MÁS SOBRE LA SITUACIÓN EN SIRIA. Enrico Tomaselli.

Enrico Tomaselli.

Foto: fuerzas yihadistas-terroristas durante una ofensiva militar contra las fuerzas gubernamentales sirias en el campo occidental de Alepo Crédito: Juma Mohammad

02 de diciembre 2024.

…la cuestión de contener y detener esta ofensiva se plantea ciertamente de forma inmediata, pero en términos más generales obliga a abordar, con una perspectiva estratégica, una serie de problemas cuya no resolución puede tener efectos muy graves


Ya había señalado en el pasado reciente que el ejército sirio (EAS) estaba en pedazos, cuando ni siquiera se imaginaba una evolución como la que se ha visto en los últimos días. Y había más de una razón, incluso comprensibles.

Ciertamente, después de lo que está sucediendo, el contragolpe en la imagen del gobierno sirio es devastador, y sin duda no fortalece su credibilidad interna [1]. No es que Rusia e Irán estén saliendo ilesos desde este punto de vista: una increíble falta de inteligencia, como mínimo – y casi sería tentador ser malicioso y hablar de una falta de inteligencia en general…

En el plano militar, es impensable que Moscú y Teherán puedan permitirse la pérdida de Siria (y, por tanto, de Assad); además, aunque las fuerzas yihadistas-terroristas avanzan con gran ímpetu y gran coordinación, desplegando decenas de miles de hombres, su total carencia de defensas antiaéreas las expone inevitablemente a las incursiones de la aviación rusa y siria, que harán sentir su peso a largo plazo.

Evidentemente -como bien saben los israelíes…- tener el control del aire no basta, sin una capacidad de combate eficaz en tierra.

En términos operativos-estratégicos, es bastante evidente que las formaciones terroristas no son estructuralmente capaces de competir con las fuerzas aliadas de Damasco (las cosas serían muy diferentes si Siria estuviera sola).

Por lo tanto, la cuestión es simplemente cuánto tiempo se tardará en estabilizar la línea del frente y, sobre todo, dónde. Si las fuerzas yihadistas-terroristas consiguen ocupar Alepo (como ya ocurrió en 2016) entonces será un grave problema, porque la reconquista será larga y dolorosa.

Si, por el contrario, la ofensiva se contiene en los barrios occidentales, será más fácil cortar las líneas logísticas y cerrarlas en un bolsillo.

Obviamente, la cuestión se plantea en términos estratégicos y, en lo que respecta a Rusia e Irán, requiere que se aborden de una vez por todas algunas cuestiones, lo que significa esencialmente restablecer las condiciones para que Siria vuelva a ser una entidad estatal plenamente soberana.

La primera cuestión es la de las relaciones con Turquía. Erdogan es un nacionalista turco, con ambiciones de Imperio Otomano y, por lo tanto – legítimamente desde su punto de vista – juega sus cartas sin escrúpulos. Pero, sobre todo, se revela cada vez más como un personaje ambiguo y poco fiable, que cambia de bando con demasiada facilidad.

Si en el pasado, especialmente durante la primera fase de la OME en Ucrania, Turquía era útil para Moscú, ciertamente ya no lo es – al menos no en la misma medida. Moscú ha salvado el trasero de Erdogan varias veces, advirtiéndole con anticipación de maniobras para eliminarlo; sin embargo, él no ha dudado en corresponder con traiciones flagrantes (véase la liberación de los líderes de Azov exiliados allí después de la captura de Mariupol). Con esta operación, mucho más grave y peligrosa, ha hecho una elección de bando, y debe pagar las consecuencias.

Para empezar, por tanto, habría que fijarse el objetivo a medio plazo de limpiar completamente el norte de Siria tanto de las milicias controladas por Ankara como de sus bases militares.

Un movimiento de indudable valor estratégico podría consistir entonces en apoyar sustancialmente a las milicias kurdas antisirias, utilizándolas a su vez para ejercer presión sobre Turquía y -lo que no es secundario- sustraerlas al control estadounidense.

Obviamente, la cuestión de las bases ilegales estadounidenses es otro grave problema para resolver, teniendo en cuenta que son el instrumento con el que se roba no sólo el petróleo sirio, sino también un importante elemento de perturbación respecto a las estrategias iraníes en la media luna chií; la base de Deir el Zor está de hecho plantada en medio de las líneas de comunicación entre Irán y Líbano.

La cuestión kurda es a su vez otro elemento, no menos delicado, del cuadro general. Siria y Turquía son los dos países (de los cuatro en los que se divide el Kurdistán) donde es más fuerte la actividad político-militar de las formaciones kurdas, que además están estrechamente vinculadas (las YPG sirias son casi una rama del PKK que opera en Turquía).

Las fuerzas kurdas formaron parte de la insurrección anti-Assad en 2011, y han participado durante mucho tiempo en la guerra civil en el bando equivocado; incluso ahora, las SDF -compuestas esencialmente por kurdos- actúan bajo el paraguas estadounidense, apoyándose en bases de Estados Unidos.

Pero prevalece la hostilidad mutua con los turcos, por lo que hay todo el margen para iniciar un proceso de pacificación dentro de Siria (también a través de formas de autonomía regional, según el modelo iraquí).

Por último, aunque no sea una cuestión exclusivamente vinculada a Siria, está el tema de las relaciones entre Moscú y Teherán. Que el eje entre ambos países es de perspectiva estratégica, y por innumerables razones, es indiscutible. Pero al mismo tiempo es inútil ocultar el hecho de que aún quedan algunos problemas por resolver, y que estos problemas conciernen sobre todo a la cuestión de Oriente Próximo.

No es casualidad que el acuerdo estratégico entre ambos países, cuya firma se considera inminente desde hace tiempo (la última vez que se esperó fue en la cumbre BRICS+ de Kazán, el pasado octubre), tarda en llegar.

Mientras que Teherán tiene una posición clara y definida sobre la cuestión palestina, y más ampliamente sobre la cuestión del Estado sionista israelí, Moscú sigue manteniendo una posición mediana, cuando no francamente ambigua, que en Siria se traduce en un consenso ante los continuos bombardeos de Tel Aviv (algo que no ha dejado de suscitar descontento en el Eje de la Resistencia).

Es demasiado evidente que un acuerdo sustancialmente similar al recientemente estipulado entre la Federación Rusa y la República Popular de Corea, transpuesto entre Rusia e Irán, comprometería a Moscú -en caso de conflicto abierto entre Teherán y Tel Aviv- no sólo al simple apoyo del aliado, sino a la defensa común -un poco como el famoso art. 5 de la OTAN.

Un paso que, evidentemente, el Kremlin aún no está del todo seguro de querer dar.

En conclusión, y mirando las cosas desde una perspectiva no contingente, la ofensiva yihadista-terrorista sobre Alepo ha puesto de manifiesto problemas mucho más de fondo, que la relativa calma del frente había permitido mantener bajo la alfombra.

Por lo tanto, la cuestión de contener y detener esta ofensiva se plantea ciertamente de forma inmediata, pero en términos más generales obliga a abordar, con una perspectiva estratégica, una serie de problemas cuya no resolución puede (como demuestra la acción de Hayat Tahrir al-Sham) tener efectos muy graves.

Traducción nuestra


*Enrico Tomaselli es Director de arte del festival Magmart, diseñador gráfico y web, desarrollador web, director de video, experto en nuevos medios, experto en comunicación, políticas culturales, y autor de artículos sobre arte y cultura.

Notas

(1) La noticia de que un campo de refugiados palestino, al este de Alepo, y por tanto lejos de las líneas del frente yihadista, hubiera negociado con emisarios del HTS intercambiando su propia posición de neutralidad para evitar ser atacado es una prueba de fuego…

Fuente original: Enrico’s Substack

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