Andrea Zhok.
15 de febrero 2025.
…la Europa que se pretendía tierra de derechos, libertad de expresión y pensamiento, es hoy un lugar donde reina una atmósfera mefítica de censura, servilismo mediático y chantaje intelectual.
Un simple vistazo al estado actual de la política europea nos deja atónitos. Si viviéramos en Marte se darían los ingredientes de una hilarante comedia del absurdo, pero viviendo en Europa esa comedia es más bien una tragedia de la que somos víctimas.
Después de la llamada telefónica entre Trump y Putin, a algunos líderes europeos comenzó a surgirles la sospecha de que, después del barril de alquitrán, pronto llegarán las plumas.
Empezaron a entrecerrar los ojos, a inquietarse y a hacer proclamas desquiciadas.
El Ministro de Asuntos Exteriores de la UE, Kaja Kallas, proclamó patéticamente que “en toda negociación, Europa debe desempeñar un papel central” y que “cualquier acuerdo hecho a nuestras espaldas no funcionará”. (Hay que reconocer que Kallas posee unas dotes interpretativas poco comunes: es capaz de soltar las tonterías más desconcertantes siempre con aire sonriente y confiado).
Ante los aranceles anunciados por Trump a las exportaciones europeas, la alemana Von der Leyen dice estar “profundamente apenada” y promete respuestas y “contramedidas firmes y proporcionadas”, añadiendo con gran sentido cómico:
protegeremos a nuestros trabajadores, nuestras empresas y nuestros consumidores”.
El Vicepresidente estadounidense Vance, de gira por Europa, desprecia al Primer Ministro alemán Scholz diciendo que “no hay necesidad de reunirse con él, será canciller por poco tiempo todavía” – pues el escupitajo en su cara no fue a distancia.
Limitémonos a esta muestra del bestiario europeo.
He aquí que, cuando emprendan el vuelo de vuelta a la realidad, los funcionarios europeos podrían empezar a darse cuenta de algunas cosas. Por ejemplo
1) Han colocado en posiciones diplomáticas clave a personajes como Kallas en Relaciones Exteriores (o al lituano Kubilius en Defensa), representantes de minorías en países con una población similar a la de Abruzzo, un PIB que es una fracción del de Lombardía, pero con la única meritoria cualidad de estar afectados por una psicosis rusofóbica.
Hoy, mientras Putin y Trump hablan por encima de Europa, Kallas ladra ferozmente abajo, amenaza, asegura que Europa es esencial, inexpugnable, y parece dispuesto a lanzar un batallón de valientes caballeros estonios para atacar el Kremlin. Personajes como Kallas son el equivalente diplomático de bombardear el North Stream en el frente energético: sirven para cortar puentes a largo plazo hacia cualquier acercamiento con Rusia.
2) von der Leyen, que yo sepa, es miembro alemán de la CDU, es decir, representa el corazón palpitante del proyecto mercantilista del que la UE ha sido un ejemplo mundial.
Este modelo, vale la pena recordarlo, apoyó durante décadas la idea de que la baza de Europa era una política de exportación agresiva, con una balanza comercial perpetuamente excedentaria, una política llevada a cabo a costa de una compresión constante de las condiciones de trabajo y los salarios europeos.
Los ‘expertos’, los ‘técnicos’, nos explicaban que los sacrificios de los trabajadores europeos se verían compensados con creces por la afluencia de capital extranjero
(capital que, según la teoría del goteo, se filtraría naturalmente desde los grandes grupos financieros al conjunto de la sociedad). En este punto, la sucesión en el proceso de autoevolución presenta rasgos ingeniosos.
Primero Europa apostó todo a “aplastar al adversario con las exportaciones” y al hacerlo destruyó el mercado interior.
Después rompió sus puentes con Rusia y quebró las iniciativas chinas de la Nueva Ruta de la Seda, reduciendo sus márgenes de exportación hacia Oriente (naturalmente en nombre de la libertad frente a las autocracias).
Luego, al dar audiencia a algunos grupos de presión, ha impulsado objetivos ridículamente poco realistas en forma de Economía Verde, creando obstáculos artificiales para la producción y el consumo (pero, como es obvio, para dar un buen ejemplo al mundo).
Finalmente, descubrió que un Estado soberano con el physique du rôle, como EE.UU., puede borrar de un plumazo toda tu ventaja competitiva.
Resultado final: se ha perdido cualquier privilegio en el mercado externo, mientras que el mercado interno lo has destruido.
Digno de un Darwin Awards.
3) Scholz el de corazón de león es el que en vísperas de la operación especial rusa cerró el North Stream 2 (NB: ANTES de la invasión de Ucrania), y es el que luego, cuando el gasoducto fue volado (como dice con autoridad Seymour Hersh, por los estadounidenses con la ayuda de los noruegos) acusó rápidamente a los rusos de autosabotaje.
Habiendo limpiado así espectacularmente los zapatos de los estadounidenses -que consiguieron en bandeja de plata el cierre del suministro de energía barata europea-, Scholz puede ahora ser despedido como un viejo payaso, que ya no hace reír a nadie.
El trágico cuadro de la peor clase dirigente europea de todos los tiempos podría continuar. Pero, por desgracia, no podemos seguir deleitándonos con tales escarceos, porque somos y seremos sus primeras víctimas.
Europa sale de este asunto literalmente aniquilada.
En efecto, Europa ha perdido la única palanca real de poder de negociación que le quedaba en las manos, a saber, la excelencia en la transformación industrial.
Hoy Europa, entre la reducción de las salidas comerciales (internas y externas) y la explosión de los costes energéticos, se encuentra en plena desindustrialización.
Por lo demás, Europa es desde hace tiempo una parte del mundo envejecida y demográficamente colapsada, donde las familias y todas las relaciones duraderas son sistemáticamente atacadas, ya sea por las célebres exigencias de flexibilidad de los mercados o por la difusión de ideologías abstractas (woke, etc.).
Militarmente, Europa nunca ha cuestionado los resultados de la Segunda Guerra Mundial -excepto durante un periodo en Francia- y ha seguido siendo tierra de ocupación.
Culturalmente, Europa abrazó el modelo estadounidense sin reparos, desmantelando su excelencia en las ciencias y las artes, y abrazando cualquier porquería llegada del otro lado del Atlántico.
Por último, y esto es lo más amargo y preocupante, la Europa que se pretendía tierra de derechos, libertad de expresión y pensamiento, es hoy un lugar donde reina una atmósfera mefítica de censura, servilismo mediático y chantaje intelectual.
Mientras que EE.UU., en manos del pésimo y ‘dictatorial’ Trump, vuelve a abrir las puertas a la libertad de expresión, Europa es ese lugar particular donde se cierran cuentas bancarias a medios políticamente indeseables, donde se censuran razonamientos de puro sentido común (por favor, no olvidemos todas las diatribas a quemarropa contra los ‘putinianos’ y ‘pacifistas falsos’, cuyos consejos, si hubiéramos seguido, hoy nos tendrían mucho mejor); es ese lugar donde se suspenden sin problema los resultados de elecciones incómodas; es ese lugar donde se implementa ese reino del arbitrio que es la Ley de Servicios Digitales; es ese lugar donde periódicos y medios prestigiosos hace tiempo que ya no sobreviven en el mercado, sino que dependen de subvenciones opacas y publicidad privada (todas ellas, recursos condicionados y condicionantes).
Europa está al borde del colapso, y con lo que esto cuesta, será una muerte lenta y costosa.
Traducción nuestra
*Andrea Zhok es profesor de filosofía en la Universitá degli Studi de Milán y colabora habitualmente en distintos medios de italianos de izquierda.
Fuente original: Arianna Editrice
