Tamjid Kobaissy.
Ilustración: The Cradle
07 de marzo 2026.
A medida que aumenta la presión respaldada por Estados Unidos contra la resistencia libanesa, el ataque preventivo de Hezbolá indica que será el campo de batalla, y no los decretos políticos de Beirut, lo que determinará la próxima fase del equilibrio regional.
En los últimos años, Asia Occidental se ha convertido cada vez más en un escenario abierto en el que chocan los intereses regionales e internacionales. Las consideraciones de seguridad se entrecruzan con los intereses económicos, mientras que las luchas por la influencia y la identidad se intensifican en toda la región.
Descrita durante mucho tiempo como un foco de tensión perpetuo, Asia Occidental se enfrenta ahora a una fase mucho más volátil tras el estallido de enfrentamientos militares directos y la rápida remodelación de los equilibrios de poder regionales.
En este tenso entorno regional, el Líbano ha vuelto a situarse en primera línea.
La última escalada comenzó cuando Hezbolá lanzó seis cohetes hacia los territorios palestinos ocupados. Tel Aviv respondió con una agresión de gran alcance, desatando una serie de violentos ataques contra los suburbios del sur de Beirut y amplias zonas del sur del Líbano.
Sin embargo, los acontecimientos posteriores sobre el terreno revelaron rápidamente una realidad diferente.
Hezbolá ha logrado restaurar una parte significativa de su capacidad operativa tras un período de reorganización y reconstrucción. La magnitud y la rapidez de esa recuperación parecen haber sorprendido al propio ejército israelí, que ahora parece inseguro en sus evaluaciones y decisiones estratégicas.
El campo de batalla en el sur no se ha desarrollado según las expectativas israelíes. Los combatientes de Hezbolá han aparecido en la vanguardia de la línea del frente, operando en zonas de contacto directo con las fuerzas israelíes.
Los combatientes de Hezbolá ya han demostrado su preparación operativa, atacando con precisión los tanques que avanzaban y apuntando a los vehículos militares junto a las posiciones ocupadas por los soldados israelíes dentro del territorio libanés.
Al mismo tiempo, Hezbolá ha seguido atacando objetivos militares en el interior del territorio ocupado, lo que indica claramente que su capacidad misilística sigue intacta y es capaz de imponer nuevas ecuaciones de disuasión en el campo de batalla.
Estalla la crisis política en Beirut
Las repercusiones de estos acontecimientos no se han limitado al ámbito militar.
Dentro del Líbano, la situación se ha extendido rápidamente a la esfera política. Se desató un feroz debate después de que el Gobierno anunciara la decisión de “prohibir la actividad militar de Hezbolá” y clasificar sus operaciones militares y de seguridad como “ilegales”.
La medida se considera en general una peligrosa escalada que, en la práctica, se alinea con los objetivos israelíes al ejercer presión política sobre la resistencia. Más importante aún, la decisión tiene implicaciones potencialmente graves para el frágil equilibrio interno del Líbano.
En esencia, la medida corre el riesgo de abrir la puerta a una confrontación interna cuyas consecuencias podrían descontrolarse en un país cuya estructura política y sectaria difícilmente puede absorber tales conmociones.
Dentro del propio estamento militar libanés, rápidamente surgieron señales que reflejaban la conciencia de esta realidad.
La información disponible indica que el ejército libanés no tiene intención de entrar en confrontación directa con Hezbolá. Tal medida podría fracturar al propio ejército, algo que los oficiales superiores comprenden muy bien, independientemente de las posiciones personales del comandante del ejército.
Esta tensión se hizo evidente durante la reunión del gabinete, en la que se debatió la decisión.
Según se informa, en la sesión se produjo un acalorado intercambio entre el primer ministro Nawaf Salam y el comandante del ejército libanés, el general Rudolphe Haikal.
Según fuentes familiarizadas con el debate, Haikal hizo hincapié en la necesidad de coordinarse y llegar a un entendimiento con Hezbolá en cualquier plan de seguridad relativo al sur del Líbano u otras zonas sensibles.
Advirtió de que intentar imponer tal decisión por la fuerza podría tener consecuencias peligrosas.
“No puedo pedir a un soldado que gana 200 dólares que luche en el norte, en el este y en el sur, y luego luche contra su propio pueblo”, dijo Haikal al gabinete, según se informa.
Sin embargo, Salam no pareció inmutarse ante estas preocupaciones. “La seguridad no se consigue mediante el consenso”, respondió el primer ministro.
Cuando el comandante del ejército repitió que las fuerzas armadas carecen de la capacidad para aplicar rápidamente dicho plan y volvió a insistir en la necesidad de coordinarse con Hezbolá, la respuesta siguió siendo firme.
“Tienen que aplicarlo por todos los medios disponibles”.
A pesar de la decisión del Gobierno, tanto la realidad militar como la política sugieren que la aplicación de dicha medida sigue estando fuera del alcance práctico del ejército.
Para Hezbolá, la paciencia ha sido el enfoque definitorio en los últimos años, especialmente ante la creciente presión interna y externa.
Dentro de la base social de la resistencia, el ejército libanés no es considerado un adversario. El problema, según muchos, radica en un liderazgo político que, bajo una fuerte presión extranjera, busca empujar al ejército a la confrontación con la resistencia.
La campaña de presión de Washington y Riad
La presión externa sobre el Gobierno libanés sigue siendo un factor central en la crisis que se está desarrollando.
La posición de Washington ha sido clara durante años, pero el papel de Arabia Saudí ha llamado especialmente la atención. Riad había enviado anteriormente señales que sugerían un enfoque más pragmático hacia Hezbolá, pero su tono ha cambiado notablemente en los últimos meses.
Hay dos explicaciones plausibles.
La primera está relacionada con la creciente confrontación entre Estados Unidos e Irán, especialmente con los ataques contra las instalaciones militares estadounidenses y la infraestructura logística utilizada por Washington y Tel Aviv.
La segunda posibilidad es más táctica. Es posible que esas señales anteriores de Arabia Saudí formaran parte de una maniobra temporal y no de un cambio genuino en la política hacia Hezbolá.
Muchos observadores regionales entienden que el colapso de Hezbolá no serviría necesariamente a los intereses estratégicos de Arabia Saudí ni a los de otros actores regionales.
En declaraciones a The Cradle, el responsable de Hezbolá y exministro libanés Mahmoud Qamati criticó duramente la decisión del Gobierno:
Elogiamos al Gobierno por su postura positiva con respecto a los libaneses desplazados y nos mantendremos unidos en esta tarea nacional. Agradecemos a todos aquellos miembros del pueblo y las instituciones libanesas que han contribuido a darles refugio. Al mismo tiempo, nos sorprende la reciente decisión del Gobierno de considerar la resistencia fuera de la ley.
Es una vergüenza que quedará registrada en su contra. Hubiera sido más apropiado que el Gobierno se beneficiara de la fuerza del Líbano a través de la resistencia y el ejército, y presionara al enemigo para que aplicara el reciente acuerdo para completar la liberación del territorio y los prisioneros y detuviera las violaciones en curso, después de que todos los esfuerzos diplomáticos fracasaran y solo produjeran falsas promesas. Aconsejamos al Gobierno que revierta esta decisión injusta y humillante.
Qamati sostiene que los dirigentes libaneses han cedido a la presión externa:
El Gobierno ha sucumbido a las presiones internacionales y árabes alineadas con el enemigo sionista y ha optado por la sumisión y la humillación en lugar de la soberanía, la libertad y la independencia, lo que ha llevado al país hacia la lucha interna y la inestabilidad.
Ceguera de los servicios de inteligencia en Tel Aviv
Sin embargo, dentro de Israel, la situación no parece menos preocupante para las fuerzas armadas.
Los informes que surgen desde dentro describen lo que los analistas caracterizan cada vez más como un punto ciego de inteligencia en torno a la estructura y las capacidades actuales de Hezbolá.
Algunos observadores sugieren que el movimiento ha vuelto deliberadamente a los métodos operativos de la década de 1980, haciendo hincapié en el secreto y la organización compartimentada tanto en las estructuras militares como en las de seguridad.
Las dificultades del ejército israelí para evaluar la situación de Hezbolá se deben a varios factores. Una cuestión importante es determinar si los ataques aéreos israelíes han logrado realmente sus objetivos.
Durante enfrentamientos anteriores, los mandos militares israelíes anunciaban con frecuencia el asesinato de figuras concretas de Hezbolá inmediatamente después de confirmar el éxito de los ataques. Esas operaciones solían tener como objetivo instalaciones militares o de seguridad claramente identificadas.
El patrón actual parece notablemente diferente.
Los bombardeos israelíes han golpeado repetidamente instituciones que son de dominio público, como la asociación financiera Qard al-Hassan, la emisora de radio Al-Nour y la cadena de televisión Al Manar.
Otros ataques han tenido como objetivo edificios residenciales o apartamentos que ya figuraban en la antigua lista de objetivos de Israel utilizada durante la agresión de septiembre de 2024.
En muchos casos, los objetivos parecen ser lugares que desde hace tiempo se consideran comprometidos desde el punto de vista de la seguridad o personas que no son figuras militares.
Qamati sostiene que estos patrones revelan un problema más profundo para el ejército israelí.
El enemigo sufre de ceguera en materia de inteligencia, afirma. Tomamos las precauciones y medidas de seguridad necesarias. La prueba es que anunciaron más de diez veces que habían asesinado a líderes de Hezbolá, y todas esas afirmaciones resultaron ser falsas.
Ahora se jactan de haber matado a un solo combatiente, añade. Estaban preparando una guerra terrestre y planeaban sorprendernos. En cambio, la resistencia lanzó un ataque preventivo que los sorprendió. La magia se volvió contra el mago.
Según Qamati, Hezbolá ya había detectado indicios de que Israel estaba preparando una operación militar de mayor envergadura:
La información que nos llegó, la vigilancia sobre el terreno a lo largo de la frontera y el anuncio de la movilización militar del ejército enemigo mostraban claramente que ya no se conformaba con la agresión diaria que ha continuado durante 15 meses. Se estaba preparando para sorprender al Líbano con una nueva invasión y ocupación. Por lo tanto, llevamos a cabo un ataque preventivo que frustró el elemento sorpresa. En cambio, les sorprendimos y reanudamos la resistencia después de que se agotara nuestra paciencia.
Esta valoración parece coincidir con la información del Canal 13 de Israel, que reveló que la decisión de Hezbolá de abrir fuego se tomó en un momento decisivo.
Según el informe, los ministros israelíes habían estado debatiendo durante horas en el gabinete político-de seguridad si lanzar un ataque preventivo contra el Líbano antes de que comenzaran los lanzamientos de cohetes.
El momento del ataque de Hezbolá interrumpió efectivamente esas deliberaciones. Incluso el propio ministro de Defensa de Israel reconoció indirectamente esta secuencia.
«Decidimos llevar a cabo un ataque preventivo contra Hezbolá, pero ellos se nos adelantaron atacando a Israel», dijo.
Para Hezbolá, el incidente supone algo más que un éxito táctico. Refleja una capacidad de inteligencia que anticipa la toma de decisiones israelí, lo que le permite preparar medidas defensivas con antelación.
La resistencia se reorganiza
Más allá del campo de batalla, Hezbolá también ha reforzado su aparato de seguridad interna.
En los suburbios del sur de Beirut, principal bastión del movimiento, unidades de seguridad especializadas operan bajo una intensa presión para mantener la estabilidad a pesar de los continuos bombardeos israelíes.
Estas unidades se encargan de prevenir el sabotaje, el espionaje o las actividades delictivas que podrían aprovechar el caos creado por la guerra.
También protegen los barrios residenciales y los hogares de las familias desplazadas, garantizando el orden básico en las zonas repetidamente atacadas por los bombardeos aéreos israelíes.
La magnitud de estos esfuerzos ha aumentado considerablemente durante el actual enfrentamiento, lo que ha hecho recaer gran parte de la responsabilidad de la seguridad local en las propias estructuras de Hezbolá.
Estallidos en el frente oriental: fracasa una incursión aérea israelí en la Bekaa
Mientras continuaban los enfrentamientos a lo largo de la frontera, la Resistencia Islámica demostró una gran inteligencia y capacidad operativa, siguiendo de cerca los movimientos del enemigo desde Manara hasta Markaba y frustrando los intentos de establecer nuevas posiciones, empleando drones kamikaze y misiles guiados para infligir golpes directos a los cuarteles y al personal enemigo.
En las últimas horas, estallaron intensos combates en la zona de Khiam, donde la resistencia atacó con una lluvia de cohetes una concentración israelí en Talat al-Hammas y Khillat al-Asafir.
Al mismo tiempo, la Bekaa oriental del Líbano se convirtió brevemente en un campo de batalla activo después de que una operación aérea israelí cerca de la ciudad de Nabi Chit se desmoronara bajo el fuego.
Según la Resistencia Islámica, varios helicópteros israelíes cruzaron desde Siria a última hora del viernes, introduciendo una fuerza terrestre en la zona montañosa entre Yahfoufa, Khraibeh y Ma’raboun antes de avanzar hacia las afueras orientales de la ciudad.
La unidad infiltrada fue rápidamente detectada por los combatientes de la resistencia, lo que desencadenó un tiroteo cerca del cementerio de Nabi Chit.
Los aviones israelíes lanzaron fuertes ataques sobre las colinas circundantes para cubrir la retirada, mientras que las unidades de la resistencia respondieron con fuego de artillería y cohetes dirigidos a la zona de enfrentamiento y a las rutas de evacuación sospechosas.
A primera hora del sábado por la mañana, los helicópteros y los aviones de combate se habían retirado, lo que pone de relieve cómo el enfrentamiento entre Israel y la Resistencia Islámica se está extendiendo más allá del tradicional frente sur del Líbano.
Una nueva fase del conflicto
En conjunto, estos acontecimientos sugieren que el Líbano está entrando en una nueva fase de confrontación, en lugar de experimentar una escalada militar de corta duración.
Hezbolá ha vuelto a emerger como un actor regional central capaz de marcar el ritmo y la dirección del conflicto.
Sus adversarios, por su parte, parecen cada vez más inseguros sobre cómo responder.
El enfrentamiento se ha convertido ahora en un factor influyente en el equilibrio de poder regional más amplio.
Al entrar directamente en la batalla e imponer nuevas ecuaciones en el campo de batalla, Hezbolá se ha asegurado efectivamente un puesto, ya sea reconocido formalmente o no, en la mesa de negociaciones que definirá la próxima fase de la región.
Y con la expansión de la influencia regional de Irán, la posición de Hezbolá dentro del equilibrio emergente parece más fuerte que nunca.
Traducción nuestra
*Tamjid Kobaissy es un periodista libanés que escribe para el periódico Al-Akhbar. Está especializado en seguridad y asuntos sociales. Durante la agresión israelí contra el Líbano, siguió el caso de los detenidos en los suburbios del sur de Beirut sospechosos de colaborar con agencias de inteligencia extranjeras.
Fuente original: The Cradle
