Andrea Zhok.
Foto: Una ambulancia dañada en un ataque israelí yace en una calle de Teherán, la capital de Irán. © Recopilado (Photo by ATTA KENARE / AFP) Foto: AFP
23 de febrero 2026.
…las alternativas en juego son la imposición global del imperialismo israelo-estadounidense o la imposición de un nuevo multipolarismo, centrado en China y Rusia.
La batalla por Irán aún está en suspenso, pero tiene el perfil de un umbral histórico decisivo.
Israel está ejerciendo toda la presión de la que es capaz sobre la administración estadounidense para llevar a cabo el ataque.
El hecho de que una guerra total difícilmente dejaría a Israel intacto no parece preocupar ni a Netanyahu ni a los israelíes, que, según las encuestas, están mayoritariamente a favor de un conflicto.
Trump, por su parte, ha acumulado un potencial bélico totalmente fuera de lo común, francamente desproporcionado para ser un farol.
Y, sin embargo, según se desprende de varias fuentes, el ataque ya se ha pospuesto dos veces.
Y las razones de estos aplazamientos son bastante claras.
En los últimos meses, numerosos aviones de carga han llegado a Irán desde Rusia y China. Que se trate de entregas extraordinarias de armamento es un secreto a voces.
China, por otra parte, parece estar poniendo directamente a disposición su propio sistema de detección aeroespacial, con algunos de sus barcos enviados al Golfo Pérsico, lo que hace que Irán sea virtualmente capaz de detectar incluso la tecnología furtiva estadounidense.
Aunque nadie puede dudar de la superioridad militar del dúo Estados Unidos-Israel, la cuestión es cuánto daño puede hacer Irán y durante cuánto tiempo.
No es en absoluto seguro que los israelíes y los estadounidenses sean capaces de soportar daños importantes sin verse obligados a aceptar consejos moderados (como ya ocurrió en la «guerra de los 12 días»).
La cuestión fundamental es que la batalla por Irán es la batalla decisiva para el enfrentamiento entre el bloque israelí-estadounidense (con los europeos como lacayos de apoyo) y las aspiraciones del emergente mundo multipolar.
Un Irán reducido a la obediencia significa para China el fin de sus perspectivas de expansión comercial y hegemónica. Sin el petróleo iraní y sin un aliado en Oriente Medio, China se ve encerrada en un papel de potencia regional, papel que, por otra parte, ya mantiene con dificultad, con Japón, Filipinas y Taiwán a las puertas, todos ellos bajo la hegemonía estadounidense.
China se encuentra hoy en una posición que recuerda en cierto modo a la de Alemania en vísperas de la guerra mundial: ha superado en términos productivos y tecnológicos a su gran competidor internacional (Inglaterra para Alemania, Estados Unidos para China), pero su posición geográfica y la falta de recursos internos hacen que su capacidad de expansión esté condicionada por su adversario.
La extensión del control militar (las colonias inglesas para Alemania, las bases estadounidenses para China) amenaza concretamente su comercio internacional y su suministro de materias primas.
En 1914, Alemania optó por la guerra para salir del atolladero, y le salió mal.
China, tradicionalmente ajena a las aventuras bélicas, no tiene ninguna intención de involucrarse directamente en un enfrentamiento con los Estados Unidos y, sin embargo, tras el golpe estadounidense en Venezuela, no puede seguir sin reaccionar, perdiendo alianzas.
Si los Estados Unidos no atacan en los próximos meses, llegaremos a la campaña electoral para las elecciones de mitad de mandato, y un conflicto con pérdidas significativas sería la lápida de la presidencia de Trump.
Por otra parte, retirarse sin haber concluido un acuerdo ventajoso —las propuestas estadounidenses a Irán hasta ahora equivalían a una solicitud de capitulación— también ensombrecería el poder estadounidense.
Por lo tanto, todo apunta a que el ataque es inevitable, con un plazo fijado para antes del verano.
Pero si el ataque tiene lugar, la partida que se jugará será sin exclusión de golpes, con la probable participación de otros países del Golfo (Dubái está en el punto de mira iraní) y con la posibilidad de «incidentes» directos entre China y Estados Unidos (Rusia no puede permitirse una exposición excesiva debido al persistente problema ucraniano).
Esta fase histórica ha inaugurado un enfrentamiento sin precedentes, sin fingimientos, sin rodeos, sin intentos de justificación.
La actividad de piratería sustancial iniciada por la marina estadounidense (y en parte también europea) contra los suministros navales desde y hacia Rusia aclara el nivel del enfrentamiento.
A estas alturas, la cuestión es simplemente una cuestión de fuerza, y las alternativas en juego son la imposición global del imperialismo israelo-estadounidense o la imposición de un nuevo multipolarismo, centrado en China y Rusia.
El baile estadounidense, que no sabe decidir si bombardear Irán para liberar a los iraníes oprimidos o para defender el poder atómico de Israel del inexistente poder atómico iraní, es emblemático de cómo ya ni siquiera se esfuerzan en hacer tragar a las masas la habitual papilla moralizante.
(Por supuesto, con la excepción de la prensa europea que, despreciando lo ridículo, sigue presentando la agresión del T-Rex israelo-estadounidense a los demás dinosaurios mundiales como una cruzada por la justicia y la moralidad).
Traducción nuestra
*Andrea Zhok estudió y trabajó en las universidades de Trieste, Milán, Viena y Essex. Actualmente es catedrático de Filosofía Moral en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Milán; colabora con numerosas revistas y medios periodísticos. Entre sus publicaciones monográficas destacan: «El espíritu del dinero y la liquidación del mundo» (2006), «La realidad y sus sentidos» (2013), «Libertad y naturaleza» (2017), «Identidad de la persona y sentido de la existencia» (2018), «Crítica de la razón liberal» (2020) y «El sentido de los valores» (2024).
Fuente original: Arianna Editrice
