Mohammad al-Ayoubi.
Ilustración: The Cradle
13 de octubre 2025.
Mientras las potencias occidentales imponen la tecnocracia por encima de la soberanía, los movimientos de resistencia palestinos advierten de que no puede haber reconstrucción sin liberación.
Tras la devastadora guerra en Gaza, la cuestión más apremiante ya no es el alto el fuego o la reconstrucción, sino quién gobernará el enclave.
Se trata de una lucha por el significado, la legitimidad y la soberanía. ¿El futuro de Gaza lo determinará su pueblo o las mismas potencias extranjeras que contribuyeron a su destrucción bajo la bandera de la “salvación”?
Cada vez que se abren las puertas de la “reconstrucción” y la “ayuda”, se cierran de golpe las ventanas de la soberanía.
Lo que se desarrolla es un espectáculo colonial recurrente:
un orden político palestino rehecho bajo supervisión extranjera, donde se promueve el “realismo político” como sustituto de la justicia y se comercializa la “tecnocracia” como una alternativa estéril a la resistencia.
El día después
El alto cargo de Hamás Ayham Shananaa declara a The Cradle que el resultado de la guerra no puede medirse con los criterios de los conflictos interestatales tradicionales, sino que debe entenderse como
una lucha existencial entre un pueblo que busca la liberación y una ocupación respaldada por Occidente.
Afirma que la mera supervivencia de Hamás en la arena política tras dos años de guerra constituye una victoria estratégica, ya que Israel no ha logrado alcanzar sus objetivos declarados, ni siquiera con un respaldo internacional sin precedentes.
Esta opinión es compartida por el responsable de la Yihad Islámica Palestina (PIJ), Haitham Abu al-Ghazlan, quien afirma que “la resistencia está ahora más arraigada que nunca” e insiste en que la verdadera medida de la victoria no reside en la destrucción material, sino en el fracaso del proyecto sionista de desplazar a la población y quebrantar la voluntad palestina.
Shananaa añade que la resistencia “se ha impuesto como un actor clave que no puede ser ignorado en ningún debate sobre el futuro de Gaza”, argumentando que su firmeza la ha transformado de un actor puramente militar en un proyecto nacional con una visión y una estrategia.
Lo más significativo, añade, es que “esta guerra ha marcado un cambio en la conciencia global”, citando la solidaridad sin precedentes con los palestinos, las protestas masivas y los reconocimientos simbólicos del Estado de Palestina, todo lo cual apunta a un profundo cambio en la opinión pública occidental sobre la ocupación.
La reconstrucción como palanca: la nueva cara de la ocupación
Las propuestas internacionales para la administración de Gaza, ya sea en forma de un gobierno tecnocrático o de una autoridad de transición, se están vendiendo como necesidades humanitarias. En realidad, no son más que un cambio de imagen cosmético de los antiguos mecanismos de control.
En este contexto, Abu al-Ghazlan subraya que cualquier propuesta de este tipo “debe ser el resultado de un diálogo nacional palestino inclusivo, no de acuerdos extranjeros o tutela internacional”. Afirma que “la reconstrucción es un derecho humano, no una moneda de cambio política”, y rechaza cualquier intento de vincularla al desarme o a restricciones a la resistencia.
La política de gobernanza: ¿puede la resistencia ceder ante la tecnocracia?
Uno de los debates centrales a los que se enfrentan ahora las facciones palestinas es si la autoridad de la resistencia puede transformarse en una gobernanza tecnocrática, es decir, si la separación entre la seguridad y la toma de decisiones políticas es posible o incluso deseable.
Shananaa es inequívoco: “Las armas de la resistencia son una línea roja mientras exista la ocupación». Aunque Hamás no se opone a una administración civil que gestione la vida cotidiana en Gaza, insiste en que el movimiento no transigirá en lo que respecta al núcleo de su aparato de seguridad.
Abu al-Ghazlan, hablando desde la perspectiva de la YIP (que, a diferencia de Hamás, no tiene agenda política), afirma la misma línea roja: “Todos los procesos de paz que despojaron a la resistencia de sus armas terminaron en más agresiones y expansión de los asentamientos».
Lo que surge es una fórmula compartida: un gobierno civil es posible, pero la soberanía —en particular la soberanía en materia de seguridad— sigue siendo innegociable.
La idea de una “administración civil temporal” puede parecer moderada, pero en realidad se trata de un gobierno sin poder, una estructura administrativa desprovista de agencia política.
Este modelo busca gobernar Gaza, no liberarla; gestionarla, no emanciparla. Lo que Washington y Tel Aviv están tratando de construir es un modelo palestino vacío que presenta la ilusión de “autogobierno” bajo el techo de la ocupación.
Shananaa y Abu al-Ghazlan enfatizan que cualquier acuerdo futuro “debe basarse en la protección de los derechos del pueblo, no en la presión extranjera”.
El término “consenso nacional” puede sonar atractivo en la retórica, pero a menudo funciona como una máscara para la ilusión política.
El verdadero consenso requiere una soberanía real y una voluntad palestina independiente, mientras que el consenso impuesto desde el exterior no es más que una tutela renovada disfrazada.
La ecuación de la supervivencia: Hamás, la legitimidad y la resistencia callejera
Mientras la Autoridad Palestina (AP) persigue la legitimidad perdida a través de los canales de los donantes, Hamás obtiene su autoridad de la supervivencia entre los escombros. El pueblo de Gaza, aunque agotado, no ve en Hamás la perfección, sino el desafío, la negativa a capitular ante la aniquilación.
Sobre la cuestión de un gobierno de unidad nacional que abarque Gaza y la Cisjordania ocupada, Shananaa afirma que esta propuesta no es nueva.
Hamás lleva mucho tiempo pidiendo una verdadera asociación nacional, dice, refiriéndose a los repetidos intentos de reconciliación con Fatah en El Cairo, Argel, Moscú y, en particular, Pekín.
Sin embargo, ninguno de ellos se llevó a cabo debido a la negativa del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, a compartir el poder o aceptar un marco equilibrado, explica:
Hamás no se opone a que la Autoridad Palestina desempeñe un papel supervisor o financiero en los acuerdos de reconstrucción, siempre que se haga en el marco de acuerdos claros que preserven las armas de la resistencia y eviten cualquier interferencia extranjera en las decisiones de seguridad.
Abu al-Ghazlan añade que la confianza entre la Autoridad Palestina y la resistencia
no se puede construir con palabras, sino con posiciones. Cuando el pueblo sienta que la decisión política protege a la resistencia y no la limita, entonces podremos decir que hemos emprendido el camino hacia la reconstrucción de la confianza nacional».
El futuro de Gaza parece limitarse a tres posibles escenarios, determinados por los equilibrios de poder establecidos por la guerra y el alcance de las intervenciones internacionales y regionales en la configuración del llamado «día después».
Escenario 1: Gobierno liderado por la resistencia: Hamás llena el vacío
Este es el resultado más probable, con una probabilidad de alrededor del 60 %. Se basa en el principio de la “realidad impuesta”, según el cual Hamás reafirma su control sobre Gaza en el vacío dejado por la retirada del ejército israelí de las zonas de la Línea Amarilla.
Desde el primer día del alto el fuego, las Fuerzas de Seguridad Nacional de Hamás se desplegaron en las calles, intersecciones y zonas liberadas, restableciendo de forma visible una arquitectura de seguridad que se había derrumbado parcialmente durante la guerra.
Shananaa lo deja claro cuando confirma que “alrededor del 70 % de la franja está bajo el control de las fuerzas de seguridad palestinas formadas por Hamás”, lo que refleja una realidad sobre el terreno que no puede revertirse fácilmente.
Este escenario implica que la franja permanecerá bajo la administración política y de seguridad de Hamás durante al menos uno o dos años, hasta que los acuerdos internos y externos maduren lo suficiente como para formar un gobierno tecnocrático de unidad nacional aceptable tanto para los actores palestinos como para los internacionales.
Esta fase equivaldría a un “gobierno transitorio por la fuerza”, una mezcla de autoridad de resistencia y administración civil provisional, a la espera de una declaración política más amplia.
Escenario 2: Vuelta a la situación anterior a 2005: coordinación en materia de seguridad y supervisión extranjera
Este escenario, favorecido por Estados Unidos y algunas potencias regionales (con una probabilidad estimada del 25 %), prevé un retorno a los acuerdos anteriores a 2005: coordinación tripartita entre la ocupación israelí, la Autoridad Palestina y un organismo supervisor liderado por Estados Unidos, posiblemente con el respaldo de Egipto y Qatar.
En este marco, fuerzas palestinas “aceptables internacionalmente” supervisarían la administración de Gaza, la seguridad fronteriza, los esfuerzos de desarme y la distribución de ayuda bajo un comité internacional central.
Pero esta visión se derrumba ante dos contradicciones:
En primer lugar, Hamás no tiene intención de renunciar a su posición política o militar tras sobrevivir a la guerra y forzar un alto el fuego.
En segundo lugar, años de colaboración en materia de seguridad con la ocupación han dejado a la Autoridad Palestina sin ninguna confianza pública.
En resumen, esto sigue siendo una fantasía occidental, no una hoja de ruta viable.
Escenario 3: Caos provocado: un descenso controlado hacia el conflicto
El escenario menos probable (15 %), pero el más peligroso, prevé una recaída en los enfrentamientos armados entre las facciones palestinas —o entre los grupos de resistencia y las milicias respaldadas por Israel, o el ejército de ocupación— si el alto el fuego se rompe o las negociaciones políticas fracasan.
Este es el resultado preferido por Tel Aviv, ya que garantiza el desgaste continuo de la resistencia y mantiene a Gaza en estado de agitación, impidiendo la formación de cualquier orden político estable o unificado.
No obstante, a pesar del riesgo que conlleva, este escenario es poco probable a corto plazo, ya que los actores regionales —especialmente Egipto y Qatar— están trabajando intensamente para evitar una nueva explosión que podría desmantelar lo que queda del proceso político.
La implosión política de Tel Aviv: la caída de Netanyahu y la crisis del sionismo
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quería grabar su nombre en la historia como el hombre que aplastó a Hamás. En cambio, es posible que sea recordado como el artífice de su propia caída, una opinión que se repite incluso en los círculos políticos israelíes, desde Yair Lapid hasta Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir.
El acuerdo de alto el fuego fue, en efecto, una admisión del fracaso sionista. Los objetivos de la guerra —eliminar a Hamás y liberar a los cautivos por la fuerza— se evaporaron ante la resistencia.
Incluso si Netanyahu se va, el establishment político y de seguridad israelí seguirá buscando el control sobre Gaza, pero sin la narrativa unificada que antes justificaba matar en nombre de la supervivencia.
Shananaa afirma que el acuerdo de alto el fuego ha agravado la crisis interna de Israel y ha debilitado la cohesión de la coalición de extrema derecha, y describe el Gobierno de Netanyahu como “fascista, extremista y que ha perdido legitimidad incluso dentro de la sociedad israelí”.
Más de 1,5 millones de israelíes protestaron contra la guerra, y la oposición crece día a día. El apoyo estadounidense es lo que mantiene vivo políticamente a Netanyahu, pero su caída es solo cuestión de tiempo.
Los objetivos de la guerra pasaron de “eliminar a Hamás” a “sobrevivir al fracaso”. Fue un descenso de la visión estratégica a la reacción táctica; de un Estado que hacía historia a un Estado que luchaba por sobrevivir a su propio presente.
Al final, la pregunta “¿Quién gobierna Gaza después de la guerra?” es más existencial que administrativa. ¿Quién tiene la legitimidad real? ¿Quién define el futuro? ¿Quién decide cuándo termina la guerra?
Shananaa responde con claridad:
No hay autoridad por encima de la resistencia, ni reconstrucción sin soberanía.
La legitimidad no la otorgan los donantes ni se impone a través de marcos. Se forja bajo el fuego, se arrebata de entre los escombros.
Y el “día después” no comenzará con firmas, sino con el desmantelamiento de la ocupación.
Traducción nuestra
*El Dr. Mohammad al-Ayoubi es un escritor e investigador palestino licenciado en Periodismo y Estudios de Medios de Comunicación y doctor en Derecho.
Fuente original: The Cradle
