RESISTENCIA ACTIVA Y PROLONGADA FRENTE A LA GUERRA COGNITIVA. Jehyson Guzmán.

Jehyson Guzmán.

Foto: Equipos de rescatistas venezolanos de emergencias en Caraballeda, en La Guaira. Federico PARRA/AFP

05 de julio 2026.

Reflexiones a propósito de la catástrofe natural de junio de 2026 y la disputa por el conocimiento, los datos y las narrativas


Ponencia presentada por Jehyson Guzmán, Diputado a la Asamblea Nacional, Presidente de la Comisión Permanente de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación durante la XX Convocatoria Internacional de la Clase Obrera organizada por la Comisión Internacional de la Constituyente Obrera y la CBST el 03 de julio


Intervención de Jehyson Guzmán.

Reciban un saludo especial Carlos López, Alexis Corredor, Néstor Ovalles, Will Rangel, y todos nuestros amigos y hermanos de la clase obrera. Reciban también un saludo del equipo del Movimiento Nacional de Profesionales y Técnicos, que acompaña la misma lucha de la clase trabajadora.

Una fecha que no podemos pasar por alto

Hoy, 3 de julio, no podemos dejar de recordar que hace apenas unos meses, el 3 de enero, nos arrebataron a nuestro presidente obrero Nicolás Maduro y a nuestra camarada, la primera combatiente Cilia Flores. Hoy seguimos manteniendo nuestra posición: exigimos, junto al pueblo venezolano, que nos devuelvan al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores.

Lo ocurrido el 3 de enero era algo que el propio presidente Maduro nos venía advirtiendo. Y lo que vivimos hace unos días, el 24 de junio —fecha de conmemoración histórica por la Batalla de Carabobo, día en que se selló nuestra independencia— coincidió con uno de los embates de la naturaleza más letales que ha sufrido el pueblo venezolano, solo comparable con el terremoto de 1812.

El paralelismo histórico: 1812 y el presente

El terremoto de 1812 fue uno de los hechos que precipitaron la pérdida de la Primera República venezolana, al inicio de nuestro período independentista. Hoy nos corresponde releer algunos capítulos de esa historia: en aquella época, la Iglesia sostenía que el terremoto era un castigo de Dios por habernos levantado contra el imperio español.

Frente a esa narrativa, el Libertador Simón Bolívar pronunció aquella frase que hoy sigue vigente: «Si la naturaleza se nos opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca», para consagrar la libertad de la República. Ya desde entonces, la guerra por la verdad contra la guerra de la mentira había comenzado su curso.

 La catástrofe reciente y la guerra cognitiva

Lo que ha ocurrido estos días en Venezuela constituye la fase más brutal de una guerra cognitiva contra nuestro pueblo. El Gobierno ha desplegado el mayor de los esfuerzos para atender la catástrofe, cuyo foco mediático se ha centrado en La Guaira, aunque los daños se extendieron a otros estados: hubo inundaciones en el estado Portuguesa, y afectaciones severas en Falcón, Miranda y la Gran Caracas. Hemos lamentado, en varios estados, pérdidas de viviendas y de vidas.

Al concentrarse el foco en la zona de mayor afectación, se activó de inmediato la guerra por la mentira contra la verdad: comenzaron a circular narrativas que buscaban instalar la idea de que el Gobierno no estaba preparado y de que carece de capacidad de respuesta.

Hay que decirlo con claridad: ningún gobierno del planeta está preparado para afrontar un terremoto. Y en nuestro caso no se trató de uno, sino de dos terremotos simultáneos —lo que se ha llamado «el doblete»—, un hecho sin precedentes en la historia mundial. Nunca antes se habían presentado dos sismos en el mismo país, sobre la misma placa tectónica, en el mismo minuto.

La preparación no consiste en esperar a que ocurra un terremoto para salir a atenderlo. Aquí es necesario resaltar el carácter estratégico del comandante presidente Nicolás Maduro, quien —al igual que antes lo hiciera el comandante Hugo Chávez— nos advirtió siempre sobre la necesidad de una resistencia activa y prolongada ante cualquier circunstancia, ya fuera derivada de ataques militares o de los efectos de la guerra económica.

Ambos lograron una visión que trascendió su tiempo presente, e insistieron en que la clase obrera y todo el sector trabajador debían organizarse y prepararse para ser, en cualquier escenario, el pilar fundamental de esa resistencia.

Por ello quiero felicitarlos por estas convocatorias y extender un saludo a la comunidad internacional de la clase trabajadora, en momentos en que se libra una guerra contra Venezuela que pretende instalar la idea de que el país «cambió de bando». Nosotros no hemos cambiado de bando.

El contexto internacional: quién es el enemigo

Quienes no leen ni interpretan correctamente el tiempo presente corren el riesgo de no identificar con claridad al enemigo, y de convertirse en objeto de campañas de manipulación y de fake news.

Vivimos en un contexto internacional en el que se libra la llamada «guerra de Ucrania», que en realidad no es la guerra de Ucrania, sino la guerra de la OTAN asediando a un país y la respuesta de ese país.

Lo mismo ocurre con la llamada «guerra de Irán», que tampoco es la guerra de Irán, sino la de un país asediando a otro y la respuesta de ese otro país.

¿Cómo se interpreta entonces, a nivel internacional, la posición de Venezuela cuando se dice que ahora somos aliados de nuestros enemigos históricos?

Quienes lo interpretan de esa manera no comprenden que no somos aliados: somos rehenes, igual que nuestro presidente Nicolás Maduro.

En medio de este secuestro, tenemos que buscar fórmulas para proteger al pueblo y garantizar una resistencia de carácter prolongado que nos permita sortear este tiempo de dificultades.

La batalla por la tecnología y la energía

Nos encontramos en medio de una guerra que va más allá de los conflictos de Ucrania e Irán, que no es únicamente una disputa por el control de la energía. Y esto tiene mucho que ver con la clase obrera, porque estamos en medio de una batalla por el control y la dictadura de la tecnología.

La inteligencia artificial avanza hacia el control total de todos los procesos, sustituyendo al ser humano por la tecnificación y al conocimiento por la propia inteligencia artificial.

Sostener ese aparataje requiere, obligatoriamente, enormes fuentes de energía, y Venezuela es una de las principales garantes de esas fuentes para el control de Internet y de la inteligencia artificial.

Así se inicia una segunda fase de la guerra, que ya no se libra en el plano económico ni energético, ni en el campo de batalla a fuego cruzado, sino en el terreno del conocimiento y el control de la información.

Es allí donde se distorsionan los contextos, cambian las narrativas cotidianas y se altera la realidad, dando lugar a lo que se conoce como infoxicación digital: tanta información, tanta noticia falsa, que terminamos desechándolo todo —lo verdadero y lo falso por igual— y, en ese proceso, terminamos aislándonos del conocimiento.

Esto es fundamental para nosotros, porque la disputa en el campo de la guerra cognitiva busca que todo el planeta sea consumidor de la información generada por las grandes plataformas, y que nadie sea generador de su propio conocimiento.

Una de nuestras tareas, desde las organizaciones sociales, es la creación permanente de conocimiento propio, que no pueda ser sustituido por ninguna inteligencia artificial ni por ninguna máquina.

La disputa por los datos y el neuromarketing como arma

Por encima del simple control o la dictadura de Internet existe una batalla aún mayor: la disputa por los datos. Hoy la comercialización de datos es un negocio tan grande como el de empresas como Coca-Cola, Microsoft, o el de figuras como Elon Musk o Mark Zuckerberg, todos ellos en una carrera por controlar los datos del mundo entero.

Tener esos datos significa saber cómo piensa cada persona, qué aspira, cuáles son sus capacidades; y en función de ello, se le ofrecen a través de las redes los productos que la inducen a comprar, sembrando incluso nuevas necesidades mediante el neuromarketing, convertido hoy en un arma de guerra.

Antes, el marketing era solo un instrumento para promocionar productos. Hoy el neuromarketing es un arma que induce al consumidor a comprar y lo vuelve adicto a un producto sin que se dé cuenta, tal como ocurre con las campañas de bebidas energéticas o alcohólicas, o con la batalla por el control de las pantallas.

Un dato ilustra esta dimensión: solo para la transmisión del mundial de fútbol, cuya narrativa está bajo control de la FIFA y de un conjunto de corporaciones, se mueve una masa monetaria superior a los once mil millones de dólares, producto de la decisión de fragmentar la transmisión de los partidos entre distintas plataformas.

Así, el espectador no puede ver todos los partidos en una sola plataforma, porque tendría que pagar a cada una de ellas para acceder. Y no solo se paga: cada plataforma accede además a nuestros datos, pues al registrarnos entregamos nuestro correo electrónico, nuestro teléfono, nuestras cuentas sociales. Es a partir de allí que comienza a operar nuestro gran enemigo: el algoritmo.

El algoritmo y la vigilancia digital

El algoritmo clasifica a las personas según su tipo de consumo y de atención, su comportamiento, los contenidos que publica y con quiénes interactúa, llegando incluso a monitorear conversaciones.

Esta misma videoconferencia está siendo grabada por Zoom, plataforma alojada en los servidores de esas grandes corporaciones tecnológicas; interpretada por un algoritmo de inteligencia artificial, esa grabación puede determinar fácilmente los patrones de comportamiento de todos nosotros.

Por ello nuestra acción no debe limitarse a combatir los fake news: también debemos cuidar la huella digital que dejamos, tan única como nuestra huella dactilar.

Debemos proteger ese rastro para que las grandes corporaciones no se apoderen de nuestra opinión ni de nuestra percepción, y podamos seguir expresándonos con claridad a través de esas plataformas.

Esto no significa abandonar la lucha ni el combate en ese espacio; significa entender que parte de la batalla no la libran seres humanos, sino inteligencias artificiales a través de algoritmos y bots.

Basta observar lo que publican la presidenta Delcy Rodríguez, el camarada Diosdado Cabello o Jorge Rodríguez: cuando reciben ataques en redes sociales, muchas de esas cuentas no existen realmente; son perfiles falsos, con apenas dos o tres contactos reales y el resto de seguidores artificiales, programados para atacar y sembrar matrices de odio y narrativas de opinión.

Esa dinámica funciona porque, lamentablemente, tendemos a dejarnos guiar por lo que parece ser la opinión pública en esos espacios. Pero la gente, en realidad, no opina allí: opinan los bots. Y al revisarlos, se constata que existe una enorme cantidad de cuentas automatizadas activadas para construir una narrativa.

Debemos aprender a manejarnos dentro de las redes sociales sin convertirnos en víctimas del algoritmo, que percibe con rapidez nuestras ansiedades, nuestros miedos e incluso nuestras alegrías, y hacia allí dirige sus acciones.

Construir narrativa propia

Para desmontar esas matrices de opinión debemos partir de una premisa: ninguna plataforma es neutral. Ni su teléfono ni el mío son instrumentos tecnológicos neutrales; son herramientas con las que el enemigo accede a nuestra información para atacar los procesos sociales.

Este proceso social que vivimos es distinto al de la Revolución Industrial, distinto al de la Revolución Bolchevique y distinto también al de la Guerra Fría.

Nos corresponde entender que esas plataformas no son neutrales: son armas. Y como tales, debemos darles un uso ético y coherente. Con el armamento que tenemos —nuestros teléfonos, nuestras computadoras, nuestros dispositivos— debemos construir narrativa propia, tal como nos lo señaló el presidente Nicolás Maduro cuando llamó a prepararnos para la resistencia activa y prolongada.

Construir narrativa propia no significa renunciar a nuestros principios. Es, precisamente, lo que hace hoy la presidenta Delcy Rodríguez, con un esfuerzo inmenso por mantener en pie la Revolución Bolivariana, garantizar la paz del pueblo y de la revolución, y asegurar el retorno del presidente Nicolás Maduro.

Esas tres líneas de trabajo se han sostenido desde el 3 de enero y siguen vigentes hoy. Quienes no lo entienden a nivel internacional terminan siendo víctimas también de los fake news y de la guerra cognitiva, tal como ocurrió con la operación psicológica de 2023 —sobre la cual existe un artículo específico— cuando el presidente hizo un esfuerzo importante por garantizar un incremento salarial significativo.

Toda la guerra cognitiva se dirigió entonces a desmontar esa decisión, generando expectativas muy por encima de la capacidad real del Gobierno; cuando se hizo el anuncio, las redes sociales terminaron atacando al propio presidente Maduro.

Se activaron los bots y los algoritmos, se generaron matrices de opinión, y en lugar de reconocerse la mejora salarial impulsada por la revolución, se instaló una matriz de odio contra el presidente.

Ese ejercicio de manipulación de masas se ha repetido una y otra vez: durante la campaña electoral, en los días previos al 3 de enero, y es la misma lógica documentada en distintos reportajes donde empresarios han admitido haber manipulado, por ejemplo, a sindicatos de trabajadores europeos para que impulsaran el Brexit, una operación en realidad promovida por intereses corporativos norteamericanos. Todos terminaron siendo parte de una misma operación psicológica.

Cinco ideas clave para el cierre

Desmontar esas narrativas y entender que nuestras herramientas tecnológicas no son neutrales, sino armas propias, es un tema clave. Pero construir con ellas nuestra propia narrativa, sin permitir que se posicionen las narrativas del enemigo dentro ni fuera del territorio, es igualmente vital. Y, por supuesto, lo es la organización, para sostener que seguiremos en resistencia más allá de este tiempo. En síntesis, quiero dejar cinco ideas clave:

Primero, Venezuela tiene una herida abierta desde el 3 de enero, y el enemigo insiste en atacar precisamente sobre esa herida; aunque nos duela, no nos dejaremos vencer por ella, y seguiremos resistiendo.

Segundo, la decisión más importante tras haber sido heridos es no rendirnos, no claudicar, no entregar jamás los principios de la Revolución Bolivariana.

Tercero, convocar a todos los sectores nacionales e internacionales para construir la resistencia frente a esta nueva etapa de dominación mundial, que no responde a un debate entre capitalismo y socialismo, sino al avance de tecnocracias que pretenden dominar el mundo.

Cuarto, el pragmatismo de la Revolución Bolivariana, que algunos en el mundo no comprenden, pero que se resume en que, sin la Revolución Bolivariana en el Gobierno, difícilmente podríamos sostener una posición de discusión y de combate para garantizar el regreso del presidente Nicolás Maduro.

Y, por último, somos parte de un mismo proyecto histórico: el proyecto de Bolívar, a quien en 1812 le dijeron que Venezuela no podía ser libre; el proyecto del comandante Hugo Chávez, contra quien se ejecutó un golpe de Estado sostenido en la manipulación mediática; y somos hermanos de clase del presidente Nicolás Maduro, a quien atacaron incluso con bombas sin poder destruirlo.

Mensaje final

A mis hermanos y hermanas de la clase trabajadora los invito a entender que hoy la lucha no se libra solamente en los espacios de trabajo. Mientras Venezuela atraviesa uno de sus peores momentos en materia de catástrofe, la única fórmula posible es la unidad de todos los patriotas.

Como principales defensores del legado del comandante Chávez y de nuestro hermano Nicolás Maduro, tenemos la tarea de no permitir que la Revolución Bolivariana se pierda por desencuentros que, en realidad, no existen: son sembrados como matrices de opinión y matrices mediáticas para generar cizaña, manipular a través del algoritmo y sembrar desesperanza y desolación.

Nuestro discurso, en cambio, tiene que ser de esperanza, de unidad, de fortaleza, de combate y de victoria. Un abrazo, mis queridos hermanos, en combate permanente por nuestro pueblo y por la Revolución Bolivariana. Unidos con Delcy Rodríguez, unidos con Jorge Rodríguez, unidos con el camarada Diosdado Cabello, unidos por el pronto regreso del camarada Nicolás Maduro y de Cilia Flores. Venceremos.


*Transcripción de la ponencia presentada por Jehyson Guzmán fue  realizada por Observatorio de Trabajador@s en Lucha

 

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