Editorial Strategic Culture Foundation.
Imagen: Strategic Culture Foundation. © SCF
03 de marzo 2023.
El discurso simplista de que la gente muere sin una buena causa, sino sólo por una camarilla de payasos y su circo imperial, es la broma de mal gusto definitiva.
El presidente ucraniano Vladimir Zelensky provocó indignación esta semana con su sombría advertencia de que los hijos e hijas de Estados Unidos acabarán luchando y muriendo si Rusia no es derrotada en Ucrania.
Sus presuntuosos comentarios se hicieron en una rueda de prensa el 24 de febrero, pero no han cobrado notoriedad hasta esta semana, provocando aullidos de burla y disgusto. La temeraria locura de la guerra en Ucrania -y la catástrofe a la que está conduciendo- se ha vuelto insoportable.
Los políticos estadounidenses -principalmente del bando republicano-, así como los ciudadanos de a pie, se han alarmado con razón por la política de cheque en blanco de la administración Biden para apuntalar el régimen de Kiev con hasta 100.000 millones de dólares en apoyo militar y financiero durante el último año.
Tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea crece la indignación pública por el pozo sin fondo de dinero que los gobiernos han echado inexplicablemente a Ucrania. Los Estados occidentales han intensificado cada vez más la guerra con el suministro de armas más pesadas y de mayor alcance. Ningún supuesto líder occidental ha hecho ningún esfuerzo diplomático para resolver el conflicto. Estados Unidos y la Unión Europea se han movilizado totalmente en modo de guerra, sin ningún debate público ni rendición de cuentas.
El régimen de Kiev es el socio perfecto para las máquinas de guerra de la OTAN debido a su insaciable demanda de cada vez más armamento.
Zelensky y su camarilla de compinches corruptos han desempeñado, como marionetas de ventrílocuo, su escuálido papel pidiendo que se acelere la cinta transportadora de armamento. Resulta casi cómico que los líderes de la OTAN pidan en voz baja al régimen de Kiev que reduzca su consumo de munición porque sus propios arsenales se están agotando y dejando a sus Estados indefensos.
La farsa ha funcionado hasta cierto punto. Los fabricantes de material militar estadounidenses y de la OTAN han obtenido beneficios sin precedentes y han registrado ganancias de inversión en bolsa sin precedentes gracias al tinglado bélico que es Ucrania.
Sin embargo, el actor cómico convertido en político corre serio peligro de exagerar su papel de seductor. El presidente Joe Biden ha recurrido incluso a advertir a Zelensky que contenga sus fervorosas demandas públicas de armas y dinero por temor a que la actitud de «dame, dame, dame» corra el riesgo de enfurecer a los contribuyentes estadounidenses y europeos que pagarán la factura de las golosinas en un momento de dificultades sociales y económicas sin precedentes.
Por eso, cuando Zelensky fue más lejos al advertir que los hijos e hijas de Estados Unidos acabarán luchando y muriendo si no se suministran más armas a Ucrania, se tiene la sensación de que se ha sobrepasado un nivel inaceptable de indulgencia. La proverbial gota que colmó el vaso.
Los medios de comunicación occidentales se apresuraron inmediatamente a encubrir sus declaraciones afirmando -increíblemente- que Zelensky no había dicho lo que dijo.
La opinión pública occidental tiene razón al darse cuenta del espantoso tinglado. No sólo el complejo militar-industrial occidental se ha enriquecido obscenamente, sino que Zelensky y su junta también han ordeñado al público estadounidense y europeo como a una vaca lechera. Zelensky y sus compinches se han hecho multimillonarios con fondos y activos en paraísos fiscales. Las armas que inundan Ucrania se han vendido en el mercado negro y han acabado en manos de terroristas y redes criminales de todo el mundo. Incluso los inspectores del Pentágono admiten que no saben dónde han ido a parar todas las armas.
No sólo eso, sino que el interminable bazar de armas ha prolongado la guerra en Ucrania con horrendas bajas entre los ucranianos reclutados para luchar en una guerra por poderes de la OTAN contra Rusia. Una guerra que el régimen ucraniano no tiene ninguna posibilidad de ganar. La inminente victoria rusa en Bajmut supone el colapso del régimen respaldado por la OTAN. Y con ese colapso vendrá el hundimiento del tan cacareado prestigio de la OTAN. Si pensaban que la debacle de Afganistán era mala, esperen a ver el crujir de dientes por Ucrania.
Trágicamente, esta guerra -la mayor en Europa desde la Segunda Guerra Mundial- podría haberse evitado si Washington y sus adláteres europeos hubieran prestado atención a las preocupaciones de seguridad de Rusia sobre la expansión de la OTAN que se venían planteando desde hace tiempo. Los gobernantes occidentales optaron por no tratar con Moscú mediante la política y la diplomacia, lo que hizo inevitable una confrontación armada.
Washington y sus lacayos imperiales han convertido el conflicto en una crisis existencial con afirmaciones fraudulentas sobre la «defensa de la democracia y la libertad» frente a la supuesta agresión rusa. El grandioso engaño encubre la verdadera agenda de las ambiciones hegemónicas estadounidenses hacia Rusia y China.
El régimen títere de Zelensky -infestado de corrupción y paramilitares nazis armados por la OTAN- afirma que si cae en manos de los militares rusos, los Estados occidentales se enfrentarán a la agresión rusa. Por eso ha hecho la ridícula afirmación de que, si no se envían más armas, Rusia invadirá a continuación los Estados de la OTAN, y los hijos e hijas de los estadounidenses acabarán luchando y muriendo.
Se trata de una distorsión grotesca de lo que está ocurriendo en Ucrania y de las verdaderas causas del conflicto.
La realidad es que Ucrania ha sido destruida por las maquinaciones imperialistas estadounidenses desde el 2014 respaldado por la CIA en Kiev. Rusia se ha visto obligada a eliminar un régimen neonazi que las potencias de la OTAN armaron deliberada y encubiertamente. El presidente Biden y su irresponsable hijo, el corrupto Hunter han participado personalmente en la creación del monstruo de Frankenstein, al igual que altos cargos de esta administración de la Casa Blanca, como Antony Blinken, Victoria Nuland y Jake Sullivan. Estas mismas personas sancionaron la voladura de los oleoductos Nord Stream en un acto de terrorismo internacional contra supuestos aliados de la OTAN, tal es su criminalidad.
La incesante corrupción de Ucrania bajo la indulgencia estadounidense y europea ha conducido al peligro abismal de una guerra total con Rusia que, de producirse, podría acabar con el mundo en una conflagración nuclear. Washington y sus adláteres de la OTAN impiden cualquier salida diplomática a la crisis debido a sus mentiras y a su criminal rusofobia. El chanchullo de la guerra es demasiado adictivo para los adictos a la guerra de la OTAN y sus agencias de inteligencia del sindicato del crimen. El punto final lógico de esta perversa farsa implica el potencial de una guerra mundial total. Zelensky, en su sórdido giro cómico, se salió inadvertidamente del guión con sus chocantes comentarios improvisados.
Esos comentarios -entre muchas otras inanidades pronunciadas por Zelensky, Biden, Scholz, Macron, Sunak, Von der Leyen, Borrell, Stoltenberg y otros chulos de guerra de la OTAN- son similares a la máscara del payaso que se desliza, revelando la fea cara que hay debajo. El pueblo estadounidense y todos los demás pueblos del mundo deberían estar horrorizados y furiosos.
El discurso simplista de que la gente muere sin una buena causa, sino sólo por una camarilla de payasos y su circo imperial, es la broma de mal gusto definitiva.
Traducción nuestra
Fuente original: Strategic Culture Foundation

Aunque este tipo de deducciones lo que termina dejando muy es mal paradas a las sociedades que se han dejado influenciar de manera impresionante por los descarados payasos que se han hecho con el poder de tantos países
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