Entrevista a Diego Sequera por Danny Haiphong.
05 de enero 2026.
Observatorio de Trabajador@s en Lucha realizo un resumen en claves de la entrevista que Danny Haiphong realizara al periodista e investigador venezolano Diego Sequera. Por considerarlo muy importante para nuestros lectores lo presentamos a continuación; además les colocamos el video original en inglés.
La ofensiva de Estados Unidos contra Venezuela no es nueva, pero sí cada vez más explícita. Bajo el ropaje del discurso “democrático” y la supuesta defensa de los derechos humanos, Washington ha desplegado durante años una guerra económica, financiera y energética cuyo objetivo central es el control de los recursos estratégicos del país caribeño.
Así lo expone con claridad el periodista e investigador venezolano Diego Sequera, en entrevista con el comunicador estadounidense Danny Haiphong, donde desmonta las narrativas dominantes y expone las claves reales del conflicto.
La calle venezolana frente al relato del colapso: lo que no muestran los grandes medios
En medio de una ofensiva mediática internacional que insiste en presentar a Venezuela como un país al borde del estallido social, el periodista venezolano Diego Sequera, hablando desde el territorio, ofrece una lectura radicalmente distinta: la calle venezolana no responde al guion del caos que se intenta imponer desde el exterior.
Sus declaraciones, recogidas en entrevista con Danny Haiphong, desmontan uno de los pilares centrales de la guerra psicológica contra el país: la idea de un vacío de poder y de una población lista para la implosión.
No hay vacío de poder, hay continuidad institucional
Uno de los primeros elementos que Sequera desmiente es la noción de “vacío político”, repetida de forma acrítica por medios internacionales y analistas externos.
“Hablan de un vacío político, lo cual es bastante ignorante. Aquí hay un Estado, hay un gobierno, hay leyes y hay una Constitución”.
Desde el terreno, Sequera explica que los mecanismos constitucionales siguen operando y que la institucionalidad no ha sido sustituida por el caos que se anuncia desde fuera. La insistencia en el “vacío” cumple una función clara: justificar narrativas de intervención o tutela externa.
La calma como dato político incómodo
Lejos de los titulares alarmistas, Sequera describe un país donde la vida cotidiana continúa, incluso bajo presión.
“He estado viajando bastante, incluso por pueblos pequeños, zonas rurales. El ambiente es el mismo en todas partes: todo está tranquilo”.
La calma, en este contexto, no es pasividad, sino un dato político que contradice el libreto del colapso. No hay saqueos masivos, no hay insurrecciones espontáneas ni estallidos sociales generalizados.
Ausencia de movilización opositora en las calles
Otro elemento clave que Sequera subraya es la inexistencia de una toma de calles por parte de sectores opositores, incluso aquellos que no simpatizan con el gobierno.
“No hay disturbios, no hay levantamientos, no hay fuerzas opositoras tomando espacios ni intentando hacerse con el control de nada”.
Esta ausencia no es casual. Para Sequera, refleja un límite social claro: la mayoría de la población no está dispuesta a validar salidas violentas ni tuteladas desde el exterior, aun cuando existan críticas al gobierno.
La movilización real: defensa de la soberanía
Contrario a la imagen de una sociedad paralizada, Sequera señala que sí existen expresiones de calle, pero en otra dirección.
“Lo que sí se ve son manifestaciones en todo el país pidiendo el regreso de Nicolás Maduro, incluso más allá del chavismo tradicional”.
Este dato rompe con la caricatura de una sociedad dividida en dos bloques irreconciliables. Sequera enfatiza que muchas personas que no se identifican como chavistas rechazan de plano las imposiciones externas y las soluciones forzadas.
El rechazo popular a las ‘soluciones’ impuestas
Uno de los elementos más significativos del análisis de Sequera es el consenso tácito que identifica en la calle: no al cambio de gobierno por medios violentos o extranjeros.
“En muchos casos la gente no apoya al gobierno, no le gusta Maduro, pero tampoco apoya este tipo de ‘resoluciones’”.
La calle venezolana, según Sequera, distingue entre descontento interno y subordinación externa. Esa distinción explica por qué las estrategias de choque no logran arraigar socialmente.
La minoría ruidosa y la ilusión digital
Sequera también desmonta la sobrerrepresentación de ciertas voces en redes sociales.
“Hay una minoría que celebra en redes, en TikTok, pero es mayoritariamente una minoría de la diáspora, con una composición de clase muy específica”.
El problema no es solo la desinformación, sino la confusión deliberada entre viralidad digital y realidad social. La calle venezolana, insiste Sequera, es más compleja y menos espectacular de lo que se intenta mostrar.
Conciencia popular frente a la violencia política
Uno de los puntos más militantes del planteamiento de Sequera es la conciencia política acumulada en el pueblo venezolano tras décadas de conflicto.
“Creen que la gente va a estar dispuesta a derramar su sangre para que ellos lleguen al poder, y eso no se sostiene”.
Ni el trabajador precarizado ni el opositor moderado están dispuestos —según Sequera— a convertirse en carne de cañón para proyectos políticos alineados con Washington.
La guerra psicológica como arma central
Sequera identifica que, ante la ausencia de estallido social, el énfasis se desplaza hacia la desmoralización psicológica.
“El factor psicológico es clave. Es la herramienta principal que han intentado usar durante todos estos meses, y ahora lo van a intensificar”.
El objetivo es quebrar la percepción de estabilidad, incluso cuando los hechos no acompañan ese relato.
Conclusión: la calle no acompaña el guion imperial
La lectura que ofrece Diego Sequera desde la calle venezolana es clara: el país no responde al libreto del colapso. Hay preocupación, hay dificultades, hay tensiones, pero no hay disposición colectiva a legitimar la violencia, la intervención o la pérdida de soberanía.
En un escenario de guerra híbrida, esta realidad resulta profundamente incómoda para quienes necesitan una Venezuela ingobernable para justificar su ofensiva. La calle, con su calma, su memoria y su conciencia, sigue siendo uno de los principales diques de contención frente al proyecto de dominación externa.
El petróleo como eje real del conflicto: Venezuela en la mira de la guerra energética
Durante años, el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela ha sido presentado como una disputa política o ideológica. Sin embargo, desde el terreno y con una lectura estructural del sistema internacional, el periodista e investigador venezolano Diego Sequera es contundente: el centro del conflicto es el petróleo.
En entrevista con Danny Haiphong, Sequera desmonta la retórica occidental y devuelve la discusión a su núcleo material: la energía como instrumento de poder global.
No es democracia, es control energético
Para Sequera, no existe ambigüedad posible en la motivación estadounidense.
“Estados Unidos nunca ha tenido un problema con la democracia en Venezuela. El problema siempre ha sido el petróleo”
Venezuela concentra las mayores reservas probadas de crudo del planeta, mayoritariamente petróleo pesado y extrapesado, un tipo de crudo que no puede ser sustituido fácilmente en el mercado internacional. Esta condición convierte al país en un actor estratégico, especialmente en escenarios de crisis energética.
Las sanciones como arma para reordenar el mercado
Las sanciones impuestas por Washington y sus aliados no son medidas “selectivas”. Funcionan como un arma de destrucción económica, dirigida a colapsar el funcionamiento del Estado y erosionar la vida cotidiana de la población.
“Las sanciones no buscan cambiar gobiernos, buscan destruir economías”.
Sequera explica que las sanciones no buscan castigar a individuos, sino reconfigurar el flujo energético global.
“Desde que la industria petrolera fue sancionada en 2017, lo que hicieron fue llevarla al colapso deliberado”
El bloqueo contra PDVSA provocó una caída histórica de ingresos y producción, no por incapacidad técnica interna, sino por asfixia financiera y logística inducida, afectando servicios públicos, salarios y políticas sociales. No se trata de errores colaterales, sino de una estrategia deliberada de castigo colectivo. Pero además se trata de sacar a Venezuela del mercado y redistribuir cuotas de poder energético.
La narrativa del ‘saqueo interno’ como coartada
Washington y sus voceros, como Marco Rubio, insisten en que el petróleo venezolano “no beneficia al pueblo”. Sequera desmonta esa construcción.
“Es una forma muy deshonesta de describir lo que pasa en la industria petrolera venezolana, ignorando completamente el impacto de las sanciones”
El relato del “Estado corrupto” funciona como coartada moral para justificar una intervención indirecta cuyo verdadero propósito es abrir el sector a corporaciones estadounidenses.
PDVSA como obstáculo a la recolonización energética
La estatal petrolera venezolana aparece como un blanco central porque impide la privatización total del recurso.
“PDVSA nunca desapareció. Fue atacada, saboteada, pero resistió”
Para Sequera, destruir o capturar PDVSA es clave para cualquier proyecto de recolonización energética, ya que garantiza control directo sobre producción, precios y destinos del crudo.
El petróleo venezolano en la disputa geopolítica global
Sequera subraya que el conflicto no se limita a la relación bilateral con Estados Unidos. Venezuela es un nodo en la disputa entre bloques de poder.
“Venezuela está definiendo la política exterior en el hemisferio, por eso es tan sensible”
Las alianzas energéticas con China, Rusia e Irán rompen el monopolio occidental y explican la urgencia estadounidense por retomar control sobre el sector.
El petróleo vuelve a poner a Venezuela en el centro
La guerra en Ucrania y la crisis energética global dejaron al descubierto una realidad incómoda para Washington: necesita petróleo pesado, y Venezuela lo tiene.
“Estados Unidos necesita petróleo pesado, y Venezuela lo tiene”.
El giro pragmático de sectores del poder estadounidense confirma lo que Caracas sostuvo durante años: el aislamiento total era insostenible.
La crisis global revela la hipocresía
La guerra en Ucrania y la inestabilidad del mercado energético expusieron una contradicción central.
“Estados Unidos no necesita el petróleo venezolano… hasta que lo necesita”
El giro pragmático de sectores empresariales estadounidenses confirma que la exclusión de Venezuela nunca fue sostenible. La moral se flexibiliza cuando la energía escasea.
El petróleo como herramienta de disciplinamiento
Para Sequera, el castigo a Venezuela cumple una función ejemplarizante.
“No es solo por el petróleo venezolano, es para que nadie más intente hacer lo mismo”
Controlar el petróleo es también disciplinar a los Estados que intentan ejercer soberanía sobre sus recursos.
El Estado no colapsó: se reorganizó
Contra el relato del “Estado fallido” repetido por los grandes medios, Sequera subraya un hecho central: Venezuela no se derrumbó. Se vio obligada a transformarse.
“Venezuela aprendió a operar fuera del sistema financiero dominado por Estados Unidos”.
La respuesta incluyó nuevas rutas comerciales, mecanismos alternativos de pago, alianzas con países no alineados a Washington y una reconfiguración interna de sus capacidades productivas. La resistencia no fue improvisada, sino política y estratégica.
Fracaso del “cambio de régimen”
La estrategia de Washington apostó al colapso rápido del gobierno bolivariano. Apostó mal.
“Estados Unidos subestimó la capacidad del Estado venezolano para resistir”.
Ni el reconocimiento de figuras paralelas, ni la presión diplomática, ni el cerco económico lograron su objetivo central: quebrar el proyecto político surgido de la Revolución Bolivariana.
La soberanía como práctica, no como consigna
Para Sequera, la soberanía no es un discurso vacío, sino una capacidad concreta de decisión.
“La soberanía se mide en la capacidad de decidir con quién produces, con quién vendes y bajo qué condiciones”.
En un escenario hostil, Venezuela logró preservar márgenes de autonomía que hoy explican su supervivencia política.
Un ejemplo peligroso para el orden imperial
El caso venezolano inquieta porque demuestra que la resistencia es posible.
“Si Venezuela sobrevive, otros países pueden intentarlo”.
Por eso el castigo es ejemplarizante: no solo se busca controlar recursos, sino disciplinar a quienes desafían el orden impuesto.
Conclusión: energía, soberanía y resistencia
El análisis de Diego Sequera deja al descubierto la estructura real del conflicto: Venezuela es atacada porque controla un recurso estratégico y se niega a entregarlo bajo tutela extranjera.
El petróleo no es solo una mercancía: es poder, soberanía y capacidad de decisión. En un mundo que transita hacia la multipolaridad, Venezuela sigue siendo un obstáculo para el orden energético impuesto. Por eso el ataque persiste, y por eso la resistencia continúa.
Diego Sequera no solo desmonta la propaganda dominante: expone una verdad incómoda. Venezuela no es una víctima pasiva, sino un actor político que aprendió a resistir, adaptarse y disputar poder en un mundo en transición multipolar.
En tiempos de crisis global, su experiencia se convierte en una referencia para los pueblos que no aceptan la sumisión como destino ni el saqueo como norma.
Traducción nuestra
Entrevistado
*Diego Sequera es escritor, periodista, analista político e investigador. Fundador de Misión Verdad. Licenciado en Letras de la UCV. Perteneció al equipo fundador de la Editorial El Perro y la Rana del Ministerio de Cultura de Venezuela, levantando la primera colección de poesía venezolana. Formó parte de la Unidad de Apoyo Documental de la Secretaría Privada de la Presidencia de Hugo Chávez.
Entrevistador
*Danny Haiphong es periodista independiente y analista geopolítico
Fuente You tube Danny Haiphong
