Domenico Moro.
Ilustración: S. Pughe, revista Puck, 1900.
16 de enero 2026.
Aunque la existencia de la disuasión atómica dificulta el estallido de una guerra imperialista mundial, como las que se produjeron en el siglo XX, el uso o la amenaza de la fuerza sigue siendo una opción actual, como lamentablemente han demostrado los acontecimientos de los últimos tiempos.
En un reciente artículo mío definía el secuestro de Maduro como un episodio de la tercera guerra mundial a pedazos, como la definió el Papa Francisco, cuyo objetivo principal es restaurar el dominio imperial de Estados Unidos y contener el ascenso de China. Inmediatamente después de Venezuela, también Irán y Groenlandia entraron en la mira de Trump, por la misma razón. Sin embargo, estos dos nuevos países, en los que Trump se está centrando, representan un importante salto cualitativo.
El secuestro de Maduro y el ataque a Venezuela representaron la voluntad de restablecer el control estadounidense sobre el hemisferio occidental (las Américas), considerado desde siempre el patio trasero de Estados Unidos. China estaba presente en Venezuela y sus inversiones tenían como objetivo desarrollar sus infraestructuras petroleras, pero la importancia de Venezuela para China es muy inferior a la de Irán, otro gran productor de petróleo.
De hecho, Irán es una pieza mucho más importante para China, ya que es un pilar fundamental de su estrategia tanto de suministro energético como de desarrollo de rutas comerciales internacionales (la nueva ruta de la seda).
China es, de las tres principales áreas económicas a nivel mundial —Estados Unidos, la Unión Europea y China—, la mayor importadora de petróleo, que sigue siendo, a pesar del desarrollo de fuentes de energía alternativas, la materia prima más importante.
De hecho, Estados Unidos es energéticamente independiente, ya que importa muy poco petróleo, gracias a que, con la fracturación hidráulica, se ha convertido en el principal productor mundial. La UE, en cambio, pobre en materias primas energéticas, importa una gran cantidad de petróleo (alrededor de 8 millones de barriles al día), pero la procedencia de este petróleo está bastante distribuida. Los principales proveedores son África (2,2 millones de barriles al día), América del Norte (2,03 millones), Oriente Medio (1,44 millones), Asia Central (1,37 millones), América Latina (0,9 millones) y, en último lugar tras las sanciones, Rusia (0,32 millones).[i]
La situación de China es diferente. A pesar de ser productora de petróleo, es el mayor importador mundial. De una demanda de 16 millones de barriles al día, importa entre el 60 % y el 70 %, lo que equivale a 11-12 millones de barriles. Sin embargo, el problema de China no es solo su dependencia del extranjero, sino su dependencia de una sola zona.
De hecho, la mitad de sus importaciones de petróleo proceden de Oriente Medio (casi 6 millones de barriles al día), seguido a distancia por Rusia (2 millones), América Latina (1,14 millones), África (1,09 millones) y América del Norte (0,23 millones).[ii]
Irán es importante desde el punto de vista petrolero, ya que China importa de este país 1,2 millones de barriles al día, lo que equivale al 10 % del total.
Y China es importante para Irán, ya que este último destina nada menos que el 73,2 % de sus exportaciones de petróleo al país del Lejano Oriente[iii], que es el segundo destino de las exportaciones iraníes (20 700 millones de dólares), justo después de Irak (43 900 millones) y antes de Turquía (8900 millones). [iv]
Pero Irán es importante para China sobre todo porque es un país estratégico para el control de toda la zona de Oriente Medio, donde se encuentran las mayores reservas mundiales de petróleo y de donde procede la mitad del crudo importado por China. Entre otras cosas, Irán controla el estrecho de Ormuz, por el que transita una importante ruta marítima y una gran cantidad del petróleo exportado desde Oriente Medio hacia China y Extremo Oriente.
Por lo tanto, es evidente el interés de Estados Unidos en llevar a cabo un golpe de Estado en Irán, como ya ocurrió en 1953, cuando el primer ministro iraní, Mossadeq, fue derrocado por el Reino Unido y Estados Unidos, siempre con el objetivo de controlar el petróleo.
A todo esto hay que añadir que el control de Estados Unidos sobre Oriente Medio se está debilitando. Arabia Saudí, el segundo país del mundo en reservas de petróleo, ha establecido recientemente un acuerdo con Pakistán, potencia nuclear, para la asistencia mutua en caso de agresión militar.
Hasta ahora, Arabia Saudí se había basado únicamente en la protección militar y el paraguas nuclear de Estados Unidos, a cambio de lo cual había asegurado la venta de petróleo en dólares, apoyando así su papel como moneda mundial. Por lo tanto, es significativo que los saudíes hayan decidido buscar un protector alternativo. Por otra parte, parece que a esta alianza se suma también un tercer Estado islámico, Turquía.
Siempre en relación con el petróleo, conviene recordar que la Primera Guerra Mundial estalló por el contraste entre el imperialismo británico en declive y el imperialismo alemán en ascenso, también por el control del petróleo de Oriente Medio.
Gran Bretaña había decidido oponerse a la construcción del ferrocarril de Bagdad, cuya construcción habría sido pagada por Turquía a Alemania con la concesión de todos los yacimientos petrolíferos que se encontraran en un radio de diez kilómetros a lo largo del trayecto.
Por lo tanto, la eventual caída del actual régimen de Irán y su sustitución por un régimen controlado por Estados Unidos ayudaría a este último a reforzar su control sobre Oriente Medio y, por tanto, sobre China (y el resto de Asia Oriental). Por esta razón, la pérdida de Irán tendría un impacto mucho mayor sobre China, desde el punto de vista estratégico, que la pérdida de Venezuela.
La intención expresada por Trump de anexionar Groenlandia también representa un salto cualitativo en la estrategia estadounidense de dominio imperial mundial. Cabe señalar que Groenlandia y el Mar Ártico al que da frente han adquirido y seguirán adquiriendo cada vez más importancia estratégica a nivel mundial debido al calentamiento global.
El deshielo tendrá dos consecuencias importantes. La primera es que los recursos minerales de Groenlandia, que posee 25 de los 34 minerales considerados críticos por Estados Unidos y la Unión Europea, serán más fáciles de extraer y, por lo tanto, más económicos.
La segunda es que el Mar Ártico será más navegable, lo que representará una alternativa válida a los canales de Panamá y Suez para las comunicaciones entre los continentes y que, por ello, es visto con interés por Rusia, que se asoma al Ártico, y por China, también en referencia a las conexiones entre las dos naciones aliadas. A esto se suma, como ha declarado Trump, la necesidad de controlar la isla para la instalación del futuro sistema de defensa antimisiles estadounidense.
Sin embargo, Groenlandia, a pesar de estar situada en el hemisferio occidental, el patio trasero de los Estados Unidos, está bajo dominio europeo, ya que es, de hecho, una colonia danesa.
La amenaza de Trump de comprar o incluso apoderarse militarmente de Groenlandia es algo inaudito, al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ya que se dirige a un país aliado y miembro de la OTAN y de la UE.
Una posible ocupación militar estadounidense de Groenlandia implicaría el fin de la OTAN, como ha señalado el lituano Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa y Espacio.
Kubilius también ha recordado que el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea obliga a los Estados miembros a prestar asistencia a Dinamarca en caso de que se enfrente a una agresión militar.
Mientras tanto, algunos aliados europeos de Dinamarca han anunciado que enviarán soldados a Groenlandia: Suecia, Gran Bretaña, Noruega, Francia y Alemania.
Aunque Trump ha justificado sus pretensiones sobre Groenlandia con la presencia de buques rusos y chinos alrededor de la isla, su movimiento es claramente otro ataque a la UE, después de los aranceles comerciales y la amenaza de abandonar la OTAN si los aliados europeos no aumentaban el gasto militar al 5 % del PIB.
Por no hablar de los continuos ataques verbales contra la UE por parte de Trump y su vicepresidente J.D. Vance. Aunque un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y Europa es improbable, lo cierto es que la cuestión de Groenlandia demuestra que las contradicciones interimperialistas clásicas, concretamente entre el imperialismo estadounidense y el imperialismo europeo, están lejos de haber desaparecido y nos hacen comprender que la presidencia de Trump representa algo nuevo en el comportamiento imperial de Estados Unidos.
El secuestro de Maduro y la voluntad de volver a poner a Venezuela y al resto de América Latina bajo el control total de Estados Unidos se combinan con las amenazas de intervención militar en Irán y Groenlandia en una estrategia tendente a restablecer la hegemonía imperial estadounidense a nivel mundial.
Esto contrasta con quienes, hasta hace poco, hablaban del aislacionismo de la política internacional trumpiana. El control de las rutas marítimas y de las fuentes de materias primas, empezando por las energéticas, es un paso importante, junto con la reinternalización en Estados Unidos de la producción manufacturera estratégica.
La implementación de esta estrategia se lleva a cabo con una renovada y potenciada amenaza del uso del instrumento militar, respaldada por el anunciado aumento del presupuesto del Departamento de Guerra estadounidense de 1000 a 1500 mil millones de dólares.
Todo ello a pesar de las promesas electorales en sentido contrario de Trump, que había anunciado una reducción del gasto militar y la no participación de Estados Unidos en nuevas aventuras militares.
Sin embargo, el quid de la cuestión radica en la ruptura del equilibrio de poder, determinada por el ascenso de China como primera potencia industrial del mundo.
Por otra parte, como escribió Lenin en 1915:
En el régimen capitalista no es posible un ritmo uniforme de desarrollo económico, ni de las empresas individuales ni de los Estados individuales. En el régimen capitalista no hay otros medios para restablecer de vez en cuando el equilibrio roto, salvo la crisis en la industria y la guerra en la política. [v]
Aunque la existencia de la disuasión atómica dificulta el estallido de una guerra imperialista mundial, como las que se produjeron en el siglo XX, el uso o la amenaza de la fuerza sigue siendo una opción actual, como lamentablemente han demostrado los acontecimientos de los últimos tiempos.
Traducción nuestra
*Domenico Moro es sociólogo. Investigador en el campo sociológico y del marketing, ha publicado Il Militare e la Repubblica, sobre el nuevo modelo de defensa, y numerosos artículos y ensayos de carácter sobre todo económico e histórico en distintos medios periodísticos y en revistas teóricas y de actualidad política, entre ellas Marxismo Oggi y Rinascita della Sinistra. El Viejo Topo publicó en 2013 su libro Nuevo compendio de El Capital y en 2015 Bilderberg. La élite del poder mundial. Su última obra publicada por el Viejo Topo es La Jaula del Euro.
Notas
[i] OPEP, Boletín Estadístico Anual 2025.
[ii] Ídem.
[iii] Ídem.
[iv] UNCTAD, Perfiles de países.
[v] Lenin, Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa, en Obras escogidas, Editori Riuniti, Roma 1965, p. 555.
Fuente original: LABORATORIO per il socialismo XXI secolo
