ISRAEL ADVIERTE A IRÁN EN EL LÍBANO: «O PARAN LAS PROVOCACIONES O AUMENTAREMOS LA PRESIÓN». Elijah J. Magnier.

Elijah J. Magnier.

Foto: Un dron israelí atacó un vehículo que circulaba por la carretera que une la aldea de Zefta con la región de Al-Numairiyah, en el sur del Líbano, el 09 de junio de 2025 (Foto: red social X)

09 de junio 2025.

En los próximos meses, todas las partes se enfrentarán a decisiones cruciales. Para Israel, el reto es mantener la disuasión sin empujar a Hezbolá a una guerra abierta. Para Hezbolá, sus líderes deben decidir cuánto tiempo pueden absorber las pérdidas sin erosionar su credibilidad. Para Irán, preservar su red de delegados y evitar al mismo tiempo una escalada con Israel es un delicado juego de equilibrio.


El reciente bombardeo israelí de la periferia sur de Beirut en vísperas del Eid al-Adha no fue el comienzo de una nueva guerra, sino un mensaje deliberado a Irán: cualquier intento de desestabilizar las fronteras entre el Líbano e Israel o entre Siria e Israel desencadenará consecuencias desproporcionadas en el Líbano.

Este ataque fue provocado por dos cohetes ciegos lanzados desde Siria sobre los Altos del Golán ocupados por Israel. Aunque los cohetes cayeron sin causar daños, la respuesta de Israel fue rápida y desproporcionada.

Los cohetes fueron reivindicados por una milicia poco conocida, la de Uli Al-Ba («Portadores de la Fuerza»), cuyos emblemas se asemejan mucho a los del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y de Hezbolá.

Esta medida ha señalado a Israel que Irán mantiene su influencia en el Levante a pesar de las graves dificultades: el fin inesperado del Gobierno de Bashar al-Assad, la interrupción de los corredores logísticos para Hezbolá y la reducción de su poder en la región.

Una historia reciente de escalada (2023-2024)

Desde finales de 2023, la frontera entre Israel y el Líbano ha sido un punto crítico. Hezbolá intervino en el conflicto de Gaza en solidaridad con Hamás, lanzando ataques transfronterizos y provocando una respuesta militar israelí aplastante.

Este ciclo culminó en la guerra de 2024, en la que las fuerzas israelíes atacaron la infraestructura de mando y el liderazgo de Hezbolá.

La guerra alteró radicalmente el equilibrio de poder. Los ataques aéreos israelíes eliminaron a figuras clave, entre ellas el secretario general Sayyed Hassan Nasrallah, su sucesor Sayyed Hashem Safieddine y el posible futuro secretario general Sheikh Nabil Qaouq.

Las fuerzas de Hezbolá fueron rechazadas al norte del río Litani, un objetivo israelí desde hace mucho tiempo. Aunque se ha producido un alto el fuego, su duración aún está lejos de respetarse.

El alto el fuego de noviembre de 2024, mediado por negociadores internacionales, tenía por objeto estabilizar la frontera. Las fuerzas israelíes se retiraron al sur del Litani, pero mantuvieron una amplia zona de amortiguación, mientras que Hezbolá retiró en gran parte a sus combatientes. La FPNUL y el ejército libanés se encargaron de supervisar su cumplimiento, pero no tenían poder de ejecución.

Sin embargo, este acuerdo está plagado de violaciones. Las fuerzas israelíes han llevado a cabo más de 3500 ataques aéreos y operaciones de reconocimiento más allá de los límites acordados. Israel mata casi a diario a un agente de Hezbolá, sin tener en cuenta el alto el fuego ni ningún límite.

Las tensiones estallaron con los ataques de Eid al-Adha. Aviones israelíes lanzaron 23 ataques aéreos contra la periferia sur de Beirut, los más violentos desde el alto el fuego. Los daños fueron graves, lo que obligó a cientos de familias a desplazarse y agravó la crisis humanitaria en el Líbano.

El cambio estratégico de Israel

La guerra de 2024 agotó gran parte de la “lista de objetivos” israelí de sitios preidentificados de Hezbolá.

Ahora, la inteligencia israelí está reconstruyendo esta lista, tratando —pero obviamente sin éxito— de localizar nuevos depósitos de armas, rutas de contrabando, bases y movimientos de los comandantes de Hezbolá.

Los dirigentes israelíes, en particular el primer ministro Benjamin Netanyahu, están decididos a mantener la presión militar. La posición política interna de Netanyahu está en parte ligada a su capacidad para proyectar su fuerza contra Hezbolá e Irán.

Poner fin a las operaciones militares demasiado pronto podría hacerle vulnerable en su país y exponerlo a interrogatorios por sus fracasos y los casos de corrupción.

Diplomáticamente, Israel ha rechazado las propuestas de Estados Unidos de retirarse de los territorios libaneses ocupados recientemente. El Gobierno de Netanyahu considera estos avances como un botín de guerra, dada la escasa propensión de Hezbolá a desencadenar otra guerra.

El papel y la resiliencia de Irán

Irán sigue siendo el principal benefactor de Hezbolá, al que proporciona cada año cientos de millones de dólares en financiación, armas y entrenamiento, a pesar del cierre de la principal vía logística de Hezbolá a través de Siria.

De hecho, con los corredores logísticos sirios interrumpidos, Irán recurre cada vez más a métodos clandestinos. Los servicios de inteligencia israelíes han informado de un aumento de la actividad en el aeropuerto de Beirut, donde presuntos agentes iraníes transportan componentes de armas y dinero.

El cálculo de Irán es doble: mantener la capacidad de disuasión de Hezbolá y evitar una guerra directa con Israel. Teherán considera a Hezbolá un aliado vital: garantizar su supervivencia es una prioridad absoluta.

Desde su fundación en 1982, Hezbolá ha equilibrado la resistencia militar con la legitimidad política. Hoy en día, sus líderes se enfrentan a una presión inmensa.

Tras haber perdido figuras destacadas e infraestructuras clave, Hezbolá está adoptando una estrategia de resistencia en lugar de represalias inmediatas.

Esta estrategia está en consonancia con el consejo de Teherán. Irán ha instado a Hezbolá a absorber las pérdidas a corto plazo, al tiempo que reconstruye su capacidad de disuasión a largo plazo.

Sin embargo, la paciencia entre los partidarios de Hezbolá se está agotando. Muchos consideran que los continuos ataques aéreos de Israel son una afrenta a la soberanía del Líbano y una prueba para la credibilidad de Hezbolá.

Los debates internos se están intensificando. Algunas voces dentro de Hezbolá presionan para que se dé una respuesta más contundente, argumentando que una moderación continuada podría erosionar el apoyo público y envalentonar a Israel. Los líderes deben gestionar esta tensión con cuidado.

La crisis humanitaria en el Líbano se agrava

Los civiles libaneses están soportando el peso de este conflicto. Más de 1,4 millones de personas se han visto desplazadas durante la guerra de 2024. Aunque muchas han regresado gracias al alto el fuego, los últimos ataques israelíes han desplazado a otros cientos.

La economía libanesa ya está colapsada. El Gobierno es incapaz de prestar los servicios básicos.

Hezbolá y sus partidarios iraníes están financiando ahora alojamientos temporales, asistencia sanitaria y educación para las familias desplazadas, lo que supone una carga financiera cada vez mayor.

Esfuerzos diplomáticos internacionales

Estados Unidos, Francia y las Naciones Unidas siguen promoviendo la estabilización, pero sin adoptar ninguna medida contra la violación del alto el fuego por parte de Israel y los continuos bombardeos del Líbano.

Por lo tanto, su influencia está disminuyendo. Israel está llevando a cabo su agenda de seguridad sin tener en cuenta la mediación internacional. Irán sigue rebelde, reacio a reducir su apoyo a Hezbolá.

El Gobierno libanés es demasiado débil para hacer cumplir los términos del alto el fuego.

El ejército libanés ha amenazado con retirarse de los comités de supervisión si continúan las violaciones israelíes. Pero sin una fuerte presencia estatal, Israel continuará su campaña de bombardeos, con o sin la colaboración del ejército libanés.

El papel de la FPNUL es limitado. Su mandato no permite una aplicación rigurosa, lo que deja lagunas que ambas partes aprovechan. El riesgo de errores de cálculo sigue siendo elevado.

Además, la renovación del mandato de la FPNUL parece llegar a su fin. Tanto Israel como Hezbolá consideran que las fuerzas de la ONU son inútiles.

Para Israel, estas fuerzas obstaculizan a sus fuerzas de ocupación y el ejército israelí prefiere ocupar las alturas y los puntos estratégicos bajo el control de las fuerzas de la ONU.

Para Hezbolá, las fuerzas de la ONU nunca han impedido a Israel ocupar ninguna posición ni invadir el Líbano. Además, las fuerzas de la FPNUL han sido consideradas como ojos adicionales (espías) al servicio de Israel.

Por lo tanto, la presencia del observador de la ONU en el sur del Líbano parece estar en peligro, pero es muy probable que no sea echada en falta por ninguna de las dos partes.

Equilibrio peligroso

La situación actual es un equilibrio inestable. Israel está llevando a cabo una campaña de desgaste, con el objetivo de debilitar las capacidades de Hezbolá atacando viviendas civiles, pero sin desencadenar una guerra a gran escala. Hezbolá está ejerciendo una paciencia estratégica, pero se enfrenta a una presión cada vez mayor para reaccionar.

Ambas partes están inmersas en un peligroso juego de riesgo calculado. La incógnita crucial es dónde están las líneas rojas de Hezbolá y cuánto tiempo puede esperar su represalia.

Si los ataques israelíes mataran a más figuras destacadas o destruyeran un gran número de viviendas civiles, Hezbolá podría sentirse obligada a reaccionar. Esto podría degenerar rápidamente en un conflicto más amplio.

Por el contrario, si Hezbolá exagerara su respuesta, Israel está dispuesto a intensificar drásticamente los ataques, posiblemente apuntando a infraestructuras clave del Líbano. El coste humanitario de una escalada de este tipo sería devastador.

Conclusión

El mensaje de Israel a Irán y Hezbolá es claro: cualquier intento de reabrir un frente septentrional se encontrará con una respuesta contundente contra los chiítas del Líbano.

Irán, a través de Hezbolá, trata de mantener la disuasión evitando la confrontación directa. La propia Hezbolá está caminando sobre la cuerda floja, equilibrando las presiones internas con la cautela estratégica.

La cuestión más amplia es si este frágil equilibrio puede mantenerse y durante cuánto tiempo. Con cada nuevo ataque y contraataque, aumenta el riesgo de errores de cálculo.

La diplomacia regional sigue estancada. El sistema político libanés está paralizado. La capacidad de las Naciones Unidas para imponer la paz es prácticamente nula.

En los próximos meses, todas las partes se enfrentarán a decisiones cruciales. Para Israel, el reto es mantener la disuasión sin empujar a Hezbolá a una guerra abierta. Para Hezbolá, sus líderes deben decidir cuánto tiempo pueden absorber las pérdidas sin erosionar su credibilidad. Para Irán, preservar su red de delegados y evitar al mismo tiempo una escalada con Israel es un delicado juego de equilibrio.

En última instancia, la siguiente fase dependerá de la capacidad de mantener la calma o de un error de cálculo que podría desencadenar otra guerra devastadora en la región.

Traducción nuestra


*Elijah J. Magnier es un veterano corresponsal en zonas de guerra y analista político con más de 35 años de experiencia cubriendo Oriente Próximo y el Norte de África (MENA). Está especializado en la información en tiempo real sobre política, planificación estratégica y militar, terrorismo y contraterrorismo; su gran capacidad analítica complementa sus reportajes.

Fuente original: Blog Elijah J. Magnier

Fuente tomada: Giuebbe Rosse News

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