Comisión Internacional Constituyente Obrera (CICO).
24 de junio 2026.
COMISIÓN INTERNACIONAL CONSTITUYENTE OBRERA (CICO)
Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y Trabajadoras (CBST)
INTERVENCIÓN DE BLANCA EEKHOUT
XIX CONVOCATORIA INTERNACIONAL DE LA CLASE OBRERA
Oradora: Blanca Eekhout, Presidenta del Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos. Exposición desarrollada durante la XIX Convocatoria Internacional de la Clase Obrera el 19 de junio 2026.
INTERVENCIÓN

Muchísimas gracias, querido camarada. Salud a todos y a todas. Gracias a nuestros compañeros de la Central de Trabajadores por permitirnos participar de este espacio.
Desde el Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos hemos estado desarrollando una agenda en el marco de los 200 años del Congreso Anfictiónico que impulsó el padre Bolívar: su proyecto para la unidad nuestroamericana, entendiendo que esa era la única forma de garantizar nuestra independencia.
La anfictionía es la unidad de los iguales para garantizar la defensa. Bolívar entendió desde el inicio, igual que gran parte de nuestros libertadores y libertadoras, que, para lograr el equilibrio del universo, el equilibrio del poder era necesario mantener un proyecto unificado y conjunto, lo único que haría irreversible la independencia.
Pero estamos en una situación enormemente compleja, no solo para Nuestra América sino para la humanidad toda. Estamos frente a un escenario de barbarie, de nueva esclavitud. El presidente Nicolás Maduro repetía constantemente, sobre todo en este año 2025, que no había opción: era patria o esclavitud. Era esa consigna que enunciaba Rosa Luxemburgo, socialismo o barbarie. Estamos frente a la barbarie y frente a un plan para echar por tierra todo el esfuerzo histórico y gigantesco de nuestros pueblos por su independencia.
Han desarrollado una estrategia para fracturar y dividir lo que habíamos consolidado: no solo la existencia de nuestras repúblicas, ese esfuerzo que durante dos siglos hemos mantenido, sino también el escenario latinoamericano que recompusimos al iniciar este siglo XXI y que nos permitió la creación de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el inicio de un espacio estratégico como la UNASUR, y avances en la diplomacia de los pueblos como el ALBA-TCP: una forma de articulación y de unidad basada en la solidaridad y en el desarrollo conjunto para el vivir bien, el vivir viviendo, el vivir con dignidad y en libertad.
Todos estos esfuerzos gigantescos surgieron de la resistencia de nuestros pueblos contra el ALCA, contra esa nueva forma de esclavitud que significaba la cadena de la deuda externa, y de todo el desarrollo de formas de organización popular que permitieron avances extraordinarios. Hoy están siendo atacados brutalmente: no solo se retrocede sobre lo que significó el inicio del siglo XXI, sino que se nos hace retroceder hasta el momento de la colonización. Es la pérdida total de la soberanía si no logramos recomponer la unidad.
Y aquí hay un elemento clave: todo ese proceso de unidad —la CELAC, la UNASUR, Petrocaribe— se fundó principalmente en relaciones establecidas a través de los gobiernos, de la institucionalidad. Pero esa unidad no logramos tejerla en los pueblos, que es lo que haría irreversible el camino hacia la unidad verdadera, hacia la construcción de la anfictionía que planteaba el Padre Libertador. Él se remitía a la experiencia de los griegos: construir una unidad entre países que no eran los más fuertes, pero que, unidos, se hacían invencibles. Una unidad basada en la solidaridad, en el respeto y en el interés común, que nos convierte en una verdadera fuerza.
La humanidad hoy enfrenta una agresión feroz, sionista, brutal, con una retrogradación más bárbara que el propio modelo neoliberal que se nos impuso con el ALCA. Es un momento brutal porque Nuestra América está ocupada: hay una ocupación militar sobre el Caribe que no es solo naval, sino también aérea y digital, una amenaza que se convirtió en acción brutal cuando se bombardeó a un pueblo que no estaba en guerra, se asesinó a más de un centenar de personas y se secuestró a un presidente, a una diputada y a nuestros hermanos, los 32 héroes cubanos. Se pasó por encima del derecho internacional, por encima de cualquier marco jurídico mínimo para la convivencia entre los pueblos. Y de esa misma manera se sigue agrediendo a toda Nuestra América.
El bloqueo criminal y genocida contra el pueblo cubano es una acción de guerra sin precedentes. Ninguna de las fórmulas anteriores había sido tan brutal como la que hoy se propone como nuevo modelo de convivencia: el exterminio del otro.
Estamos frente al modelo impuesto en Ecuador, una ocupación donde, a través de un gobierno fraudulento, se establecen vínculos que hipotecan totalmente la soberanía del pueblo ecuatoriano: presencia de marines, imposición de nuevas bases y contratación de agentes mercenarios para la represión sobre su propio país.
Hoy ya se habla de incorporar fuerzas extranjeras para atacar al pueblo ecuatoriano. Es parte, también, de lo que se desarrolla en Bolivia contra el pueblo boliviano, de toda la agenda de entrega de los intereses del pueblo argentino, de todo el plan de robo y fraude contra la próxima elección en Colombia, donde la amenaza, la injerencia y la intervención ya están puestas en marcha.
Son las mismas acciones brutales de penetración en nuestros territorios que vimos en el Plan Colombia: llenar de violencia, financiar bandas, usar el marco del narcotráfico, financiar y garantizar el armamento para generar violencia y, a través de eso, amenazar al pueblo de México. Y toda la acción brutal contra el pueblo del Perú, como nos lo relataba el compañero anteriormente. Nos atacan a todos de manera simultánea, pero ellos están unidos y nosotros divididos. Decía el padre Bolívar que la opresión está unida en masa bajo un solo estandarte; en aquel momento era la Santa Alianza.
Si la lucha por la libertad se dispersa, no habrá victoria popular en el combate, decía Al Primera citando a Bolivar. La victoria popular es en este momento una necesidad, y para ello la unidad es indispensable, imprescindible, fundamental. Estamos siendo atacados por un mismo enemigo que está unido en masa bajo un solo estandarte.
Tienen el poder mediático para hacer guerra cognitiva, para confundirnos, para dividirnos, para dispersarnos. Tienen el poder económico que compra conciencias. Tienen el poder militar para amenazar y llenar de miedo. Y tienen, lamentablemente, el poder de haber ocupado con gobiernos como los de El Salvador, Ecuador, Argentina, Paraguay y el que se ha impuesto ahora en Perú, desarrollando un plan para unificar fuerzas de ataque contra cada uno de los pueblos que se levanten.
Ante este escenario —que es además un escenario de guerra mundial— vemos la acción criminal y genocida sobre el pueblo palestino, fuimos testigos del horror contra el pueblo sirio y de la imposición de un gobierno que facilitara el trabajo del enemigo, somos testigos del horror y la barbarie que se desarrolla contra el pueblo del Líbano, y de todo el acto criminal contra el pueblo de Irán.
Pueblos que resisten, como el pueblo de Yemen y pueblos que están en combate contra el mismo enemigo: el capitalismo en su fase imperialista, brutal, bestial, que amenaza la vida en este planeta, que amenaza a la humanidad, a la vida y a la madre tierra. Porque no se trata solo de un genocidio, sino de la degradación de nuestra especie: volver a la esclavitud y a la barbarie.
Por eso Nicolás nos decía que no había alternativa, que el único camino era defender la patria. Y por eso, a pesar de que le pusieron precio a su cabeza de 50 millones de dólares, a pesar de que ocuparon el mar Caribe con sus amenazas y su barbarie, a pesar de mantener permanentemente una estrategia de agresión, Nicolás se mantuvo firme al frente de nuestra patria, de nuestra revolución.
Hoy nosotras y nosotros tenemos el deber de mantener la defensa de nuestra soberanía. Pero les digo, hermanos, hermanas, compatriotas, compañeros y compañeras: como lo decía Bolívar y luego lo repitió Martí, si no nos unimos no habrá victoria en el combate. La unidad es necesaria en este momento y va más allá de los gobiernos.
La clase trabajadora tiene que ser una sola en toda la Abya Yala, capaz de levantar sus banderas y de luchar por cada hombre y cada mujer de Bolivia que hoy combate, del Perú, de Colombia, de Argentina y de Venezuela. Tenemos que unirnos, es imprescindible: el enemigo está unido, no nos dispersemos. Que la guerra cognitiva que pretende llenarnos de miedo y de dudas no nos divida.
Decía Bolívar también que el velo ya fue rasgado: nosotros hemos sido libres y debemos garantizar no volver a la esclavitud. En este momento, hermanos y hermanas, aunque pareciera tan amenazante, también hay que ver el otro lado. Ese imperio, en su fase tan brutal y bárbara, ya no puede convencer: tiene que imponerse a través de las armas, porque los pueblos se levantan, porque nunca ha podido vencer la dignidad del pueblo cubano.
Y por eso quiere amenazarlo con el exterminio, porque Cuba sigue siendo la antorcha de dignidad, de honor, de revolución y de existencia del camino que es el socialismo. Ese enemigo está desesperado: es un enemigo que no ha logrado demostrar que su camino funcione. Es el país más endeudado del planeta Tierra. Es un país sumido en la violencia, con una crisis espiritual, cultural, política, económica y ambiental que amenaza la vida y la existencia. Por eso ese modelo está siendo desplazado.
Es necesario, fundamental, el mundo multipolar. Pero el mundo multipolar, el mundo pluricéntrico, no es simplemente la división entre distintas potencias: es la construcción de un nuevo modelo de humanidad. Y a eso debemos apostar los trabajadores y las trabajadoras, para que sea diverso, para que sea multipolar, los pueblos deben definir, decidir y tener poder. Es una disputa contra el capitalismo. En esta fase brutal que amenaza la vida. La clase trabajadora está siendo permanentemente agredida a través de distintos mecanismos: la inteligencia artificial, que desplaza a centenares de miles, a millones de trabajadores en el mundo; todo lo que significó el mecanismo de las pandemias para aislarnos y sacarnos del espacio de encuentro como clase; y todo el desarrollo del teletrabajo para precarizar la condición de los trabajadores. Todo esto ha degradado el discurso político hasta reducirlo a un discurso de mera sobrevivencia, y no de construcción de un mundo nuevo, de un proyecto de sociedad basado en la igualdad, la justicia, el derecho y la vida.
Estamos frente a esta disyuntiva: ¿divididos podremos resistir? Nosotros estamos resistiendo, Cuba resiste. Pero la única forma de garantizar la victoria es la unidad, y es una unidad de la Abya Yala toda, porque en el seno mismo del imperio hay pueblos luchando: hay afroamericanos, hay indígenas, hay mestizos, hay nuestroamericanos migrantes, hay trabajadores y trabajadoras, y sobre todo hay la enorme necesidad de mantener y continuar la vida digna, la vida en condición de llamarnos humanidad, y no la barbarie de los Calígulas, de los Nerones, la degradación imperial que nos devolvería a la esclavitud.
Esta es una batalla crucial, hermanos y hermanas, y estamos aprovechando estos 200 años de la anfictionía, del Congreso Anfictiónico que el padre Bolívar propuso en Panamá, por ser ese el espacio de encuentro entre los océanos, entre toda Nuestra América. Hoy, lamentablemente, se hace una propuesta de celebración —entre comillas— de ese Congreso Anfictiónico, oficial y de gobierno, pero se impide formalmente que Venezuela participe de cualquier manera, ni siquiera con la presencia de un cónsul o de un embajador, porque le temen a Bolívar, porque le temen a la historia de nuestros pueblos, porque Bolívar vive, sigue y batalla hoy más que nunca por el futuro de Nuestra América, como Martí, como el Che, como Fidel, como Chávez, como Manuela.
Por eso nosotros debemos hacer una anfictionía de los pueblos: del pueblo afrodescendiente, del pueblo indígena, del pueblo campesino, del pueblo comunero, del pueblo trabajador. La clase trabajadora es el epicentro de esta batalla, porque es transversal, porque nos recorre y porque es la fuerza fundamental para la transformación y el cambio. Pero tenemos que tener conciencia de clase y conciencia de proyecto histórico, de humanidad nueva.
Por eso, hermanos y hermanas, a partir del día 22 de junio estamos desarrollando nuestro Congreso, nuestras asambleas, nuestra reflexión sobre la anfictionía y sobre la necesidad de la unidad. No la celebramos como un proyecto del pasado, ni siquiera como una obra inconclusa, sino como una necesidad absoluta en este momento.
Además de los coloquios y el encuentro de historiadores e intelectuales, estamos desarrollando asambleas anfictiónicas en las comunas. Vamos a comenzar este 22 de junio nuestras asambleas anfictiónicas comunales en el territorio: ¿qué significa para nosotros, los latinoamericanos herederos de Martí y de Bolívar, la unidad en este momento, y qué proponemos para garantizar la defensa de nuestra soberanía? ¿Cómo podemos contribuir desde cada una de nuestras experiencias?
Estamos desarrollando estas asambleas anfictiónicas desde la comuna, desde la visión del pueblo, hacia una mirada geopolítica sobre el mundo: qué pensamos y hacia dónde va ese mundo, porque parte de la estrategia de dominación es condenarnos a la defensa mínima de lo pequeño e impedir que veamos a la humanidad toda. Por eso este debate geopolítico debe darse en el seno del territorio, pero también en el seno de la clase: conversamos con los compañeros y compañeras que la Asamblea Anfictiónica debe llegar también a nuestro sindicato, a nuestra fábrica, a cada espacio de encuentro de los trabajadores y las trabajadoras. Y debemos desarrollar un plan para construir equipos promotores de esta unidad en cada uno de nuestros países, para constituir ese espíritu de la anfictionía, que es la unidad nuestroamericana, desde cada espacio de lucha.
Decimos que hay que ir hacia una Constituyente Nuestroamericana, porque hay que refundar Nuestra América sobre bases no colonialistas, no imperialistas y no capitalistas, en la diversidad: entender quiénes somos, pero sobre todo hacia dónde vamos. O vamos hacia la barbarie, la esclavitud, la dominación y la pérdida de todo lo que nos dejaron nuestros libertadores, o vamos hacia el futuro de una vida digna, plena de igualdad, de justicia y de derecho, hacia la construcción del socialismo en Nuestra América.
Desde Venezuela creemos, como decía Fidel, que la principal arma de un revolucionario es la idea. Que no se mueran las ideas que nos hicieron libres: esas ideas siguen siendo nuestras armas para el combate.
Muchas gracias, compañeros y compañeras.
Versión redactada por la Comisión Internacional de la Constituyente Obrera a partir de la transcripción automática, corrigiendo repeticiones y errores propios de la transcripción, preservando íntegramente el contenido y el sentido de la intervención.

