CONFLICTO CON RUSIA: ¿HACIA UNA GUERRA A ESCALA EUROPEA? Roberto Iannuzzi.

Roberto Iannzzi.

15 de mayo 2026.

El rearme alemán, las tensiones en el Báltico y un cambio en el equilibrio de poder en Moscú pueden extender la guerra en el Viejo Continente más allá de las fronteras de Ucrania y conducir a una escalada nuclear.


En los últimos días, los medios de comunicación occidentales han llamado la atención sobre una frase pronunciada por el presidente ruso Vladimir Putin con motivo de las celebraciones de la victoria sobre el nazismo, el pasado 9 de mayo, según la cual el conflicto de Ucrania estaría ya a punto de llegar a su fin.

La frase, bastante vaga —«Creo que la cuestión está a punto de concluir, pero se trata realmente de una cuestión seria»—, pronunciada tras unas declaraciones muy duras contra los esfuerzos occidentales por sabotear cualquier negociación entre Rusia y Ucrania, no debe llevar a sacar conclusiones precipitadas.

Putin mencionó los orígenes del conflicto, la ampliación de la OTAN en contra de los acuerdos, y reiteró que, desde el punto de vista ruso, los líderes occidentales han utilizado a Ucrania como ariete en su conflicto destinado a debilitar y desestabilizar a Rusia.

Recordó que los europeos sabotearon las negociaciones entre Moscú y Kiev en abril de 2022, y reveló que, en aquella ocasión, el presidente francés Emmanuel Macron le habría engañado, instándole a retirar las tropas rusas de Kiev con el pretexto de que los ucranianos no podían firmar un acuerdo con una pistola apuntándoles a la sien.

En todo caso, de las declaraciones del presidente ruso se desprende que, con razón o sin ella, considera en este momento a los países europeos como una amenaza quizá mayor que la que representan los Estados Unidos.

Esta convicción, lejos de pertenecer exclusivamente a Putin, está ganando terreno en los círculos políticos rusos.

Rompiendo tabúes

En cuatro años de conflicto, el bando occidental ha roto tabúes que nunca se habían violado durante la Guerra Fría. Los países de la OTAN han proporcionado a Kiev datos de inteligencia y misiles para atacar territorio ruso.

En agosto de 2024, apoyaron la invasión ucraniana de la región rusa de Kursk con armas y apoyo logístico. Y en los últimos dos años han ayudado a Kiev a atacar elementos clave de la disuasión nuclear rusa.

A lo largo del conflicto, los europeos han mantenido una línea de hostilidad inflexible hacia Moscú.

Según dicha línea, Rusia constituiría una grave amenaza para todo el continente, lo que requeriría, por tanto, el rearme europeo. Al mismo tiempo, sería débil en Ucrania y en su propio interior, por lo que debería debilitarse aún más.

Esta contradicción revela, en realidad, la implacable voluntad de continuar el enfrentamiento con Rusia, ya sea para defenderse de ella o para atacarla.

Aunque últimamente ha quedado eclipsada por el conflicto en el Golfo Pérsico, la colisión entre la OTAN y Rusia en Ucrania (y cada vez más en Europa) sigue aumentando en peligrosidad.

Paralelismos

En relación con los riesgos de escalada en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el conocido politólogo estadounidense Robert Pape ha escrito:

El error principal en muchos debates sobre Irán es la suposición de que la escalada se producirá de forma repentina y dramática. Históricamente, no es así como suelen desarrollarse los grandes conflictos.

[…] La cuestión estratégica no es si Washington está planificando actualmente una gran operación terrestre. La cuestión estratégica es si la estrategia actual es capaz de alcanzar sus objetivos sin generar una presión que conduzca a compromisos más amplios en el futuro.

Históricamente, es precisamente en este punto donde las campañas coercitivas se vuelven peligrosas. Cuando las estrategias punitivas no logran obtener una capitulación política, los líderes rara vez interpretan el fracaso como una prueba de que la estrategia en sí misma sea errónea. Lo más habitual es que lleguen a la conclusión de que el castigo aplicado ha sido insuficiente. Esto genera presiones para que se asuman compromisos adicionales destinados a salvar la estrategia original.

Una teoría similar encuentra su perfecta aplicación en el conflicto ucraniano. Es esta lógica la que ha llevado a los países de la OTAN a suministrar armas cada vez más sofisticadas a Ucrania y a involucrarse cada vez más directamente en el conflicto.

La nueva retaguardia de Kiev es Berlín

Últimamente estamos asistiendo a un nuevo salto cualitativo. Durante años, Alemania ha adoptado una política relativamente cautelosa respecto al conflicto ucraniano, destinada a evitar verse arrastrada a la guerra.

Todo esto está cambiando. Berlín está estrechando la cooperación bélica con Kiev, convirtiéndose cada vez más en un país cobeligerante en el conflicto con Rusia.

Con la retirada estadounidense, Alemania es desde hace tiempo el principal financiador de Ucrania. Pero a mediados de abril, por primera vez, el Gobierno alemán se asoció en una alianza estratégica con el sector de la defensa de un país en guerra.

El acuerdo allana el camino para la coproducción, junto con Kiev, de sistemas de armas, drones con un alcance de hasta 1.500 km y misiles de largo alcance. El Gobierno alemán zanja de un plumazo todo el debate interno de los últimos años sobre el suministro de armas alemanas a Ucrania para atacar objetivos en territorio ruso.

Como ha escrito la exdiputada alemana Sevim Dagdelen, con la integración entre la industria armamentística de Berlín y la de Kiev estamos asistiendo al nacimiento de un complejo militar-industrial germano-ucraniano bajo la hegemonía de Berlín.

A ello se suma la intención declarada del canciller alemán Friedrich Merz de repatriar a los ucranianos en edad de alistamiento residentes en Alemania.

La producción conjunta de armamento por parte de Alemania y Ucrania, escribe Dagdelen, supone una amenaza existencial para Rusia. La guerra contra Moscú se libra con dinero y armas alemanas, e incluso con soldados procedentes de Alemania, aunque sean de nacionalidad ucraniana.

Para escapar de la crisis económica, un número creciente de empresas alemanas se está reorientando hacia la producción bélica. Entre las ventajas de esta reconversión se encuentra la de eludir la competencia de las empresas chinas, que no tienen acceso a los contratos de defensa del Gobierno alemán.

Otro aspecto que no debe pasarse por alto es que, de este modo, un número cada vez mayor de familias se vuelve económicamente dependiente del rearme del país.

Ataques europeos al territorio ruso

Los efectos de la integración entre la industria bélica ucraniana y la de otros países europeos, además de Alemania, en particular en la producción de drones, ya se observan en el creciente número de ataques llevados a cabo en el interior del territorio ruso en los últimos meses.

Según Reuters, en marzo alrededor del 40 % de la capacidad rusa de exportación de petróleo había quedado inutilizada por los ataques con drones ucranianos contra las tres principales terminales de la costa occidental rusa: Novorossiysk, en el mar Negro, y Primorsk y Ust-Luga, en el Báltico.

Según una estimación del New York Times, a principios de abril los ataques ucranianos también habían dañado o destruido alrededor del 20 % de la capacidad de refino rusa.

A pesar de la reducción de las exportaciones, Rusia ha visto, no obstante, aumentar sus ingresos petroleros debido al incremento del precio del crudo provocado por el cierre del estrecho de Ormuz. Pero los daños sufridos siguen siendo considerables.

A mediados de abril, el Ministerio de Defensa ruso publicó los nombres y direcciones de las empresas europeas (incluidas algunas italianas) implicadas en la producción de drones ucranianos, afirmando que

los ciudadanos europeos deberían comprender claramente las verdaderas razones de las amenazas a su seguridad, así como conocer las direcciones y sedes de las empresas “ucranianas” y “mixtas” que producen UAV [vehículos aéreos no tripulados] y componentes para Ucrania en el territorio de sus países.

El polvorín del Báltico

Los drones que atacaron los puertos de Primorsk y Ust-Luga atravesaron el espacio aéreo de varios países bálticos. Moscú ha advertido a los Gobiernos de Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia de que, al permitir el paso de los drones ucranianos por su espacio aéreo, se convierten en cómplices de los ataques contra Rusia.

El asesor presidencial Nikolai Patrushev ha subrayado que se trata de una participación directa de países de la OTAN en ataques contra el territorio ruso.

El riesgo de que estalle un conflicto entre la OTAN y Moscú en el Báltico se ha visto agravado por el reciente anuncio de la creación de una fuerza naval conjunta, denominada «Northern Navies Initiative», integrada por Gran Bretaña, Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Estonia, Letonia, Lituania y los Países Bajos.

Dicha fuerza parece tener el objetivo explícito de contener a Rusia entre el Ártico y el Báltico, obstaculizando eventualmente el tráfico comercial de Moscú, y en particular su denominada «flota fantasma». Provocaciones como el abordaje de buques rusos, o incluso un bloqueo naval, constituirían un evidente casus belli.

A ello hay que añadir la militarización de Finlandia, que acaba de ingresar en la OTAN, y las acciones de espionaje y vigilancia aérea que se llevan a cabo desde su territorio en perjuicio de Moscú, elementos que están convirtiendo al país escandinavo en una nueva amenaza para Rusia.

El enfrentamiento es global

Para completar el panorama de la hostilidad europea hacia Moscú, hay que mencionar la propuesta francesa de extender su disuasión nuclear a otros aliados europeos, y la sentida invocación a defender Ucrania “con la misma firme determinación” demostrada por Occidente tras el 11 de septiembre, pronunciada por el rey Carlos de Inglaterra ante el Congreso estadounidense.

Para Moscú, por otra parte, las amenazas no se limitan al frente europeo. También existe el intento estadounidense de socavar la frontera sur de Rusia mediante la penetración en el Cáucaso y en Asia Central, en una especie de maniobra de cerco.

La agresión a Irán es vista por muchos en Moscú como una nueva escalada horizontal del conflicto contra los países que no pertenecen al bando occidental, que se suma al secuestro del presidente venezolano Maduro y al asedio a Cuba.

El ocaso del «espíritu de Anchorage»

A la luz de lo expuesto hasta ahora, el estado de ánimo está cambiando en Moscú.

Tras la reunión del verano pasado entre Putin y el presidente estadounidense Donald Trump en Anchorage, durante mucho tiempo los altos mandos rusos parecieron divididos entre quienes defendían el diálogo con Washington, encabezados por el negociador y representante especial de Putin, Kirill Dmitriev, y los partidarios de una línea menos conciliadora, entre los que se encontraban el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y los altos mandos militares.

Nueve meses después de ese encuentro, el «espíritu de Anchorage», tan invocado por Dmitriev, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, y otros, parece haber perdido su atractivo.

Los esfuerzos realizados por Dmitriev para alcanzar un «gran acuerdo» con la Administración Trump, centrados en un enfoque utilitarista basado en los negocios, no han dado frutos. Washington sigue enviando armas y proporcionando información de inteligencia a Ucrania.

El regreso del enemigo alemán

Aunque la esperanza de alcanzar un acuerdo con la Casa Blanca se está desvaneciendo, es Europa —y en particular Alemania— la que se perfila cada vez más como una amenaza a los ojos de los políticos y estrategas de Moscú.

Con motivo del Día de la Victoria, el 9 de mayo, Dmitri Trenin (presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales) reiteró que Europa es el principal adversario de Rusia.

Por su parte, Dmitry Medvedev (vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa) y Fyodor Lukyanov (director de investigación del Club Valdai) centraron su atención en el peligro que representa el rearme de una Alemania revanchista.

El ministro de Defensa, Andrey Belousov, ha dejado claro que es Occidente en su conjunto el que constituye una amenaza para Rusia y la estabilidad mundial:

Para mantener su predominio global, Estados Unidos y Occidente en su conjunto están destruyendo los cimientos de la arquitectura de seguridad global. Su actitud agresiva agrava las divisiones geopolíticas y socava la estabilidad estratégica y los acuerdos de paz fundamentales.

Lavrov ha expresado ideas similares, ya que en marzo había afirmado, en relación con los acontecimientos en América Latina y Oriente Medio, que

algunos expertos, entre ellos quienes en Rusia estudian la historia de las relaciones internacionales, ya han comenzado a describir y definir estos acontecimientos como la Tercera Guerra Mundial.

Restablecer la disuasión

Entre los enfoques más radicales, destaca el de Sergey Karaganov, politólogo de larga trayectoria, antiguo asesor de Gorbachov y Yeltsin, y actualmente uno de los asesores de Putin. Desde el inicio del conflicto, Karaganov ha invocado la posibilidad de emplear armas nucleares en Europa.

La tesis de Karaganov es que las élites europeas están completamente desacreditadas y carecen de toda legitimidad para permanecer en el poder. Pero, sobre todo, son incapaces de alcanzar una solución de compromiso con Rusia.

Es necesario detenerlas por la fuerza de las armas para impedir que el conflicto se extienda por Europa.

En primer lugar, atacando objetivos militares estratégicos y altamente simbólicos en territorio europeo con armas convencionales.

Según Karaganov, si esto no fuera suficiente para «persuadir» a las élites europeas de que lleguen a un acuerdo con Rusia, sería necesario recurrir a un ataque nuclear «demostrativo» o incluso destinado a eliminar a las propias élites europeas.

Ideas de este tipo, que eran ampliamente minoritarias al inicio del conflicto, están ganando terreno progresivamente tanto en los círculos militares como en los políticos rusos. Paralelamente, está aumentando la presión sobre Putin para que cambie de estrategia.

La aparente desvinculación estadounidense de Europa ha convencido a muchos en Moscú de que EE. UU. no correría el riesgo de un conflicto nuclear con Rusia para acudir en ayuda de los europeos.

Y el recurso a ataques convencionales o incluso nucleares sobre territorio europeo es, a juicio de muchos, la única forma de disuadir a los europeos de seguir utilizando Ucrania como arma contra Rusia.

La intransigencia de las capitales europeas y su carrera de rearme fomenta la difusión de estas ideas en Moscú y aumenta el riesgo de un conflicto convencional o incluso nuclear en el viejo continente.

A continuación, la entrevista en la que Karaganov resume los conceptos aquí expuestos al politólogo noruego Glenn Diesen

Traducción nuestra


*Roberto Iannuzzi es analista independiente especializado en Política Internacional, mundo multipolar y (des)orden global, crisis de la democracia, biopolítica y «pandemia new normal».

Fuente original: Intelligence for the people

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