TERREMOTO EN VENEZUELA. LA LUCHA POR SOBREVIVIR. Guillermo Barreto.

Guillermo Barreto.

Foto: Vista aérea de edificios destruidos en Caraballeda, en el estado de La Guaira, Venezuela, uno de los lugares más afectados por los terremotos.| AP

30 de junio 2026.

La ayuda hipócrita que ofrecen no es bienvenida. En Venezuela, Gobierno, fuerza armada y pueblo organizado con ayuda de amigos de verdad están trabajando sin descanso para salvar todas las vidas posibles y recuperar lo más pronto posible la normalidad.


El 24 de junio Venezuela celebraba dos importantes fiestas: 205 años de la Batalla de Carabobo, la batalla que selló la independencia, y la fiesta de San Juan Bautista, declarada por UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humandidad, una celebración con un profundo contenido espiritual, especialmente para los pueblos afrodescendientes de Venezuela.

Un día de festividad que fue truncada a las 6:04 y 6:05 pm por dos sismos de magnitud 7.2 y 7.5 respectivamente separados 39 segundos el primero del segundo.

Al momento de escribir estas líneas la información oficial emitida por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, da cuenta de 1719 personas fallecidas, 5034 heridos, 15.866 damnificados, 855 edificios afectados de los cuales 189 colapsaron totalmente, 38 hospitales afectados y 1645 estructuras de otra índole como puentes y carreteras afectadas. Un nivel de destrucción sin precedentes en el país.

Los sismos que se vivieron ese 24 de junio constituyen un evento singular conocido como doblete sísmico. Se trata de la ruptura de una falla (en este caso la falla de Boconó) que a su vez activa la ruptura de otra (Falla de San Sebastián).

Este fenómeno produce un campo de ondas altamente asimétrico, superpuesto y caótico. La ruptura se produjo de oeste a este y es la razón por la que los efectos mayores se evidenciaron hacia el oriente del epicentro.

Lo que hace este “doble terremoto” tan letal es que las ondas producidas por el segundo se superponen al primero amplificando su poder destructor. El solapamiento también hizo que un sismo que normalmente tiene una duración de 30-40 segundos se extendió por 2 a 3 minutos provocando una “tormenta geodinámica perfecta”. Hasta ahora se han contabilizado 609 réplicas. Un monstruo ante el cual nadie podía estar preparado.

Inmediatamente, como aves carroñeras, medios de comunicación y los llamados “influencers”  iniciaron una campaña  para desestimar la respuesta del Gobierno venezolano, argumentar que los edificios colapsados eran aquellos construidos por la Misión Vivienda Venezuela, un programa único en el mundo que ha dado vivienda a más de 4 millones de familias (la realidad es que el 80% de las edificaciones colapsadas fueron construidas por el sector privado), y que los organismos de protección civil, bomberos y rescatistas no se habían hecho presentes tratando de generar más angustia e incertidumbre en la población.

Una campaña verdaderamente sucia que debería avergonzar a quienes, desde la comodidad de su computadora, monetizan con el dolor ajeno y a falta de propuestas serias critican a un gobierno, usando mentiras y provocando caos en una situación ya bastante delicada.

La realidad es que al 29 de junio se contabilizaban 30.000 rescatistas desplegados entre militares, policías, bomberos, protección civil y personal de la cruz roja, 75.238 familias han sido atendidas, 7.237.000 kilos de alimentos han sido distribuidos, 222.478 bolsas de comida han sido distribuidas en el estado La Guaira (el más afectado), 4200 personas han recibido asistencia médica, el 90% del servicio eléctrico ha sido restituido y aun luego de 5 días de la tragedia la labor de búsqueda de sobrevivientes se mantiene. Una tarea a la que se han sumado 10.834 voluntarios que han sido acreditados a fin de evitar un desorden que obstaculizaría las labores de rescate.

Importante tomar en cuenta que todo ese despliegue y esfuerzo se hace a pesar de las más de 1000 medidas coercitivas unilaterales (llamadas erróneamente sanciones) que el Gobierno de los EE. UU. ha impuesto sobre Venezuela y a las que se sumó la Unión Europea.

Tanto los EE. UU. como algunos países de la UE ofrecieron “ayuda humanitaria” para enfrentar la tragedia, pero no podría haber mayor cinismo e hipocresía de quienes han sometido al país a penurias por más de una década con el único fin de producir un cambio de gobierno y lograr el saqueo de los muchos recursos que posee Venezuela, incluida la mayor reserva de petróleo del mundo.

En efecto, las medidas coercitivas unilaterales están diseñadas para socavar la voluntad de los pueblos a través de ataques a la economía, restricciones que impiden el libre comercio con el exterior, la exportación de los productos del país y la importación de todo aquello que no se produce, pero se necesita, lo que incluye no solo repuestos y maquinaria sino también alimentos y medicinas.

Es un hecho que, durante la pandemia, por ejemplo, Venezuela se vio obstaculizada para acceder al fondo COVAX para adquirir las vacunas lo que fácilmente podríamos calificar como intento de Genocidio.

Las medidas coercitivas unilaterales son un mecanismo perverso. Un reciente estudio publicado en la revista Lancet demuestra, utilizando técnicas estadísticas rigurosas y bases de datos de Naciones Unidas y Banco Mundial, que las medidas coercitivas, en especial las implementadas de manera unilateral por los EE. UU. (sin autorización de Naciones Unidas) tienen un impacto directo sobre la salud pública con un saldo de 564.258 muertes anuales, similar a las producidas por las guerras.

Los EE. UU. han matado más de 28 millones de personas en los últimos 50 años a través de la imposición de medidas coercitivas unilaterales. Estas medidas son ilegales y violan el derecho internacional y la carta de Naciones Unidas.

Un informe realizado en 2021 por la relatora especial de Naciones Unidas describe la grave situación que atravesaba Venezuela ese año producto de estas medidas coercitivas confirmando los resultados hallados en el estudio que acabamos de citar.

Es ese país golpeado por estas medidas ilegales y criminales, con hospitales y sistemas de emergencia vulnerados por años de ataques, el que hoy enfrenta una tragedia de magnitudes superlativas. Afortunadamente se ha contado con la solidaridad sincera de países como Cuba, México, Nicaragua, entre otros que aportan rescatistas, maquinaria, medicinas y mucho corazón y son un apoyo a la dura labor que llevan a cabo los equipos venezolanos.

En cuanto a los EE. UU., país que el 3 de enero de este año bombardeó y secuestró al presidente, solo podría exigirles el retiro inmediato de las medidas coercitivas impuestas y la liberación del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores.

La ayuda hipócrita que ofrecen no es bienvenida. En Venezuela, Gobierno, fuerza armada y pueblo organizado con ayuda de amigos de verdad están trabajando sin descanso para salvar todas las vidas posibles y recuperar lo más pronto posible la normalidad.


*Guillermo R. Barreto es venezolano, Doctor en Ciencias (Univ Oxford). Profesor jubilado de la Universidad Simón Bolívar (Venezuela). Fue Viceministro de Ciencia y Tecnología, presidente del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología y Ministro de Ecosocialismo y Aguas (República Bolivariana de Venezuela). Actualmente es investigador en el Instituto Tricontinental de Investigación Social y colaborador visitante del Centro de Estudio de Transformaciones Sociales-IVIC.

Fuente:  Globetrotter.

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