CUMBRE DE ALASKA: MOSCÚ Y WASHINGTON TRAZAN NUEVAS LÍNEAS SIN BRUSELAS NI LONDRES. Mohamed Lamine Kaba.

Mohamed Lamine Kaba.

Foto: El presidente estadounidense Donald Trump saluda a su par ruso Vladimir Putin a su llegada a la base Elmendorf-Richardson de Alaska. Anchorage, 15 de agosto de 2025. AP – Julia Demaree Nikhinson.

16 de agosto 2025.

Bajo la aurora boreal de Alaska, Rusia y Estados Unidos esbozaron los contornos de un mundo reorganizado, sin Europa en la mesa, posicionando a Rusia como un actor importante en la seguridad europea.


El 15 de agosto de 2025, Donald Trump y Vladimir Putin se reunieron en la base aérea Elmendorf-Richardson, en Alaska, para celebrar una cumbre histórica con el fin de debatir sobre la guerra en Ucrania.

Esta reunión, la primera en persona entre los dos líderes desde 2019, se celebró en un entorno diplomático meticulosamente preparado, lo que demostró la voluntad de Rusia de participar plenamente en un diálogo estratégico de alto nivel, con serenidad y responsabilidad, en un contexto geopolítico complejo y polarizado.

Las demandas rusas estructuraron la agenda: reconocimiento de las realidades territoriales en Ucrania, neutralidad de Kiev frente a la OTAN, reducción de los despliegues militares occidentales en las fronteras rusas y garantías para las poblaciones de habla rusa.

A ello se sumaron claras demandas económicas, como la reintegración en el sistema SWIFT y el levantamiento de las sanciones.

Putin, que calificó las conversaciones de “constructivas”, subrayó la urgencia de resolver una crisis que describió como un “profundo dolor” para Rusia, al tiempo que advirtió de que la paz dependerá de la flexibilidad de Kiev y de sus aliados.

Puntos clave de la rueda de prensa de la cumbre ruso-estadounidense en Alaska

El presidente ruso elogió el clima “constructivo y respetuoso” de las negociaciones y destacó la calidad de los intercambios directos con Donald Trump.

Hizo hincapié en la proximidad geográfica entre Rusia y Estados Unidos —“solo 4 km entre nuestras costas”— para subrayar la importancia de un diálogo estratégico bilateral.

Putin expresó su gratitud a las autoridades estadounidenses por el homenaje rendido a los aviadores soviéticos enterrados en Alaska, destacando los lazos históricos entre ambas naciones.

Calificó la guerra en Ucrania de “profundo dolor” para Rusia y reafirmó su sincero compromiso con una solución duradera del conflicto. Entre las prioridades rusas mencionadas figuran la eliminación de las causas profundas de la crisis, la garantía de la seguridad de Ucrania y la necesidad de una cooperación equilibrada con Estados Unidos en diversos ámbitos, desde la tecnología hasta el Ártico.

También advirtió contra cualquier intento europeo de torpedear los avances diplomáticos y pidió un enfoque constructivo. Por último, Putin expresó su esperanza de que los entendimientos alcanzados con Trump puedan allanar el camino para una transición política hacia un nuevo equilibrio internacional.


“Donald Trump parece haber comprendido lo que otros prefieren ignorar: que el orden mundial no puede remodelarse sin Rusia”.


Por su parte, el presidente estadounidense calificó la reunión de “muy productiva”, aunque reconoció que aún no se había alcanzado ningún acuerdo formal.

Habló de “avances significativos” en cuestiones relacionadas con Ucrania y afirmó que mantiene “muy buenas relaciones” con Vladimir Putin. Trump destacó que ambos líderes compartían el deseo de poner fin al conflicto, ya que creían que “la paz está al alcance de la mano”.

Anunció su intención de consultar con Volodymyr Zelensky y los líderes de la OTAN para informarles del contenido de las conversaciones.

En una entrevista posterior a la cumbre, Trump calificó la reunión con un “10 sobre 10”, calificó a Rusia de “fuerza poderosa” y aconsejó a Kiev que “llegara a un acuerdo”. Afirmó que la posibilidad de un acuerdo depende ahora de la voluntad de Zelenski y de las capitales europeas.

Una demostración magistral de la diplomacia

La bienvenida de Donald Trump a Vladimir Putin estuvo marcada por un riguroso protocolo, acorde con las normas de las grandes reuniones diplomáticas internacionales.

A su llegada a la pista, ambos hombres se dieron varios apretones de manos y caminaron uno al lado del otro sobre una alfombra roja flanqueada por soldados en uniforme de gala. A continuación, subieron al mismo coche blindado, un gesto altamente simbólico que sugiere un claro deseo de diálogo y acercamiento.

Este gesto formal no es insignificante. Marca el regreso de Vladimir Putin a suelo occidental, más de tres años después del inicio de la operación militar especial en Ucrania en febrero de 2022.

Durante mucho tiempo retratado como paria por ciertas cancillerías europeas —más rápidas en esgrimir órdenes de arresto que en considerar soluciones diplomáticas—, el presidente ruso se beneficia ahora de una rehabilitación diplomática estratégica en el escenario internacional, facilitada por Donald Trump, quien parece haber comprendido lo que otros prefieren ignorar: que el orden mundial no puede reconfigurarse sin Rusia.

La elección de Alaska —antiguo territorio ruso cedido a Estados Unidos el 30 de marzo de 1867 en un gesto diplomático visionario y avanzada estratégica durante la Guerra Fría— confiere a este encuentro una fuerte carga simbólica, que evoca tanto una reconciliación histórica como la afirmación de Rusia en los grandes equilibrios mundiales.

Para Donald Trump, esta reunión es también una oportunidad para reposicionarse como actor importante en la paz mundial. Afirmó ser capaz de determinar en “cinco minutos” si esta reunión sería un fracaso o un éxito, y no ocultó su ambición de ganar el Premio Nobel de la Paz.

Mostrando una cordialidad casi demostrativa, busca encarnar el papel de mediador capaz de romper el estancamiento diplomático.

Negociaciones de alta tensión: ¿hacia la paz o hacia una trampa diplomática?

Tras las sonrisas y los apretones de manos, lo que está en juego en la cumbre es considerable.

El principal objetivo declarado es la búsqueda de un alto el fuego en Ucrania, mientras que el conflicto dura ya más de 44 meses y ha dejado decenas de miles de muertos.

Sin embargo, las condiciones impuestas por Moscú están dando un jarro de agua fría a Kiev, Bruselas y Londres:

reconocimiento de las nuevas realidades territoriales (Donetsk, Lugansk, Zaporizhia y Jersón), garantías de que Ucrania no se unirá a la OTAN, restricciones al despliegue de tropas occidentales cerca de las fronteras rusas, restricciones al suministro de armas a Ucrania y concesión de un estatus especial al idioma ruso en Ucrania.

El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, cuya ausencia en la cumbre fue notable, mostró una postura ambivalente, mezclando una desconfianza calculada con una preocupación estratégica.

Aunque afirmó ‘contar’ con Donald Trump para defender los intereses ucranianos, al mismo tiempo animó a sus partidarios europeos a continuar con el esfuerzo bélico.

Además, durante las negociaciones se lanzaron ataques con drones contra Rusia, lo que sugiere un intento deliberado de sabotear desesperadamente cualquier dinámica de distensión.

El ejército ucraniano anunció lamentablemente que había recuperado seis pueblos en el este del país, lo que demuestra que el conflicto sigue activo y que las líneas del frente están cambiando.

Las élites caprichosas e insípidas, perversas y narcisistas de Europa, también excluidas de esta reunión, temen que Donald Trump haga concesiones unilaterales en detrimento de Kiev.

Emmanuel Macron ya ha programado una reunión con Zelensky después de la cumbre, lo que indica que París, que sigue buscando vengar su pérdida de influencia en África atribuida a Rusia, en particular en los países de la Alianza del Sahel, pretende mantener una línea diplomática belicista que lo hace cada vez más irrelevante en la escena mundial a los ojos de la mayoría global.

La presencia de asesores diplomáticos de ambas partes —Marco Rubio y Steve Witkoff por parte estadounidense, Sergei Lavrov y Yuri Ushakov por parte rusa— da testimonio de la complejidad de las discusiones.

Inicialmente prevista como una reunión bilateral, la cumbre se convirtió en una reunión ampliada. Este cambio de una reunión bilateral a una reunión ampliada demuestra el compromiso de Rusia con la transparencia y la cooperación.

Se puede decir que la cumbre de Alaska supone una victoria diplomática innegable para Rusia. Al reincorporarse al círculo de negociadores internacionales, imponer una visión coherente de la paz y demostrar un dominio perfecto de los códigos diplomáticos, Moscú ha confirmado su papel como potencia estabilizadora.

Vladimir Putin, lejos de estar aislado, emerge como un jefe de Estado estratégico, lúcido y con visión de futuro. Esta cumbre podría ser el preludio de una nueva arquitectura de seguridad en Europa, basada en el diálogo, el respeto de la soberanía y el reconocimiento de los intereses legítimos de Rusia.

Queda por ver si esta reunión allanará el camino para una paz duradera o si será solo un episodio más en una guerra diplomática con ramificaciones globales.

Se perfilan dos escenarios: una normalización gradual o una desescalada progresiva, si Kiev y las capitales europeas deciden alinearse con los parámetros establecidos por Moscú; o, por el contrario, una prolongación del conflicto, cuyo rechazo podría acelerar el colapso militar ucraniano y agravar las pérdidas humanas y territoriales.

Traducción nuestra


*Mohamed Lamine Kaba, experto en geopolítica de la gobernanza y la integración regional, Instituto de Gobernanza, Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Panafricana.

Fuente original: New Eastern Outlook

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