M. K. Bhadrakumar.
Imagen: The Cradle
29 de enero 2024.
EEUU está tan metido en una batalla imposible de ganar desde el Levante hasta el Golfo Pérsico que sólo sus adversarios de China, Rusia e Irán pueden sacarlo de ella.
La disuasión en defensa es una estrategia militar en la que una potencia utiliza la amenaza de represalia para impedir el ataque de un adversario, manteniendo al mismo tiempo la libertad de acción y la flexibilidad para responder a todo el espectro de desafíos. En este ámbito, la resistencia libanesa, Hezbolá, es un ejemplo destacado.
La claridad de objetivos de Hezbolá al establecer y mantener estrictamente unas normas básicas que disuaden de la agresión militar israelí ha puesto el listón muy alto en la región. En la actualidad, sus aliados de Asia Occidental han adoptado estrategias similares, que se han multiplicado en el contexto de la guerra de Gaza.
Estados Unidos, rodeado
Aunque el movimiento de resistencia yemení Ansarallah es comparable a Hezbolá en ciertos aspectos, es la audaz marca de disuasión defensiva practicada por la Resistencia Islámica de Irak la que va a tener grandes consecuencias a corto plazo.
La semana pasada, citando fuentes del Departamento de Estado y del Pentágono, la revista Foreign Policy escribió que la Casa Blanca ya no está interesada en continuar la misión militar estadounidense en Siria. La Casa Blanca desmintió posteriormente esta información, pero el informe está ganando terreno.
El diario turco Hurriyet escribió el viernes que, aunque Ankara está adoptando una actitud cautelosa ante los informes de los medios de comunicación, sí percibe «un esfuerzo general» de Washington por salir no sólo de Siria, sino de toda la región de Asia Occidental, pues considera que se ha visto arrastrado a un atolladero por Israel e Irán desde el Mar Rojo hasta Pakistán.
El representante presidencial especial de Rusia para la solución del conflicto sirio, Alexander Lavrentiev, también declaró el viernes a Tass que mucho depende de cualquier «amenaza de impacto físico» sobre las fuerzas estadounidenses presentes en Siria. La rápida salida militar estadounidense de Afganistán se produjo prácticamente sin previo aviso, en coordinación con los talibanes. «Con toda probabilidad, puede ocurrir lo mismo en Irak y Siria», dijo Lavrentiev.
De hecho, la Resistencia Islámica de Irak ha intensificado sus ataques contra bases y objetivos militares estadounidenses. En un ataque con misiles balísticos contra la base aérea de Ain al-Asad, en el oeste de Irak, hace una semana, un número indeterminado de soldados estadounidenses resultaron heridos, y la Casa Blanca anunció la primera muerte de tropas el domingo, cuando tres militares estadounidenses murieron en la frontera sirio-jordana en ataques efectuados ese mismo día.
Pidiendo ayuda a Pekín
Esta situación es insostenible políticamente para el presidente Joe Biden -en su intento de reelección el próximo noviembre-, lo que explica la urgencia de la reunión del asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, con el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, el viernes y el sábado en Tailandia, para discutir los ataques de Ansarallah en el Mar Rojo.
El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, John Kirby, explicó así la prisa de Washington por la mediación china:
China tiene influencia sobre Teherán; tiene influencia en Irán. Y tienen la capacidad de mantener conversaciones con los dirigentes iraníes que… que nosotros no podemos. Lo que hemos dicho repetidamente es: Acogeríamos con satisfacción un papel constructivo por parte de China, utilizando la influencia y el acceso que sabemos que tienen…
Se trata de un giro dramático de los acontecimientos. Aunque a EEUU le preocupa desde hace tiempo la creciente influencia de China en Asia Occidental, también necesita esa influencia ahora que los esfuerzos de Washington por reducir la violencia no están llegando a ninguna parte. La narrativa estadounidense al respecto será que la «conversación estratégica y reflexiva» entre Sullivan y Wang no sólo será «una forma importante de gestionar la competencia y las tensiones [entre EEUU y China] de forma responsable», sino que también «marcará el rumbo de la relación» en general.
Mientras tanto, ha habido un agitado tráfico diplomático entre Teherán, Ankara y Moscú, ya que el presidente iraní Ebrahim Raisi viajó a Turkiye y la semana pasada se puso en marcha el moribundo formato de Astana sobre Siria. En pocas palabras, los tres países prevén que pronto se producirá una situación «postestadounidense» en Siria.
¿Una salida estadounidense de Siria e Irak?
Por supuesto, las dimensiones de seguridad son siempre delicadas. El viernes, el presidente sirio, Bashar al-Assad, presidió en Damasco una reunión de comandantes del aparato de seguridad del ejército para formular un plan de cara al futuro. Según un comunicado, en la reunión se elaboró una hoja de ruta integral en materia de seguridad que «se ajusta a las visiones estratégicas» para hacer frente a los retos y riesgos internacionales, regionales e internos.
Sin duda, lo que da impulso a todo esto es el anuncio hecho el jueves en Washington y Bagdad de que Estados Unidos e Irak han acordado iniciar conversaciones sobre el futuro de la presencia militar estadounidense en Irak con el objetivo de fijar un calendario para la retirada gradual de las tropas.
Según el anuncio iraquí , Bagdad pretende «formular un calendario específico y claro que especifique la duración de la presencia de los asesores de la coalición internacional en Irak» e «iniciar la reducción gradual y deliberada de sus asesores en suelo iraquí», que conduzca finalmente al fin de la misión de la coalición. Irak se compromete a garantizar la «seguridad de los asesores de la coalición internacional durante el periodo de negociación en todas las partes del país» y a «mantener la estabilidad y evitar una escalada.»
Por parte estadounidense, el secretario de Defensa, Lloyd Austin, declaró en un comunicado que las conversaciones se desarrollarán en el ámbito de una comisión militar superior creada en agosto de 2023 para negociar la «transición a una asociación bilateral de seguridad duradera entre Irak y Estados Unidos».
Los mandos del Pentágono estarían depositando esperanzas en unas negociaciones prolongadas. Estados Unidos está en condiciones de chantajear a Irak, que está obligado, según el acuerdo unilateral dictado por Washington durante la ocupación en 2003, a mantener en los bancos estadounidenses todos los ingresos iraquíes por exportación de petróleo.
Pero, en última instancia, lo decisivo serán las consideraciones políticas del presidente Biden en año electoral. Y eso dependerá de la calibración de los grupos de resistencia de Asia Occidental, y de su capacidad para «enjambrar» a EEUU en múltiples frentes hasta que ceda. Es este factor «conocido desconocido» el que explica la reunión en formato Astana de Rusia, Irán y Turquía, los días 24 y 25 de enero en Kazajstán. Los tres países se están preparando para el final del juego en Siria. No por casualidad, en una llamada telefónica el viernes pasado, Biden volvió a decir al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu «que reduzca la operación militar israelí en Gaza, subrayando que no está por la labor de un año de guerra», informó Barak Ravid de Axios en una “primicia”.
Su declaración conjunta tras la reunión del formato de Astana, en Kazajstán, es un documento notable que se basa casi por completo en el fin de la ocupación estadounidense de Siria. Insta indirectamente a Washington a que abandone su apoyo a los grupos terroristas y sus afiliados «que operan bajo distintos nombres en diversas partes de Siria» como parte de los intentos de crear nuevas realidades sobre el terreno, incluidas las iniciativas ilegítimas de autogobierno con el pretexto de «combatir el terrorismo». Exige que se ponga fin a la incautación y transferencia ilegales por parte de EEUU de recursos petrolíferos «que deberían pertenecer a Siria», a las sanciones unilaterales de EEUU, etc.
Simultáneamente, en una reunión celebrada el miércoles en Moscú entre el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolay Patrushev, y Ali-Akbar Ahmadian, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, este último habría subrayado que la cooperación Irán-Rusia en la lucha contra el terrorismo «debe continuar, particularmente en Siria». Se espera que el presidente ruso, Vladimir Putin, organice una cumbre trilateral con sus homólogos turco e iraní para afianzar un enfoque coordinado.
El Eje de la Resistencia: disuasión significa estabilidad
La paciencia de Irán se ha agotado ante la presencia militar estadounidense en Siria e Irak tras el resurgimiento del ISIS con apoyo estadounidense. Curiosamente, Israel ya no respeta su mecanismo de «desconflicto» con Rusia en Siria. Es evidente que existe una estrecha cooperación estadounidense-israelí en Siria e Irak a nivel de inteligencia y operativo, que va en contra de los intereses rusos e iraníes. Ni que decir tiene que también hay que tener en cuenta aquí el trasfondo de la inminente actualización de la asociación estratégica Rusia-Irán.
Estos acontecimientos son una ilustración clásica de la disuasión defensiva. El Eje de Resistencia resulta ser el principal instrumento de paz para las cuestiones de seguridad que enredan a EEUU e Irán. Está claro que no existe ningún método ni ninguna esperanza razonable de convergencia en este proceso, pero, afortunadamente, la apariencia de caos en Asia Occidental es engañosa.
Más allá de las distracciones de las discusiones partidistas y el ritual diplomático, se pueden detectar los esbozos de una solución práctica al estancamiento sirio que aborde los intereses de seguridad inherentes a EEUU e Irán que están incrustados dentro de un anillo exterior de concordia EEUU-China sobre la situación en Asia Occidental.
Rusia puede parecer un caso atípico por el momento, pero hay algo en ello para todos, ya que la retirada de las tropas estadounidenses abre el camino a una solución siria, que sigue siendo una prioridad máxima para Moscú y para Putin personalmente.
Traducción nuestra
*M.K. Bhadrakumar es Embajador retirado; diplomático de carrera durante 30 años en el servicio exterior indio; columnista de los periódicos indios Hindu y Deccan Herald, Rediff.com, Asia Times y Strategic Culture Foundation entre otros.
Nota nuestra
El enjambre (en inglés: Swarming), es un tipo de estrategia aplicable en toda clase de conflictos como conflictos militares convencionales, ciberguerra, guerra en red, etc. En este tipo de conflictos se ataca al enemigo a través de la convergencia de ataques de muchas unidades autónomas o semiautónomas sobre un objetivo (multiagente), y estos ataques pueden tener muchas diferentes formas (multicanal). Aspectos importantes en esta estrategia son la movilidad, el reagrupamiento, la comunicación, la autonomía de la unidad y coordinación/sincronización de sus actividades. Esta última puede ser de vital importancia para evitar el fuego amigo y conseguir una abrumadora aplicación de la fuerza. El swarming vulnera física y psicológicamente a la víctima, confundiendo su percepción sobre el número de participantes en el ataque. Por un lado, el enemigo parece estar en todas partes, pero por otro, sólo se ve en un número reducido, lo cual incita a la víctima a subestimar o sobreestimar el tamaño del oponente.
Fuente original: The Cradle

Un comentario sobre “EL “ENJAMBRE” DE EEUU EN ASIA OCCIDENTAL, HASTA QUE SE PLIEGUE. M. K. Bhadrakumar.”