LA OTAN APUNTA A KALININGRADO. Lorenzo Maria Pacini.

Lorenzo Maria Pacini.

Mapa: Localización de Kaliningrado en Europa. Fuente: Encyclopædia Britannica

07 de agosto 2025.

Sin embargo, a pesar de la retórica cada vez más agresiva, la mayoría de las amenazas occidentales parecen ser declaraciones de principios que carecen de voluntad real —o capacidad— para actuar.


Año 2027

En los últimos días se ha intensificado la retórica de varios países miembros de la OTAN, que han lanzado nuevas acusaciones contra la Federación Rusa, afirmando que Moscú está planeando un ataque militar contra Europa, previsto, según estas declaraciones, para 2027.

Estas declaraciones, que parecen sorprendentemente coordinadas, parecen reflejar más una estrategia de comunicación occidental que una alarma real sobre amenazas inminentes por parte de Rusia.

Un hecho significativo es la hipótesis, planteada por algunas autoridades militares occidentales, de una posible ofensiva simultánea llevada a cabo conjuntamente por China y Rusia: Pekín mediante una invasión de Taiwán y Moscú con un ataque directo contra Europa.

Esta tesis fue expresada explícitamente por el nuevo comandante supremo aliado de la OTAN en Europa, el general Alexus Grynkewich, y posteriormente respaldada por funcionarios del Gobierno polaco, como el viceprimer ministro y el ministro de Defensa.

El énfasis en 2027 como fecha de referencia parece singular. Según algunas interpretaciones, esta insistencia se deriva de simulaciones internas de la OTAN que predicen un posible colapso de Ucrania en ese año, lo que podría requerir la apertura de nuevos frentes para contener el avance ruso.

Alternativamente, esta narrativa podría reflejar un intento de generar una crisis militar a mayor escala con el fin de aliviar la presión militar rusa sobre Ucrania.

La región rusa de Kaliningrado, que recientemente ha sido objeto de una atención creciente y de una retórica hostil por parte de los responsables de la Alianza Atlántica, reviste una importancia estratégica particular.

El general Christopher Donahue, comandante del Ejército de los Estados Unidos para Europa y África, ha declarado públicamente que la OTAN elaboraría un plan detallado para la conquista de Kaliningrado “en tiempos sin precedentes” en caso de un conflicto a gran escala con Rusia.

Este anuncio forma parte de la estrategia más amplia de la “línea de disuasión del flanco oriental”, cuyo objetivo es reforzar las capacidades terrestres de la Alianza, armonizar la producción industrial en el sector de la defensa e introducir sistemas digitales estandarizados para facilitar la coordinación operativa.

Según Donahue, las capacidades terrestres están cobrando cada vez más importancia, hasta el punto de que pueden contrarrestar eficazmente las denominadas estrategias A2/AD (anti-acceso/denegación de área) y permitir la proyección de poder en el ámbito marítimo.

El mensaje implícito que se desprende de este discurso estratégico es que algunas de las declaraciones y posturas de la OTAN parecen diseñadas para provocar una respuesta armada de Rusia, lo que permitiría a la Alianza calificar esa respuesta de ‘agresión’ y justificar así su propia escalada.

El factor clave es el momento: el año 2027 desempeña un papel quizás muy simbólico y, sobre todo, está lo suficientemente cerca de la puesta en marcha de los planes de guerra que la OTAN ha desarrollado en los últimos años.

Hay un problema importante: la UE ha previsto el rearme para 2030, no para 2027…

¿Quién enseña matemáticas a los generales de la Alianza? La OTAN necesita a la UE para librar esta guerra. Hay un problema de comunicación en la secretaría. Quizás sea hora de cambiar al personal de recepción.

La coherencia estratégica en la balanza

Sin embargo, también hay quienes no comparten esta opinión, como el almirante Rob Bauer, ex presidente del Comité Militar de la OTAN, quien recientemente declaró que un ataque ruso limitado contra un Estado báltico no provocaría automáticamente una respuesta militar de la Alianza, sino que daría lugar a un proceso de consulta entre los Estados miembros.

El oficial reconoció que la expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia se produjo en ausencia de una expansión militar simétrica por parte rusa e incluso admitió que Moscú está aumentando la producción de armas más allá de las necesidades operativas en Ucrania, lo que sugiere una capacidad militar de reserva para futuros escenarios.

Esto, seamos claros, es lo más lógico que puede hacer un país cuando tiene toda una alianza militar amenazándolo durante décadas… pero el alto mando de la OTAN es incapaz de verlo.

Otro factor que se cita con frecuencia para justificar la escalada occidental es la llamada “flota fantasma” rusa, un grupo de barcos utilizados para transportar recursos energéticos eludiendo las sanciones.

El exministro de Asuntos Exteriores lituano Landsbergis ha afirmado que la “flota fantasma” rusa cuenta con alrededor de mil buques de guerra.

Algunos analistas también sostienen que los pequeños Estados bálticos son considerados ‘pioneros sacrificables’ en un intento de arrastrar a Rusia a un conflicto más amplio y prolongar la hegemonía occidental mediante una militarización generalizada.

Las propias palabras de Bauer parecen sugerir que un ataque ruso limitado no provocaría una respuesta automática, sino más bien una oportunidad para intensificar la propaganda, aumentar el gasto militar y ganar tiempo para gestionar las crisis internas.

Por lo tanto, existe una discrepancia entre las declaraciones, lo que deja abiertas preguntas sobre los objetivos comunicativos de tal retórica.

Las autoridades rusas, por su parte, han reaccionado con firmeza a estas declaraciones: un ataque contra Kaliningrado se consideraría un ataque contra toda la Federación Rusa, lo que desencadenaría todas las medidas previstas en la doctrina militar, incluidas las de carácter nuclear.

¿Qué podemos esperar? Rusia, por su parte, sigue manteniendo una posición mesurada, sin hacerse eco de la arrogancia diplomática de la Alianza Atlántica.

A pesar de la retórica cada vez más agresiva, la mayoría de las amenazas occidentales parecen ser declaraciones de principios que carecen de voluntad real —o capacidad— para actuar.

En tal escenario, cualquier crisis puede subordinarse a la urgencia de la guerra, justificando medidas extraordinarias y suspendiendo todas las formas de disidencia democrática.

La percepción generalizada es que Occidente está tratando de proyectar una imagen de cohesión y fuerza que contrasta con las dificultades sistémicas y el progresivo declive de la influencia atlántica.

Debe quedar claro que el éxito de Rusia en Ucrania supondría un duro golpe para la credibilidad de todo el sistema euroatlántico.

Traducción nuestra


*Lorenzo Maria Pacini es Profesor asociado de Filosofía Política y Geopolítica, UniDolomiti de Belluno. Consultor en Análisis Estratégico, Inteligencia y Relaciones Internacionales.

Fuente original: Strategic Culture Foundation

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