Comisión Internacional Constituyente Obrera y la CBST-CCP.
Foto: Comuna La Avanzadora de Yoco en Sucre inaugura muro de contención y canalización demostrando el autogobierno del poder popular. 02 de octubre 2026.
02 de octubre 2026.
«Lo digo porque es muy importante entender que la tarea que tenemos los pueblos, los trabajadores y las trabajadoras, la humanidad entera, es una sola: enfrentar la barbarie que se pretende imponer rompiendo ya cualquier límite, cualquier norma, cualquier Estado de derecho, cualquier marco jurídico internacional. Ya no importa nada».
INTRODUCCIÓN
La Comisión Internacional Constituyente Obrera (CICO), en articulación con la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y Trabajadoras (CBST) de Venezuela, impulsa la Convocatoria Internacional de la Clase Obrera como un espacio permanente de encuentro, análisis y acción de trabajadores, trabajadoras, dirigentes sindicales y organizaciones populares de distintos países del mundo. Nuestro horizonte es la construcción de la paz, la defensa de la soberanía de los pueblos y el fortalecimiento de la solidaridad internacionalista de la clase trabajadora.
En el marco de la XXXIII Convocatoria Internacional, realizada el 02 de octubre de 2026, la CICO y la CBST reafirmamos los tres ejes de lucha que orientan nuestro trabajo y el llamado a la solidaridad mundial:
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Libertad inmediata del Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros y de la Diputada y Primera Combatiente Cilia Flores, secuestrados por los Estados Unidos de América.
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Eliminación inmediata de las sanciones, es decir, de las medidas coercitivas unilaterales que se aplican contra el pueblo venezolano.
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Devolución inmediata de todos los activos de la República Bolivariana de Venezuela sustraídos por los Estados Unidos y Europa.
Estos tres ejes expresan una exigencia de justicia y de respeto al derecho internacional, y constituyen la base común desde la cual la clase obrera, los movimientos sociales y los pueblos del mundo pueden articular su acción en defensa de Venezuela y de la soberanía de Nuestra América.
PRESENTACION DE FRANCISCO TORREALBA POR COMISIÓN INTERNACIONAL CONSTITUYENTE OBRERA Y LA CENTRAL BOLIVARIANA SOCIALISTA DE TRABAJADORES Y TRABAJADORAS.
Es muy grato darle la bienvenida, una bienvenida cargada de afecto, a nuestra hermana querida, compatriota bolivariana y colega parlamentaria, nuestra invitada especial de hoy, Blanca Rosa Eekhout, quien ya está aquí con nosotros.
Estamos muy atentos, además, para nutrirnos con los análisis, las informaciones y las orientaciones políticas que nuestra hermana Blanca siempre comparte con nosotros. Están conectados compañeros y compañeras, camaradas de distintos países del mundo, y también un buen número de dirigentes y cuadros sindicales revolucionarios de la Central Bolivariana.
Blanca Eekhout es, como suelo decir, una reincidente en las invitaciones. Nuestra compatriota bolivariana y colega parlamentaria es, además de diputada de la Asamblea Nacional, la Presidenta del Instituto Simón Bolívar de Venezuela, una de las responsabilidades que tiene a su cargo en la actualidad. A nosotros, la verdad, nos gustaría tenerla siempre; pero por ahora le agradecemos que haya aceptado gentilmente acompañarnos hoy, por segunda vez, en la videoconferencia internacional de la clase obrera.
Con nuestro abrazo y nuestro cariño, tiene la palabra, compatriota.
INTERVENCION DE BLANCA EEKHOUT
Saludo y agradecimiento
Muy buenos días, hermanos y hermanas de Nuestra América y del mundo. Un agradecimiento profundo a todos los compañeros y compañeras de nuestra Central.
Quiero agradecer, en primer lugar, la constancia. Este encuentro ha sido permanente: no han cesado en ningún momento, a pesar de cosas tan terribles como el terremoto —el doble terremoto que vivimos—, de mantener este espacio de encuentro y de comunicación de los trabajadores y las trabajadoras del mundo, y además en defensa de nuestra Patria, de nuestro presidente Nicolás y de nuestra hermana, la diputada Cilia Flores. Por eso, un aplauso a nuestra Central y a todos los que se conectan permanentemente desde el mundo a este espacio. Gracias por permitirnos estar aquí.
Ustedes avanzaron mucho en el análisis, tanto Alexis como Orlando, y con la introducción que hicieron me abreviaron un poco la tarea. Quiero, entonces, hacer énfasis en el momento histórico y político que vive no solo Venezuela, sino la humanidad.
I. EL MOMENTO HISTORICO: UNA MISMA TAREA PARA LOS PUEBLOS
Si no entendemos este escenario, no podremos comprender la particularidad de Venezuela: un proceso revolucionario bolivariano que desde hace 27 años generó una esperanza para el mundo. Pero lo hace en medio de un escenario de guerra mundial, y uno de sus elementos clave es que, en Nuestra América, en Venezuela, están las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. En una guerra de esta naturaleza, el control de los recursos energéticos es clave. En ese contexto, tan complejo, se desenvuelve hoy la Revolución Bolivariana.
Lo digo porque es muy importante entender que la tarea que tenemos los pueblos, los trabajadores y las trabajadoras, la humanidad entera, es una sola: enfrentar la barbarie que se pretende imponer rompiendo ya cualquier límite, cualquier norma, cualquier Estado de derecho, cualquier marco jurídico internacional. Ya no importa nada.
La humanidad vivió una amenaza semejante en la Segunda Guerra Mundial, cuando la barbarie impuesta por los nazis nos amenazaba con los campos de concentración.
Lo que hoy se plantea como nuevo modelo de neocolonización y neoesclavitud es tan bárbaro o más —no quiero reducir la magnitud de aquella barbarie—. Lo que vemos en Palestina no se esconde ni se justifica siquiera: se mata a los niños, se les muestra a los niños y a las niñas sus cadáveres y además se festeja la muerte. Es, de alguna manera, más bárbaro, porque en la Segunda Guerra se trataba de encubrir la barbarie de los campos de concentración, mientras que ahora los pueblos se convierten en campos de exterminio abiertos, transmitidos en vivo y en directo.
Esto es una amenaza también para la clase trabajadora, porque en paralelo avanza todo un desarrollo tecnológico. No porque la tecnología sea la amenaza, sino por quienes dirigen y controlan este proceso: esa élite corporativa que necesita la dominación absoluta, la esclavitud y, en muchos casos, el exterminio de población.
II. ESTIGMATIZACIÓN Y GUERRA COGNITIVA
En ese contexto hay que ver a Venezuela. A los revolucionarios y revolucionarias de Venezuela nos toca un papel muy difícil: sentir permanentemente que se nos juzga con dureza. Ya no se trata solo de la campaña brutal que la derecha ha hecho a lo largo de estos años para satanizar la Revolución Bolivariana; con ese discurso han logrado tocar también a sectores progresistas y solidarios, mediante un nuevo mecanismo propio de la estrategia de guerra cognitiva: un algoritmo que mide cada pensamiento que tenemos y que, a través de sus mecanismos tecnológicos, nos conduce a conclusiones diseñadas para su objetivo, que es dividirnos.
Nuestra generación fue testigo del horror del ataque al pueblo libio, de la fractura de Libia y del asesinato de Gaddafi. Libia significaba para África un proyecto emancipador, unificador y de un desarrollo extraordinario; lograron convertirla en el centro del ataque y de la descalificación, y en el momento más duro el respaldo hacia Libia fue casi nulo. El respaldo a Gaddafi fue también muy reducido: se había logrado estigmatizarlo.
Eso lo hemos vivido nosotros a lo largo de 27 años. Se intentó contra el comandante Chávez, pero contra el presidente Nicolás Maduro fue brutal; tan brutal que se quería abrir todo un expediente contra él para justificar su asesinato o su secuestro.
Aquello no llegó de repente el 3 de enero. Fue un trabajo muy pensado, sistemático y permanente, en el que de manera constante se acusó a Venezuela, por un lado, de ser una dictadura y, por el otro, de no ser radicalmente frontal contra el imperialismo; de estar implantando un comunismo bárbaro y, al mismo tiempo, de ser un nuevo capitalismo que concilia.
En medio de esas circunstancias se fueron construyendo los expedientes que terminan justificando escenarios como el del 3 de enero. Estoy segura de que el objetivo no era solo el secuestro del presidente obrero: el objetivo era el desmembramiento de esta república.
No pudieron hacerlo. Prevaleció la unidad, prevaleció la fortaleza interna de nuestro pueblo, la comuna, el consejo comunal, la unión cívico-militar popular, la clase obrera consciente; y eso nos ha mantenido. Pero los objetivos de esas élites corporativas no han cambiado de ninguna manera.
Por eso es tan importante estar alertas ante las campañas, los métodos de manipulación y los montajes que nos arman para que terminemos divididos y fracturados, de modo que, cuando se les ocurra una nueva acción contra el país, no haya nadie que levante la voz por Venezuela, porque ese país ya se rindió.
Si Nicolás hubiese pactado con la derecha, no estaría secuestrado en el imperio. Si hubiese sido un dictador, el pueblo no habría salido el 3 de enero a defenderlo, sino a festejar su salida. Si hubiese sido alguien que se rinde, que tiene miedo o que es desleal, estaría desde hace mucho tiempo en un exilio dorado con toda su familia.
Pero Nicolás es un obrero, y eso es lo que no le perdonan: no solamente su condición revolucionaria y su pertenencia a un proceso en marcha, sino que es obrero. Los grandes banqueros y las élites corporativas no soportaban la altivez de un obrero que se sentía responsable de un país y de una clase.
Eso nunca se lo perdonaron la derecha y, lamentablemente, a veces tampoco algunos sectores de la izquierda, a quienes les parecía que su pensamiento no era lo suficientemente profundo por ser y hablar como el pueblo. Pero quienes lo conocimos sabemos de su profundidad intelectual, de su radicalidad ideológica y de su profunda espiritualidad, que expresa abiertamente y sin temores.
Hago esta introducción porque en muchos escenarios nos cuesta hasta asistir: somos estigmatizados de inmediato, se desdibuja al agresor y terminamos siendo nosotros los culpables de la situación que estamos viviendo.
III. LA FRUSTACIÓN Y LA MEMORIA: EL 11 DE ABRIL DE 2002
Entendemos de verdad, compañeros y compañeras del mundo, la frustración horrible que se siente cuando desde Venezuela se levantaba permanentemente una voz que impulsaba el movimiento antiimperialista y antifascista, que generaba las condiciones para el encuentro y que promovía ese mundo multipolar y pluricéntrico, y se cree o se piensa que esa voz fue derrotada y que arrió sus banderas. Entendemos la frustración.
Nosotros hemos vivido también momentos difíciles. Algunas de estas generaciones, cuando se perdió en Nicaragua; otras, un poco mayores que yo, con el asesinato de Allende.
Y uno de los momentos más difíciles, que fue primero una enorme frustración y luego un gran aliento de victoria, fue el 11 de abril de 2002, cuando Venezuela vivió el secuestro del comandante Chávez y un golpe orquestado desde afuera, desde el imperio, pero que tenía aquí a las centrales sindicales de aquel momento, a los partidos de la derecha, a la cúpula eclesiástica, a los empresarios y a toda la central empresarial y, sobre todo, a los medios de comunicación, que fueron quienes orquestaron el golpe de Estado.
Ese golpe no comenzó ese día: tenía tiempo en marcha. Se intentó permanentemente utilizar a los trabajadores para hacer paros y generar condiciones, y aquí estaba gran parte de esa fuerza obrera que emergía y resistía, que enfrentó esa estrategia y derrotó los intentos de paro que pretendían ser el marco del golpe del 11 de abril de 2002.
¿Qué pasó entonces, compatriotas, compañeros, hermanos, hermanas, camaradas del mundo? Venezuela pasó de la gran tristeza, en 48 horas, a la gran alegría de un pueblo que hizo el milagro de devolver a Chávez a su gobierno, a un hombre que se la jugaba por el pueblo, y de aprovechar esas circunstancias no solo para retomar la revolución, sino para dar un gran salto.
Allí comenzamos con las misiones bolivarianas —en educación, en salud, en vivienda—, fundamentales, con el apoyo gigantesco de la Revolución Cubana. Lo que había sido una frustración se volvió, por primera vez, una gran victoria.
Y aquí hay que escuchar al pueblo. El Padre Libertador Simón Bolívar decía que confiaba más en el tino del pueblo que en los consejos de los sabios; en la intuición del pueblo. Aquel 11, 12 y 13 de abril, muchos de quienes formamos parte de la izquierda revolucionaria teníamos pocas esperanzas de que el comandante Chávez volviera al poder. Pensábamos que el destino sería el de Allende, que no íbamos a lograrlo.
En ese momento no teníamos el partido, no teníamos la Central Bolivariana, no teníamos movimientos sociales consolidados; teníamos una masa de pueblo efervescente, pero con un líder, Chávez, que estaba secuestrado y silenciado.
Y sin embargo, a pesar de toda esa estrategia de llenarnos de miedo y de horror, y de dejar en nuestra memoria la idea de que era imposible, el pueblo salió a la calle. Salió sin armas —tampoco las teníamos—, con el pecho abierto y a una sola voz: «¡Queremos a Chávez, queremos a Chávez!». Esa fuerza multitudinaria pasó por encima de las direcciones políticas, de los análisis estratégicos y de la experiencia.
No era entonces un pueblo con la práctica de conciencia que tiene ahora. Y, sin embargo, logramos este milagro: el regreso del comandante Chávez y la continuidad de la Revolución Bolivariana.
IV. EL 3 DE ENERO: UN MUNDO SIN LIMITES
¿Qué paralelismo puede tener aquello con el 3 de enero? El imperio no pudo con las guarimbas, ni con el bloqueo, ni con las más de mil medidas coercitivas ilegales que ellos llaman sanciones; no pudo con habernos quitado a Chávez inoculándole una enfermedad, ni con su chantaje y su manipulación, ni con sus intentos de asesinato contra el presidente Nicolás Maduro, ni con las guarimbas terroristas que quemaban jóvenes en la calle, ni con el intento de penetrar el territorio con mercenarios. Y entonces tuvo que realizar, de manera directa, abierta, desatada, sin límites y bárbara, una acción de guerra —bombardeo, asesinato y secuestro— sobre una república con la cual no había una guerra declarada.
Este es el escenario en el que debemos entender que estamos. Ya no hay límites, ya no se ponen máscaras, ya no juegan a la democracia, ya no juegan al juego de que si Naciones Unidas, de que, si hay que pedir un permiso, de que si convocamos al Consejo de Seguridad. Nada.
Y no empezó el 3 de enero: desde septiembre de 2025 hay una fuerza militar bélica sin precedentes sobre nuestro mar Caribe, en nuestras islas, en Trinidad, en Puerto Rico. Un horror, una barbarie en la que se lanzan misiles, sin haber declarado guerra, sobre población civil indefensa. No tienen que rendirle cuentas a nadie.
Tenemos que entender que este es el mundo en el que estamos, porque si no lo vemos vamos a terminar tirándole piedras al hermano. Es clave comprenderlo: estamos en un mundo donde no hay derecho; se impuso la ley del más fuerte, del más bárbaro, del más brutal. Y, lamentablemente, como diría mi abuelo, nos agarró el catarro sin pañuelo.
V. LA UNIDAD DE NUESTRA AMÉRICA Y EL GOLPE DE TIMÓN
Eso era lo que preveía el Padre Bolívar, y por eso había que estar unidos en Latinoamérica; por eso Chávez impulsó la CELAC, UNASUR, Petrocaribe y el ALBA: porque si no nos uníamos, nos tragaban.
En una primera fase de este siglo XXI logramos avanzar, pero no logramos consolidar. Creo que ese avance no se ha perdido —no es que se haya retrocedido; hay un avance gigantesco—, pero de alguna manera apostamos la unidad a los gobiernos, y los gobiernos son débiles: han estado montados sobre un modelo de democracia burguesa fácilmente manipulable.
Por eso perdimos en Ecuador, aunque ganamos; perdimos en Colombia, aunque ganamos; perdimos en Honduras, aunque no ganó el que pusieron allí. Porque ese modelo es desmontable.
Nosotros, en esta revolución, aprovechamos la victoria electoral no para ser un gobierno, sino para hacer una revolución. Por eso avanzamos en las misiones. Y tuvimos un momento estratégico clave: el próximo 20 de octubre se cumplirán 14 años de aquel 20 de octubre de 2012 en que el comandante Chávez dijo: «Este es el momento». Nosotros lo llamamos el golpe de timón. Dijo que era el momento de dar el salto, que ya teníamos el acumulado histórico y que había que construir ese nuevo Estado: Comuna o nada. No lo dijo como una frase hecha: dijo independencia o nada, Comuna o nada. Si no teníamos esa nueva estructura, nos derrotaban y lo perdíamos todo.
Ese cambio —la construcción de un nuevo modelo de sociedad en el que la soberanía resida de manera efectiva y práctica en el pueblo; para nosotros, el Estado comunal, el socialismo bolivariano del siglo XXI— tiene que ser un proyecto dentro de un modelo de unidad latinoamericana.
Porque solo resistimos, y es difícil una victoria si no logramos la unidad. Aunque avanzamos, como ustedes han visto, perdimos gobiernos. Un gobierno como el de Ecuador, a pesar de que en la consulta popular se dijo que no debía haber bases militares, están instalándolas: invitó a los marines y creó las condiciones para generar violencia que justifique la ocupación.
Hay allí instalado un gobierno dictatorial. Y si vemos la situación de Bolivia, la de Argentina y la de Colombia —lo que puede pasar en Colombia con esta barbarie que se ha instalado—, recordemos que allí existe una base creada por el Plan Colombia, que era el plan para toda Nuestra América.
El ALCA, el Área de Libre Comercio de las Américas, y el Plan Colombia los detuvimos inicialmente, en este siglo XXI, gracias a la unión de los pueblos: los que se movilizaron en toda Nuestra América, los que se organizaban en Cuba contra la deuda externa, los que empezaron a levantar las banderas contra el ALCA y los que lograron que, en Quebec, Canadá, se escuchara la voz de Chávez reclamando que se oyera a los pueblos que se manifestaban alrededor de la Cumbre del ALCA, tras las barricadas. Esa reserva de Venezuela nos permitió llegar a 2005, en Mar del Plata, con una victoria sobre el ALCA y con un acumulado histórico.
VI. UN MOMENTO DE AMENAZA Y DE OPORTUNIDAD
Este es un momento estratégico. Aunque digo que es un momento de amenaza brutal, es también un momento de gran oportunidad, porque nunca el imperialismo había sido tan brutal y tan descarado. Hay una conciencia mundial, pero no tenemos la organización, la unidad ni el proyecto. Venezuela tiene un proyecto: lo asumimos y es el que estamos defendiendo.
Pero, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, cuando existía una propuesta de mundo, una mirada distinta, hoy no tenemos a nivel mundial una propuesta socialista, comunista ni obrera que nos unifique. Cada uno está en su ombligo, resolviendo lo suyo, aunque la amenaza sea común.
Como decía Bolívar refiriéndose a la Santa Alianza, la opresión está unida bajo un solo estandarte; si la lucha por la libertad se dispersa, no habrá victoria en el combate. Esa es la lucha de los trabajadores, de las trabajadoras y de los pueblos.
Hoy, al haberse desenmascarado la barbarie, hay condiciones para unirnos y dar un salto. Pero ellos tienen una herramienta gigantesca para dividirnos y aislarnos, y nosotros lo estamos viviendo en Venezuela: en medio de esta agresión nos encontramos en condiciones complejísimas para poder mostrar nuestro proyecto al mundo.
VII. VENEZUELA HOY: UNIDAD GOBERNABILIDAD Y RUMBO
Primero, porque Venezuela sigue bajo amenaza; eso no ha cesado, seguimos bajo una acción de agresión. No nos han quitado ninguna de las medidas coercitivas. Ninguna. Han establecido unos mecanismos para poder negociar, pero no han quitado nada.
El 3 de enero fue una derrota militar, porque nos preparamos para enfrentar otro nivel de la guerra: la guerra de todo el pueblo, la defensa de cada espacio del territorio.
Pero no tuvimos enfrente a un enemigo que llegara presencialmente, sino a un enemigo con una supertecnología y con algo más, que creo que es su poder fundamental: no tiene que dar explicaciones a nadie. Nosotros estábamos jugando en el terreno de la diplomacia y de la legalidad, y ellos juegan en el terreno del «hago lo que me da la gana porque puedo y nadie me va a decir nada». Ese es el escenario en el que estamos.
¿Qué podíamos hacer? El presidente Nicolás lo había dejado claro, y todo nuestro alto mando político entendía que, ante las amenazas ya desplegadas en el Caribe, que tenían como objetivo a Venezuela —y creo que a toda Nuestra América, pero en particular a Venezuela, porque a quien se le puso precio a la cabeza fue al presidente Nicolás Maduro, a un presidente en ejercicio, de manera descarada, brutal y sin ningún elemento de juicio—, se estableció una línea:
hagan ellos lo que hagan, no perdamos la unidad; hagan ellos lo que hagan, no perdamos el gobierno; hagan ellos lo que hagan, mantengamos la paz interna; hagan ellos lo que hagan, el rumbo es seguir el camino del poder popular y de la construcción de la Comuna, sin salirnos de allí.
Recuerdo una conversación con uno de nuestros generales, maestro del comandante Chávez, el general Pérez Arcay. Analizábamos el pensamiento de Bolívar y él decía que la confrontación con el imperialismo es inexorable: no sabemos cuándo llegará, no la vamos a provocar, pero es inexorable, y lo único que podemos hacer es mantenernos unidos en el poder, porque si no, diezman a nuestro pueblo. Unidad y gobernabilidad en el rumbo. Esto es muy difícil, es muy complejo.
Si no se hubiese sembrado lo que se sembró durante 27 años, nos habrían barrido el 3 de enero y habrían ocupado la República. Es parte de su agenda aprovechar cualquier circunstancia política, social, climática o natural.
Un desastre como el terremoto del 24 de junio —un doble terremoto simultáneo, de gran magnitud, en direcciones contrarias, algo terrible e inédito— era el escenario para ocupar la República, como hicieron en Haití.
Pero no pudieron. ¿Por qué? Porque mantuvimos la unidad, porque existe gobierno en el territorio, porque es el pueblo el que manda en el territorio. No pudieron ni con el algoritmo ni con los planes de generar caos y saqueo. Es un pueblo; es una revolución de verdad.
VIII. LA COMUNA. PATRIMONIO DE NUESTRA AMÉRICA
Es importante valorarlo, hermanos y hermanas, porque cada experiencia de lucha en Nuestra América es clave para la victoria verdadera, que es la unión de nuestros pueblos. La memoria de organización de Chiapas es fundamental. Es estratégico cómo se organizan los bloqueos de caminos en Bolivia para garantizar que se escuche la voz indígena, obrera y cocalera.
Los Comités de Defensa de la Revolución en Cuba, organización del pueblo que acaba de cumplir 66 años, son un patrimonio de Nuestra América, una muestra de cómo funciona el poder en el territorio.
Son parte de nuestra lucha las distintas experiencias en toda Nuestra América: cómo se organizan los piquetes y los piqueteros, cómo se organiza la clase para parar y detener una estrategia de quiebre de los derechos del pueblo, cómo se luchó también en la selva en Colombia. Todo eso es parte de una misma experiencia.
La Comuna es vital: esta experiencia ha durado más de dos décadas y sigue viva. ¿Cómo no la vamos a valorar? La Comuna de París duró poco y es patrimonio de la humanidad. Esta es nuestra gran victoria histórica.
¿Cómo no vamos a valorar esta experiencia del pueblo venezolano, del pueblo cimarrón, del pueblo indígena, del pueblo afrodescendiente, que aquí se ha convertido en una cultura que impregna la Comuna?
La Comuna donde la clase trabajadora es protagonista, donde los movimientos sociales son protagonistas. Es una gran conquista que, en medio de una derrota militar, de un desastre natural y después de 27 años de agresión constante, la Comuna siga viva y el pueblo siga mandando.
No tenemos las armas para derrotar ni para entrar en una confrontación de otra naturaleza. Pero esta conquista histórica no puede frustrarse, ni puede pensarse, desde los distintos lugares y experiencias, que ya se acabó todo. No se acabó, hermano.
Eso es lo que nos quieren hacer creer, para aislarnos y dividirnos, y para que no reivindiquemos lo fundamental de nuestro discurso.
IX. LEGALIDAD, PAZ Y SOBERANÍA: UN LLAMADO A LA UNIDAD
En el marco del escenario diplomático actual tenemos que hablar en los términos que hoy se han planteado. Nosotros queremos mantener la legalidad ante los bárbaros que quieren imponer la brutalidad. Queremos mantener la paz mientras aquellos esgrimen la guerra como nuevo escenario político. Queremos mantener la soberanía ante quienes dicen «ocupo lo que me da la gana».
Pero lo hacemos con las armas políticas, ideológicas y organizativas que tenemos en este momento, en una condición desfavorable: porque no es la América Latina que se levantó contra el ALCA. Es una América Latina dispersa, que ha sufrido derrotas muy importantes y en la que no hemos logrado levantar, en cada uno de nuestros países, proyectos que permitan la unidad.
No somos invencibles, no es verdad. Somos víctimas de un bloqueo, de un acoso y de una campaña mediática para dividirnos. Esperamos de ustedes la ayuda para enfrentar este escenario y para darnos elementos que seguramente no tenemos, porque estamos en medio de la pelea. Pero desde los trabajadores, desde las comunas, desde el pueblo revolucionario les decimos: vamos a vencer, unidas y unidos con ustedes. Ese imperialismo se desploma y se cae.
No hemos logrado muchas cosas; ni siquiera logramos entrar a los BRICS, imagínense ustedes, a pesar de haber impulsado desde el inicio la idea de un mundo multipolar y pluricéntrico, que está recogida en nuestras leyes constituyentes, en el Plan de la Patria y además en una ley constitucional. Pero, en esas circunstancias, vamos a seguir batallando. Tenemos la fórmula.
X. EL PROYECTO VIENE DE LEJOS: BOLIVAR Y LA ANFICTIONÍA DEL SUR GLOBAL
Quiero leerles, para terminar, un texto que muestra que este proyecto viene de lejos y es de toda Nuestra América. Aquí tengo un hermosísimo libro de Francisco Pividal, Bolívar, pensamiento precursor del antiimperialismo:
Son pocos los documentos, programas o planes de acción en los que Simón Bolívar no hubiera vislumbrado que la América antes colonias españolas, la América meridional —América del Sur, como también le decía el Libertador—, debía constituirse en un complejo de pueblos integrados por esas colonias hoy liberadas, cuyos intereses específicos fueron y siguen siendo distintos, y aun contradictorios, con relación a la América anglosajona constituida por los Estados Unidos. Bolívar fue el primero en comprender que el desarrollo de los Estados Unidos lo conduciría a proyectarse sobre todo el continente y que, por tanto, era indispensable generar un equilibrio. “Nosotros no creemos dominar a nadie; creemos en el equilibrio del universo”, decía el Padre Bolívar. Era indispensable crear una fuerza que contrarrestara esa proyección, uniendo en un haz de pueblos libres a aquellos cuyos intereses históricos, sociales y económicos fuesen verdaderamente comunes. Son los intereses de esta Nuestra América.
Francisco me comentaba que hay también hermanos y hermanas de Estados Unidos conectados. Creemos que esa anfictionía —doscientos años de este proyecto bolivariano de unidad de los pueblos— ya no es solo de una región. Es la anfictionía del Sur global, de quienes creemos y queremos una humanidad de iguales.
Pero ese Sur global también está metido en el Norte: el de los trabajadores y las trabajadoras que luchan por sus derechos, el de los movimientos sociales que siguen levantando sus banderas, el de la humanidad que no quiere volver a la bárbara, cruel y brutal esclavitud. Eso es la humanidad toda.
Así que hoy, más que nunca, desde este espacio de resistencia, de construcción y de fe que es la Revolución Bolivariana, les agradecemos que sigan allí con nosotros. Gracias.
Documento elaborado por la Comisión Internacional de la Constituyente Obrera (CICO) y la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y Trabajadoras de la Ciudad, el Campo y la Pesca (CBST-CCP), a partir de la transcripción de la intervención oral del compañera Blanca Eekhout en el marco de la XXXIII Convocatoria Internacional de la Clase Obrera, con fines de su publicación y difusión.

