Enrico Tomaselli.
Imagen: El jefe de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), Abu Mohammad al-Jolani de foto de Omar Haj Dour/GETTY Images.
10 de diciembre 2024.
No obstante, debemos mantener una visión estratégica y a largo plazo, sin dejarnos abrumar por los datos emocionales, borrando el resto del panorama general. Rusia está ganando su conflicto con la OTAN en Ucrania. Hezbolá ha obligado a Israel a un alto el fuego sin haber logrado ninguno de sus objetivos operativos. La resistencia palestina en Gaza y Cisjordania está más viva y activa que nunca
Cae el telón sobre la repentina caída de Siria en manos de los terroristas yihadistas. Así como sobre la República Árabe Siria, y sobre la dinastía Assad.
Quedan todavía bastantes puntos oscuros, o aún no definidos, que probablemente se irán aclarando en los próximos días y semanas.
Evidentemente, sobre todo, el comportamiento de Assad durante la crisis y hasta su epílogo, y quizás aún más el del Ejército Árabe Sirio, que no sólo prácticamente no libró ni una sola batalla para contrarrestar el avance yihadista, sino que escenificó una pantomima desconcertante para encubrir su decisión de entregar el país a Hay’at Tahrir al-Sham.
Los descuidos evidentes y los errores manifiestos cometidos por Rusia e Irán también siguen envueltos en la niebla emocional de estos días. Pero, de hecho, muchas de estas cosas se aclararán más adelante.
Llegados a este punto, en cualquier caso, se trata de trazar una línea y mirar más allá.
Lo primero que hay que dejar claro es que la victoria yihadista -sobre todo teniendo en cuenta el momento y la forma en que se logró- está lejos de poner fin al caos sirio; al contrario, es un presagio de un nuevo reavivamiento. El ejemplo que viene inmediatamente a la mente es Libia.
Para empezar, está la cuestión kurda, que Ankara intenta resolver desatando a sus milicias del Ejército Nacional Sirio (y también interviniendo directamente), aprovechando también esta fase de transición, pero que está lejos de encontrar una solución pacífica.
Además, las fuerzas kurdas (que al menos por ahora siguen contando con el apoyo de Estados Unidos) controlan una gran porción de territorio, de norte a sur, y sobre todo parte de la frontera con Turquía.
La cuestión de las relaciones (de poder) entre el HTS y el SNA también está por verificar. Es probable que se llegue a algún tipo de acuerdo [1], pero no será una coexistencia fácil; y en cualquier caso, en mi opinión, el HTS no aceptará un papel subordinado a Turquía, ni una influencia significativa de Ankara en Siria, y a medida que consolide su poder esto irá en aumento.
Que el caos aún no se ha desencadenado realmente es evidente por la acción israelí; no tanto por la previsible creación de una zona tampón más allá del Golán (otra anexión encubierta), sino por el hecho de que la fuerza aérea está tomando medidas para destruir todos los depósitos estratégicos y el armamento del SAA.
Dado que la evolución a medio-largo plazo es imprevisible, es mejor aprovechar la oportunidad para asegurarse de que los arsenales sirios no caigan en manos equivocadas.
Por el momento no está claro si habrá o no una expulsión más o menos rápida de los rusos, pero en cualquier caso está claro que, aunque se mantuvieran las bases de Tartus y Hmeimim, la situación sería radicalmente diferente a la actual y, en el mejor de los casos, se encontrarían estrechamente rodeadas por una panoplia de instrumentos de espionaje electrónico occidentales.
Es evidente que estamos ante una derrota significativa, tanto para Rusia como para Irán, y la evidente aproximación con la que están afrontando la situación es la mejor prueba de ello. A corto plazo, Turquía e Israel saldrán beneficiados, obviamente. Pero para ninguno de ellos es una victoria decisiva.
Lo que cabe esperar, a corto y medio plazo, es una balcanización de facto de la antigua RAS, a pesar de que todos apelen al mantenimiento de la integridad territorial del país.
Las hipótesis más realistas a este respecto prevén al menos tres o cuatro cantones, más algunas variables. La mayor parte del país seguirá en manos del HTS-SNA, al que se unirán una miríada de pequeños grupos de la oposición moderada prooccidental. La zona al este del Éufrates seguirá siendo sustancialmente un enclave kurdo, con una fuerte presencia en el norte, y que depende esencialmente de las bases estadounidenses en territorio sirio, Al Omar y Al Shaddadi, en el noreste, Deir ez-Zor-Conoco en el este, y Al Tanf en el sur. Mientras que en el suroeste está surgiendo una gran zona tapón ocupada por las fuerzas israelíes, que sin embargo pretenden crear un verdadero Estado tapón basado en la comunidad drusa [2].
Es posible -aunque en mi opinión poco probable- la creación de un cantón semiautónomo en la costa mediterránea, alrededor de las bases rusas de Latakia-Hmeimim y Tartus, donde vive la comunidad alauita.
Mucho dependerá de cómo evolucionen las relaciones entre Moscú y Damasco, tras el cambio de régimen. Según declaró a TASS un funcionario del Kremlin, por el momento los líderes de la oposición armada siria han garantizado la seguridad de las bases militares y las instituciones diplomáticas rusas en Siria. Pero seguridad no significa permanencia. Es probable que finalmente se produzca un desmantelamiento acordado.
También hay que tener en cuenta otras dos variables que no son precisamente irrelevantes.
La primera es el ISIS, que sigue presente en el desierto sirio, y que sin duda se fortalecerá tras la liberación de muchos de sus combatientes de las cárceles sirias. Teniendo en cuenta que en las filas del HTS, a pesar del maquillaje moderado adoptado por Al Jolani (él mismo antiguo dirigente del ISIS primero y de Al Qaeda después), hay muchos militantes que proceden de los márgenes del extremismo más radical, es muy posible que algunos de éstos sufran tarde o temprano la llamada del bosque, y vuelvan a la órbita de Daesh.
Además, una parte importante de las milicias yihadistas está formada por uigures, uzbekos y tayikos, claramente poco interesados en construir un Estado sirio democrático (aunque el propio Al Jolani lo sea…), y mucho más interesados en crear un nuevo califato, desde el que extender la yihad de los degolladores -especialmente hacia sus países de origen en Asia Central.
Otra variable la constituirá tarde o temprano Irán, que sin duda no renunciará tan fácilmente a ejercer su influencia sobre el país vecino y tradicionalmente amigo. De momento, Teherán -como un poco todo el mundo…- se está realineando con la situación de facto, tratando de remitirse a la resolución 2254 de la ONU y aspirando a una internacionalización del proceso de cambio de régimen.
Pero se trata evidentemente de una táctica transitoria, dado que ni los patrocinadores de la operación yihadista, ni por otras razones la ONU, tienen el deseo y los medios de pilotar la transición en Damasco.
Por otra parte, la fuerte hostilidad de los yihadistas hacia Irán es un hecho, que hace improbable cualquier apaciguamiento.
Inevitablemente, por tanto, tarde o temprano asistiremos al intento iraní de crear una fuerza política y (quizás) militar, siguiendo el modelo de las formaciones iraquíes. La reserva potencial sobre la que trabajar es la comunidad alauita, una parte del antiguo ejército sirio (especialmente los que se refugiaron en Irak), y miembros del partido Baath (que en los últimos años había sido marginado por Assad).
Y para el nuevo régimen, un cruce entre un califato islámico y una avanzadilla de la OTAN, los problemas no acaban aquí.
En primer lugar, hay que reconstruir una infraestructura estatal y, sobre todo, volver a poner en pie un país que nunca se ha recuperado verdaderamente de la guerra civil.
Teniendo en cuenta que el petróleo sirio sigue estando casi en su totalidad en manos kurdo-estadounidenses, esto significa que las inversiones necesarias requerirán recursos que no son fáciles de encontrar.
Turquía ciertamente no está en condiciones de apoyar financieramente este esfuerzo, es más, tratará de aprovechar la situación para deshacerse de una gran parte de los refugiados sirios presentes en su territorio, y que constituyen una carga considerable. Y es poco probable que el capital de los países del Golfo se sienta tentado a invertir en un país inestable.
Además -y esto no es en absoluto secundario-, los israelíes y los estadounidenses (y en parte también los rusos), se han dedicado activamente a la destrucción de todo el sistema de defensa del antiguo SAA: aviación, misiles, sistemas de defensa antiaérea, depósitos de municiones, fábricas y laboratorios militares, todo ha sido destruido con una serie de ataques aéreos selectivos.
Esto significa que el nuevo estado sirio no tendrá mucho más de lo que las milicias ya tienen para defenderse, y por lo tanto seguirá estando sujeto a la presión de vecinos poderosos y bien armados (Turquía e Israel en primer lugar).
Un proceso de rearme, que a su vez requiere fondos considerables, así como proveedores disponibles…, y tomará años en completarse. De hecho, por lo tanto, antes de que Siria – suponiendo que siga siendo una realidad unitaria – vuelva a ser un estado soberano, tendrá que pasar mucha agua bajo el puente. Repito, Libia docet (Libia lo demuestra/enseña).
Para concluir, hay que hacer una nota al margen sustancial sobre el significado y el valor de este colapso.
Que el fin del régimen de Assad es, en sí mismo y por sus consecuencias prácticas, un duro golpe para las fuerzas que luchan contra el imperialismo occidental, está fuera de toda duda. Pero -y esto no hay que olvidarlo nunca- lo que está en marcha es una guerra, no una marcha triunfal, y en la guerra no siempre se ganan todas las batallas.
Por supuesto, incluso dejando de lado el valor psicológico de este revés (amplificado por la rapidez con que se produjo y por su -hasta ahora- inexplicabilidad), hay consecuencias de no poca importancia en el plano estratégico.
Si Rusia perdiera sus bases sirias, sería un gran problema. La flota mediterránea perdería una base segura, aunque pudiera contar con un lugar de desembarco amigo en Libia [3], lo que crearía más dificultades (la situación en el Mar Negro ya no es óptima).
Pero si la pérdida de Tartus sería grave, más aún lo sería la del aeropuerto de Hmeimim, escala fundamental para el reabastecimiento de los aviones de transporte que se dirigen al África subsahariana, donde la presencia rusa es ahora significativa. Del mismo modo, para el Eje de la Resistencia, la pérdida del canal de tránsito hacia y desde el Líbano plantea importantes problemas logísticos.
No obstante, debemos mantener una visión estratégica y a largo plazo, sin dejarnos abrumar por los datos emocionales, borrando el resto del panorama general.
Rusia está ganando su conflicto con la OTAN en Ucrania. Hezbolá ha obligado a Israel a un alto el fuego sin haber logrado ninguno de sus objetivos operativos. La resistencia palestina en Gaza y Cisjordania está más viva y activa que nunca. Y si es cierto que toda promesa es una deuda, esperamos la llegada de la Verdadera Promesa 3…
Traducción nuestra
*Enrico Tomaselli es Director de arte del festival Magmart, diseñador gráfico y web, desarrollador web, director de video, experto en nuevos medios, experto en comunicación, políticas culturales, y autor de artículos sobre arte y cultura.
Notas
1 – Curiosamente, aunque los levantamientos en el sur estaban dirigidos por las SDF kurdas y el SNA, que estaba mucho más cerca de Damasco, cuando el HTS seguía entrando en Homs, de repente el empuje desde el sur hacia la capital pareció ralentizarse lo suficiente como para permitir que la ciudad cayera en manos de los yihadistas.
2 – Shlomi Binder, jefe de la inteligencia militar israelí, AMAN, se reunió con el jefe de la comunidad drusa siria, Sheikh Mowafaq Tarif, para discutir esta posibilidad. Según Naom Tibon, general de división de las FDI, «Israel está muy interesado en establecer un Estado druso en Siria».
3 – También se ha hablado durante algún tiempo de construir una base naval en Sudán, en el Mar Rojo, pero la actual guerra civil en el país, y cierta incertidumbre por parte rusa, han hecho que hasta ahora siga siendo un proyecto, y que la construcción real siga en el mar.
Fuente original: Enrico’s Sub stack
