EL PLAN DE KUSHNER PARA GAZA: «RECUPERACIÓN» Y RECONSTRUCCIÓN PRIVATIZADA DE LA FRANJA. Roberto Iannuzzi.

Roberto Iannuzzi.

Foto: Presentación del plan Kushner en el Foro Económico Mundial de Davos (Getty Images)

30 de enero 2026.

La «recuperación» de Gaza podría confiarse a contratistas privados. Coordinados por Estados Unidos, deberían desarmar a Hamás antes de confiar la reconstrucción a los grandes capitales financieros.


La inauguración del Consejo de Paz y la presentación de un plan de reconstrucción en Davos (Suiza), con motivo de la reunión anual del Foro Económico Mundial, abren una nueva y peligrosa etapa para Gaza.

El Consejo de Paz, presidido por el presidente estadounidense Donald Trump y compuesto por países subordinados a los Estados Unidos o ideológicamente alineados con el inquilino de la Casa Blanca, tiene la ambición, no demasiado velada, de proponerse como alternativa a las Naciones Unidas.

La Carta fundacional del Consejo no menciona a Gaza, pero habla de «un organismo internacional de consolidación de la paz más ágil y eficaz» que tenga «el valor de distanciarse de instituciones que con demasiada frecuencia han fracasado» (una referencia a la ONU).

Dicho organismo se propone mediar en conflictos desde Venezuela hasta Ucrania, pasando por alto el mandato de la ONU (Resolución 2803) que limita su ámbito de actuación a Gaza.

Dentro del Consejo, que tiene una estructura esencialmente ilegal desde el punto de vista del derecho internacional, el poder está concentrado en manos de Trump, que lo preside de por vida, establece qué países pueden adherirse a él y decide su agenda.

El nuevo organismo está compuesto a su vez por un consejo directivo que se encargará de la gestión de Gaza. A este respecto, Jared Kushner, miembro del consejo y yerno de Trump, presentó un plan en Davos.

Al igual que Kushner, cuya familia tiene vínculos personales con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, otros miembros del consejo son muy cercanos a Israel.

Entre ellos destacan el ex primer ministro británico Tony Blair, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el enviado especial de Trump Steve Witkoff y el multimillonario israelí Yakir Gabay.

Otra característica relevante es que muchos de ellos —desde Kushner hasta Witkoff, pasando por Marc Rowan, director ejecutivo de la sociedad de gestión patrimonial Apollo Global Management— son grandes inversores con importantes intereses en el Golfo.

Por el contrario, los palestinos no están representados de ninguna manera en el Consejo de Paz.

El gobierno tecnocrático palestino subordinado a él, denominado Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), tendrá un papel meramente ejecutor de sus directrices.

Un proyecto de ingeniería social

La Franja será el primer «laboratorio» donde se pondrá a prueba el principio inspirador del Consejo, que prevé el abandono del multilateralismo como enfoque para la resolución de conflictos en favor de un modelo basado en el capital privado, impulsado por las inversiones y la búsqueda de beneficios.

Al anular las reivindicaciones políticas de los palestinos e ignorar los derechos de propiedad y el patrimonio cultural de generaciones de gazaties, el plan Kushner prevé un proyecto de ingeniería social y desarrollo inmobiliario que, partiendo de una tabula rasa, pretende rediseñar completamente el rostro de Gaza, previa desmilitarización y «desradicalización» de la Franja.

Toda la zona costera se dedicará al turismo. En el interior inmediato se construirán zonas residenciales para los palestinos, intercaladas con parques y zonas agrícolas.

Los complejos industriales y los centros de datos se ubicarán cerca del perímetro interior, dependientes de las cadenas de suministro y de los abastecimientos energéticos israelíes. Alrededor de todo el perímetro fronterizo se creará una zona de amortiguación controlada por Israel.

El centro de gravedad demográfico, pero también logístico (con la presencia de un puerto y un aeropuerto en la frontera sur), se desplazará hacia el sur de la Franja.

El plan maestro de la «nueva Gaza» presentado por Jared Kushner en Davos

A diferencia de los planes que se habían difundido anteriormente, el plan de Kushner no prevé comenzar la reconstrucción por etapas, empezando por la zona bajo control israelí.

En cambio, apunta a la desmilitarización total, a la que seguirá la reconstrucción de todo el territorio del enclave palestino, según una filosofía inspirada en el «éxito catastrófico», como lo definió Kushner. «No tenemos un plan B», dijo el yerno del presidente.

En cualquier caso, el proceso de desmilitarización será el más problemático.

En teoría, el plan estadounidense prevé, a cambio del desarme, la amnistía para los hombres de Hamás, su «traslado seguro» a otros países o, en algunos casos seleccionados, su integración en el Gobierno tecnocrático palestino (NCAG).

Incluso si Hamás aceptara una solución de este tipo, no es nada seguro que Israel lo hiciera.

El grupo palestino querría integrar a sus fuerzas policiales (unos 10 000 hombres) y a los más de 40 000 empleados del actual Gobierno de Gaza en las fuerzas de seguridad y otras estructuras del incipiente NCAG. Un escenario que sin duda será rechazado por el Gobierno de Netanyahu.

Contratistas privados para «liquidar» a Hamás

Elliott Abrams, conocido exponente de los neoconservadores estadounidenses y miembro destacado del Consejo de Relaciones Exteriores, alude a una alternativa mucho más drástica para liquidar a Hamás.

Abrams tiene una larga experiencia en operaciones de cambio de régimen. Ya implicado en el escándalo Irán-Contras, fue uno de los promotores de la desastrosa invasión de Irak, uno de los organizadores del fallido intento de derrocar a Hamás en 2007 (que condujo al enfrentamiento armado entre el grupo y su rival Fatah, y a la separación entre Gaza y Cisjordania), y responsable del intento (también fallido) de derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro, en calidad de representante especial para Venezuela durante el primer mandato de Trump.

Admite que, hasta ahora, ningún país se ha mostrado dispuesto a proporcionar tropas para desarmar a Hamás en el marco de la fuerza de estabilización que, según el plan original de Trump para Gaza, debería haberse desplegado en la Franja.

Abrams afirma, sin embargo, que existe la posibilidad de recurrir a contratistas privados para «limpiar» Gaza de combatientes e infraestructuras militares de Hamás.

Para facilitar la operación, se animaría a la población civil a trasladarse a la zona de la Franja actualmente controlada por Israel.

En Rafah, en el sur del enclave, debería surgir la primera de las «comunidades cercadas» que acogerán a los palestinos tras un meticuloso «proceso de verificación» destinado a excluir cualquier posible vínculo con Hamás.

Para acceder a esta «comunidad», cuya construcción será financiada por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), los palestinos deberán someterse a sistemas de control biométrico, adoptar una moneda digital (el shekel israelí) y beneficiarse de programas escolares proporcionados por los EAU destinados a fomentar la «desradicalización».

Estas medidas tienen por objeto prevenir cualquier infiltración de Hamás, el desvío de fondos o bienes a favor del grupo palestino y cualquier posible influencia ideológica, incluso en las escuelas.

En este escenario, el papel de la fuerza internacional de estabilización y de la policía del NCAG se limitará al control de esta y otras comunidades similares, así como de las zonas ya «recuperadas» de la presencia de Hamás.

El hecho de que Trump haya puesto al frente de la fuerza de estabilización al general estadounidense Jasper Jeffers, antiguo responsable del Mando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC), hace presagiar que se podría inclinar por la contratación de contratistas privados.

Jeffers es un veterano de las operaciones especiales en Irak y Afganistán y, junto con otros oficiales del JSOC, podría planificar el empleo de contratistas y el entrenamiento de comandos compuestos por palestinos reclutados entre las bandas armadas por Israel para combatir a Hamás.

Por otra parte, la infame Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), responsable del asesinato indiscriminado de cientos de palestinos que buscaban desesperadamente comida en sus centros de distribución, ya ha utilizado contratistas privados en la Franja.

Uno de los creadores de la GHF, Aryeh Lightstone, ha sido ahora nombrado por Trump asesor del Consejo de Paz.

También es controvertido el nombramiento de Sami Nasman como responsable de seguridad dentro del NCAG.

Nasman es un exgeneral de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina y uno de los más acérrimos opositores al Gobierno de Hamás en la Franja, de donde es originario.

En 2016, un tribunal de Gaza lo condenó en rebeldía a 15 años de prisión por espionaje y por reclutar células armadas con el fin de desestabilizar el gobierno de Hamás.

Posible reanudación de la guerra a gran escala

En cualquier caso, siguen existiendo numerosas incógnitas en torno al desarme de Hamás y la aplicación del plan Kushner.

En primer lugar, la aceptación del plan por parte de Israel está lejos de ser segura.

Según el diario israelí Maariv, el Gobierno de Netanyahu se estaría preparando para hacer fracasar el plan estadounidense.

Las fuerzas armadas israelíes han construido decenas de puestos militares avanzados en la zona de la Franja bajo su control, conectándolos con el territorio israelí mediante nuevas carreteras. Y están convirtiendo la línea amarilla, que separa esa zona de la controlada por Hamás, en una auténtica frontera, con trincheras y terraplenes.

Los altos mandos del ejército israelí también están planificando una posible ofensiva militar sobre la ciudad de Gaza en marzo, en caso de que el plan de desarme previsto por Estados Unidos encuentre dificultades.

Netanyahu ha declarado que la siguiente fase no se refiere a la reconstrucción, sino a la desmilitarización de la Franja.

Y Avi Dichter, ministro del Gobierno y exdirector del Shin Bet (el servicio secreto interno), ha afirmado que «debemos prepararnos para la guerra en Gaza», ya que la cuestión del desarme «la resolverán las tropas israelíes, con mano dura».

Una versión abreviada de este artículo apareció en Il Fatto Quotidiano

Traducción nuestra


*Roberto Iannuzzi es analista independiente especializado en Política Internacional, mundo multipolar y (des)orden global, crisis de la democracia, biopolítica y «pandemia new normal».

Fuente original: Intelligence for the people

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