enviando señales a Beirut para disuadir los ataques israelíes; y en el Mar Rojo para amenazar las rutas marítimas y energéticas mundiales.
La idea principal: Irán está convirtiendo la geografía en estrategia. No se trata de la desesperación de un régimen acorralado; al contrario, es el sello de una estrategia que intenta redibujar el mapa del poder regional.
El cada vez más reducido margen de maniobra de Israel
En una entrevista, el analista Trita Parsi plantea una observación aún más aguda sobre Israel: su posición de seguridad se está volviendo más frágil, incluso a medida que sus operaciones militares se vuelven más audaces.
La opinión de Pape, en otra entrevista, es que Israel se encuentra atrapado en un clásico dilema de escalada: si no contraataca, parece débil y la disuasión se erosiona; si lo hace, corre el riesgo de avivar el mismo conflicto que amenaza su propia seguridad.
Tomemos como ejemplo el reciente episodio de las infiltraciones de Hezbolá: una postura militar sin estrategia, en la que unas incursiones limitadas desencadenan grandes consecuencias estratégicas.
Israel, a pesar de todo su poderío militar —aunque su ejército esté cansado, sobrecargado y con la moral baja—, sigue apoyándose firmemente en Estados Unidos como su garante último de seguridad, pero la capacidad de EE. UU. para mantener este papel se está debilitando debido al mal desempeño de sus fuerzas armadas y a la presión de la opinión pública nacional.
Lo más preocupante es que Estados Unidos no siempre puede frenar la escalada israelí, incluso cuando lo intenta. La conclusión es que la ventaja militar de Israel no se traduce en beneficios estratégicos. Políticamente, la situación es igual de difícil: el apoyo internacional a Israel está decayendo (la opinión pública en Estados Unidos y en todo el mundo sobre cómo se percibe a Israel se encuentra en su nivel más bajo de la historia), y la postura actual de Israel está suscitando más oposición que legitimidad.
Las acusaciones de genocidio en Gaza, el comportamiento brutal e inmoral de su ejército, el desprecio por las leyes y normas internacionales, la brutalidad y la conducta criminal de los colonos en Cisjordania que quedan impunes, y la destrucción del sur del Líbano, similar a lo ocurrido en Gaza, son las principales razones.
Por eso la guerra va mucho más allá de quién gana en el campo de batalla; también tiene que ver con los crecientes costes políticos. El uso reiterado de la fuerza por parte de Israel corre el riesgo de consolidar su imagen como un Estado que opta por la escalada en lugar del diálogo y por la fuerza en lugar de la diplomacia.
Según Robert Pape y Trita Parsi, este enfoque debilita en realidad la posición de Israel al ampliar la coalición antiisraelí, fortalecer los lazos entre Irán y Hezbolá, y empujar a los países árabes a mantener una postura ambigua en lugar de tomar partido con firmeza.
El nuevo mapa regional: fragmentación, cautela y disuasión
Trita Parsi sostiene que EE. UU. ha sufrido un duro golpe y que las potencias de Oriente Medio se muestran cada vez más escépticas a la hora de confiar en la protección estadounidense. ¿El resultado? Están diversificando sus estrategias de cautela.
Los Estados del Golfo ya no marchan al unísono: los Emiratos Árabes Unidos se están aliando con Israel, mientras que países como Arabia Saudí, Catar y Omán están tomando rumbos diferentes. Algunos, como Kuwait, van a lo seguro, mientras que otros están estrechando sus lazos económicos con Irán para reducir los riesgos de confrontación.
Añadiría que es innegable el papel de una fuerza externa en la región: Pakistán, una potencia nuclear. Además del tratado de defensa mutua entre Arabia Saudí y Pakistán, ambos países forman parte de un acuerdo de seguridad regional más amplio que incluye a Turquía y Egipto.
Y a través de Pakistán e Irán, China y Rusia refuerzan su influencia en la región.
Este es el «nuevo mapa de Oriente Medio»: menos centrado en EE. UU., más fragmentado y cada vez más multipolar. Sin embargo, el hecho de que la región ya no sea unipolar no significa que haya encontrado un nuevo equilibrio. La guerra no está generando un equilibrio estable; se está librando en medio de una improvisación estratégica, en la que las potencias medias, los aliados indirectos y los puntos estratégicos de control energético importan más que las alianzas tradicionales.
Uno de los puntos más cruciales es el Mar Rojo. Las perturbaciones de los hutíes y las amenazas a Bab al-Mandab no son meros factores secundarios; ahora son palancas fundamentales del poder.
Para Irán, esta es una forma de proyectar su influencia mucho más allá del Levante, entrelazando la seguridad marítima, los flujos de petróleo y la credibilidad estadounidense en una contienda de alto riesgo.
Conclusiones
Irán está tratando de establecer una disuasión ampliada. Ha dejado claro a EE. UU. e Israel que el alto el fuego debe abarcar toda la región y que Israel debe estar incluido en él para evitar que se inicien nuevas guerras.
La diplomacia está bajo presión, pero sigue existiendo un interés común en alcanzar un acuerdo. Para Irán, no debe ser cualquier acuerdo; para EE. UU., el tiempo no juega a favor de Trump.
Pero la brecha de confianza es ahora mayor, en parte porque el sabotaje israelí ha entorpecido las negociaciones y porque la política estadounidense se pliega en gran medida a la presión política israelí. ¿Cuál es la incómoda conclusión?
Si la diplomacia fracasa, puede que sea porque Israel ha hecho que a Washington le resulte demasiado costoso políticamente considerar a Irán como algo distinto de un adversario permanente.
¿Qué ha cambiado, pues, sobre el terreno? En primer lugar, Irán tiene ahora más confianza y desempeña un papel más importante a la hora de moldear la región mediante la presión y las maniobras. En segundo lugar, el conflicto ha puesto de manifiesto lo inestable que es en realidad la disuasión israelí, así como los claros límites de actuar en solitario. En tercer lugar, los Estados del Golfo, Turquía, Egipto y Pakistán se apresuran a buscar nuevas opciones de seguridad, ya que ya no se conforman con depender únicamente de EE. UU.
Mientras tanto, Irán, gracias a su cálculo estratégico en el uso de la fuerza y en el estrecho de Ormuz, está en auge, y Trump y Netanyahu discuten en público sobre quién controla su coalición.
Traducción nuestra
*Ricardo Martins es Doctor en Sociología, especialista en política europea e internacional, así como en geopolítica.
Fuente original: New Eastern Outlook
