Rita Martufi y Luciano Vasapollo.
Foto: OTL, Mapa de China con Xi Jinping. Fotos mapa: Chirstian Lue (@christianlue).
04 de agosto 2023.
Debemos volver a pensar en las etapas históricas de la política de transformación, en los ciclos revolucionarios, como lo ha hecho Cuba, modificando a menudo sus métodos de planificación y transición socialista. Es necesario relacionar la estrategia del cambio con pasos tácticos.
En memoria de Angelo Baracca y Roberto Sassi
Tras las constantes sospechas de nuevas burbujas financieras, la competencia entre capitales se intensificó, extendiéndose a todas las actividades productivas, con la contradicción capital-medio ambiente como caracterización específica del conflicto central y paradigmático capital-trabajo. A pesar de ello, o quizás precisamente a causa de la competencia imperialista, las oligarquías nacionales individuales no se han puesto de acuerdo sobre la futura división internacional del trabajo, es decir, no han decidido dónde, qué, cómo y para quién cada país o aglomeración producirá la dominación multiestatal. Por lo tanto, el terreno de confrontación y conflicto sigue siendo la guerra en sus diversas configuraciones.
En esta competencia interimperialista, el capital financiero (dado por la unión del capital industrial y bancario), que representa el componente más fuerte del capital transnacional contemporáneo, sigue una estrategia contradictoria a la de los Estados: en nombre de la «libertad económica» necesita quitárselos de en medio pero, por otro lado, los necesita como interfaz con las sociedades civiles cada vez más degradadas y globalizadas, y para extraer dinero y «paz social» de los trabajadores, asalariados y no asalariados, y para ello necesita la guerra social, la guerra económico-monetaria y la guerra militar con el refuerzo de los aparatos industrial-militares también de uso civil.
La relación recíproca que existe entre el modelo productivo dominante y la sociedad de subalternos se inclina aún más claramente hacia la deconstrucción global cuando se considera la relación entre ciencia y militarismo. El primer elemento de claridad a este respecto es la contribución cuantitativa que la ciencia hace al aparato de producción militar y tecnológico mundial: según los datos proporcionados en los estudios de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, de los que informa Angelo Baracca «Hasta 49 universidades de Estados Unidos son cómplices del Complejo de Armas Nucleares (Nuclear WeaponsComplex), de diversas formas, directas o indirectas: desde la gestión directa, a las colaboraciones institucionales, pasando por la asociación con programas de investigación o personal en programas de desarrollo» (Baracca A. (2019), Science and War).
Esta atención es absolutamente recíproca, en virtud de lo que Scientists for Global Responsibility hizo público en otro dossier que documenta «Cómo financian las empresas armamentísticas y de combustibles fósiles a las organizaciones profesionales de científicos e ingenieros» (Baracca).
En esta representación, no sólo cuentan las cifras del informe, sino también su calidad.
“El científico es en todos los sentidos un hombre (o mujer) de su tiempo, que comparte entornos culturales y objetivos sociales. En la mayoría de los casos forma parte de la clase dominante, y los fenómenos de los que se ocupa suelen ser los relevantes para el desarrollo social (capitalista)» (Baracca A. (2019), Ciencia y guerra. Prosigue el debate).
En la Unión Europea, por ejemplo, el neoliberalismo militarista más feroz es inherente a la propia ley básica, el Tratado de Lisboa, que prohíbe las medidas contra la circulación de capitales. En su lugar, en los discursos oficiales, la «Europa social» llena la boca de agentes que sólo se mueven en aras de la compatibilidad con las leyes de guerra del capital.
En las clarividentes reflexiones de Gramsci, encontramos rasgos de extrema actualidad en la tendencia actual que se ha descrito como la «mezzogiornificazione» (1) de una vasta zona mediterránea, la de los PIGS fundamentalmente, a través del proceso de integración económica y monetaria europea de la «Fortaleza Europa».
Esta condición de bloque belicista inducido, perpetrada a través del ordoliberalismo (2) que impregna los tratados fundamentales de la UE, alimenta un sistema de dominación neocolonial entre los países del centro y norte de Europa y el área mediterránea. Una realidad que conecta al Viejo Continente con dinámicas tan actuales como de décadas pasadas, con las especificidades del contexto europeo (por ejemplo, compresión estructural de la soberanía estatal, desequilibrios comerciales, deflación salarial).
En esta perspectiva, a partir de las teorizaciones desarrolladas por nuestra escuela de crítica marxista para una economía antropológica con determinantes decoloniales, por lo tanto antiimperialista para el pluripolarismo, en las perspectivas de las transiciones socialistas (desde ahora directamente y sólo economía socialista decolonial) en el surco de un nuevo meridionalismo sobre bases marxistas, plantea centralmente la cuestión de una desvinculación, de una semidesvinculación que concierne también a Europa, superando toda premisa eurocéntrica y las tradicionales categorías históricas, políticas, económicas, culturales impuestas por la hegemonía neoliberal y el posmodernismo, a través de la construcción de un ALBA euro-afro-mediterránea.
Hoy, para todos nosotros, socialistas revolucionarios, se trata de señalar claramente una de las bases teóricas más profundas del pensamiento antimperialista y de las perspectivas socialistas, con las ramificaciones que se están desarrollando en la economía decolonial, la visión y la realidad del pluripolarismo en la amplia dimensión teórica y en los procesos en curso del pluriverso.
«La idea de un universo plural de alternativas al capitalismo es algo relativamente reciente, cuya presencia sigue siendo marginal en el debate político, a pesar de que es el resultado natural de la afirmación de los recientes movimientos antisistémicos, de las luchas por superar el legado colonial y el patriarcado, y de la reelaboración del pensamiento marxista, socialista y libertario.
En las últimas décadas, en particular, la crítica del desarrollo se ha revelado como el principal ámbito en el que podía pensarse una alternativa a los grandes proyectos sociales de la modernidad, incluidas las grandes experiencias de gestión colectivista de la economía. Esto ha implicado también una lectura diferente de la historia más reciente y el replanteamiento de las principales utopías sobre las sociedades liberadas. En este marco, la irrupción de visiones no coloniales en la construcción de alternativas sociales ha jugado un papel central, aunque todavía no ha demostrado plenamente su capacidad para transformar las categorías revolucionarias y la visión de nuestro futuro.
La crítica decolonial surgió sobre todo como una lucha por superar la idea de un proyecto civilizador llevado a cabo por Occidente.
Pero descolonizar las categorías significa también poder definir de otro modo los procesos de cambio, situando el análisis fuera del determinismo histórico de la civilización occidental, más allá de las jerarquías que la han sustentado y sustentan todavía la arquitectura de la sociedad global. Las diversas iniciativas encaminadas a pensar, diseñar y experimentar la idea de una sociedad plural y viable en la que puedan coexistir diferentes principios de construcción de la realidad forman parte de este proceso. Estas experiencias han surgido en un momento histórico marcado por grandes transformaciones que implican a todas las formas de vida del planeta a un nivel profundo y que, en cualquier caso, conducirán a una gran metamorfosis de la sociedad global.
El proyecto Pluriverso nace así en un momento crucial de la historia del capitalismo, pero también de sus movimientos de oposición. Sin embargo, su traducción al italiano surge en un momento muy distinto al de la primera edición del texto, a pesar de que sólo ha transcurrido un año. El planeta se enfrenta a una crisis sanitaria global, una demostración tangible más de la contradicción ecológica en la que se mueve el desarrollo capitalista; al mismo tiempo, se acelera el proceso de crisis económica en torno al cual girará la política mundial en los próximos años. La diferencia, sin embargo, no sólo tiene que ver con la condición particular en la que se encuentra el capitalismo global, sino que también viene definida por las novedades internas del pensamiento crítico.»
( Il tempo di Pluriverso di ORTHOTES,https://www.orthotes.com/il-tempo-di-pluriverso/)
Una referencia que logre ir más allá de la particularidad y la contingencia para establecerse como fundamento de todas las revoluciones antiimperialistas que tengan la capacidad y la fuerza de proponer un conocimiento crítico de la cultura de los pueblos en cosmovisiones indígenas, insertándolas, como nos enseñó Mariátegui, en un proyecto de integración internacional que sea la base de la transición revolucionaria.
«La próxima revuelta de los pueblos de Europa, su próximo movimiento por la libertad republicana y la economía gubernamental, puede depender«, escribió Marx, «más probablemente de lo que ocurra en el Imperio Celeste -en el polo opuesto de Europa- que de cualquier causa política existente» (MARX K. (1853), The British Domination in India, New York Daily Tribune, 25 de junio de 1853, en MARX K. y ENGELS F. (2008), India China Rusia, por MAFFI B. Il Saggiatore, Milán, página 43).
«Puede predecirse con seguridad que la revolución en China arrojará una chispa en el sobrecargado polvorín del actual sistema económico y hará estallar la crisis general» (ibíd.).
«En el período comprendido entre la fundación de la República Popular China en 1949 y 1976, año en que murieron Zhou Enlai y Mao Zedong y China cambió profundamente, más allá de los datos meramente macroeconómicos, la esperanza de vida pasó de 40 a 65 años (en India, en el mismo período, pasó de 38 a 54); la población china creció de unos 550 millones a cerca de 900 millones; la tasa de alfabetización pasó del 20% a más del 65%; la emancipación de la mujer alcanzó grandes cotas. Durante estos años, el gobierno ha estado firmemente en manos del Partido Comunista Chino, que también ha desarrollado internamente y vertido en la sociedad una confrontación amplia y a menudo amarga sobre las cuestiones de la construcción de una sociedad socialista, como amplia y amarga fue a menudo la confrontación durante el desarrollo anterior de la guerra popular«. (La linea di Mao, Roberto Sassi (en Contropiano año 30 n°1 – mayo 2021).
Lo que Marx ciertamente no pudo prever fue una dinámica revolucionaria que desafiaría la primacía y el dominio de Occidente, pero con un proceso de transición largo, tortuoso y abierto. La idea fundamental que, sin embargo, emerge poderosamente de su análisis es la carga revolucionaria contenida en las sociedades de su tiempo situadas en una condición de explotación colonial y la perspectiva universal del mercado internacional y las contradicciones capitalistas que alberga.
«Estudiando a Lenin y a Marx, Mao puede captar, gracias al trasfondo constituido por la dialéctica clásica china, la esencia del método que Marx aplica con particular claridad en el primer capítulo del primer libro de El Capital (cf. Il’enkov, 1961), y que Lenin encuentra en los Cuadernos filosóficos (cf. Kouvélakis, 2016) mientras que en la URSS y en Occidente, en aquella época y también en años muy posteriores, se subestimará la importancia de estos textos. Baste decir que los Quaderni Filosofici, para los teóricos soviéticos del Dia-Mat eran «Notas de Lenin sobre Hegel que reflejan el pensamiento de Hegel y no el de Lenin» mientras que todavía en los años 70 en Italia Lucio Colletti desestimaba su importancia teórica. Del mismo modo, desde el revisionismo de la Segunda Internacional hasta el estructuralismo de Althusser, el método dialéctico utilizado por Marx, en primer lugar en El Capital, se considera superado.
El quid es el de la centralidad de la contradicción: Mao radicaliza la dialéctica, reducida a una «suma de ejemplos» (Lenin, 1914) por la interpretación dogmática de las «tres leyes» de Engels, y aplica la inversión de la praxis (la Umwälzung der praxis de la 11ª Tesis de Marx sobre Feuerbach) a la dialéctica clásica china.
El pensamiento de Mao se sitúa entre Oriente y Occidente, logrando el doble resultado de enraizar el marxismo-leninismo en China y enriquecerlo con la dialéctica clásica china. Cómo opera este método, podemos verlo concretamente en algunos de los rasgos constitutivos de la praxis/teoría/praxis maoísta». (R. Sassi, ibíd.).
Rusia, a diferencia de la India, experimentó su propia revolución concreta esencial en los acontecimientos históricos de la Revolución Socialista de Octubre. En la segunda mitad del siglo XIX, Engels advirtió contra las ilusiones fáciles sobre el desarrollo automático de una revolución socialista a partir de las miserias de la sociedad feudal: Reiterando los supuestos del desarrollo necesario y máximo de las fuerzas productivas, históricamente representadas por el sistema capitalista de producción y la dominación de la burguesía, Engels señaló la ausencia de condiciones revolucionarias objetivas en su época para una transición repentina al socialismo en el «último gran espolón… de la reacción en Europa del Este«. ( ENGELS F. (1875), Las condiciones sociales en Rusia, Volksstaat, 16, 18 y 21 de abril de 1875, en MARX K., ENGELS F. (2008), India China Rusia, por MAFFI B., Il Saggiatore, Milán, p. 224).
El contexto en el que se encontraba la Rusia zarista, escribió Engels, era el de un Estado dedicado a la producción agrícola, con tierras insuficientes para los campesinos, escasez de mano de obra para los terratenientes, usura desbordante, intereses de la deuda pública «nivelados» con otras deudas públicas, y un gobierno despótico atrapado entre las concesiones liberales y la retirada inmediata. A los ojos del fraternal colaborador de Marx, todos estos elementos eran el polvorín de una revolución, pero «iniciada por las clases altas del capital«, elementos para un «1789 ruso», como escribió el propio Marx.
Las exigencias de las masas proletarias rusas, sobre todo ante las miserias y consecuencias de la Primera Guerra Mundial, las atroces desigualdades sociales y de producción en la Rusia de 1917 crearon las bases y las condiciones materiales para la gestación de una revolución completa, una revolución socialista basada en la alianza de obreros y campesinos.
La revolución fue el primer experimento en la construcción de la transición socialista, que desde el principio tuvo que apoyarse en el desarrollo de las fuerzas productivas como cuestión vital tanto para la supervivencia interna del sistema socialista como para su supervivencia a la luz del contexto internacional: el del cerco de la URSS en varios frentes y, finalmente, el de la Segunda Guerra Mundial.
En la actualidad, varios de los antiguos países coloniales animan la perspectiva del multicentrismo en relación con los planteamientos y las políticas internacionales de China, y algunos de ellos persiguen también la perspectiva de la transición económico-política y socialista. La contribución teórica y reflexiva procedente de China Popular y Asia combina una perspectiva original de universalización no euroatlántica de las relaciones internacionales, sobre la relación Estado-mercado y el papel estratégico de la subjetividad para la transición.
«En las relaciones internacionales, siempre gestionadas con firmeza por Zhou Enlai, encontramos un rasgo subyacente que ha llegado hasta nuestros días y que se ha resumido eficazmente de la siguiente manera: «La principal preocupación de los comunistas chinos era, en un principio, la fragilidad de la nación y la sostenibilidad del proceso revolucionario en un país exterminado y atrasado, y además en ausencia de una clase obrera digna de ese nombre. El PCCh consideró que, en esas condiciones, no se podía pedir al comunismo chino que se ocupara de la palingenesia (3) proletaria universal. Y esta actitud nacionalista sigue siendo hoy la estrella que guía al Partido«. (de una entrevista con Alberto Bradanini, exconsejero de Comercio y luego embajador en Pekín, Contropiano.com, 11/04/2019).
Junto a esta orientación, con resultados a veces desconcertantes (como la política de distensión con EEUU en plena guerra de Vietnam o el reconocimiento diplomático del régimen de Pinochet, por citar sólo algunos ejemplos), debe recordarse la gran habilidad diplomática de Zhou Enlai para tejer, a partir de la conferencia de Bandung (1955), el Movimiento de Países No Alineados, rompiendo el cerco en el que se encontraba China y dando vida a un organismo que durante décadas contribuyó a la paz mundial y al desarrollo de la independencia nacional de los países del Tercer Mundo».(R. Sassi, Ibid).
La teorización de Gramsci sobre la Cuestión del Sur, el legado de la tradición del tercermundismo y de Bandung, y los procesos de desvinculación en curso inervan la reflexión crítica sobre el producto acabado de las contradicciones de la UE actual.
La ruptura del polo Europeo se presenta, esencialmente, como una desvinculación de un sistema de dominación, para los pueblos de Europa como el primer terreno fundamental para la emancipación, en sentido general, en sintonía con un vasto frente de pueblos y países, alternativo a la globalización. Este enfoque coloca centralmente el tema de la alternativa del sistema, la emancipación y la recomposición del trabajo asalariado, tanto obrero como campesino (siguiendo la lección de Gramsci y la implementación teórica latinoamericana), partiendo de referencias concretas a las experiencias de semidesvinculación en todo el mundo, a la relación renovada entre la construcción y la democratización del Estado y los procesos de autoorganización social, con una abundante producción relacionada procedente de América Latina y de procesos reales como el ALBA, que actúa como un acto concreto de semidesvinculación en curso, analizado por García Linera, Mignolo y muchos otros estudiosos del proceso revolucionario en América Latina.
Esta perspectiva de la unidad del Sur se basa en esta realidad concreta, comenzando por Europa, para una ALBA euro-africo-mediterráneo que, además de detener su proceso de “mezzogiornificazione » del sur de Europa, busca superar la polarización mundial, en primer lugar, promoviendo un contexto mundial multicéntrico.
Esto pone de relieve la dimensión unitaria de los productores y sujetos del trabajo y del trabajo negado, en la eventualidad de las actuales vías posibles hacia transiciones postcapitalistas y antiimperialistas.
Una alternativa que parte del Sur global. Este es el hilo conductor de las vicisitudes históricas del desacoplar, desoccidentalización y descolonización en respuesta a la globalización capitalista e imperialista, caracterizada por una relación de dominación entre bloques hegemónicos y hegemonizados. Bien mirado, se trata de caminos históricos recorridos copiosamente por una teorización de larga data, como la de la Cuestión del Sur de Gramsci como problema de la caracterización del Mezzogiorno como desintegración social del Sur global, del bloqueo del desarrollo como proceso inducido y del confinamiento a los márgenes de la historia de las masas populares.
Una alternativa que surge desde el Sur global. Este es el hilo conductor de la historia de semidesvinculación, desoccidentalización y descolonización en respuesta a la globalización capitalista e imperialista, que se caracteriza por una relación de dominación entre bloques hegemónicos y bloques subyugados. En realidad, son trayectorias históricas abundantemente atravesadas por una teorización que se remonta, como la cuestión Mezzogiorno (meridional) gramsciana, como el problema de la caracterización del Sur global, la desintegración social del bloque de desarrollo como un proceso inducido y la marginación de las masas populares en la historia.
Discutir y poner en práctica procesos de transición al socialismo y de planificación significa, evidentemente, pensar en términos internacionalistas. Por eso, el papel de las alianzas internacionales debe ser valorizado como instrumento para relanzar una lucha a escala global, que puede expandirse de manera diversa a partir de los importantes procesos de cambio en los diversos países de la multipolaridad y en el liderazgo del ALBA a partir del gran asidero heroico de la revolución socialista cubana.
El análisis deberá seguir desarrollándose siguiendo la línea trazada por la visión de la vigencia real de los caminos teóricos y de realización práctica a través del método del materialismo histórico y en y por la hegemonía cultural de los subalternos, como perspectiva internacionalista y a través de la interpretación pluripolar, y en particular en la perspectiva gramsciana. Es muy importante llegar a una redefinición y recalificación en la práctica de los movimientos sindicales y políticos de los términos teóricos y de implementación de la filosofía de la praxis, y la identificación de las potencialidades de acción de las nuevas subjetividades de trabajadores, campesinos, empleados, comerciantes, pequeños empresarios y, por lo tanto, los nuevos sujetos del trabajo y del trabajo negado, del desempleo, con la idea de un gobierno político y económico en una nueva perspectiva de realización potencial de modelos de transición poscapitalista y en una tendencia de ruptura socialista revolucionaria.
Y luego teoría y praxis, filosofía de la historia y filosofía de la praxis, con las cuales debemos llevar este pensamiento y actuar en las innumerables dificultades de la revolución socialista cubana, así como en lo que está sucediendo hoy en lugares como Cuba, Venezuela, China, Vietnam, que, con sus diferencias, representan transiciones vivas hacia el socialismo que avanzan de manera diferente y con culturas distintas a las de nosotros, comunistas occidentales, pero a las que nos unimos en la esperanza de poder transformar no solo nuestro país, sino de construir una nueva humanidad llena de fuerza revolucionaria y amor.
Y hoy, en esta fase de crisis sistémica económica agravada por la crisis social de la pandemia y la guerra, el aliento de quienes desean una humanidad diferente debe ser más amplio.
Las mismas formas y la sofisticación de las armas y sistemas de destrucción masiva, desde armas de disturbio hasta armas biológicas, y las consecuencias desastrosas de su uso ya no están decididamente condicionadas solo por la voluntad, sino también por la irracionalidad del propio capitalismo (A. Baracca).
Los resultados de los estudios muestran un paso adicional en la subordinación del desarrollo científico a la lógica del beneficio del sector militar, comenzando con la liberalización de la experimentación biogenética y la imposibilidad de «distinguir entre usos ofensivos y defensivos de la investigación biotecnológica […], entre la investigación para la producción de vacunas y aplicaciones militares específicas«.
Volviendo a una cita de Karl Marx: «Cualquier ciencia sería superflua si la esencia de las cosas y su forma fenoménica coincidieran directamente«.
«Si, además, una parte creciente de los científicos se dedica al estudio y producción de armas cada vez más letales, es una elección hecha por estos científicos, no veo cómo se puede pensar que no tienen responsabilidad» (Ibidem).
Debemos volver a pensar en las etapas históricas de la política de transformación, en los ciclos revolucionarios, como lo ha hecho Cuba, modificando a menudo sus métodos de planificación y transición socialista. Es necesario relacionar la estrategia del cambio con pasos tácticos.
No se puede oponer sin un partido con capacidad revolucionaria. Esto es fundamental incluso para todos esos jóvenes occidentales que desean cuestionar el estado actual de las cosas. Por esta razón, deben dirigir su atención al pensamiento de Martí, Bolívar, Lenin, Gramsci, Mao, Guevara, Fidel Castro y Chávez para estudiar concretamente los caminos hacia la emancipación.
En resumen, siempre debemos analizar desde la perspectiva de la economía decolonial socialista, comenzando con la búsqueda propositiva de modelos alternativos sociales, económicos, productivos y ambientales de sostenibilidad y complementariedad, en contra de las estructuras e industrias militares. Siguiendo esta línea de pensamiento, se respaldará la necesidad de construir un modelo pluripolar, multicéntrico y de transición anticapitalista en las relaciones entre países y pueblos, partiendo de las transiciones hacia el socialismo en Cuba, Venezuela, China, Vietnam, etc., acompañadas de un modelo productivo y social diferente, que se vuelve urgente e imprescindible debido a las agudas contradicciones del presente.
«Revolución ininterrumpida. Nuestras revoluciones se suceden una tras otra (…). Nuestras revoluciones son como batallas. Después de una victoria, debemos inmediatamente plantear un nuevo objetivo. De esta manera, los cuadros y las masas estarán siempre llenos de fervor revolucionario en lugar de presunción. En realidad, no tendrán tiempo para la presunción, aunque les gustaría (…).
Rojo y experto, política y actividad profesional, la relación entre estos elementos constituye la unidad de las contradicciones. Debemos criticar la actitud apolítica. Debemos oponernos, por un lado, a los «políticos» vacíos de cabeza y, por otro lado, a los «prácticos» carentes de orientación (…). Ignorar la ideología y la política, preocuparse exclusivamente por los problemas económicos: el resultado será un economista o un técnico desorientado, y eso es un desastre (…).
El desequilibrio es una regla general, objetiva. El ciclo, que es interminable, va desde el desequilibrio al equilibrio y luego de nuevo al desequilibrio. Cada ciclo, además, nos lleva a un nivel superior de desarrollo. El desequilibrio es normal y el equilibrio es temporal y relativo. Los cambios hacia el equilibrio y el desequilibrio en nuestra economía nacional de hoy son un cambio parcial cuantitativo en el proceso general de cambio cualitativo». (Tomado del Plan de 60 puntos del 19 de febrero de 1958, redactado por Liu Shaoqi y Mao Zedong, puntos 21-22 atribuidos a Mao).
También aquí es útil retroceder al período de la guerra popular para comprender cómo Mao resuelve la contradicción entre política y técnica, específicamente entre el hombre y las armas. En primer lugar, «el partido siempre manda sobre el rifle«: la fuerza está subordinada a la razón, no se concede ningún espacio al militarismo, ni en las relaciones entre los combatientes ni en las relaciones entre los combatientes y el pueblo. La táctica está subordinada a la estrategia, al igual que la técnica está subordinada a la política”.
Si Gramsci decía que la Revolución Rusa era una revolución contra el Capital, entendido precisamente como «El Capital» de Marx, porque violaba ese «modelo de la empresa» de la Segunda Internacional, abstractamente derivado de los estudios económicos de Marx sobre los países más industrializados, la Revolución China lo fue aún más, y fue victoriosa porque invirtió la relación tradicional entre el hombre y las armas («con migajas y rifles venceremos los cañones y tanques de Chiang Kai-shek«), otorgando al hombre centralidad. “No es la técnica la que decide la victoria, sino la conciencia política de los combatientes, como se vio luego también en Vietnam y en otros casos». (R. Sassi, Ibidem).
El eje central de nuestra investigación marxista en curso será proponer temas de investigación y casos de estudio a nivel local, sectorial y de país, como por ejemplo, el análisis crítico y contemporáneo de la validez en la actualización de los temas centrales de Gramsci y las teorías anticoloniales del desvincular, en la interpretación de la cuestión de las alianzas para la hegemonía y su composición y perspectiva político-social para superar la fase actual de la globalización neoliberal, situándose en la transición del unipolarismo al multicentrismo en las relaciones internacionales, basándose en casos de estudio de realidades del sur del mundo.
Devenir histórico y hegemonía cultural del Sur en el mundo contemporáneo: esto implica actualizar contextos locales e incluso categorías de un pensamiento-acción para una filosofía de la praxis, que provienen de los estudios y prácticas de grandes revolucionarios de referencia como Martí, Bolívar, Lenin, Stalin, Gramsci, Mariátegui, Mao, Guevara, Fidel, Chávez, así como a través de las contribuciones de académicos europeos y latinoamericanos que también abarcan otras áreas del sur del mundo en la actualidad, en particular África y el Medio Oriente.
Traducción nuestra
*Rita Martufi es Investigadora socio-económica, miembro del comité científico del centro de estudio CESTES y directora de Redacción de las revistas PROTEO y NUESTRA AMÉRICA. Miembro del comité científico del Laboratorio por la crítica social Europeo (LCSE). Es autora de numerosos artículos publicados en revistas nacionales e internacionales y es autor de varios libros y de varias investigaciones y de análisis-encuestas en ámbito de Conferencias y Encuentros Internacionales.
*Luciano Vasapollo (1955). Economista italiano. Profesor en la Universidad «La Sapienza» de Roma y en la Universidad «Hermanos Saíz Montes de Oca» de Pinar del Río (Cuba). Director científico del CESTES (Centro de Estudios para las Transformaciones Económico-Sociales) y de la revista Proteo. En 2006 fue el vencedor del Concurso Internacional de Ensayo Pensar a Contracorriente. También es miembro del consejo de redacción de Laberinto, Miembro de la coordinación nacional de la Rete dei Comunisti y Coordinador en Italia de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Es autor o coautor de 30 libros, entre ellos La recomposición de Europa. La ampliación de la Unión Europea en el contexto de la competencia global y las finanzas internacionales (2004) y Flexibles y precarios: La opresión del trabajo en el nuevo capitalismo europeo (2005), ambos en coautoría con Joaquín Arriola, Introducción a la historia y la lógica del Imperialismo (2005), en coautoría con H. Galarza y H. Jaffe, Potencias en conflicto. La pugna por la hegemonía mundial (2007) y De Sur a Sur. La estrategia del caracol (2014).
Notas nuestras
(1) “Mezzogiornificazione” es un término empleado por Gramsci que se refiere a la situación de las regiones del sur de Italia que se caracterizan por tener una economía más débil y una tasa de desempleo más alta que las regiones del norte.
(2) El ordoliberalismo nació en la década de 1930 dentro de la Universidad de Friburgo. Se puede ver como una respuesta de la derecha política a dos grandes crisis: primero los grandes problemas de entreguerras y, segundo, a la crisis institucional que afectó a Alemania como consecuencia del nazismo.
(3) Palingenesia es una doctrina que plantea que cada ser vivo cumple un ciclo de existencia, comprendido desde el nacimiento, pasando por su existencia, luego su muerte, hasta la reencarnación.
Fuente original: Contropiano
