Peiman Salehi.
Ilustración: The Cradle
03 de abril 2026.
La estructura militar de Irán no se basa en una única fuerza de élite, sino en un sistema por niveles diseñado para garantizar una preparación constante y una respuesta localizada.
Durante años, cuando las capacidades militares de Irán salen a la luz en los medios internacionales, el debate se reduce a un único nombre: la Fuerza Quds.
Es un nombre conocido, visible y que resulta conveniente para las narrativas sobre el alcance regional de Teherán. Sin embargo, ese enfoque oculta algo más inmediato y relevante cuando el debate pasa de la influencia a largo plazo a la confrontación a corto plazo.
Si se llevara a cabo una incursión limitada contra una isla, un puerto o una infraestructura crítica, no sería la Fuerza Quds la que se presentaría en primer lugar.
Las unidades que realmente responderían y determinarían el resultado en las primeras horas son mucho menos conocidas. Y eso no se debe a que no existan, sino a que el sistema de la República Islámica nunca se construyó en torno a una única formación de élite.
Lo que existe, en cambio, es una estructura en capas, repartida entre múltiples instituciones, en la que «fuerzas especiales» no es una marca, sino una función.
Un modelo de fuerza distribuido
En el centro de esta estructura se encuentra el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), en particular sus fuerzas terrestres. Dentro de él, el término que aparece con mayor frecuencia —y que a menudo se malinterpreta— es Saberin. A veces se describe como una unidad, pero eso solo capta una parte del panorama.
En la práctica, funciona más bien como una categoría: un conjunto de capacidades de operaciones especiales distribuidas entre diferentes formaciones.
Estas unidades están entrenadas para realizar incursiones, inserciones aerotransportadas y operaciones en terrenos difíciles. Y lo que es más importante, están integradas en toda la estructura provincial de Irán.
Evaluaciones de defensa anteriores indican que las unidades de tipo Saberin operan a nivel de cuerpos regionales, rotando por las zonas operativas: en el noroeste contra grupos militantes kurdos, en el sureste contra redes insurgentes.
Ese detalle es importante. Significa que las capacidades de élite de Irán no están centralizadas en un único lugar, a la espera de ser desplegadas. Ya están distribuidas por todo el territorio, adaptadas a los entornos locales y acostumbradas a operar en conflictos fragmentados y de baja intensidad.
Se trata de un modelo muy diferente al de las fuerzas especiales occidentales, que a menudo están diseñadas para la proyección: llegar en avión, ejecutar una misión y retirarse. El sistema iraní está concebido para la presencia.
Junto a Saberin, existen formaciones identificables dentro de las fuerzas terrestres del IRGC, como la Brigada Salman Farsi en el sureste u otras brigadas especiales que aparecen en ejercicios e informes internos. Su perfil público sigue siendo limitado, pero su función es clara. Operan entre las fuerzas de seguridad locales y las unidades estratégicas de mayor nivel, reforzando los puntos débiles y respondiendo a amenazas repentinas.
Más allá del IRGC
La capacidad de operaciones especiales de Irán se extiende más allá del IRGC.
Dentro del ejército regular, el Artesh, persiste una tradición diferente: más antigua, más convencional, pero aún relevante. La unidad más destacada es la 65ª Brigada de Fuerzas Especiales Aerotransportadas, conocida como NOHED. A diferencia de las formaciones del IRGC, la NOHED se asemeja más a las fuerzas especiales clásicas: cualificada para el transporte aéreo, entrenada para el reconocimiento y la acción directa, y capaz de un despliegue rápido.
Lo que hace que la NOHED resulte especialmente interesante no es solo su entrenamiento, sino su limitada exposición operativa en el extranjero. Los informes sobre su despliegue en Siria en 2016 sugieren que, en determinadas condiciones, incluso las fuerzas más convencionales de Irán pueden utilizarse en funciones expedicionarias.
No obstante, centrarse únicamente en las fuerzas terrestres supondría pasar por alto una parte fundamental del panorama.
La ventaja marítima
Las capacidades de operaciones especiales de Irán se hacen más visibles en el ámbito marítimo. La Armada del IRGC mantiene una formación especializada a la que a menudo se hace referencia como la Fuerza Especial Naval Sepah (SNSF). Con base en islas del Golfo Pérsico, incluida Forur, esta unidad se entrena en buceo de combate, asalto anfibio y operaciones de abordaje.
A diferencia de muchas de las unidades terrestres de Irán, que operan en gran medida fuera de la vista, estas fuerzas navales han dejado una huella operativa más clara.
Han participado en despliegues contra la piratería en el Golfo de Adén y se las asocia ampliamente con la capacidad de Irán para llevar a cabo incautaciones o interceptaciones de buques en el estrecho de Ormuz.
Esto refleja una realidad estratégica. En la confrontación con potencias externas, es mucho más probable que Irán se embarque en operaciones limitadas y geográficamente circunscritas, especialmente en el mar, que en una guerra convencional a gran escala.
Reconsiderar las «fuerzas especiales»
Esto plantea una cuestión más profunda en relación con las comparaciones occidentales.
Buscar un equivalente iraní al SEAL Team Six o a la Delta Force es pasar por alto lo esencial. El sistema iraní no está diseñado para crear una única formación de élite visible. Garantiza que, tanto en tierra como en el mar y en materia de seguridad interna, existan fuerzas capaces de responder con rapidez, a nivel local y de forma coordinada.
Aquí es donde entra en escena el Basij, a menudo pasado por alto pero estructuralmente importante.
Si bien gran parte del Basij está orientado a la movilización y al control interno, ciertos elementos, como las unidades Fatehin, están entrenados a un nivel superior y, según se informa, han sido desplegados en teatros externos como Siria.
Más importante aún, las unidades del Basij se integran en las operaciones del IRGC a nivel táctico, aportando refuerzos, conocimiento local y mano de obra. En un escenario real, probablemente serían de los primeros en responder, no como comandos de élite, sino como parte de un sistema defensivo en capas que respalda y amplifica las acciones de unidades más especializadas.
Un sistema construido para la continuidad
En conjunto, esta estructura comienza a explicar por qué las fuerzas especiales de Irán son difíciles tanto de cartografiar como de comparar.
No están diseñadas para la visibilidad. No están organizadas en torno a un único mando. No operan principalmente en misiones globales de alto perfil que definen las operaciones especiales occidentales.
Su experiencia se ha desarrollado, en cambio, en escenarios más discretos: conflictos fronterizos, operaciones de seguridad interna y despliegues selectivos en Siria e Irak.
Esta experiencia es menos espectacular, pero no por ello insignificante. Pone de relieve la adaptabilidad, el conocimiento del terreno y la capacidad de operar dentro de un sistema más amplio en lugar de hacerlo de forma independiente.
Así pues, lo que responde a una incursión externa limitada no es una sola unidad, sino una secuencia determinada por la proximidad, la capacidad y la escalada.
Los elementos locales del IRGC y Basij actúan en primer lugar para asegurar el entorno inmediato, seguidos de formaciones del tipo Saberin que actúan como refuerzos móviles. Paralelamente, si las condiciones marítimas lo permiten, las fuerzas especiales navales del IRGC se desplazan para controlar o interrumpir el acceso marítimo, mientras que unidades de Artesh como NOHED pueden incorporarse como refuerzo de nivel superior cuando la escalada lo exija.
El sistema opera mediante capas: una estructura diseñada para absorber impactos, reforzar puntos débiles y mantener la continuidad operativa. Esa es la idea central.
La capacidad de operaciones especiales de Irán sigue siendo menos visible, no porque sea débil, ni porque sea excepcionalmente secreta. Permanece oculta porque no se ajusta a las narrativas dominantes sobre cómo se supone que deben ser las fuerzas especiales.
No existe un emblema único, ni una fuerza singular que la simbolice. Lo que existe, en cambio, es un sistema más difícil de definir —y mucho más difícil de desarticular—.
Traducción nuestra
*Peiman Salehi es un analista de asuntos internacionales afincado en Teherán. Sus artículos han aparecido en el *South China Morning Post* y en *Responsible Statecraft*, y han sido citados por *Al Jazeera* y por la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad del Congreso de los Estados Unidos.
Fuente original: The Cradle
