EL SINAÍ EN EL OJO DEL HURACÁN: EL AUMENTO DEL PODERÍO MILITAR DE EGIPTO PONE A PRUEBA LOS LÍMITES DEL ACUERDO DE CAMP DAVID. Corresponsal The Cradle.

Corresponsal The Cradle.

Ilustración: The Cradle

30 de septiembre 2025.

La guerra de Israel contra Gaza y el intento de El Cairo de evitar un desplazamiento forzoso de los palestinos podrían estar empujando a Egipto a redefinir la soberanía en el Sinaí.


El Sinaí, que en su día fue el amortiguador que mantuvo a raya las hostilidades entre Egipto e Israel, se está convirtiendo rápidamente en la primera línea de una distensión que se está desmoronando.

Los pilares de la “paz fría” que gobernó la región durante casi medio siglo están sometidos a una tensión visible. Por primera vez desde la firma de los Acuerdos de Camp David en 1979, El Cairo está desplegando fuerzas militares en la península a una escala sin precedentes y con capacidades avanzadas.

La semana pasada, el Servicio de Información del Estado egipcio (SIS) emitió un comunicado en el que explicaba que las fuerzas desplegadas en el Sinaí

tienen como objetivo principal proteger las fronteras egipcias contra todas las amenazas, incluidos el terrorismo y el contrabando, y coordinarse con las partes del tratado de paz, que Egipto desea mantener, dado que a lo largo de su historia no ha violado ningún tratado ni acuerdo.

No obstante, Tel Aviv ve este cambio con profunda inquietud estratégica, a pesar de haber despertado la preocupación de El Cairo por la guerra en curso en Gaza y sus implicaciones para la seguridad nacional egipcia.

El refuerzo en el Sinaí señala una ruptura de la confianza, una divergencia en la visión estratégica y el colapso de las suposiciones que en su día sustentaron la alianza regional más preciada por Washington.

La visión desde Tel Aviv

Desde el inicio de la guerra en Gaza, los servicios de inteligencia y la vigilancia por satélite israelíes han seguido de cerca los movimientos anormales de las tropas egipcias. Ya no se trata de aumentos temporales de tropas permitidos en el pasado con pretextos antiterroristas.

Egipto ha trasladado divisiones blindadas, fuerzas especiales, sistemas avanzados de defensa aérea y aviones de combate a bases ampliadas y modernizadas en el Sinaí, incluidas las zonas B y C, que están sujetas a una estricta desmilitarización en virtud del tratado de Camp David.

Desde la perspectiva de Israel, se trata de una peligrosa erosión del anexo de seguridad del tratado, que fue diseñado para mantener el Sinaí desmilitarizado y servir de amortiguador estratégico.

Alarmado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habría pedido a Washington, garante del tratado, que presionara a El Cairo para que retirara su despliegue.

Según Axios, un funcionario israelí dijo: “Lo que están haciendo los egipcios en el Sinaí es muy grave y nos preocupa mucho”.

Las inquietudes de Tel Aviv van más allá del hardware y el número de efectivos. Los analistas del Instituto Israelí de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) hablan de un “cambio gradual en el equilibrio de seguridad”.

Tras años de coordinación conjunta contra el ISIS en el Sinaí, durante los cuales Israel ejerció flexibilidad con las disposiciones del tratado, Tel Aviv teme ahora que Egipto esté utilizando este contexto para imponer un nuevo statu quo.

El exembajador israelí en El Cairo, David Gofrin, afirma que la escalada israelí en Gaza y el temor de Egipto a la afluencia de refugiados han empujado a El Cairo a reforzar su presencia militar, lo que podría sentar las bases para un cambio duradero en el equilibrio de poder en el Sinaí.

Israel también ha acusado a Egipto de construir instalaciones subterráneas que podrían servir como depósitos estratégicos de armas y misiles. Aunque actualmente estén vacías, Tel Aviv las considera infraestructuras ofensivas que socavan la lógica misma de la desmilitarización del Sinaí.

La “soberanía mermada” de Egipto en el Sinaí

Egipto rechaza de plano las acusaciones israelíes. Los funcionarios describen las maniobras militares como un acto de soberanía y una necesidad defensiva impulsada por las políticas israelíes. La postura de El Cairo se basa en dos preocupaciones fundamentales:

En primer lugar, evitar el desplazamiento forzoso de palestinos al territorio egipcio. El Cairo cree que el Gobierno de Netanyahu pretende hacer Gaza inhabitable y empujar a sus casi dos millones de habitantes al Sinaí.

Este escenario, conocido como “transferencia”, se considera en El Cairo no solo un riesgo para la seguridad nacional, sino también la liquidación definitiva de la causa palestina y una amenaza existencial para Egipto.

El presidente Abdel Fattah el-Sisi ha calificado repetidamente esta situación como una «línea roja» que Egipto no permitirá que se cruce.

En segundo lugar, restaurar la plena soberanía de Egipto sobre el Sinaí. Antiguos funcionarios egipcios afirman que las restricciones del tratado surgieron en un momento histórico concreto.

Hoy en día, con la evolución de las amenazas a la seguridad, sostienen que el ejército egipcio debe tener plena libertad para garantizar la seguridad de la península.

La reciente declaración del SIS afirmaba que

la presencia de las Fuerzas Armadas egipcias en el Sinaí —o en cualquier parte del territorio egipcio— está totalmente sujeta a lo que el Mando General de las Fuerzas Armadas considere necesario y requerido para proteger la seguridad nacional de Egipto”.

Este cambio sugiere una nueva doctrina militar egipcia, que reinterpreta las obligaciones del tratado a través del prisma de las amenazas existenciales y la autonomía estratégica.

Colapso de la confianza: de la paz fría a la desconfianza mutua

La ira de El Cairo ha ido creciendo de forma constante, impulsada por años de provocaciones israelíes y una sensación cada vez mayor de que se está socavando el equilibrio estratégico. La guerra en Gaza no ha hecho más que poner de manifiesto esa frustración.

La completa toma del corredor de Filadelfi a lo largo de la frontera entre Gaza y Egipto por parte del ejército israelí se consideró una violación directa del tratado y un intento de afirmar el control total de Israel sobre el flanco oriental de Egipto.

Netanyahu y otros funcionarios israelíes han acusado repetidamente a Egipto de permitir el traslado de armas a Hamás. El Cairo ha rechazado estas acusaciones como inventos destinados a desviar la atención de los fracasos israelíes.

La obstrucción por parte de Israel de la ayuda humanitaria a Gaza a través del paso fronterizo de Rafah y sus esfuerzos por culpar a Egipto han tensado aún más la posición interna e internacional de El Cairo.

El asesinato de un soldado egipcio por fuego israelí en mayo de 2024 desató la indignación pública y oficial, dejando al descubierto la volatilidad de la situación sobre el terreno.

Influencia energética y fricciones económicas

La crisis no puede considerarse puramente militar. Las relaciones energéticas son ahora un punto álgido. Egipto, sumido en una crisis económica y con un déficit en la producción de gas, depende cada vez más del gas israelí para satisfacer sus necesidades internas y reexportar gas natural licuado (GNL) a Europa. Esta interdependencia se consideraba antes un factor estabilizador.

Sin embargo, han surgido informes de que Netanyahu amenazó con suspender un acuerdo de gas por valor de 35 000 millones de dólares con Egipto como táctica de presión.

Aunque no se cumplió, la amenaza reveló la voluntad de Tel Aviv de utilizar la energía como arma, lo que despertó la preocupación de El Cairo, que busca posicionarse como centro energético regional.

La ambición panárabe de El Cairo se enfrenta al realismo del Golfo

En medio de la crisis, el presidente Sisi revivió la idea, largamente dormida, de un ejército árabe unificado “al estilo de la OTAN” durante la cumbre árabe-islámica de emergencia organizada por Qatar, tras los ataques de Israel contra una delegación de Hamás en Doha.

La propuesta, rechazada, refleja la aspiración histórica de Egipto de retomar el liderazgo de facto del mundo árabe. Sin embargo, se enfrenta a un orden regional que ha cambiado drásticamente.

Los principales Estados del Golfo Pérsico, especialmente los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, ya no ven a El Cairo como el líder natural de la región. Han elaborado sus propias políticas exteriores, basadas en relaciones directas con Estados Unidos, pero abiertas a la realidad multipolar.

Mientras que Egipto considera a Israel como la actual amenaza regional, los Estados del Golfo siguen obsesionados con Irán como su principal rival estratégico.

Los Acuerdos de Abraham han profundizado esta división, creando un bloque de normalización liderado por Israel. Para los signatarios del Golfo, cualquier alineamiento militar antiisraelí es ahora políticamente inverosímil.

Los factores económicos también limitan a Egipto. Los analistas del Golfo Pérsico consideran cada vez más que El Cairo es financieramente frágil y dependiente de la ayuda del Golfo. Esto limita su capacidad para financiar grandes proyectos militares o influir en la dinámica regional.

Las líneas divisorias del Sinaí

El aumento de la presencia militar en el Sinaí ha sumido las relaciones entre Egipto e Israel en un periodo de profunda incertidumbre. Lo que antes se consideraba estabilidad se ha fracturado en sospechas mutuas y riesgos crecientes.

Las medidas de El Cairo reflejan una postura más dura, tanto en respuesta a la escalada de Tel Aviv en Gaza como en la búsqueda de la soberanía militar.

Que los próximos días conduzcan a un reajuste o a una confrontación depende de las decisiones que se tomen en El Cairo, Tel Aviv y Washington. Todavía hay margen para actualizar los acuerdos de seguridad negociados con la mediación de Estados Unidos.

Sin ello, existe un mayor riesgo de conflicto abierto debido a la ruptura de los acuerdos energéticos, la interrupción de la coordinación o los incidentes armados en la frontera.

Estos no serían necesariamente casos aislados. En junio de 2023, un recluta egipcio cruzó a territorio israelí y mató a tres soldados. Egipto afirmó que el recluta perseguía a traficantes de drogas, mientras que Israel alegó que se trataba de un ataque premeditado.

El incidente, que terminó con la muerte del soldado, sacudió a ambos gobiernos y reveló la fragilidad de un acuerdo de seguridad que ya se encontraba bajo presión.

Un solo paso en falso, especialmente en lo que respecta a la cuestión de los refugiados, podría desencadenar un conflicto más amplio.

El enfrentamiento estratégico que se está desarrollando en el Sinaí afecta directamente al destino de Gaza y a los esfuerzos de Egipto por reafirmar su papel central en un orden regional que ahora está en juego.

Traducción nuestra


*Realizado por corresponsal de The Cradle

Fuente original: The Cradle

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