Observatorio de Trabajador@s en Lucha.
Foto: Contundente demostración de unidad y conciencia patriótica, la clase obrera de Guayana se concentró masivamente en el Portón III de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor). Los trabajadores manifestaron su rechazo a este ataque contra la soberanía nacional, exigiendo la liberación inmediata de los líderes revolucionarios; el presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, y la primera combatiente, Cilia Flores que están secuestrados por el gobierno estadounidense.
14 de enero 2026.
William Serafino desmonta en Red América Latina la narrativa trumpista sobre el control petrolero y político de Venezuela
Introducción
En una entrevista concedida a Sinsonte del Canal Red América Latina, el 13 de enero, el analista internacional William Serafino desarticuló punto por punto la narrativa impulsada por Donald Trump y sus aliados sobre un supuesto control total de Venezuela tras la agresión militar del 3 de enero. Con datos concretos y una visión geopolítica crítica, Serafino demostró que, más allá de la propaganda y las bravatas, el proyecto neocolonial estadounidense choca con la realidad institucional, jurídica y estratégica de Venezuela y sus aliados. Aquí Observatorio de Trabajador@s en Lucha presenta una análisis de esa entrevista.
LA REUNIÓN PETROLERA: MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES
Cómo la arrogancia de Trump chocó con la realidad corporativa y jurídica venezolana
En un intento por capitalizar políticamente la agresión militar contra Venezuela, Donald Trump convocó a los grandes ejecutivos del petróleo estadounidense. Prometió en redes sociales y declaraciones que ya era “el presidente de Venezuela” y que controlaba todo su petróleo. Pero la reunión, lejos de ser el triunfo anunciado, se convirtió en un fracaso estratégico que William Serafino disecciona con precisión periodistica.
1. Expectativas neocoloniales vs. realidad corporativa
Trump buscaba “capitalizar económicamente todo este planteamiento neocolonial del supuesto protectorado energético”, señala Serafino. Sin embargo, los protectorados “no son declarativos, son materiales, son formales, se imponen a través de fórmula jurídica”. Y ahí radicó el primer golpe: no hubo ni un solo compromiso concreto, ni siquiera verbal, tras el encuentro.
“Había muchas expectativas con respecto a esta reunión, se hablaba de compromisos de inversión de 100 mil millones de dólares y cuando termina la reunión Trump no sale ni siquiera con un compromiso verbal.”
2. Los CEOs petroleros desnudan las contradicciones de Trump
El momento más revelador lo protagonizó el CEO de Halliburton, quien, según Serafino, confiaba al inicio en el éxito de la reunión. Cuando se le preguntó cuándo había salido de Venezuela, respondió: en 2019, debido a las sanciones impuestas por el propio gobierno de Trump.
“Y resulta que le dijo que había salido por, o que había reducido al mínimo sus operaciones por las sanciones que el mismo Trump había impuesto en el año 2019.”
Luego vino la declaración del CEO de ExxonMobil, Darren Woods, quien dejó claro que Venezuela “no es apta para invertir” sin un cambio de gobierno o de marco jurídico petrolero.
“Él le dice mira, Venezuela no es apta para invertir. […] Lánzate un cambio de gobierno o una presión para cambiar el marco legislativo, el ordenamiento jurídico que rige la materia petrolera en Venezuela y así nosotros pudiéramos ver que pudiéramos entrar en el país.”
3. El “éxito” de Chevron: un acuerdo preexistente, no una conquista
Ante el fiasco, Chris Wright de Chevron intentó un control de daños, anunciando que la empresa aumentaría la producción petrolera en Venezuela. Pero Serafino aclara:
“Lo único que tiene Trump y la administración Trump para poder defender el éxito militar […] es un aumento de la producción de Chevron que ya se venía dando, además que no venía siendo una producción declinante, sino que se había mantenido estable.”
Ese aumento se basa en el “formato Chevron”, un acuerdo de asociación que ya funcionaba bajo las flexibilizaciones de sanciones de la administración Biden. Trump no obtuvo nada nuevo; solo intentó apropiarse de un proceso en marcha.
4. La falsa exclusión de ExxonMobil: teatro para ocultar la impotencia
Trump, en un acto de teatro propagandístico, amenazó con excluir a ExxonMobil de futuras negociaciones. Serafino lo desmonta:
“Si realmente Trump gobernara Venezuela, bueno, ya se hubiera derogado la ley de Hidrocarburos, ya se le hubiera presionado al gobierno venezolano para que le pagara las ilegítimas, indemnizaciones aparte ilegales, que exige ExxonMobil.”
La conclusión es contundente: Trump no tiene el poder para imponer cambios legislativos en Venezuela. Su anuncio es pura narrativa para simitar control.
Conclusión: El fracaso de un guion neocolonial
La reunión petrolera demostró que, más allá de la retórica belicista y las operaciones militares, el proyecto de protectorado energético es inviable. Las petroleras, antepusieron sus intereses económicos y riesgos jurídicos a las bravatas de Trump.
No hubo inversiones millonarias, ni compromisos, ni cambio de marco legal. Solo quedó al descubierto una estrategia imperial en crisis, que intenta vender como triunfo lo que no es más que la continuidad de acuerdos heredados.
Trump no gobierna Venezuela; ni siquiera logra gobernar la narrativa de su propio fracaso.
“Esta idea de utilizar la reunión con los petroleros para maximizar la ganancia política de haber secuestrado al presidente Nicolás Maduro y haber asumido el riesgo de bombardear Venezuela, pareciera estar muy por debajo de las expectativas.”
— William Serafino
DERROTAS POLÍTICAS INTERNAS: EL SENADO FRENA A TRUMP
La fractura republicana y el límite político de la agresión contra Venezuela
La intervención militar contra Venezuela no solo no logró sus objetivos geopolíticos inmediatos, sino que desencadenó una crisis política interna en Estados Unidos, exponiendo las grietas en el frente republicano y revelando los límites del aventurerismo militar de Trump.
William Serafino analiza con precisión cómo la llamada “operación patriótica” se convirtió en un revés estratégico en el Capitolio.
1. El fracaso del “efecto bandera”: la unidad que nunca llegó
Trump esperaba que la agresión militar generara un “efecto cohesión de traslado de la bandera”—un rally ‘round the flag—que revitalizara su base y mejorara sus cifras en las encuestas. No ocurrió.
“Primero, que no logró ese efecto de cohesión de traslado de la bandera, no logró una remontada importante las encuestas.”
El cálculo político detrás del ataque se basaba en una unificación patriótica ficticia que nunca se materializó, evidenciando el desgaste de su liderazgo incluso entre simpatizantes.
2. La rebelión en el Senado: cinco republicanos trazan la línea
El golpe más contundente vino del propio Partido Republicano. Cinco senadores republicanos rompieron filas y apoyaron una iniciativa demócrata para prohibir nuevas acciones militares en Venezuela.
“Ya el Senado, cinco republicanos, desafiaron públicamente a Trump y votaron una iniciativa promovida por los demócratas para prohibir nuevas acciones militares en Venezuela.”
Esta votación no es un gesto simbólico: es una derrota legislativa concreta que limita la capacidad de acción unilateral de Trump y expone la falta de consenso interno sobre su política exterior agresiva.
3. La dimensión electoral: el cálculo político frente a las midterms
La fractura tiene un trasfondo electoral crucial. Una de las senadoras republicanas que votó a favor, y que disputará su curul en Maine en noviembre, actuó movida por un cálculo de supervivencia política.
“Una de las senadoras republicanas, esto es importante, que votó a favor de la resolución, va a disputar su curul en Maine en el mes de noviembre.”
Esto refleja una creciente desconfianza dentro del partido respecto a la capacidad de Trump de arrastrar votos en las elecciones de medio término.
“Y creo que también es una señal de creciente confianza de algunos actores republicanos de que pueden lograr un triunfo electoral aun cuando Trump no los acompañe.”
4. Un riesgo criminal sin recompensa política
Después de más de una semana del ataque, Trump no puede mostrar un logro político equivalente al riesgo asumido. La agresión militar, lejos de consolidar su poder, ha acelerado su aislamiento dentro del establishment.
“Creo que Trump no termina de tener en las manos un logro, un éxito político que sea, digamos que equivalente o conforme al riesgo y a la actuación criminal que asumió.”
La “victoria” se esfuma: lo que queda es una crisis interna republicana, un Senado dispuesto a recortarle las alas y un panorama electoral que se complica.
Conclusión: El imperio se resquebraja desde dentro
La intervención en Venezuela no fue solo un crimen contra un pueblo soberano; fue también un error de cálculo monumental para Trump. Lejos de unificar a su país tras la bandera, destapó las divisiones en su propio partido y demostró que incluso en las entrañas del imperio hay resistencias a la guerra arbitraria.
Cada senador republicano que votó en contra es una grieta en el proyecto neocolonial, una señal de que la violencia militar no puede impunemente ignorar los contrapesos democráticos—por débiles que sean—y las realidades electorales.
Trump no solo no gobierna Venezuela; tampoco logra gobernar la política exterior de su propio país.
“Entonces, esto obviamente también incide muchísimo en lo que van a ser las midterms.”
“Son muchas variables, muchos elementos, pero creo que un poco más de una semana de haberse dado este acto tan lamentable como bombardear Venezuela, Trump no termina de tener en las manos un logro.”
— William Serafino
EL BLOQUEO MARÍTIMO: UN MENSAJE A RUSIA Y CHINA, PERO CON LÍMITES
La táctica imperial frente a la resistencia estratégica de las alianzas globales
La interceptación de buques petroleros venezolanos no es un acto aislado de piratería moderna, sino una maniobra calculada dentro de la doctrina del “patio trasero” revitalizada por Trump. William Serafino desentraña cómo esta agresión marítima busca reafirmar dominación, pero choca con los límites impuestos por la multipolaridad y la resistencia energética global.
1. Objetivo geopolítico: golpear la “flota oscura” y reafirmar el “patio trasero”
El bloqueo busca socavar mecanismos de comercio petrolero que han permitido a Venezuela y otros países sancionados evadir el asedio estadounidense.
“Evidentemente tiene una implicación geopolítica fundamental, que es tratar de doblegar o de socavar, reducir el margen de maniobra de lo que se ha denominado, sobre todo en fuentes occidentales, como la flota oscura, la flota fantasma.”
Esta ofensiva se inscribe en lo que Serafino denomina “el corolario Trump, este regreso al patio trasero latinoamericano”, un mensaje de fuerza dirigido principalmente a Rusia y China.
2. El mensaje a las potencias globales: una demostración de fuerza insostenible
La acción militar en el Caribe es una exhibición de poder destinada a intimidar, pero expone contradicciones estratégicas profundas:
“Creo que tiene mucho que ver con enviar un mensaje de fuerza muy inscrito en la narrativa de la doctrina del ‘patio trasero’ […] fundamentalmente a Rusia y a China.”
Sin embargo, Trump “no ha cerrado la posibilidad de que se negocie crudo venezolano con China”, revelando que su posición es más de chantaje que de control real.
3. Los límites del poder imperial: la línea roja que Trump no puede cruzar
A pesar de la retórica belicista, existen fronteras geopolíticas que ni Estados Unidos se atreve a traspasar:
“Él también pasa la línea roja, atemoriza y aterroriza, pero sabe que tiene una especie de muro donde no puede pasar.”
China, en particular, “no aceptaría unas condiciones tan desiguales”, en línea con su estrategia de diversificación energética y seguridad nacional.
4. La insostenibilidad militar: un acelerón cortoplacista
Serafino cuestiona la capacidad de Washington para mantener una acumulación militar tan fuerte en el hemisferio occidental mientras enfrenta frentes simultáneos:
“No me queda claro cómo va a ser sostenible una presencia militar como la que ha sostenido desde hace varios meses […] si van hacia una confrontación con Irán o un ejercicio de contención contra China.”
Concluye que han “pisado el acelerador bajo una visión de corto plazo”, pero que esta estrategia es inviable a mediano plazo.
5. El horizonte: la posible recuperación de influencia china y rusa
Frente a esta ofensiva limitada, Serafino anticipa un reequilibrio:
“Creo que, si la situación discurre de esa manera, China podría recuperar influencia en el comercio energético venezolano.”
Lo que Trump presenta como “victoria estratégica” no serían más que “pasos tácticos de presión” dentro de una lucha por el control que aún está lejos de resolverse.
Conclusión: El bloqueo como teatro de una potencia declinante
El asedio marítimo contra Venezuela no es señal de fortaleza imperial, sino de desesperación estratégica. Es una performance militar destinada a ocultar que Estados Unidos ya no puede imponer unilateralmente su voluntad en un mundo multipolar.
Cada buque interceptado es también un mensaje a Moscú y Pekín, pero estos no son espectadores pasivos: son actores con capacidad de negociación, alianzas y rutas alternativas que desbordan el cerco estadounidense.
Trump puede interceptar barcos, pero no puede interceptar la historia: el “patio trasero” se ha convertido en un espacio de disputa, donde las flotas fantasmas y los acuerdos petroleros con China y Rusia siguen fluyendo, a pesar de todo.
El bloqueo no ahoga a Venezuela; ahoga la ilusión de un imperio omnipotente.
“Creo que es un mensaje fundamentalmente a Rusia y a China, en la idea, evidentemente, de aprovechar las ventajas militares que son obvias […] para avanzar en el objetivo de lograr un control del comercio exterior de petróleo venezolano.”
“Él también pasa la línea roja, atemoriza y aterroriza, pero sabe que tiene una especie de muro donde no puede pasar.”
— William Serafino
LA AMENAZA A CUBA: UNA ESTRATEGIA DE PRESIÓN DESESPERADA
El chantaje energético como extensión del fallido cerco contra Venezuela
La declaración de Trump sobre cortar todo suministro de petróleo a Cuba no es un episodio aislado, sino la extensión lógica de una estrategia imperial coordinada que busca, mediante el chantaje energético, provocar el colapso de dos revoluciones hermanas.
William Serafino analiza esta amenaza como un síntoma de la desesperación táctica de una administración que no logra sus objetivos centrales en Venezuela.
1. Objetivo estratégico: el colapso rápido de Cuba como victoria necesaria
Serafino vincula directamente la agresión contra Venezuela con la amenaza a Cuba, revelando un objetivo unificado:
“Está obviamente tratando de enfatizar la presión, de enfatizar el chantaje y tratar de lograr un colapso rápido en Cuba, que evidentemente es un objetivo que persigue a nivel personal y a nivel político fundamentalmente Marco Rubio.”
La administración Trump actúa bajo una lógica de guerra múltiple donde Cuba representa un blanco percibido como más vulnerable, pero estratégicamente ligado a la resistencia venezolana.
2. Una administración en “equilibrio catastrófico”: entre el repliegue y la agresión
Lejos de ser un gobierno coherente, Serafino describe la administración Trump como un espacio de tensiones no resueltas:
“Yo creo que la administración Trump hay que verla […] como un gobierno en equilibrio precario o de equilibrio catastrófico, un repliegue en el hemisferio occidental con una nueva ambición neoconservadora de afectar a Irán.”
En este escenario, la amenaza a Cuba es un ataque de oportunidad que busca aprovechar una ventaja militar momentánea, no una política sostenible.
3. La respuesta venezolana: continuidad histórica y alianza estratégica
Frente a la amenaza, la posición del gobierno venezolano ha sido clara:
“Obviamente el gobierno venezolano apuesta a la continuidad de una relación histórica estratégica con la República de Cuba.”
Esto no es una simple declaración diplomática, sino un principio de solidaridad antiimperialista que constituye uno de los ejes de la política exterior bolivariana.
4. Las “maniobras narrativas”: el bullying como instrumento de desmoralización
Serafino desmonta la retórica trumpista, exponiéndola como un teatro calculado:
“Son todos maniobras narrativas diseñadas para desmoralizar y erosionar políticamente al chavismo.”
La declaración sobre Cuba, al igual que la autoproclamación de Trump como “presidente interino de Venezuela”, forma parte de una guerra psicológica destinada a crear una percepción de inevitabilidad que no existe en los hechos.
5. Los límites de la amenaza: ¿bloqueo real o retórica de intimidación?
La materialización misma de la amenaza está en duda, debido a los intereses geopolíticos en juego:
“Precisamente tampoco tenemos demasiados datos disponibles como para saber hasta qué punto esto no es una amenaza verbal […] porque también aquí entran los intereses de Rusia, entran los intereses de China.”
La posibilidad de interceptar buques hacia Cuba se topa con la realidad de las alianzas globales que protegen el comercio energético de ambas naciones.
6. La desesperación como motor: cuando el fracaso busca un chivo expiatorio
Al final, la escalada contra Cuba responde a la frustración por los fracasos acumulados:
“Creo que también es más el desespero de Trump por mantener en vigor estas ventajas, esta ventaja geopolítica momentánea y ver qué tanto puede sacarle.”
Al no lograr una victoria clara en Venezuela ni en el terreno económico petrolero, Trump redirige la agresión hacia Cuba, percibida —equivocadamente— como un objetivo más débil.
Conclusión: La solidaridad como trinchera antiimperial
La amenaza de estrangulamiento energético contra Cuba no es más que el último acto de un guion imperial en decadencia. Lejos de ser una muestra de fuerza, revela la impotencia de una administración que no pudo doblegar a Venezuela y ahora busca un golpe de efecto en el eslabón que considera más frágil.
Pero Cuba no está sola. La alianza Cuba-Venezuela, forjada en dos décadas de resistencia, es una trinchera política y moral que el bloqueo no puede perforar. Cada barco que zarpé hacia La Habana será un acto de desobediencia geopolítica, protegido por el derecho internacional y por las redes de solidaridad que Washington no puede interceptar.
Trump puede amenazar, pero no puede gobernar los mares de la soberanía. Su chantaje energético, como su protectorado ficticio sobre Venezuela, es otra ficción destinada a ocultar una derrota estratégica: el patio trasero se le ha llenado de pueblos que se niegan a ser siervos.
TRUMP NO GOBIERNA VENEZUELA: LA REALIDAD JURÍDICA E INSTITUCIONAL
La ficción del “protectorado” frente a la fortaleza del Estado soberano
La narrativa de Donald Trump autoproclamándose “presidente de Venezuela” y controlando su petróleo choca violentamente con una realidad jurídica, constitucional e institucional que permanece intacta. William Serafino desmonta, punto por punto, esta ficción política demostrando que el poder real no se ejerce a través de tuits ni declaraciones en aviones presidenciales, sino a través de hechos materiales, legislación y control territorial.
1. Si Trump gobernara Venezuela, las leyes petroleras ya habrían sido derogadas
El análisis parte de una evidencia concreta: el marco legal venezolano, especialmente la Ley de Hidrocarburos, sigue vigente y sin modificación alguna.
“Si realmente Trump gobernara Venezuela, bueno, ya se hubiera derogado la ley de Hidrocarburos.”
Esta es la prueba irrebatible: el poder real se ejerce legislando, no declarando. La permanencia de la ley venezolana es el muro jurídico que el neocolonialismo no ha podido derribar.
2. Las indemnizaciones a ExxonMobil: un reclamo ilegítimo que Trump no puede imponer
ExxonMobil exige indemnizaciones multimillonarias por la nacionalización petrolera. Si Trump tuviera el control que pregona, ya habría forzado su pago.
“Ya se le hubiera presionado al gobierno venezolano para que le pagara las ilegítimas, indemnizaciones aparte ilegales, que exige ExxonMobil.”
El hecho de que estas demandas sigan sin cumplirse demuestra que no hay una autoridad colonial instalada, sino un gobierno soberano que defiende sus recursos.
3. La farsa de la “exclusión” de ExxonMobil: teatro para ocultar la impotencia
Trump amenazó con excluir a ExxonMobil de negociaciones futuras tras la declaración incómoda de su CEO. Serafino lo define como un acto de control de daños narrativo:
“Yo creo que esto es una falsa decisión, él realmente no está decidiendo nada.”
Y añade:
“Él intenta ver o vender a la opinión pública que está decidiendo excluir a ExxonMobil, cuando en realidad no tiene la fuerza para imponer los cambios que le está pidiendo esta petrolera.”
Es decir: anuncia una sanción que no puede ejecutar, porque no tiene autoridad para cambiar las reglas del juego en Venezuela.
4. La continuidad institucional: el Estado venezolano sigue funcionando
Mientras Trump declara, en Venezuela: Las escuelas reanudaron actividades con normalidad; Los servicios públicos siguen operando; PDVSA continúa gestionando la industria petrolera.
“El curso institucional del país sigue funcionando, evidentemente los servicios siguen estando en condiciones.”
Esta normalidad institucional es la mejor prueba de que el gobierno legítimo mantiene el control efectivo del territorio y sus recursos.
6. La conclusión geopolítica: chantaje sin conquista, presión sin poder
Serafino resume así la paradoja trumpista:
“Esto demuestra que Trump no está gobernando y que aún cuando evidentemente mantiene elementos de chantaje y mantiene una presión geopolítica y militar sobre Venezuela que sigue en estado de latencia, no podemos subestimar este escenario.”
Hay presión, hay amenaza, hay agresión. Pero no hay gobierno efectivo, ni cambio legal, ni control real.
“No tiene la fuerza suficiente para poder imponer un cambio constitucional o un cambio legislativo de envergadura.”
Conclusión: La soberanía es más fuerte que la propaganda
Trump puede bombardear, puede bloquear, puede twittear. Pero no puede derogar una ley venezolana, no puede modificar la Constitución bolivariana, no puede entregar el petróleo a ExxonMobil.
Su presunto “gobierno” sobre Venezuela existe solo en el ecosistema mediático de la posverdad, donde la repetición de mentiras busca suplantar la realidad.
Pero la realidad es tozuda: el Estado venezolano sigue en pie, su ordenamiento jurídico sigue vigente, su industria petrolera sigue en manos de su pueblo.
Cada anuncio grandilocuente de Trump es, en el fondo, un reconocimiento de su fracaso: la impotencia de un imperio que puede hacer mucho daño, pero no puede gobernar lo que no logró someter.
Venezuela se gobierna desde Caracas, no desde Mar-a-Lago. Y eso, ante la ley y ante la historia, es lo único que cuenta.
*Realizado por Observatorio de Trabajador@s en Lucha
Entrevistado
*William Serafino es politólogo egresado de la UCV. Actualmente cursa una Maestría en el Centro Nacional de Estudios Históricos, Venezuela. Es investigador y analista político enfocado en la historia venezolana, la geopolítica y las nuevas lógicas de guerra del siglo XXI. Sus investigaciones han sido publicadas en numeros medios venezolanos, de América Latina y Europa.
Fuente: Canal Red América Latina
