BARRABÁS Y LA GASOLINA. Enrico Tomaselli.

Enrico Tomaselli.

Foto: Diseño OTL. Foto Reuters

13 de marzo 2026.

…el hecho de que Netanyahu sienta la necesidad de enviar este mensaje indica que está empezando a preocuparse por que los estadounidenses puedan elegir a Barrabás y la gasolina.


Aunque tanto la Administración estadounidense como el Gobierno israelí están repletos de fanáticos religiosos —y luego hablan de ayatolás…—, ni Trump ni Netanyahu lo son.

Más bien, son dos megalómanos interesados en el poder personal, con la ambición de vincular sus nombres a momentos significativos de la historia de sus respectivos países.

Para ambos, por lo tanto, cualquier referencia religiosa es siempre exclusivamente instrumental.

Cuando Netanyahu habla de Amalec, el enemigo bíblico del pueblo de Israel que debe ser exterminado, lo hace para seducir al electorado de extrema derecha, en el que ha basado su liderazgo político durante más de veinte años.

Cuando Trump nombra a una fanática como Paula White-Cain para dirigir la Oficina de la Fe de la Casa Blanca, u organiza sesiones de oración en el Despacho Oval, donde todos lo rodean y lo tocan como si fuera una especie de conducto hacia lo divino, lo hace tanto por motivos electorales como por puro narcisismo.

A diferencia de auténticos psicópatas como Smotrich, Ben Gvir e incluso Pete Hegseth (quien llevaba tatuada una cruz de Jerusalén en el pecho y las palabras «Deus Vult» en el brazo), quienes creen verdaderamente en la Biblia como si fuera un texto geopolítico escrito ayer mismo, los dos líderes son fundamentalmente laicos, mucho más interesados en las cosas terrenales (dinero y mujeres hermosas para uno, poder para el otro) que en las espirituales.

Al fin y al cabo, Trump no se reunía con Epstein para mantener debates teológicos. Por lo tanto, cada vez que recurren a argumentos religiosos, debemos preguntarnos por qué, cuál es el verdadero propósito.

Y en el discurso de ayer de Netanyahu, encontramos de manera clara precisamente esto. En medio de una avalancha de declaraciones optimistas, que van desde la enésima reiteración de la idea de que Israel está remodelando Oriente Medio en su propio beneficio hasta el último arrebato de que la “nueva Esparta” está emergiendo no solo como una gran potencia regional, sino incluso como una “superpotencia mundial”, encontramos una afirmación significativa. Según él,

con esta guerra, seremos testigos del regreso del Mesías».

Cuesta creer que esta idea totalmente escatológica se corresponda realmente con su verdadero pensamiento. Aunque tanto él como Trump se están revelando cada vez más como personas desconectadas de la realidad, esto es demasiado incluso para él.

En realidad, se trata de un mensaje explícito y directo dirigido al gran lobby sionista estadounidense de los evangélicos, para quienes el apoyo incondicional a Israel se deriva precisamente de esa creencia escatológica.

En un momento en el que al menos dos tercios de los estadounidenses se oponen a esta guerra, cuyas consecuencias “imprevistas” están teniendo un fuerte impacto en la postura de la Casa Blanca, el llamamiento milenarista está claramente dirigido a mantener el apoyo de las iglesias evangélicas a la guerra, y especialmente a su continuación —hasta, de hecho, el regreso del Mesías.

Y a medida que los estadounidenses comienzan a hacer cuentas ante el aumento de los precios de la gasolina (puramente especulativo, ya que lo que hay en los surtidores se compró cuando costaba menos de la mitad de lo que cuesta ahora), nada mejor que un argumento “de otro mundo” para intentar mantener el apoyo a un conflicto que afecta al presupuesto diario de los ciudadanos.

Si Draghi estuviera allí para apoyarle, saldría en televisión y preguntaría a los estadounidenses: “¿Prefieren volver a pagar 2,80 dólares el galón, o al Mesías?”. Lo cual sonaría un poco como el bíblico “¿Jesús o Barrabás?”.

Y el hecho de que Netanyahu sienta la necesidad de enviar este mensaje indica que está empezando a preocuparse por que los estadounidenses puedan elegir a Barrabás y la gasolina.

Y si la guerra termina antes de destruir a Amalec, el riesgo no es solo que se vean frustrados los sueños de una superpotencia y de una reestructuración de Oriente Medio, sino que la nueva Esparta se enfrente a su propia batalla de Esfacteria*.

Traducción nuestra


*Enrico Tomaselli es Director de arte del festival Magmart, diseñador gráfico y web, desarrollador web, director de video, experto en nuevos medios, experto en comunicación, políticas culturales, y autor de artículos sobre arte y cultura.

Nota nuestra

*Batalla de Esfacteria:  Fue un episodio de la guerra del Peloponeso en el que un contingente espartano fue derrotado y capturado, lo que supuso un duro golpe para su imagen de invencibilidad. La metáfora sugiere que Israel (la nueva Esparta) podría sufrir una humillación estratégica similar si no logra sus objetivos.

Fuente original: Enrico’s Substack

 

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