Pasqualina Curcio Curcio.
Pintura: La persistencia de la memoria de Dalí intervenida por Hayati Evren.
22 de marzo 2021.
Observatorio de Trabajador@s en Lucha
Puedes ver otros autores y el que aquí referimos en AMÉRICA LATINA SOCIEDAD POLÍTICA Y SALUD EN TIEMPOS DE PANDEMIAS
INTRODUCCIÓN
El 31 de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan (provincia de Hubei, China) notificó varios casos de neumonía en la ciudad causados por un nuevo coronavirus (OMS, 2020c). El 30 de enero la Organización Mundial de la Salud declaró que la enfermedad del coronavirus (COVID-19) constituye una emergencia de salud pública de carácter internacional y el 11 de marzo de 2020 la declaró pandemia. Para ese momento había más de 118.000 casos en 114 países y 4.291 personas habían perdido la vida (OMS, 2020d).
A la fecha (6 de agosto de 2020) se registran 19.026.375 de personas contagiadas con el COVID-19 y 712.178 fallecidos a nivel mundial. El 26% de los casos se contabilizan en EE.UU. con 4.975.279 de personas seguido por Brasil con 2.862.761, la India con 1.977.972 y Rusia con 871.894 (Worldometer, 2020).
La tasa de mortalidad asciende a 91,4 por cada millón de personas. Encabeza la lista San Marino (1238) seguido por Bélgica (850) Reino Unido (683) Andorra (673), Perú (613), España (610) Italia
(582), Suecia (571), Chile (512), EE.UU. (488). En cuanto a la tasa de letalidad promedio mundial es de 4% a la fecha y la de incidencia 2,4 casos por cada millón de habitantes (Worldometer, 2020).
Según la OMS, “cerca del 40% de los casos experimentarán una enfermedad leve, el 40% experimentará una enfermedad moderada como la neumonía, el 15% de los casos experimentará una enfermedad grave y el 5% de los casos padecerá una enfermedad crítica” (OMS, 2020e: 5).
Con el objetivo de disminuir la propagación del virus y contener el contagio, el 29 de febrero de 2020 la OMS publicó las principales medidas a ser consideradas por los países, entre ellas la cuarentena y el distanciamiento sociales (OMS, 2020f). El 07 de marzo publicó las indicaciones relacionadas con las acciones críticas de preparación y respuesta para el COVID-19: orientación provisional (OMS, 2020g). El 14 de abril publicó la actualización de la estrategia frente a la COVID-19 en el que se lee:
En muchos países en los que la transmisión comunitaria ha generado brotes con crecimiento casi exponencial, se han introducido medidas generalizadas de distanciamiento físico a nivel de la población y restricciones de movimiento para frenar la propagación y poner en marcha otras medidas de control. Las medidas de distanciamiento físico y las restricciones de movimiento, que a menudo se denominan «confinamientos» y «aislamientos», pueden frenar la transmisión de la COVID-19 al limitar el contacto entre personas. Sin embargo, estas medidas pueden tener un profundo impacto negativo en las personas, comunidades y sociedades al detener casi por completo la vida social y económica. Dichas medidas afectan de forma desproporcionada a grupos desfavorecidos, incluidas las personas en situación de pobreza, migrantes, desplazados internos y refugiados, quienes con frecuencia viven en condiciones de hacinamiento con pocos recursos y dependen del trabajo diario para su subsistencia (OMS, 2020e: 5).
De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, la economía se contraerá 5,2%, considerada la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Se prevé que la economía de EEUU se contraerá 6,1 % este año y la de la zona del euro 9,1 % en 2020 (Banco Mundial, 2020). Por su parte, se espera que los mercados emergentes y las economías e n desarrollo se contraigan 2,5%. Los pronósticos indican que el comercio mundial en 2020 disminuirá entre 13% y 32%, el turismo podría disminuir entre 60% y 80% (CEPAL, 2020).
En cuanto a América Latina, la CEPAL proyecta una caída pro- medio del PIB del 9,1% en 2020 y el número de desocupados llegaría a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento de 18 millones con respecto al 2019. El número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, pasando de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, alrededor del 37,3% de la población latinoamericana (CEPAL, 2020).
El aumento exponencial de los casos de COVID-19 a nivel mundial ha requerido una capacidad en la prestación de los servicios de salud con la que no necesariamente se cuenta, lo que ha ocasionado el colapso de los servicios y por lo tanto la falta de atención oportuna y de calidad derivando en altas tasas de mortalidad.
En este contexto, hemos observado cómo desde la declaración de emergencia sanitaria por parte de la OMS inició una carrera para el desarrollo de la vacuna contra el COVID-19 contrastando por ejemplo con el hecho de que, a pesar de que enfermedades como la malaria, el VIH, o la diabetes muestran mayor número de casos y fallecidos anuales no han generado el mismo comportamiento por parte de la industria farmacéutica para desarrollar la vacuna o la cura (Curcio, 2008; Curcio, 2009; Curcio, 2012).
Con el objetivo de comparar algunos datos, el año 2018 se contabilizaron 228 millones de casos de malaria y se estimaron 405.000 muertes por paludismo en todo el mundo. Por su parte, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el VIH/sida es uno de los más graves problemas de salud pública del mundo, alrededor de 38 millones de personas padecen la enfermedad y ha cobrado la vida de 33 millones de personas. Solo en 2019 murieron 690.000 personas por causas relacionadas con el VIH y 1,7 millones de personas se infecta- ron (OMS, 2019; OMS, 2020a).
La OMS estima que la diabetes fue la séptima causa de mortalidad a nivel mundial en 2016, aproximadamente 422 millones de personas sufrían de diabetes en 2014 y fue la causa directa de 1,6 millones de muertes en 2016 (OMS, 2020b).
Volviendo a los esfuerzos para desarrollar la vacuna contra el COVID-19, desde que se identificó el primer caso de COVID-19 en diciembre 2019 iniciaron los esfuerzos por desarrollar una vacuna contra esta enfermedad. De acuerdo con la OMS, en estos momentos se están desarrollando 164 proyectos de investigación de los cuales 26 se encuentran en fase clínica y de éstos 6 ya entraron en la fase 3, mientras que 139 están en fase preclínica (OMS, 2020h).
Expertos indican que el proceso para desarrollar una vacuna pue- de llevar años, sin embargo, en este caso ha sido impresionante el ritmo del desarrollo y los avances hasta la fase 3 de la evaluación clínica (Kaiser Health, 2020).
El 11 de febrero de 2020, la OMS convocó un foro de investigación e innovación sobre la COVID-19 (OMS, 2020c). La reunión, organizada en colaboración con la GloPID-R (Global Research Collaboration for Infectious Disease Preparedness) reunió a las principales entidades de financiación de la investigación y a más de 300 científicos e investigadores en la cual acordaron un conjunto de prioridades en lo que a investigación se refiere (OMS, 2020i).
Para impulsar el desarrollo de la vacuna contra la COVID-19, tanto la CEPI1 (Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias), GAVI2 (La Alianza para la Vacunación) y la OMS crearon la iniciativa COVAX cuyo objetivo es acelerar el desarrollo y la fabricación de la vacuna contra la COVID-19 y garantizar un acceso justo y equitativo para todos los países del mundo (GAVI, 2020). Dicha iniciativa tiene un costo de US$ 18.000 millones (El Boletín, 2020).
Los proyectos que se encuentran en fase 3 son los de: 1) la Universidad de Oxford conjuntamente con la empresa farmacéutica AstraZeneca; 2) la empresa China Sinovac; 3) el Instituto de Estudios Biológicos de Wuhan con Sinopharm (Grupo farmacéutico nacional de China); 4) el Instituto de Productos Biológicos de Beijing también con el Grupo Sinopharm; 5) la empresa estadounidense Moderna con- juntamente con el Instituto de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de EEUU; 6) la empresa farmacéutica estadounidense Pfizer con la alemana BioNTech y la china Fosun Pharma (OMS, 2020k).
La pregunta que nos surge para efectos de la presente investigación es ¿cuáles son los factores que explican el comportamiento de la industria farmacéutica en lo que al rápido desarrollo de la vacuna contra el COVID-19 se refiere? Siendo el objetivo general identificar los factores asociados al comportamiento de la industria farmacéutica en cuanto a la investigación y el desarrollo de la vacuna contra la COVID-19.
Para el desarrollo de la presente investigación documental y de alcance explicativo nos basaremos en el trabajo realizado por Curcio en 2008 titulado “Incentivos y desincentivos de la industria farmacéutica privada para la I+D de nuevos medicamentos” en el cual la autora, sustentada en la teoría económica, específicamente la teoría de la demanda y de la oferta, desarrolló un modelo teórico para explicar el comportamiento de la industria farmacéutica en lo que a su decisión de inversión para la investigación y desarrollo de medicamentos se refiere (Curcio, 2008).
COMPORTAMIENTO DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
Curcio (2008) plantea que son varios los factores que explican el comportamiento de la industria farmacéutica al momento de decidir hacia dónde destinarán sus inversiones para la investigación y el desarrollo de medicamentos incentivando a la industria a centrar recursos o en vacunas, o en tratamientos curativos o en tratamientos paliativos. Plantea que no es solo el poder adquisitivo de la población lo que determina la cantidad de recursos que la industria invierte en desarrollar los medicamentos tal como se ha hecho ver con respecto a las enfermedades tropicales y a las denominadas olvidadas (Curcio, 2008).
Entre los factores identifica, por el lado de la demanda, 1) la tasa de contagio y transmisión de la enfermedad a la par de la posibilidad de prevenir o evitar dicho contagio/transmisión; 2) la tasa de letalidad de la enfermedad y 3) los niveles de ingresos de los demandantes.
En tal sentido, y dependiendo de dichos factores, la industria se encontrará con una función de demanda con mayor o menor elasticidad precio3, lo que resulta determinante como incentivo o desincentivo para la inversión en una vacuna, en la cura o en tratamientos paliativos.
Las enfermedades con mayores tasas de contagio y bajas posibilidades de evitar o disminuir dicho contagio, aunada a altas tasas de letalidad que incluso podrían imposibilitar tratamientos paliativos o posibilitarían la cronificación de la enfermedad, definen una función de demanda perfectamente inelástica para el desarrollo de una vacuna y más elástica para la cura o tratamiento paliativo. En dicho grupo se encuentran la vacuna contra la viruela, el sarampión por mencionar algunas (Curcio, 2008).
En cambio, enfermedades no contagiosas o no transmisibles, muy letales y susceptibles de ser cronificadas con tratamientos paliativos definen una función menos inelástica para la vacuna y perfectamente inelásticas para tratamientos paliativos. Es el caso, por ejemplo, de la diabetes, caso estudiado por la autora (Curcio, 2008).
Hay enfermedades como por ejemplo el VIH/sida que, aunque son transmisibles, cuentan con posibilidades para evitar la transmisión ya sea con el uso de preservativos o mediante pruebas previas trans- fusiones de sangre, son letales, pero además cronificables, mostrando una función de demanda inelástica para los tratamientos paliativos antirretrovirales (Curcio, 2008).
En el mismo modelo teórico, pero por el lado de la oferta, la au- tora establece como factor determinante del comportamiento del pro- ductor el costo de oportunidad de hallar o una vacuna, o una cura o un tratamiento paliativo. Aquellas enfermedades susceptibles de ser cronificadas implicarán un costo de oportunidad mayor (el cual se incorpora al costo total de producción y por lo tanto del costo marginal) de hallarse una cura o vacuna contra la enfermedad (Curcio, 2008).
En este aspecto, los derechos de propiedad intelectual y el mono- polio legal que otorgan las patentes generan mayores incentivos para desarrollar tratamientos paliativos cuando se trata de una enfermedad con baja tasa de contagio y que puede ser cronificada. Por el contrario, tendrá menor incentivo en desarrollar una vacuna. (Curcio, 2008).
La creación de monopolios legales para los productos farmacéuticos es posible debido al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) con- tenido en la Declaración de Marrakech del 15 de abril de 1994. Entre los derechos de propiedad intelectual se encuentran las patentes que protegen durante 20 años la invención otorgándole el privilegio de monopolizar la producción y distribución del bien (OMC, 1994).
La industria farmacéutica, dadas estas condiciones, tendrá incentivos para invertir en la investigación y el desarrollo de productos que le garanticen un mercado seguro por años, en tal sentido, buscará desarrollar tratamientos paliativos que sin curar o prevenir la enfermedad le genera ganancias a largo plazo. Tratará de cronificar las enfermedades, a menos de que esto no sea posible dadas las características de la enfermedad y en ese caso invertirá en el desarrollo de la cura cuando se trata de una con baja tasa de contagio o no contagiosa, o en la vacuna cuando ésta es contagiosa (Curcio, 2012).
El que la industria farmacéutica invierta recursos en el desarrollo de tratamientos paliativos contra el VIH/sida en lugar de invertir mayores recursos para desarrollar la vacuna contra esta enfermedad cuya transmisión puede ser prevenida da muestra de los factores que inciden en la decisión de inversión e investigación y desarrollo. Descubrir la vacuna contra el VIH implicaría un costo de oportunidad a la industria farmacéutica de 276.271.629.695 dólares hasta el 2050 (Curcio, 2009).
Estos factores explican, por ejemplo, el hecho de que aún no se cuente con la vacuna contra la malaria, a pesar de la tasa de incidencia y mortalidad que registra anualmente, lo propio ocurre con la eventual cura de la diabetes.
La cronificación de las enfermedades es algo que han venido alertando estudiosos del tema. El Dr. Richard J. Roberts, Premio Nobel de Medicina 1993, en una entrevista publicada en el periódico La Vanguardia el 27 de julio de 2007 expresó lo siguiente:
Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación, no para curar, sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores, mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre… He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad…– ¿Y por qué dejan de investigar? – Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento (Roberts, 2007).
LA VACUNA CONTRA EL COVID-19
El COVID-19 es una enfermedad con una tasa de contagio de 5,7, es decir, una persona con la enfermedad puede contagiar hasta 6 personas. Enfermedades como por ejemplo el sarampión, altamente contagiosa (de 12 a 18) cuenta con su vacuna preventiva, igualmente la viruela, ya erradicada por la vacuna, cuya tasa de contagio era de 3 a 6. En cuanto a la influenza, que también dispone de vacuna, la tasa es 2,8 (Chen Tao et al., 2020; Gani Leach, 2001; Journal ListPLoS One, 2016).
Adicionalmente, la COVID-19 presenta una tasa de letalidad de 3,83%, es decir, por cada 100 personas contagiadas, fallecen 4 en pro- medio a nivel mundial. La letalidad de la influenza es 0,1% y del sarampión 1,1%. En el caso de la viruela, la letalidad llegó a ser del 30% y en los casos hemorrágicos el 95% (OPS, sf).
Hay un tercer factor que acelera la investigación y el desarrollo de la vacuna contra la COVID-19 y es que la COVID-19 no se puede cronificar. La investigación está orientada a una vacuna para prevenir el contagio y no un tratamiento paliativo para mantener a la persona dependiente del medicamento por el resto de su vida.
Estos tres factores, explican, por una parte, la decisión de la industria de invertir y concentrar esfuerzos en el desarrollo de una vacuna en lugar de la cura de la enfermedad. Adicionalmente, la alta tasa de contagio es un factor que explica el interés en hallar rápidamente la vacuna. Adicionalmente, en el caso de la COVID-19 se suma un cuarto factor y es la afectación de la economía mundial debido al confinamiento, una de las medidas adoptadas y sugeridas por la OMS para disminuir la propagación del virus.
Se lee entre las justificaciones de la iniciativa COVAX: “La pandemia mundial ya ha causado la pérdida de cientos de miles de vidas y ha alterado la vida de miles de millones más. Además de reducir la trágica pérdida de vidas y ayudar a controlar la pandemia, la introducción de una vacuna evitará la pérdida de US $375 mil millones a la economía global cada mes. El acceso equitativo global a una vacuna, en particular la protección de los trabajadores de la salud y los que están en mayor riesgo, es la única forma de mitigar la salud pública y el impacto económico de la pandemia” (GAVI, 2020; énfasis propio).
Resumiendo, la carrera para hallar la vacuna contra el COVID-19 se explica por las características particulares de contagio, letalidad e imposibilidad de cronificación de la enfermedad y por el efecto que sobre las economías del mundo está generando. En cuanto al comportamiento por el lado de la oferta, la posibilidad de contar con el monopolio legal por parte de quien desarrolle la vacuna, genera también un incentivo para la inversión de la industria.
La empresa estadounidense Moderna, a pesar de que ha adelantado la investigación de la vacuna con las donaciones provenientes de COVAX anunció que ésta tendrá un precio de 30USD por cada dosis, son dos dosis, o sea, 60USD (La República, 2020).
Por su parte, la Universidad de Oxford y Astra-Zeneca que avanzan en un proyecto conjunto también en fase 3, han informado que el precio de su vacuna solo cubrirá los costos, alrededor de 2,5 euros cada dosis, solo proponen 1 dosis (BAENegocios, 2020).
La diferencia entre los costos presentados por la Universidad de Oxford/AstraZeneca con respecto al precio de Moderna es considerable, en el último caso las limitaciones al acceso a la vacuna pueden ser importantes. Otro aspecto para resaltar es el hecho de que Moderna ha sido financiada con recursos provenientes de donaciones por parte de COVAX. En cambio, desde China, han anunciado que al hallarse la vacuna ésta será de acceso universal (Telesur, 2020).
No obstante, y a pesar de lo establecido por los ADPIC, es necesario puntualizar varios aspectos que deben considerarse para garantizar el mayor acceso a la vacuna por parte de la población mundial. En la reunión de la OMC realizada en Doha en 2001 se acordó “El acuerdo sobre los ADPIC no impide ni deberá impedir que los miembros adopten medidas para proteger la salud pública. En consecuencia, al tiempo que reiteramos nuestro compromiso con el acuerdo sobre los ADPIC, afirmamos que dicho acuerdo puede y deberá ser interpreta- do y aplicado de una manera que apoye el derecho de los miembros de la OMC de proteger la salud pública y, en particular, de promover el acceso a los medicamentos para todos. A este respecto, reafirmamos el derecho de los miembros de la OMC de utilizar, al máximo, las
disposiciones del acuerdo sobre los ADPIC, que prevén flexibilidad a este efecto” (OMC, 2001:1).
En estas circunstancias en la que la Organización Mundial de la Salud anunció que el COVID-19 constituye una emergencia sanitaria ya convertida en pandemia aplica la flexibilización prevista por los miembros de la Organización Mundial del Comercio. En este sentido, el derecho de propiedad intelectual y patente debe ser cedida para la mayor producción y distribución de la vacuna, por lo tanto, la garantía de la vacuna para todos.
CONCLUSIONES
Dadas las características de la COVID-19, la industria farmacéutica ha mostrado un comportamiento en lo que a la investigación y el desarrollo de la vacuna se refiere. La rapidez con la que la industria se ha abocado para desarrollar una vacuna contra la COVID-19 puede ser explicada en primer lugar, por los niveles de contagio de la enfermedad, en segundo lugar, por los niveles de letalidad, en tercer lugar, por la imposibilidad de cronificar la enfermedad y en cuarto lugar por sus expectativas de contar con un monopolio otorgado por la patente.
En este sentido, alianzas para el financiamiento han surgido de la mano con los grandes empresarios miembros del Foro de Davos con el objetivo de apoyar la investigación y el desarrollo de esta vacuna. No obstante, y a pesar de ese financiamiento por la vía de las donaciones, se anuncia el cobro de la vacuna, una vez hallada, a precios relativa- mente elevados con respecto a los costos de producción.
La flexibilización de los derechos de propiedad intelectual, en circunstancias como las actuales, en medio de una pandemia, debe ser el centro del debate público para garantizar la vacuna para todos.
NOTAS
(1) La CEPI cuenta con el respaldo de un fondo de intermediación financiera del Banco Mundial que reúne fondos públicos y filantrópicos para responder a las prio- ridades Esta Coalición se creó en 2017 en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Fue cofundado y cofinanciado con US $ 460 millones de la Fundación Bill y Melinda Gates, The Wellcome Trust y un consorcio de naciones, como Norue- ga, Japón, Alemania; a la que posteriormente se unieron la Unión Europea (2019) y Gran Bretaña (2020).
(2) Fue fundada en el año Es una asociación mundial que reúne miembros del sector público y privado, siendo uno de sus principales la Fundación Bill y Melinda Gates. Su objetivo es mejorar el acceso a la vacunación (OMS, 2020j).
(3) Los bienes inelásticos son aquellos que, ante variaciones del precio, las cantida- des demandadas varían en menor proporción, es decir, un incremento del precio de 1% implicará una caída de las cantidades demandadas en menor proporción al 1% (Nicholson Walter, 2001).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Fuente: AMÉRICA LATINA SOCIEDAD, POLÍTICA Y SALUD EN TIEMPOS DE PANDEMIAS. Grupo de Trabajo Estudios sociales para la salud, CLASO 2021.
