Lorenzo Maria Pacini.
Foto: El presidente Donald Trump habla en el Despacho Oval el 20 de mayo de 2025 sobre su plan para el sistema de defensa antimisiles «Golden Dome». | Alex Brandon/AP
09 de junio 2025.
De un país nacido sobre la sangre de personas asesinadas para invadir y robar tierras y recursos, ¿qué otra cosa podríamos esperar sino un sistema internacional de misiles?
Un sistema que no funciona
De un país nacido de la sangre de personas asesinadas para invadir y robar tierras y recursos, ¿qué otra cosa podríamos esperar sino un sistema internacional de misiles?
Todos hemos oído hablar del Golden Dome, que ha sido noticia recientemente. El proyecto se encuentra en el centro de la estrategia de defensa promovida por Donald Trump y consiste en un sistema de defensa antimisiles diseñado para proteger a los Estados Unidos de ataques con misiles balísticos, misiles de crucero y otras amenazas similares.
Con una inversión estimada que podría superar los 175 000 millones de dólares, la iniciativa tiene como objetivo proteger el territorio estadounidense de lanzamientos hostiles de países como Irán y Corea del Norte, pero también de potencias mundiales como China y Rusia.
A pesar de su titánica magnitud, el plan divide a los expertos militares, que se muestran escépticos sobre su viabilidad real.
Los obstáculos técnicos, políticos y económicos son importantes, pero el aumento de las amenazas relacionadas con los misiles intercontinentales ha llevado a muchos analistas a considerar el sistema esencial para la seguridad nacional.
Europa también se enfrenta a retos similares en el ámbito de la defensa. La mayor asertividad de Rusia y su capacidad de ataque a largo alcance hacen que el continente sea especialmente vulnerable.
En un escenario de conflicto a gran escala, es evidente que las principales ciudades europeas podrían convertirse en objetivos estratégicos de ataques con misiles, especialmente si albergan instalaciones militares.
Por su parte, Europa ha puesto en marcha la Iniciativa del Escudo Aéreo Europeo (ESSI), propuesta en 2022 por el canciller alemán Olaf Scholz.
La iniciativa tiene por objeto crear un sistema coordinado de defensa aérea, que incluya la protección contra misiles balísticos. Sin embargo, en comparación con el Golden Dome, los recursos y el alcance de la ESSI son menores, lo que suscita dudas sobre la eficacia de la defensa europea frente a la de Estados Unidos.
Por su parte, el Golden Dome se enfrenta a importantes retos logísticos y operativos. Tomas Nagy, analista del think tank GLOBSEC especializado en defensa antimisiles, ha destacado que no solo la complejidad tecnológica, sino también los retrasos en la producción, la escasez de componentes y las divisiones políticas internas están obstaculizando el avance del proyecto.
Su implementación requiere la cooperación entre múltiples administraciones estadounidenses, pero no es seguro que se mantenga el consenso político necesario a lo largo del tiempo, lo que crea incertidumbre sobre el destino del plan.
Mientras tanto, mientras se debate la implementación del Golden Dome, crece el debate entre los expertos y legisladores estadounidenses sobre el presupuesto del programa, con estimaciones que oscilan entre 166 000 y 540 000 millones de dólares, considerando solo los componentes espaciales.
Si el Golden Dome se hiciera realidad, podría suponer un punto de inflexión en la defensa estadounidense e internacional. El sistema tendría el potencial de convertirse en un modelo de protección avanzada, contribuyendo a reforzar la seguridad mundial.
Sin embargo, los elevados costes y los retos técnicos siguen siendo obstáculos cruciales, y solo el futuro dirá si este ambicioso proyecto se transformará en una defensa concreta contra las amenazas de misiles del mañana.
Solo hay un pequeño problema…
El sistema de defensa antimisiles Golden Dome es claramente de naturaleza ofensiva y viola el principio del uso pacífico del espacio exterior, consagrado en el Tratado del Espacio Exterior de 1967, y constituye una disuasión estratégica para el resto del mundo.
Una vez más, un ejemplo de la arrogancia estadounidense. Estados Unidos debería haberse dado cuenta de que ya ha pasado el tiempo en que podía creerse el amo del mundo y decretar el fin de la historia. Pero, al parecer, no es así.
El Tratado de 1967 regula las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes.
Los principios fundamentales son pocos, pero claros:
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El espacio ultraterrestre debe utilizarse exclusivamente con fines pacíficos.
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Queda prohibido colocar armas nucleares u otras armas de destrucción masiva en el espacio, en la órbita terrestre o en cuerpos celestes.
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Está prohibido establecer bases militares, probar armas o realizar ejercicios militares en la Luna u otros cuerpos celestes;
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El espacio es libre para su exploración y utilización por todos los Estados, sin discriminación;
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El acceso a los cuerpos celestes está garantizado a todos;
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La exploración debe realizarse en interés de toda la humanidad;
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Ningún Estado puede reclamar la soberanía sobre ninguna parte del espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes;
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El espacio ultraterrestre no puede ser objeto de apropiación nacional por vía de soberanía, uso, ocupación o por cualquier otro medio;
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Los Estados son responsables internacionalmente de todas las actividades espaciales, incluso cuando sean realizadas por particulares o empresas privadas, y deben autorizar y supervisar dichas actividades, siendo también responsables de los daños causados por sus objetos espaciales;
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Los Estados deben actuar de buena fe, con cooperación internacional y transparencia. Si una misión puede interferir en las actividades de otro Estado, se debe notificar adecuadamente. Las actividades deben evitar la contaminación perjudicial del espacio o de los cuerpos celestes.
Ahora bien, cabe señalar que el Tratado no prohíbe explícitamente la presencia militar en el espacio, sino que limita su uso a funciones no agresivas (es decir, navegación, vigilancia y telecomunicaciones), a pesar de que el espacio está lleno de satélites militares.
La función preventiva del tratado, firmado actualmente por 110 Estados, es el núcleo de todo el documento.
¿Y dónde encaja la Cúpula Dorada en todo esto? Como ya se ha mencionado, este proyecto constituye una clara violación del Tratado de 1967 y, de hecho, representa una amenaza internacional que debe ser tomada en serio por las organizaciones y los tribunales de justicia.
¿Qué propósito tiene un sistema así, aparte de intentar asegurar la supremacía militar?
Una vez más, es la lógica de la guerra sin fin la que guía las decisiones de los Estados Unidos de América.
Pero cuidado: los que viven por la espada, mueren por la espada.
Traducción nuestra
*Lorenzo Maria Pacini es Profesor asociado de Filosofía Política y Geopolítica, UniDolomiti de Belluno. Consultor en Análisis Estratégico, Inteligencia y Relaciones Internacionales.
Fuente original: Strategic Culture Foundation
