Conversación con Claudio Katz acerca de su libro: “AMÉRICA LATINA EN LA ENCRUCIJADA GLOBAL”. Presentación de Martín Martineli, moderación de Gustavo Keegan y Alan Rebottaro y transcripción de Valentina Taberna.
Imagen: OTL
15 de noviembre 2024.
Resistir a Estados Unidos, negociar con China, recomponer la unidad latinoamericana, querer la unidad latinoamericana en la trayectoria del proyecto bolivariano: ese es el programa viable para nosotros, pero para ¿quién de nosotros? Para los sujetos populares, no para América Latina como bloque sino para los pueblos, pero para eso hay que actuar, tener programa propio, proyecto político y avanzar hacia un proyecto emancipatorio…
Charla con Caludio Katz junto a Martín Martinelli como presentador, con la moderación de Gustavo Keegan y Alan Rebottaro, en I Congreso Internacional de Geografía Política, Observatorio Geohistórico, Universidad Nacional de Luján, 4 de noviembre de 2024.
Ver la charla completa aquí:
Martín Martinelli
Claudio es uno de los intelectuales más destacados de América Latina.
El libro que presenta hoy es resultado de investigaciones hechas durante décadas, pero también basado en investigaciones recientes. En los últimos años se ensambló con otra de sus obras, La crisis del sistema imperial de 2023. Ambos libros son de lectura necesaria para entender lo que hoy plantea Claudio y giran en torno a aspectos políticos, geopolíticos, económicos y de los proyectos sociales en pugna.
En América Latina en la encrucijada global, en particular, postula el estudio de la coyuntura desde una raíz histórica pero no desde un lugar intelectual y académico sino como un desarrollo de herramientas para movilizaciones u organizaciones para la lucha.
Por lo tanto, el libro tiene una estructura que, planteada en cinco partes, va desde lo general a lo coyuntural, pero con una mirada ‘desde abajo’ en el marco de las luchas políticas con ese otro ‘desde arriba’.
En este marco, en la primera parte se desarrolla el análisis de los poderes de la actualidad: el auge y el ocaso de la Doctrina Monroe y cómo cobra relevancia renovada América Latina en el tablero mundial mientras el rol económico de China en esta región es cada vez más fuerte y crea un nuevo escenario de competencia entre Estados Unidos y China.
La segunda parte y la tres siguientes tienen que ver con los posicionamientos políticos que giran en torno al neoliberalismo, al fascismo, al imperialismo que va a profundizar en la aparición de la ‘nueva derecha’ que es, en realidad, la derecha de siempre con otros ropajes que se externaliza en nuevas formas de violencia que el capitalismo impone para esconder su carácter, justamente, capitalista.
En la cuarta parte del libro trabaja sobre los debates que subsisten en la izquierda con tres casos paradigmáticos: Bolivia, Nicaragua y Venezuela con paradigmas más de izquierda y menos progresistas, a lo que se suma un cuarto caso que es Cuba con un bloqueo de más de seis décadas.
Estas ideas se completan en la quinta parte al cerrar el círculo trabajando sobre las nuevas formas de resistencia popular luego de los ciclos progresistas de 1999 a 2014 y otra desde 2019. De allí en adelante, además de diferentes movilizaciones acompañado los planteos teóricos que son fundados en casos económicos y políticos específicos, pero también respaldados en una visión cultural donde se plantea la cuestión de la integración, la soberanía y el socialismo.
Son temas fundamentales para analizar América Latina donde Claudio incorpora los conceptos de primarización y balcanización para describir el intento de mantener a los países separados, imposibilitando las alianzas frente al reconfiguración del mundo. Y en esto tiene que ver la experiencia del sudeste asiático donde hubo una acelerada industrialización, mientras Europa y Estados Unidos se mantienen estancadas y América Latina al margen de todos esos desarrollos.
El apéndice del libro es la actualización y puntualización de lo que está sucediendo en Argentina respecto del gobierno actual. Todo el panorama está asociado con sus trabajos anteriores donde analiza la “crisis del sistema imperial” yendo más allá de las discusiones y los debates sobre las acciones de China en el Sur Global comparadas con las políticas de Estados Unidos. La discusión de los conceptos que desarrollará Claudio resulta necesaria para entender el declive relativo de la hegemonía de Estados Unidos y, con ellos, de Occidente, y el ascenso chino.
Claudio Katz
Lo que voy a hacer es una presentación de los conceptos que hay en el libro, más que del contenido. No les voy a contar lo que dice el libro, para eso hay que leerlo, pero sí les voy a decir en qué me baso para sostener el libro.
El punto de partida es que hay una idea, más o menos general y dominante, según la cual América Latina se enfrenta a un escenario donde hay un Norte Global y un Sur Global. Hace treinta o cuarenta años atrás, América Latina enfrentaba al Primer Mundo, al Segundo Mundo y al Tercer Mundo. ¿Dónde estamos? Ninguna de las categorías tiene un sentido geográfico, por ejemplo, Australia está en el Norte Global y Marruecos en el Sur; alude a niveles de desarrollo.
Así, hoy el Norte Global supone también el proyecto unipolar, al comando de Estados Unidos, el FMI, el Banco Mundial mientras el Sur Global son las regiones desposeídas, pero ahora con nuevos proyectos de multipolaridad.
La idea general es que estamos viviendo una transición hegemónica, que el mundo está temblando en un declive del Norte Global y un ascenso del Sur Global y eso prepara un cambio total de los datos del planeta.
Entonces, en este mundo, ¿cuáles son los conceptos que están aquí? Yo hago un análisis en cuatro grandes temas que son la economía, la geopolítica, la política y los proyectos. Entonces, si vemos a América Latina frente a todo esto, la gran pregunta es ¿nos alcanza la idea de Norte Global- Sur Global-transición hegemónica o necesitamos otras nociones para entender lo que está ocurriendo? Y si necesitamos otras nociones, ¿cuáles son?
Empecemos con la economía. Es bastante evidente que América Latina está en el Sur Global, es una región periférica dentro de la división internacional del trabajo, típica del subdesarrollo con altos indicadores de pobreza, desigualdad, bajo crecimiento.
Podemos decir que en los últimos treinta o cuarenta años, las políticas neoliberales agravaron este derrotero que venía desde antes y el agravamiento fue en todos los terrenos: la primarización, el extractivismo, la regresión industrial, la especialización en los eslabones básicos de la cadena global de valor, la pesadilla financiera del endeudamiento, en la magnitud de las crisis y demás. Así, América Latina, junto con África y el grueso de Asia, tiene todas las desventuras económicas del Sur Global.
No obstante, si digo ‘desventuras económicas’ y ‘Sur Global’ no estoy explicando por qué sucede eso. A lo sumo, estoy describiendo. Para explicar debemos incorporar el concepto de ‘capitalismo dependiente’ porque en América Latina ocurren estas adversidades porque, dentro del capitalismo global, está inserto en las regiones que tienen una dependencia del Norte Global.
Esta es una primera explicación, pero dicho esto, tampoco explico por qué uno es dependiente y otro no; por eso en el libro incorporo una noción de economía política que es la ‘transferencia de valor’ y se trata de un conjunto de mecanismos por los cuales el funcionamiento corriente de una economía del Sur genera un proceso de traspaso de recursos hacia las economías del Norte.
Ahora bien, ¿cómo se produce este traspaso? A través de la explotación de la fuerza de trabajo como cuando se instala una empresa en Argentina donde los salarios son diez veces más bajos a lo que la misma empresa paga en el Norte, o los mecanismos de intercambio desigual a través del comercio, en el cual hay un beneficio en el que exporta manufacturas y en el que exporta materias primas y, por último, hay un dispositivo financiero en el que uno es acreedor y otro deudor.
Estos mecanismos de transferencia de valor se acentuaron en los últimos treinta o cuarenta años. El que niegue la existencia de esa transferencia de valor no puede explicar por qué se creó y perpetúa esa diferencia pues, si todas las economías crecen y se desarrollan ¿por qué unas mantienen el status de ‘desarrolladas’ y otras el de ‘subdesarrolladas’?
Tiene que haber algo en el proceso en el que todos crecen, al mismo ritmo o incluso creciendo más el Sur, pero igualmente la desigualdad persiste. En este marco, la única explicación se asocia a los mecanismos basados en que la mayor parte de lo que genera el Sur sale del Sur en forma de pago de deuda, por el comercio desigual, las inversiones, etc.
Con esto vemos que el punto no es que no hay generación de valor en todo el mundo, sino que hay una confiscación a través de mecanismos objetivos de traspaso de valores creados en las economías subdesarrolladas a las desarrolladas. Por lo tanto, en los últimos cuarenta años del neoliberalismo se acentuaron dos rasgos estructurales: que el Sur Global está signado por el capitalismo dependiente y el Norte está signado por la transferencia sistemática de valor.
En el plano económico se advierte por qué hay una adversidad pese a que formen parte del mismo sistema porque el capitalismo neoliberal no está en el Sur solamente sino en todos lados. Hay un sistema dentro del neoliberalismo que es adverso para las mayorías populares de todo el mundo, no sólo del Sur y ahora hay una sensación de ‘sociedad invertida’. Porque la derecha que está en auge pondera el capitalismo del Norte como si ese fuera el modelo benéfico para la mayoría de los países del Norte y eso no es así. Basta con observar que el capitalismo neoliberal es un capitalismo más globalizado, precarizado, financiarizado, digital, pero con desequilibrios infinitamente mayores que los del pasado.
Lo anterior se comprueba en que cuando estalla una crisis financiera, tiembla el mundo y no es como antes que ante una crisis quebraron algunos bancos o entidades financieras y listo. Lo que vimos en 2008 es que cuando hay una crisis financiera grande, los siete principales bancos del mundo se van a pique y, con ellos, el sistema capitalista. Por eso intervienen los Estados para socorrer a esos bancos, pero el costo del salvataje es la desigualdad, la precarización, la pobreza que sufren los países desarrollados a través del deterioro de los salarios y esta secuencia de gran inflación que está afectando a las economías desarrolladas.
El capitalismo neoliberal también es el cambio climático, es una tragedia para todos y cada vez más grave. Todos los días abrimos las noticias y vemos que algún lugar en el mundo se hundió. Hace poco lo vimos en Porto Alegre al igual que hace unos días sucedió en Valencia con un saldo de doscientos muertos.
Entonces, uno dice: ‘son doscientos muertos de la noche a la mañana’ y eso es el cambio climático, que ocurre porque hay un sistema donde la competencia por beneficios intensifica la carrera cueste lo que cueste y si para eso hay que destruir para abaratar costos, se destruye. Eso es el capitalismo: una competencia darwiniana carente de regulaciones, aunque si existieran se violan, para que haya beneficios de una compañía sobre otra compañía.
Veamos que cada vez que aparece un proyecto de ‘capitalismo verde’, de instaurar alguna norma o de crear criterios para preservar el medio ambiente, aparece un gobierno derechista que deshace las regulaciones, instaura el negacionismo climático. Ahora estamos diciendo ‘qué bueno Vaca Muerta’ pero como cualquier otra explotación petrolera, destruye el medio ambiente y cuando se inunde alguna región por completo, entenderemos el problema.
En este marco, algunos tienen la fantasía de que la inteligencia artificial nos dará, mágicamente, el programa que auto-resuelve. En realidad, la inteligencia artificial está creando un problema adicional al sistema porque todos los capitalistas están invirtiendo en eso, pero están generando una burbuja tecnológica muy grande porque cualesquiera sean los negocios que aparezcan con la inteligencia artificial, no alcanzan y la inversión va a desbordar la rentabilidad generando una burbuja como la que vimos tantas veces con otros casos.
Por eso, el sistema capitalista busca regulaciones permanentemente para contrarrestar estos desequilibrios, y para entender esto tenemos que tener que cuenta que el neoliberalismo no es un sistema estancado sino turbulento. Opera sin contención y por eso cada tanto tiene una crisis y luego viene la heterodoxia a poner regulaciones que deterioran la rentabilidad dando paso a la ortodoxia que quita las regulaciones y vuelve a suceder materializados en gobiernos más derechistas o progresistas, según el caso.
¿Por qué no logran armonizar al sistema? Porque no puede armonizarse dentro de un sistema capitalista que opera por competencia por beneficios surgidos de la explotación. Entonces, es incorregible porque genera todo tipo de desequilibrios: por momentos expande el consumo, por momentos lo contrae; hay poder de compra, pero luego reducción de venta; si se compite mucho, hay sobreproducción, pero si no lo hacen hay excedentes financieros.
El capitalismo genera este tipo de crisis, pero lo que genera es una estructura, una dinámica turbulenta de lo que los marxistas llamamos el ‘desarrollo desigual y combinado’. Se trata de una estructura en la cual el sistema es desigual, pero además, combina situaciones y el que pierde hace que otro gane decayendo uno sobre otro. El típico ejemplo del desarrollo desigual y combinado de la era actual es cómo China emergió del declive de Estados Unidos y otras economías centrales.
Sin embargo, se trata de un juego donde uno cae, otro sube, pero la estructura de centro-periferia-semiperiferia se mantiene. Hay muy pocos casos donde un país cambia de status: el que siempre fue periférico, seguramente seguirá periférico al igual que el que siempre fue central, aunque el que está en el medio puede ir cambiando.
Entonces, la estructura se mantiene, pero va modificándose en términos relativos generando esta redistribución del escenario económico donde vemos cambios muy grandes en los últimos cuarenta años dentro de los que se destaca la transformación de China, que fue de la semiperiferia a la centralidad, que hoy le disputa la hegemonía a Estados Unidos.
Del mismo modo, vemos estos cambios donde varias economías semiperiféricas como India o Turquía están ascendiendo mientras otras decaen como Argentina, Brasil o España en un proceso de remodelación general.
América Latina está en una encrucijada global que es cómo se ubica la región frente a este gran cambio de Norte y Sur Global que están en una transición hegemónica. Para entender la lógica de esa dinámica, necesitamos conceptos ordenadores para el razonamiento: capitalismo dependiente, transferencia de valor, capitalismo neoliberal, desarrollo desigual y combinado, centro-semiperiferia-periferia.
En este sentido, el libro que les presento tiene un cierto desarrollo de los problemas de la economía latinoamericana pero su abordaje está signado por el contexto actual. Si uno no mira todas esas pistas, no entiende de qué manera está cambiando el orden donde se ubica nuestra región.
El segundo tema del libro es la geopolítica y, en este sentido, América Latina ocupa un lugar en el Sur Global en tanto no se corresponde con los países dominantes sino con los dominados. En este marco, cuando hablamos de geopolítica la economía ya no nos alcanza porque el Norte es poderoso, obtiene transferencia de valor desde el Sur, pero para garantizar esa apropiación de recursos necesita un dispositivo político de dominación que son los que se evalúan en la geopolítica que estudia escenarios económicos sobre los cuales actúan los instrumentos de dominación.
No basta con ser una economía central para apropiarse de los recursos de la periferia. Para eso debe existir un organismo geopolítico e instituciones. América Latina está dominada desde siempre, especialmente desde los últimos dos siglos, por Estados Unidos. Esta dominación es evidente, basta ver el papel de las embajadas, de los ejércitos, de la OEA, el trato de ‘patio trasero’; es un dominado típico de Estados Unidos que necesita reafirmar esa dominación y mostrarla al mundo porque si no domina su propio patio, no puede disputar el poder hegemónico. Por eso, el sometimiento de América Latina es indispensable.
En este marco viene el concepto. No nos alcanza con decir que Estados Unidos y sus socios de Europa, de Australia, de Canadá, de Israel dominan al resto; necesitamos un concepto que explique cómo domina y esa categoría es ‘imperialismo’ que para la geopolítica es clave al igual que ‘capitalismo’ para la economía.
Así, si yo hablo de economía y no hablo de capitalismo, no entiendo de economía; si yo hablo de geopolítica y no hablo de imperialismo, no entiendo la geopolítica que es, en definitiva, relaciones de dominación.
¿Cómo se ejercen las relaciones de dominación sin un instrumento? El instrumento es el imperialismo.
En este sentido, de la misma manera que hablamos de capitalismo dependiente, capitalismo central, capitalismo neoliberal para la economía porque no alcanza el término ‘capitalismo’; cuando hablo de ‘imperialismo’ también tengo que precisar el concepto porque hubo imperios.
En la antigüedad existió Persia, Egipto, Roma, etc., que no es el de ahora; hubo un imperio informal en la época del ascenso victoriano de Gran Bretaña en el siglo XIX; hubo imperios pre-capitalistas que conquistaban el mundo: Francia, España en los siglos XIV, XV, XVI; y hubo un imperialismo clásico de principios del XX donde las grandes potencias rivalizaban por el control del mundo. El imperialismo no es eso, ninguno de esos, sino que es el imperialismo que surgió al final de la Segunda Guerra Mundial y es lo que denominamos ‘sistema imperial’.
¿Por qué lo denominamos ‘sistema’? Porque son varios imperialismos en disputa. No es Alemania yendo a la guerra con Inglaterra o Japón con Estados Unidos para disputar el mercado mundial, sino que es un sistema imperial uniforme que tiene a la cabeza a Estados Unidos junto a una serie de círculos asociados: el primer círculo es Europa, el segundo es Australia, Israel, Corea del Sur.
Se trata de una estructura jerárquica que tiene algunas instituciones sobre las cuales funciona: la OTAN cuyas acciones son decididas por el Pentágono, las acepta Europa y las ejecuta Israel. Eso es un sistema imperial y en la segunda mitad del siglo XX disputó con lo que se llamaba el ‘campo socialista’, pero cuando cayó la Unión Soviética se rearmo en la nueva realidad de los últimos treinta o cuarenta años.
Hay que advertir, también, etapas de auge y etapas de crisis. ¿Por qué estas etapas? En los años ‘50, ‘60, ‘70, Estados Unidos era la principal potencia bélica, pero también la principal potencia económica por lo que había una correlación entre ambas. Estados Unidos dominaba el mundo porque su economía lo permitía: tenía la mitad de la industria mundial, inversiones externas, acreedor financiero… ¿Qué ocurrió? El sistema geopolítico-militar-imperial se mantuvo tal cual, pero el peso económico empezó a decrecer. Entonces cambió por completo el sentido del sistema imperial porque ya no es reafirmar el poder de quien tenía el poder: poder económico, poder cultural, poder mediático, poder militar.
¿Qué pasa con la pérdida del poder económico sin desaparecer el poder militar? Aparece una crisis. La crisis de los últimos treinta o cuarenta años es una crisis imperial que es una estructura que domina al mundo, pero que ya no tiene la base económica con la cual dominaba al mundo en el pasado. ¿Qué hace ese sistema imperial para seguir dominando, entonces? Contrarresta la pérdida de poder económico con mayor poder militar y la explicación de las últimas guerras es esa.
¿Por qué Estados Unidos invadió Afganistán? Para controlar los recursos de Asia. ¿Por qué devastó Irak? Para controlar el petróleo en el mundo. ¿Por qué atacó Yugoslavia? Para controlar la zona de los Balcanes. Hace todo eso porque sufre un deterioro económico que compensa en el plano militar. El problema es que todas las guerras le salieron mal por lo que, en vez de resolver, agravó la crisis imperial.
Entonces, a modo de hipótesis, lo que hay que ver es que estamos frente a las últimas dos guerras del declive imperial y que pueden hacer que el escenario cambie por completo: la primer es la de Ucrania donde la OTAN está perdiendo aceleradamente y seguramente Rusia ganará; la segunda es referida a Israel que se largó a una guerra que no puede sostener porque una cosa es invadir Gaza y otra es enfrentarse a Gaza, Cisjordania, los hutíes en Yemen, invadir el Líbano y hacer una guerra de misiles con Irán.
Si vemos lo que ocurrió antes, Afganistán e Irak, el que periodo fue el sistema imperial generando una crisis porque Estados Unidos cuando tiene una guerra, descarga los efectos a los que tiene al lado y ¿cuáles son las dos potencias que sufren esas consecuencias inmediatamente? Europa y Japón que también están en declive económico permanente porque Estados Unidos descarta en ellos los costos de sus guerras fallidas.
Alemania, de ser la potencia que manejaba a la Unión Europea pasó a un declive acelerado porque Estados Unidos la obligó a suspender la compra de petróleo barato a Rusia, por lo cual sostenía su productividad. Lo mismo sucedió con Japón hace unos años por las mismas razones.
De la misma manera que Estados Unidos arremete, pero pierde, en su patio trasero arremete y pierde. Desde hace dos décadas dice a América Latina lo que debe hacer mientras impone políticas económicas de todo tipo, de forma subyacente China le va sacando un mercado tras otro. En los últimos veinte años China creció de forma sin antecedentes, no se vio en los últimos doscientos años que una potencia le haya sustraído tantos mercados a la potencia dominante como lo hizo China a Estados Unidos en América Latina. En el libro esto está al detalle y explicó cómo fue ese proceso que tiene como eje que Estados Unidos es la cabeza de un sistema imperial en declive y está disputando, a través de la acción bélica, con otros que están ascendiendo. La acción bélica, como última instancia, lo deja en el peor de los mundos si falla y eso es lo que está sucediendo en el mundo y en América Latina.
Esto que expliqué es intuitivamente evidente, pero lo que no está tan claro es qué pasa en el otro costado, el Sur Global.
Podemos decir que Estados Unidos es imperialismo, es Norte Global, en crisis; eso está claro, pero ¿el Sur Global es antiimperialista? ¿Qué es el Sur Global? ¿La palabra ‘antiimperialismo’ le cabe?
En principio, no le cabe. Al ser un término que no la define, entonces uno de los problemas más complejos del momento actual. ¿Cómo definir, en términos geopolíticos, al Sur Global? Esto todavía no tiene respuesta; no la tengo yo, pero no la tiene ningún pensador.
Sin embargo, así como nadie dudaría que definir al Norte Global es sencillo en términos de imperialismo; es difícil caracterizar al Sur Global.
El Sur Global es complicado de definir porque es todo lo que no es el Norte y ello, ¿Qué es? China, Rusia, Turquía, India, los BRICS, América Latina, África, Asia… ¿Qué es todo eso? ¿Se puede conceptualizar en algo? No porque tienen situaciones internas muy heterogéneas desde el punto de vista geopolítico y esa heterogeneidad es más compleja del punto de vista económico.
¿Qué hay en ese paquete? Tenemos una gran potencia en ascenso que es China que es una potencia central desde el punto de vista económico, de eso no hay dudas porque sino no podría disputar con Estados Unidos la hegemonía del mundo. Si China fuera potencia periférica, no tiene sentido hablar de disputa.
Sin embargo, China no es un país imperialista porque no invadió ningún país, no tiene bases militares en ningún lado, no despacha tropas, no hay embajadas chinas haciendo golpes de estado. Es una potencia que no interviene en el plano geopolítico militar; sólo hace negocios apostando a largo plazo. Entonces, se trata de una economía central pero no es una potencia imperialista.
El segundo elemento es Rusia que es una economía semiperiférica que tiene una ventaja comparativa de productividad en los armamentos, no más que eso. No tiene una industria floreciente, ni servicios florecientes como tampoco empresas tecnológicas.
Pero sí tiene petróleo. Sin embargo, en el plano geopolítico es término medio porque Rusia es acosada pero también acosadora, porque Estados Unidos presiona poniéndole misiles cerrándola y Rusia avanza e invade, tiene una base militar en Siria: Así, Rusia es un imperio no hegemónico en gestación o cualquier definición intermedia que se les ocurra.
Por último, tenemos otras situaciones como Turquía que despacha tropas en su radio regional donde actúa como buscando reconstituir el viejo Imperio Otomano, no cabe duda. Es una economía intermedia como la India que también actúa con ejercicio de fuerza, al contrario de Brasil, Sudáfrica o Corea del Sur. Entonces, en todo ese paquete de intermedios tenemos situaciones económicas y geopolíticas muy diversas en las cuales, por supuesto, está todo el Sur y esto es una gran diferencia con la época del primer, segundo y tercer mundos porque el Sur Global no es antiimperialista sino una combinación de situaciones heterogéneas.
En dicha combinación de situaciones heterogéneas hay mucho para dilucidar. En principio, hay un tema geopolítico en el cual América Latina es una región dependiente frente a un Norte que, dominado por el imperialismo, combina situaciones diversas que podríamos decir que es el reflejo de un entramado en disputa en pleno desarrollo donde no cabe dudas de que es ajeno al sistema imperial, pero por esto mismo, América Latina se ubica junto a África y a Asia pero no junto a China y a Rusia. Es decir, está más próximo a los que están abajo que de los que están arriba en ese bloque.
Como tercer tema que invito a pensar no es geopolítico sino político. ¿Cuál es la diferencia? La política ya no alude a cómo se posicionan las diferentes potencias en el manejo de la dominación global, sino que se trata de los lineamientos tradicionales a escala nacional o global en términos de ‘derecha’, ‘izquierda’, ‘centro’, las formas más conocidas.
¿Qué tenemos en la última década en la política mundial? Un dato que orienta todo es el ascenso general de la derecha y la ultraderecha. Así como en otros terrenos hay datos dominantes, en el largo periodo neoliberal tenemos un imperio neoliberal conservador y neoliberal clásico que en los últimos diez años muestra la pujanza de la ultraderecha como elemento dominante en el mundo.
En el libro hay muchos capítulos sobre eso donde, especialmente, analizo la peculiaridad de la derecha latinoamericana enfatizando en Bolsonaro, en Milei. Desde el punto de vista conceptual, ¿por qué sube la derecha? Con esta pregunta nos distanciamos de cada caso concreto y, para resolver, propongo cuatro razones.
La primera es que se produjo una penetración ideológica neoliberal de largo plazo en los sectores populares que permitió que ahora la derecha avance.
En cuarenta años se fueron haciendo cosas: privatizaciones, discursos que enfatizaban en que el Estado no sirve. Todo lo que fue penetrando es neoliberalismo clásico que es facilitado por momentos de insatisfacción popular que legitima la destrucción total del Estado, pero ¿quién generó esa idea? Muchos años de neoliberalismo. Eso fue preparando lo que vino después que es nuestro ahora.
Una segunda razón es la autotransformación de la ultraderecha.
Históricamente, la derecha era una elite de minorías de grupos reaccionarios con lejanía del sector popular y se convirtió, por su propia acción desde que capturó el control de las redes sociales, en un actor activo que buscó un nexo con el mundo popular.
El tercer elemento a tener en cuenta es que la ultraderecha fue lucrando con cierta adversidad de los resultados de las luchas de clases en las últimas décadas.
No terminaron bien las grandes peleas: la primavera árabe terminó en tragedia, la lucha en Europa de los griegos y españoles no tuvieron resultados exitosos, el movimiento mundial del ambientalismo y del feminismo tampoco prosperaron. La derecha, por su parte, arrancó una contraofensiva.
El cuarto elemento es la continuada debilidad de la izquierda.
Uno podría preguntar ¿por qué ante el fracaso del neoliberalismo no lo captó la izquierda? Esto es porque la izquierda quedó en una situación mal parada por varias razones dentro de las que se destaca el efecto de largo plazo de la caída de la Unión Soviética, que fue mucho mayor de lo esperado y afectó a la conciencia socialista, así como el debilitamiento de la clase obrera como estructura cohesionada por su fragmentación a través de la precarización.
Del mismo modo, podemos citar el agotamiento de experiencias políticas que fueron positivas pero que generaron desengaños.
Todo eso condujo a la ultraderecha y en el libro dedico un capítulo a la explicación de por qué, en mi opinión, no se trata de fascismo clásico sino un neofascismo o protofascismo por la idea del autoritarismo reaccionario.
En realidad, es eso: autoritarismo para vaciar a la democracia de contenido y reaccionario porque levanta estandartes del pasado: el hombre dominante- mujer sometida o revalorizar al nacionalismo más primitivo, por ejemplo.
¿Cuál es la singularidad de la derecha latinoamericana frente al círculo progresista? En el libro analizo eso, pero no sólo por qué la derecha avanza sino también planteo cómo resistir y ganar a esa derecha.
El libro no es un mero diagnóstico, sino que explico por qué mi opinión se puede verificar en situaciones donde la derecha perdió: Venezuela, Bolivia, Francia, México. Esto no es un fenómeno inevitable, no es un tsunami, sino una lucha política y dependerá de cómo se planta la izquierda frente a la derecha.
Así, si la izquierda hace todo lo que hizo el progresismo en las últimas décadas, la derecha seguirá ganando: si se repite un Alberto Fernández, tendremos Milei para rato. No hay secreto en esto, por eso, el fenómeno clave a analizar es qué va a pasar con la derecha y cómo se la puede combatir.
En este marco, quiero mencionar un problema más conceptual o más problemático. De la misma manera que vemos el Norte y Sur Global, tenemos imperialismo, pero no hay antiimperialismo porque la derecha está en todos lados, no sólo en el Norte.
Entonces hay gobiernos de derecha en todos lados, aunque el Tercer Mundo esté identificado con la izquierda, el antiimperialismo o el nacionalismo revolucionario, pero en la actualidad la ‘izquierda’ y ‘derecha’ global no está separado así.
Tenemos derecha con Trump, con Meloni, con Le Pen y del mismo modo tenemos derecha acá con Milei, Bolsonaro, Orban. Entonces, de nuevo, no basta la idea Norte-Sur Global para definir políticamente.
El devenir político depende de lo que hacen los sujetos. Más aún, la derecha trabaja globalmente y todavía los antiderechistas no trabajamos globalmente.
Ellos hacen congresos todos los años; acá viene gente de Abascal del Vox, viene Bolsonaro. Actúan a nivel regional y global sin dividirse entre Norte y Sur Global. De hecho, Milei está fascinado con Trump.
El último tema son los proyectos porque Norte y Sur Global también están asociados de manera normativa a la idea de un futuro. Sería una transición hegemónica donde el Norte sería lo unipolar y autoritario y el Sur Global sería la multipolaridad, la diversidad, la repartición, mejoras, menor desigualdad.
Sin embargo, esta idea hay que tomarla con cuidado admitiendo que si América Latina se junta con el Sur Global vamos bien porque va a haber multipolaridad y que, si nos quedamos con el Norte global, nos va a ir mal. Es complicado porque hay una parte que es cierta: si América Latina se queda con Estados Unidos, no hay futuro, pero la idea de que sólo optando por lo otro tendremos un proceso diferente es cuestionable porque hay una unipolaridad opresiva pero también puede haber una multipolaridad opresiva.
¿Cuál es la diferencia entre ‘multipolar’ y ‘unipolar’? Es el grado de concentración de poder. No nos habla del tipo de estructura para las mayorías populares. El unipolarismo nos indica que uno domina y el multipolar habla de un poder distribuido que, si se distribuye con el mismo régimen social y político, será una multipolaridad opresiva y desigual para los sectores populares como lo es en la actualidad. Entonces, conviene razonar las cosas de otra manera.
Aquí toma cuerpo la idea de que el mundo seguirá el siguiente curso: caerá Estados Unidos y la unipolaridad, se expandirá la multipolaridad y habrá sucesiones hegemónicas siguiendo la lógica de auge y declive de las potencias. Así, se dispersará el poder mientras una potencia, China, cobrará fuerza empezando a rodearse de otros núcleos y terminarán forjando estructuras imperiales sustitutivas o un poder más disperso y distribuido.
Sin embargo, los problemas principales de este razonamiento se basan en la presuposición de cursos históricos predeterminados porque supone que la historia de la humanidad está determinada por códigos previamente establecidos. Si esto fuera así, nosotros en lugar de ser sujetos seríamos autómatas de una fuerza que guía el curso de la sociedad, pero ¿cuál es esa fuerza que empuja a una sustitución/transición hegemónica? ¿Es un camino inexorable de la economía? No, porque los artífices de la economía son sujetos. Si hay creencia en formas de fuerzas extranaturales o en una creencia mística o una fuerza económica invisible o, a la manera hegeliana, en un rol omnipresente del Estado. En cualquier caso, se trata de suponer que hay algo que está guiando, pero lo que no se dice que esa guía son hombres que conforman grupos dominantes en torno a grupos dominados.
Entonces, estamos hablando de que hay clases dominantes que definen el curso de las clases dominadas; lo que está diciendo es que la sociedad va a ir en un camino si las clases dominantes, al servicio de sus intereses, guían el rumbo de las fuerzas dominadas que no tienen posibilidad de definir su destino. ¿Puede ocurrir lo contrario? Sí, cuando las fuerzas populares dicen ‘no’ y quieren decidir sobre su futuro, quieren actuar y ser sujetos del curso que adopte la sociedad.
En ese caso, se razona el futuro no sólo en términos conceptuales sino con lógicas. En una época dominaba la economía entonces con un razonamiento económico, se llegaba a algo, pero cuando apareció la geopolítica como disciplina, empezó a decir que la economía está interrelacionada con la lógica geopolítica y de esa combinación se define el curso de la sociedad. Eso mejoró mucho la simplificación previa, pero se olvidó de que, junto con la economía y la geopolítica, también está la política. La política es la acción de los grupos dominantes y de los dominados; hay una política por arriba y una política por abajo. Es decir, una política ejercida como acción consciente por las fuerzas populares define el rumbo de la historia y si ese rumbo, por lo tanto, queda sujeto a lo que hagan los pueblos entonces no sabemos lo que va a pasar en la historia. Es así de sencillo.
¿De qué depende? De lo que haga el pueblo y hará lo que quiera o pueda hacer con todos los condicionantes que hemos detallado, no actúa en el aire sino en un mundo donde hay capitalismo dependiente, transferencia de valor, imperialismo, antiimperialismo. Todo eso existe y en ello los sujetos populares pueden o no actuar. Si actúan a favor de sus intereses, seguramente apuntará a algún beneficio para las mayorías populares, pero si no actúan, las fuerzas dominantes serán las fuerzas dominantes clásicas e impondrán un curso para la humanidad que sustituirá una forma de dominación por otra forma.
Traducido para América Latina, el libro plantea que la región con sus sujetos populares puede tener un proyecto propio que transitaría por tres rumbos: poner un límite, resistir y luchar contra el imperialismo estadounidense; esto se hace sí o sí para recuperar soberanía.
Lo segundo es que, si quiere actuar a escala global, debe re-negociar en otros términos con China porque de la forma en que se está haciendo son muchos beneficios para la inversión china y puro extractivismo de recursos naturales. Por último, en tercer lugar, si América Latina quiere apuntar a algún lugar en la unipolaridad, multipolaridad o en alguna estructura, tiene que actuar como bloque porque Nicaragua, Bolivia, Argentina o Chile no pueden tener voz en el mundo si no lo hacen como grupo. Si Europa para tener peso, tuvo que hacer la Unión Europea, mucho más lo necesita la región.
Resistir a Estados Unidos, negociar con China, recomponer la unidad latinoamericana, querer la unidad latinoamericana en la trayectoria del proyecto bolivariano: ese es el programa viable para nosotros, pero para ¿quién de nosotros? Para los sujetos populares, no para América Latina como bloque sino para los pueblos, pero para eso hay que actuar, tener programa propio, proyecto político y avanzar hacia un proyecto emancipatorio que es lo que escribo en las últimas páginas del libro.
Gracias a la colaboración de Martín Martinelli para Observatorio de Trabajador@s en Lucha.
El autor
*Claudio Katz es Profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET. Participa de la Red de Economistas de Izquierda. Su último libro “La teoría de la dependencia, 50 años después” recibió el Premio Libertador al Pensamiento Crítico. Su página web es http://katz.lahaine.org
El Presentador
*Martín Martinelli es docente de la Universidad Nacional de Luján. Co-coordinador del Grupo Especial Revista Al-Zeytun “Palestina y América Latina” e integrante del Grupo de Trabajo Medio Oriente y norte de África del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
Los moderadores
*Keegan, Gustavo es Geógrafo, Técnico en Información Ambiental. Investigador y profesor en Universidad Nacional de Luján. Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO). Comisión Centro Humboldt (Internacional). Observatorio Geohistórico (UNLu). Coordinador adjunto de http://www.portalcoordenadas.com.ar Proyectos de Investigación: La nueva geografía del capitalismo. Organizador de varios Congresos y Jornadas habituales. Escribe en diversas revistas. Mail: gustavokeegan@yahoo.com
*Alan Rebottaro es Geógrafo. Observatorios Geohistórico y Geoeconómico. Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO). Centro Humboldt. Observatorio Geohistórico (UNLu). Coordinador adjunto www.portalcoordenadas.com.ar.).
La transcriptora
*Valentina Taberna, profesora en Historia por la Universidad Nacional de Luján, investigadora del Observatorio Geohistorico
