M. K. Bhadrakumar.
Imagen: OTL
03 de abril 2023.
Al fin y al cabo, sin embargo, la diplomacia personal de Putin tiene su máxima expresión en sus esfuerzos por restablecer la fracturada relación de Turquía con Siria. Putin considera que una convergencia entre Ankara y Damasco no sólo es posible, sino que es una necesidad imperiosa para ambos países, así como para la paz y la seguridad de Levante.
El presidente turco Recep Erdogan ha revelado que el presidente ruso Vladimir Putin, podría asistir a la ceremonia de carga de combustible nuclear el 27 de abril en la central nuclear de Akkuyu.
El secretario de prensa de Putin, Dmitry Peskov, manejó hábilmente la bomba política, optando por no refutar la declaración de Erdogan. Según Erdogan, la participación de Putin en la ceremonia podría formar parte de una visita oficial.
Los compromisos anteriores de Putin en relación con la central nuclear de Akkuyu han sido a través de videoconferencias y en la ceremonia que marcó el inicio de las obras de construcción del prestigioso proyecto en abril de 2018, hizo la promesa de asistir a la ceremonia de lanzamiento en 2023. Pues bien, Rosatom ha cumplido su promesa de completar el proyecto en el plazo previsto, y ahora es el turno de Putin.
Evidentemente, a Erdogan le importa un bledo la reciente «orden de detención» de la Corte Penal Internacional contra Putin. El presidente chino, Xi Jinping, ha demostrado cómo ignorarla. La sherpa rusa del G20, Svetlana Lukash, dijo el viernes que se espera que Putin visite la India dos veces este año: la cumbre del G20 en septiembre y la cumbre de la OCS de 2023 más tarde.
La postura oficial de Turquía es que «aunque Turquía no es Estado Parte en el Estatuto de Roma, sigue de cerca las actividades de la CPI y a las reuniones anuales de la Asamblea de los Estados Partes que se celebran en La Haya o Nueva York asisten nuestros funcionarios«. Pero Erdogan está refutando abiertamente la conspiración anglosajona para demonizar a Putin.
Este desdeñoso desafío es en parte una reacción a la creciente injerencia estadounidense en las elecciones presidenciales turcas previstas para el 14 de mayo. En unas incendiarias declaraciones el domingo, Erdogan prometió «dar una lección a Estados Unidos«.
Sin embargo, al invitar a Putin a ser el invitado principal en el lanzamiento de la central nuclear de Akkuyu, que es sin duda un acontecimiento histórico, Erdogan señala básicamente su profundo aprecio por la contribución de Putin a la expansión y profundización de las relaciones turco-rusas.
Sin duda, el vínculo personal entre ambos líderes ha contribuido en gran medida a impulsar la relación. Es probable que Erdogan lleve en la manga la puesta en marcha de la central nuclear de Akkuyu como legado presidencial durante su campaña electoral.
De hecho, la central nuclear de Akkuyu, valorada en 20.000 millones de dólares, es la primera de su clase desde distintos puntos de vista: la única gran central nuclear de Turquía (con cuatro reactores rusos VVER-1200); el mayor proyecto de la historia de la cooperación ruso-turca; el primer proyecto de central nuclear del mundo ejecutado según el modelo BOO (Build – Own – Operate), etcétera.
La central nuclear de Akkuyu es el símbolo por excelencia del cambio en la política exterior de Turquía durante la era Erdogan: el estudiado distanciamiento de Turquía del sistema de alianzas occidentales y la búsqueda de vías independientes que refuercen la autonomía estratégica del país, con un pivote hacia Oriente como núcleo y una apertura a la integración euroasiática en su seno. Este proceso ha llevado a Turquía a las puertas de los BRICS.
Por supuesto, otra cosa es que Occidente nunca ofreciera a Turquía una relación de igualdad. De nuevo, el intento de golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 2016 para derrocar a Erdogan fue una experiencia traumática que le dejó muy tocado. Las relaciones turco-estadounidenses nunca se recuperaron realmente.
Pero hay que reconocer que Turquía, que tiene una rica historia en diplomacia internacional, es también una potencia regional astuta, situada en una posición única como Estado oscilante y como puente entre Occidente y Oriente, bendecida con un conocimiento intuitivo de la confrontación en ciernes entre Occidente y Rusia y de la lucha por configurar el orden mundial.
Evidentemente, Turquía vio las tormentas que se avecinaban en el horizonte y comprendió que el declive de Occidente es una realidad geopolítica y que Turquía debería posicionarse con antelación en lugar de dejarse llevar por los acontecimientos.
Dicho esto, Turquía también tiene una historia difícil en sus relaciones con Rusia. Aquí es donde la perspicacia política de Erdogan marcó la diferencia, ya que dio la máxima importancia en su diplomacia personal a cultivar asiduamente una relación de trabajo óptima con Putin a lo largo de los últimos 7 años, desde la intervención militar rusa en Siria.
Por su parte, Putin también concede gran importancia a la diplomacia personal. Putin ha dicho públicamente en más de una ocasión que Erdogan no es una persona fácil de tratar, ya que es un interlocutor que puede ser obstinado a la hora de defender los intereses de Turquía.
Pero esa es una cualidad de liderazgo que Putin respeta e incluso puede aceptar como realista. Putin ha hablado de ocasiones en las que surgieron diferencias con Erdogan, pero su respuesta fue invariablemente redoblar los esfuerzos en busca de una solución justa. Erdogan apreció la buena voluntad implícita y, con el tiempo, se desarrolló una masa crítica de confianza mutua.
La mediación de China en la normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Irán ha recibido los elogios y la admiración de la comunidad internacional, incluido Israel. Los detractores se han callado. El Jerusalem Post escribió el lunes: «El calentamiento de las relaciones entre Arabia Saudita e Irán dará lugar a movimientos relámpago en el tablero de Oriente Medio en un futuro próximo«.
Pero lo que aún no está en el radar pero está destinado a ser igualmente significativo son los enérgicos esfuerzos de Rusia entre bastidores para lograr un acercamiento saudí-sirio y una integración más amplia de Siria en su vecindad árabe.
A diferencia de Estados Unidos, que dejó un rastro de muerte y destrucción al retirarse con asuntos pendientes de sus guerras eternas, Rusia se ha desenvuelto bien en Siria al cumplir su misión de seguridad de derrotar la amenaza terrorista contra el gobierno, y a continuación poner los cimientos políticos y diplomáticos para impulsar también la estabilización y reconstrucción del país.
Es perfectamente concebible que Putin aprovechara cualquier oportunidad con el presidente egipcio Sisi para dialogar con Assad. Por cierto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Egipto ha destacado que las conversaciones del ministro de Asuntos Exteriores Sameh Shoukry con el ministro de Asuntos Exteriores sirio Faisal Mekdad, de visita en El Cairo el sábado, se centraron en «apoyar al pueblo sirio para restaurar la unidad (del país) y la soberanía sobre la totalidad de sus territorios.»
Al fin y al cabo, sin embargo, la diplomacia personal de Putin tiene su máxima expresión en sus esfuerzos por restablecer la fracturada relación de Turquía con Siria. Putin considera que una convergencia entre Ankara y Damasco no sólo es posible, sino que es una necesidad imperiosa para ambos países, así como para la paz y la seguridad de Levante.
Básicamente, Putin defiende la vigencia del Acuerdo de Adana de 1998 como base para abordar eficazmente el desafío separatista kurdo que reduce el margen de Washington para pescar en aguas turbulentas e incluso le impulsa a revisar su ocupación de un tercio de los territorios sirios con el pretexto de luchar contra el terrorismo.
Erdogan ha llegado a comprender que Washington persigue una agenda oculta al alinearse con los grupos militantes kurdos del norte de Siria que fomentan el terrorismo transfronterizo contra Turquía y, por tanto, Ankara sale ganando si colabora con Damasco.
Idealmente, con la vista puesta en las elecciones de mayo, a Erdogan le habría gustado reunirse con el presidente Assad, intuyendo que la opinión interna turca también está a favor de un acercamiento turco-sirio.
Pero la ocupación turca del territorio sirio sigue siendo un obstáculo. Rusia está trabajando duro para abordar la cuestión. Existe la posibilidad de que en las próximas conversaciones cuadriláteras entre los viceministros de Asuntos Exteriores de Turquía, Rusia, Irán y Siria (que podrían celebrarse en Moscú esta semana) se vea la luz al final del túnel.
Si eso ocurre, Putin habrá logrado un avance histórico y su visita a Turquía para la ceremonia de inauguración de la central nuclear de Akkuyu puede convertirse en un momento decisivo en la geopolítica del Mediterráneo Oriental y la región del Mar Negro.
Traducción nuestra
*M.K. Bhadrakumar es Embajador retirado; diplomático de carrera durante 30 años en el servicio exterior indio; columnista de los periódicos indios Hindu y Deccan Herald, Rediff.com, Asia Times y Strategic Culture Foundation entre otros.
Fuente original: Indian Punchline
