LA NUEVA POTENCIA DE LAS MATERIAS PRIMAS. Alastair Crooke.

Alastair Crooke.

Imagen: BRICS, potencia en materias primas, OTL

02 de septiembre 2023.

Los 11 BRICS representan ahora el 37% del PIB mundial (en términos de PPA) y el 46% de la población mundial. En comparación, el PIB del G7 es del 29,9% (en términos de PPA).


La heterogénea agrupación de los BRICS «lo consiguió«: se unieron, a pesar de los múltiples intentos de «separar» a ciertos estados clave. Se trata de un notable logro diplomático y geoestratégico, nacido del deseo generalizado de encontrar una solución a la excesiva militarización por parte de EEUU de su «excepcionalismo» del dólar posterior a la Segunda Guerra Mundial: el «mandato» de Bretton Woods y del petrodólar, por el que todos y cada uno de los intercambios de energía y materias primas se cotizan en dólares y se negocian en dólares (lo que convierte a todos los Estados en presa de las sanciones occidentales).

Esta es la base común que ha dado lugar a un BRICS ampliado. La guerra financiera puede haber comenzado en los años 80 con el Acuerdo del Plaza, que estancó  intencionadamente el crecimiento de Japón durante décadas. Desde febrero de 2022, EEUU y Europa se han centrado en hacer colapsar la economía rusa. Y hoy, EEUU y la UE se preparan para aplicar el «tratamiento de Japón» a China, mediante la regulación, los aranceles y el endurecimiento de un cinturón de «seguridad nacional» de comercios prohibidos.

Era imprescindible un primer «trabajo ad hoc». Y aquí está: Negociar con divisas propias, y compensar las operaciones mediante un sistema de Bancos Centrales de divisas digitales nacionales que se «compensarían» en tiempo real entre Bancos Centrales, sin tocar el dólar. El sistema ya se ha probado en un plan piloto llamado «m-CBDC Bridge». La idea es que cada Estado BRICS conserve sus propias monedas para el uso cotidiano, y que las monedas digitales se limiten a las transacciones digitales de divisas entre Bancos Centrales.

La perspectiva de una moneda común de los BRICS ha sido muy comentada en la prensa occidental. Pero eso es para más adelante. (La creación de una moneda de reserva siempre fue una pista falsa de Occidente; ni Rusia ni China buscan el estatus de reserva, ni es una aspiración).

Pero quizá la falta de un gran «revuelo» mediático sobre la «nueva moneda» ha llevado a los observadores a infravalorar el impacto de lo que se ha conseguido en esta cumbre. La ampliación (a la que seguirán más Estados el año próximo) proporciona a China el espacio estratégico en el que situar su reestructuración de la economía china. Da a Rusia y China el margen para desarrollar plenamente y ampliar el corredor Norte-Sur (INSTC) en ambas direcciones. El BRICS ha abarcado dos economías potencialmente en auge en África, y dos en América Latina.

Los 11 BRICS representan ahora el 37% del PIB mundial (en términos de PPA) y el 46% de la población mundial. En comparación, el PIB del G7 es del 29,9% (en términos de PPA).

No debemos esperar que ocurra nada dramático inmediatamente. Sin embargo, la reducción progresiva del uso del dólar en una parte tan grande de la economía mundial transformará el sistema monetario mundial de varias maneras: A medida que disminuya la demanda de dólares (mientras Washington sigue imprimiendo más), el valor de los dólares fiduciarios se desplomará, lo que significa que, para financiar la nueva deuda, EEUU tendrá que pagar a los acreedores intereses más altos (para compensar la disminución concomitante del valor de los bonos).

La «guinda» menos notoria del pastel, por supuesto, es que, con la incorporación de Irán, EAU y Arabia Saudí, los BRICS controlan ahora el 54% de la producción mundial de petróleo, e incorporan a algunos de los mayores consumidores del mundo.

En pocas palabras, los BRICS -con sus recursos energéticos y de materias primas- se han convertido en una potencia en materias primas.

Lo que nos lleva a los dos siguientes puntos en común entre una agrupación aparentemente dispar: El primero es que cuando estos estados comercien con monedas como el rublo, el rial o el remimbi, lo harán con una moneda que tiene un valor inherente, basado en una mercancía, como el petróleo o el oro.

Es decir, los BRICS están alineando monedas basadas en el valor de una mercancía frente a instrumentos monetarios fiduciarios que se devaluarán, a medida que la inflación se coma su valor relativo.

El segundo gran punto en común es el abandono de las garras del modelo occidental neoliberal hiperfinanciado por otro, que permita una mayor autosuficiencia nacional. De ahí que el simple cuestionamiento de los fundamentos filosóficos del sistema «anglosajón» de política y economía, que subyacen al «Orden basado en reglas», sea tan importante, a su manera, como la simple desdolarización.

Los Estados no occidentales llevan tiempo diciendo que el modelo neoliberal está reñido con las necesidades mundiales. El presidente Xi lo dijo sin rodeos: «Debe respetarse el derecho de los pueblos a elegir independientemente sus vías de desarrollo… Sólo el que lleva los zapatos sabe si le quedan bien o no».

El fallo aquí es que con el consumo impulsado por la deuda, como en el modelo hiperfinanciado occidental, el sistema zozobra y se aleja de la creación de riqueza, lo que en última instancia hace imposible consumir tanto o emplear a tanta población.

Esta atenuación de la economía real, mediante la financiarización y el énfasis en los «productos» financieros derivados, succiona el oxígeno de la fabricación de productos reales. Así se erosiona la autosuficiencia, y una base cada vez más reducida de creación de riqueza real sostiene a un número cada vez menor de personas en empleos adecuadamente remunerados.

De nuevo, el cambio conceptual hacia la construcción de la soberanía a través de un enfoque de economía real, en contraposición al financierismo, tendrá profundas implicaciones para Wall Street… a largo plazo.  Así pues, la desdolarización, combinada con el paradigma de la economía real, puede sacudir el mundo.

Traducción nuestra


*Alastair Crooke, es un exdiplomático británico y es el fundador y director del Foro de Conflictos con sede en Beirut, una organización que aboga por el compromiso entre el Islam político y Occidente.

Fuente original: English Almayadeen

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