Entrevista a Manolo Monereo por Martín Martinelli, Gustavo Keegan y Alan Rebottaro.
07 de noviembre 2024.
¿Cuál es el problema? No consiguen domar a China y, a su vez, el conflicto de Ucrania no está saliendo bien. De alguna manera, eso le permite a China ganar tiempo y la desesperación que muestra Trump tiene que ver con eso: se empantanan con Rusia mientras China acumula fuerza, tecnología, capital y capacidad militar.

Manolo Monereo, con Martín Martinelli, Gustavo Keegan y Alan Rebottaro; en I Congreso de Geografía Política, Observatorio Geohistórico Universidad Nacional de Luján, 22 de octubre de 2024. Transcripción Valentina Taberna. Charla completa en:
Keegan: Vamos a analizar los últimos dos años del sistema mundial.
Monereo: Mi intervención está anudada en torno a tres conceptos: aceleración, escalada y factor tiempo. Hay un consenso cada vez más fuerte de que estamos ante una doble crisis que se anuda, que se encuentra, por un lado, con la crisis de hegemonía norteamericana y, por otro lado, una crisis más general y de una complejidad mucho más grande que llamaríamos ‘la crisis de la hegemonía de Occidente’. Así, se entrecruzan estas dos crisis.
Se puede decir que hay dos momentos: el momento clave de la fase que es la crisis de hegemonía norteamericana y un momento más de etapa histórica, de cambio de mundo, que es la crisis de la hegemonía de Occidente en el sentido de que se están discutiendo quinientos años de historia iniciada con la expansión de la Península Ibérica hacía América y la unificación de la economía mundo en torno a Occidente.
Esto es muy importante para entender el cambio que estamos viviendo. No se trata de una crisis más, de lo que Arrighi llamaría una ‘crisis de sucesión hegemónica’, sino mucho más grande, más importante, y donde el protagonismo lo tienen grandes civilizaciones que fueron colonia de Occidente durante mucho tiempo: China, India e Indonesia a los que se suma un país que siempre fue semiperiférico que es Rusia, reconstruyéndose. Sobre esto tenemos que trabajar: sobre el cambio de fase y de etapa históricas.
Agrego una tercera: la coyuntura. Se trata de la respuesta norteamericana a la crisis de hegemonía. Cuando llega Biden al poder, lo dijo muchas veces, vuelve Estados Unidos, pero ¿qué Estados Unidos vuelve? Es el que llegó a la conclusión de que ante la crisis de hegemonía tenía dos opciones: una era gobernar esa crisis y la transición hacia un mundo multipolar sacando beneficios de su papel dominante o, como segunda opción, enfrentarse al nuevo mundo con el superávit que tiene en las relaciones internacionales que es su poder político- militar y su control de los grandes océanos con sus bases militares.
Es decir, Estados Unidos con Biden dice que la pérdida de hegemonía se responde pasando a la ofensiva y en ello se articulan diferentes frentes de lucha. Un frente se abre en Europa contra Rusia dirigida por la OTAN; otro frente es en el Mar de China Meridional tratando de encerrar a China en su propio Mar y el tercer frente, que siempre se dejó de lado, es en África que tiene su línea de fractura en el Sahel.
Sin embargo, últimamente apareció un último frente que no estaba previsto por Estados Unidos: Palestina con su enfrentamiento y resistencia armada frente al Estado de Israel que dio una dimensión nueva justamente por su imprevisibilidad. Son cosas que ocurren desde Vietnam y se trata de meterse en múltiples problemas con estrategias muy duras y, de pronto, le salen efectos colaterales no previstos. La resistencia palestina cambia su posicionamiento a nivel global y lo obliga a meterse en una zona en la que no tenía previsto intervenir.
Ya vimos que hace dos años hay un conflicto armado por interposición entre la OTAN y Rusia que tiene como objetivo a Ucrania. Se trata de una guerra por intermediación, delegación, de la OTAN que tiene como novedad que la cuenta no le cierra a Estados Unidos, está perdiendo la guerra en Ucrania y eso es tremendo en este contexto porque no lo reconoce, aparece el primer elemento que señalaba: escalada. Estamos ante una serie de elementos que obligan a una escalada en la tensión político-militar. Estados Unidos no puede perder la guerra en Ucrania porque está conectada con su lucha contra China y si pierde, se queda sin la capacidad de intervenir activamente contra China en Asia.
Desde esta perspectiva, Estados Unidos se encuentra en enorme dificultad y, a su vez, el segundo fenómeno aparece: aceleración. Aquí todos los cambios que se veían antes de la guerra se aceleraron después de Ucrania y están cambiando, internamente, a los actores del propio conflicto internacional y a las grandes potencias. No es casual que cada vez que Estados Unidos tiene elecciones, pone en peligro la paz mundial. En este sentido, no hay nada nuevo pero lo que cambió es que, como potencia, tiene un problema de política internacional, pero sobre todo, interno.
Se están dando debates, iniciado por Robert Brenner, sobre el capitalismo político donde se discuten qué es lo que está ocurriendo en Estados Unidos: lo que pasa es una guerra civil latente que, por otro lado, se da en un momento donde se está apostando por ser la ‘enésima potencia proteccionista’ a nivel mundial.
Lo que estamos viendo es que muchas de las políticas que Trump puso en marcha, las desarrolla el gobierno de Biden y que podemos advertir en una célebre conferencia de Jack Sullivan donde planteó la necesidad de un cambio de modelo económico que ya no podía ser el neoliberalismo; era necesaria la reindustrialización, la ley contra la inflación, etc.
Es decir, Estados Unidos está intentando reindustrializar, fortalecerse como nación, pero también tiene un conflicto interno muy serio de la cual la expresión más fuerte es Donald Trump. Hoy, en estas elecciones, se dirime este conflicto que no terminará gane quien gane y, en definitiva, no sabemos qué va a hacer Donald Trump porque carece de una estrategia definida y actúa arbitrariamente pero sí sabemos que, si gana Kamala Harris, la guerra mundial está mucho más cerca.
Este es el primer cambio que estamos viendo: una aceleración de los procesos, de las relaciones complejas entre el imperio y el Estado nación que los sustenta. Esa situación en Estados Unidos siempre fue muy complicada, mucho más que en otro imperio, y tiene una correlación muy diferente a la de la etapa anterior.
A su vez, está cambiando Rusia que no sólo no fue derrotada militarmente, sino que tampoco en lo económico, y está viviendo un proceso de crecimiento importante en la que se está practicando un keynesianismo militar que mejora las cifras macroeconómicas como los salarios. De hecho, el mayor problema que tiene Rusia actualmente es la carencia de mano de obra porque su potencial económico, industrial, tecnológico, agrícola y energético está desarrollándose masivamente y, a su vez, está fortaleciendo el complejo militar industrial sacando la fuerza que tenía oculta desde la etapa soviética. Así, Rusia se convirtió en la cuarta potencia económica mundial en paridad de compra y aparece como una economía sólida.
También está cambiando China en cuanto a su patrón de crecimiento buscando los salarios y el consumo interno como motor de la economía. Eso hace un proceso nada fácil que le obliga a grandes cambios y que, a su vez, tiene que combinarlo con una estrategia de tensión y una guerra tecnológica- comercial por parte de Estados Unidos. En este momento lo que sí podemos tener en claro es que fracasó la estrategia económica y tecnológica estadounidense sobre China que está avanzando mucho más de lo que Estados Unidos calculó.
Un tercer elemento de estos cambios tiene que ver con Europa que está viviendo un proceso de involución política, industrial, tecnológica y cultural. Lo que llamamos ‘Unión Europea’ dejó de ser un actor internacional porque hoy su política la dirige la OTAN. Esto tiene consecuencias en cada uno de los países y está apareciendo un fenómeno muy destacable, que también tiene que ver con lo que está pasando en América Latina, y es el surgimiento y desarrollo de la extrema derecha como clase de recambio de los poderes que gira todo el espectro político a la derecha y modifica a la vieja derecha que, en muchos países se convierte en hegemónica. Los casos evidentes son Italia, Austria, Alemania y hay algo gravísimo que es lo que está pasando en Francia, donde el gobierno puede terminar siendo el que introduzca a Marine Le Pen al poder.
Para vencer a la izquierda se usa a la extrema derecha, de nuevo. La Unión Europea tiene un problema cada vez mayor que es la crisis del hegemón europeo; es decir, de Alemania que está en un proceso gravísimo de crisis interna, industrial, de retroceso en su productividad y que seguramente tendrá consecuencias graves desde el punto de vista político, ideológico dentro del país y en sus relaciones de poder a nivel mundial.
Otro cambio a destacar es América Latina donde creo que hay un proceso de reagrupamiento en torno a la potencia hegemónica en crisis: Estados Unidos. Lo que veo en los cambios que se producen en esa región es una idea, una tendencia, que las elites dominantes en cada uno de los países salen al rescate del hegemón mundial. Cada uno de estos países sabe que, en el trasfondo de la política de su gobierno, tienen un poder de veto que es Estados Unidos. Tienen un poder añadido al propio poder de clase y es que detrás está la embajada norteamericana, el instrumento político, económico, militar, de los servicios de inteligencia. Las clases dominantes locales saben todo esto y por ello quieren fortalecer esta alianza estratégica de las élites latinoamericanas con el poder de Norteamérica.
Para Estados Unidos esto es esencial porque es parte de su propio poder y más aún ahora que, por la influencia de Rusia y de China, América Latina es un subcontinente en disputa. De ahí que tiene mucho que ver esta excesiva presencia pública a nivel mundial de Venezuela que, este reposicionamiento porque ya no se pueden dar el lujo de perder Venezuela, entre otras muchas cosas, porque es el país que tiene la mayor reserva energética del mundo.
El hecho de que aparezca un ministro en Venezuela que es agente secreto de Estados Unidos, demuestra que todo en América Latina está muy controlado y dirigido por los intereses globales de la potencia.
Estamos viviendo una aceleración de todos los cambios y se vio en los últimos días en Kazán donde se llevó adelante la reunión de los BRICS y es la demostración de que empieza a haber una fuerza emergente a nivel internacional muy heterogénea, conflictual, pero que está organizándose y cuestionando las reglas del juego que Estados Unidos puso en el “orden internacional basado en sus reglas”. Hoy estamos viviendo un cuestionamiento de fondo donde están aliados estratégicos de Estados Unidos como es Arabia Saudita, pero los BRICS también albergan países que están en conflicto entre sí y países que juegan un rol clave en América Latina y en África como Brasil y Sudáfrica.
Está emergiendo una alternativa que tendrá un golpe más hacia adelante, con articulaciones y dispositivos en favor de una mayor concreción de unidad que, a su vez, se fortalecerá con el apoyo de las fuerzas que están en el órgano de cooperación de Shanghái. En el medio aparecen figuras como Turquía, que nunca se sabe si se suma o no pero aquí está claro que su petición de ingreso es un elemento que tiene connotaciones desde muchos puntos de vista porque es un miembro de la OTAN.
Esta es la idea: escalada y aceleración pero ajustado al factor tiempo. ¿Por qué digo ‘factor tiempo’? Porque se está acabando el tiempo de Estados Unidos y eso es peligroso. No consiguió su objetivo en estos cuatro años de Biden porque el mundo sigue cambiando y se aceleran acotando el tiempo. De hecho, los teóricos, estrategas y los jefes de la OTAN hablan de preparación para la guerra contra Rusia para el 2027 aunque los menos optimistas hablan del 2030, pero todos coinciden en la disposición de todos los dispositivos político militares a un enfrentamiento con Rusia.
Detrás de esto hay toda una estrategia y logística que va a ese camino que tiene que ver con el gasto militar que se disparó, el rearme cada vez más firme y con una agresividad creciente contra Rusia. Esto, además, tiene la ‘OTAN hacia adentro’ que es el ejercicio de la crítica pública porque cada uno de los países de la OTAN tiene una tendencia fuerte al autoritarismo, hacia la pérdida de cultura democrática y una creciente presencia de la militarización interna. Se habla de, en algunos países, volver al servicio militar obligatorio y eso no es poca cosa.
Dentro de la propia Europa, cada vez más, el eje de ‘la nueva- vieja Europa’ están jugando un papel de vanguardia en esa opción, sobre todo en torno a Polonia que, se está convirtiendo en el Estado más militarizado de la Unión Europea y, como es una vieja historia de Polonia que siempre fue una ‘China’ en el zapato de Alemania y Rusia, intenta liderar a los países bálticos y nuclearlos para tener una posición política cada vez más firme.
Es decir, vamos hacia un agravamiento de la tensión geopolítica internacional en su aspecto político- militar que está cambiando la doctrina estratégica, de hecho. La más fuerte es la de Rusia y, en este sentido, Sergéi Karaganov lleva años hablando de la necesidad de un cambio más serio y refiriéndose al uso de las capacidades nucleares.
Eso que parecía una locura hace un año y medio, hoy no es así. Lavrov, incluso, habló de que Rusia está preparándose para una guerra con la OTAN, independientemente de quién gane en Ucrania. Claramente, estamos yendo hacia un enfrentamiento muy serio entre el dispositivo político- militar- estratégico de la OTAN y Rusia mientras el resto de los conflictos siguen desarrollándose.
La paz está en peligro y la posibilidad de una guerra nuclear es mucho más seria de lo que imaginamos y creo que los gobiernos europeos están engañando a su población generando un compromiso en torno a una estrategia cada vez más embarcada en el conflicto contra Rusia.
Martinelli: Quisiera profundizar en la situación de Asia Occidental en torno al genocidio palestino, a su resistencia y también cómo se implican más actores como el ‘Eje de la resistencia’ y, concretamente, quiero saber cómo ves el apoyo de Rusia a Irán y si esto tiene, desde tu perspectiva, una conexión con la situación Ucrania- Rusia.
Monereo: Yo creo que todos los frentes están implicados pese a la autonomía relativa de cada uno. Por ejemplo, Rusia siempre ha tenido una excelente relación con Israel, pero eso cambió y cada vez está más en alianza con Irán porque Israel está apostando por Ucrania. Es un modo suave, no tan claro, pero está sucediendo.
Ahora está por firmar un tratado estratégico que es de ayuda mutua con Irán y cuando eso se concrete, hay que tener cuidado porque un ataque a Irán puede ser interpretado como un ataque a Rusia. Estas políticas de alianzas se van multiplicando con China que consideró que Irán es una pieza fundamental. Tenemos, de facto, un trípode que se está desarrollando en Eurasia: China, Rusia e Irán que se fortalecerá más y veremos una mayor complementariedad entre los dos últimos en términos tecnológicos y militares.
Por otro lado, tenemos el tema de Israel que no es sólo un aliado estratégico de Estados Unidos, sino que también es un actor interno. Netanyahu no es Zelensky; Netanyahu tiene poder en Estados Unidos porque allí nadie puede ganar unas elecciones si se enfrenta al lobby pro- israelí. Desde esa perspectiva, tiene una capacidad de control muy fuerte sobre Estados Unidos y el ejemplo nos lo darán con la respuesta que den a Irán. Ese mundo funcionará con su propia autonomía y también le pasará a Zelensky gracias a la inestabilidad que tiene Estados Unidos por el miedo a que gane Donald Trump.
Hay un tema muy de fondo en todo esto que el caso de Gaza lo está poniendo de manifiesto, que es un etnocidio televisado en directo y esto tendrá consecuencias enormes porque se está normalizando la guerra y la masacre de personas. Esto se observa en el clima de autoritarismo y militarización que han adquirido las sociedades y del alineamiento férreo de la élite con el Estado de Israel y con la OTAN. La guerra entre Israel y la resistencia armada de Gaza masacrada ilumina el tipo de transición que estamos viviendo y el rol de Estados Unidos en esta historia.
Keegan: El continente africano es desconocido, al menos para Nuestramérica, ¿podrías profundizar en ello?
Monereo: Partirá de una afirmación: como a finales del XIX, después del Pacto de Berlín, la suerte de esta transición geopolítica que estamos viviendo se va a dirimir en África que, más que nunca, será un territorio de conflicto y reparto de poder e influencias.
Entre otras cosas porque el 60% del desarrollo demográfico del mundo de los próximos veinte años depende de África. Para que se me entienda: Nigeria, que ahora tiene 230 millones de habitantes, en 2050 tendrá 400 millones de habitantes que es el equivalente a lo que tendrá la Unión Europea. Alguien se puede preguntar que los temas que ahora nos preocupan como la emigración tiene alguna solución mientras haya un déficit tan tremendo entre el nivel de vida, de trabajo, de salud, de oportunidades vitales entre el Norte rico y el África pobre; ¿alguien cree que esto va a parar sólo con políticas de represión y creando muros artificiales?
Sin embargo, a su vez, se olvida un elemento que es la enorme capacidad de crecimiento económico que tiene África por su riqueza, que son fundamentales desde cualquier punto de vista, así que no solo la emigración preocupa al Norte, sino que hay que ver que una gran parte de la riqueza que Occidente gestiona sale de África.
En esta transición multipolar ocurre, por primera vez desde que Estados Unidos ganó la ‘tercera guerra mundial’, empieza a tener una posibilidad para las élites africanas y sus Estados de tener un desarrollo autónomo y de vender más caros sus productos, así como tener un mayor control de sus recursos. África hoy puede elegir actores y eso le da un margen de maniobra que no tenía así que jugará un papel fundamental.
¿Por qué la presencia de China es enorme? Sigue la discusión sobre qué tipo de imperialismo practica China, pero ahora se destaca que, para las élites africanas locales, China es una posibilidad de tener un desarrollo autónomo y socialmente más equitativo porque la dependencia del FMI y del Banco Mundial tiene una alternativa. En este sentido, China no es que hace caridad, sino que tiene intereses que no oculta pero que va por la vía de acuerdos beneficiosos para ambas partes.
Por último, la presencia cada vez más fuerte de Rusia, aunque en realidad, nunca se fue. De hecho, muchos funcionarios de muchos países africanos estudiaron en Rusia, hablan ruso y la conexión de los movimientos de liberación con la URSS fueron importantes y hoy se está retomando. En el caso concreto del Sahel las mismas fuerzas armadas que fueron entrenadas y costeadas por Francia, llegaron a la conclusión de que la única forma de frenar ataques terroristas es separándose de Francia que está de los dos lados, jugando con el ISIS.
Estamos frente a un reposicionamiento muy serio donde el panafricanismo está en pleno desarrollo y se está agrupando en torno a la alianza estratégica en el Sahel entre Burkina Faso, Níger y Mali. A ellos se suma Senegal que tuvo un cambio político muy importante plegado a esta fuerza continental que busca desarrollo, industrialización, derechos sociales, salud. Busca las promesas incumplidas de la liberación africana.
Rebottaro: Teniendo en cuenta que parece que China no quisiera una confrontación directa con Estados Unidos, que tiene poco tiempo y también debe enfrentar sus propios problemas internos. ¿Cómo se puede procesar todo esto, es decir, la urgencia de Estados Unidos mientras su contrincante, sin apuros, construye lazos en todos lados?
Monereo: Creo que todos eso está abierto, se está por definir pero Estados Unidos es muy peligroso. A mí me molestan mucho las posiciones que hablan como una especie de igualación entre China y Estados Unidos como si estuviéramos frente a una guerra interimperialista. No es así, lo que hay es un imperialismo consolidado y en frente tenemos fuerzas que se mueven contra él, sean o no imperialistas. En las relaciones económicas, tecnológicas, comercial y militares, Estados Unidos tiene la supremacía, pero se le está acortando y sus antagonistas son cada vez más fuertes.
En estos días me impresionó mucho un dato que decía que la fuerza naval que China es capaz de lanzar cada año al mar equivale a la flota de Gran Bretaña. Estamos hablando de cosas muy serias. En tres o cinco años, la flota y su capacidad de fuego puede superar a Estados Unidos que tiene doce portaaviones de los cuales ocho están funcionando y los mueve por todo el mundo con una capacidad expedicionaria en torno a los 250 mil efectivos para colocarlos en cualquier parte del planeta en menos de un mes.
Eso hoy aún no lo tiene nadie porque nadie tiene esa cantidad de bases. China tiene una sola base en construcción en Yibuti así que debe trabajar cada vez más en alianza con Rusia patrullando los mares y defendiéndose de la política de cerco que está haciendo Estados Unidos.
¿Cuál es el problema? No consiguen domar a China y, a su vez, el conflicto de Ucrania no está saliendo bien. De alguna manera, eso le permite a China ganar tiempo y la desesperación que muestra Trump tiene que ver con eso: se empantanan con Rusia mientras China acumula fuerza, tecnología, capital y capacidad militar.
Es un momento complicado porque estamos frente a una paradoja: vemos a China defendiendo al libre comercio y a Estados Unidos al proteccionismo, eso tiene que ver con el rol que toca en la división internacional del trabajo. China está produciendo más y más barato que Estados Unidos y Europa. Eso es una enorme dificultad para estos dos y si se aplican estrategias proteccionistas frente a China, ésta va a responder y eso es signo de un conflicto militar latente.
¿Dónde está el problema? En Taiwán que es un dispositivo que tiene Estados Unidos y lo activará cuando le parezca oportuno para que ‘pise el palito’ China y entre en el conflicto con una política de ocupación en Taiwán. Ese conflicto está preparándose en una línea de defensa que rodea a China cuya clave va desde Japón-Taiwán-Filipinas y, en esa línea, Okinawa es clave al igual que Taiwán. China no está interesada en la guerra y sólo jugará esa carta como respuesta a una agresión político- militar o anticipándose a ella.
Le va muy bien con el comercio mundial y jugará la carta de ser un pacificador en las relaciones internacionales para demostrar que es posible un tipo nuevo de gobernanza mundial poniendo a la ‘pax china’ como más justa y democrática que la norteamericana. Es hegemónica pero también en términos culturales para que las élites vean cómo Estados Unidos conduce al mundo a la guerra mientras China juega la carta de la paz.
Martinelli: Decías que los BRICS son una gran transformación y que China y Rusia se acercan a Medio Oriente y al norte de África con una política diferente al intervencionismo militar de los últimos treinta años ¿Cómo analizas la cuestión de la desdolarización?
Monereo: En esto, parafraseando a Lenin, hay que decir que la moneda es el poder político concentrado y el problema es que el poder económico y político de Estados Unidos va a menos y jamás volverá a ser lo que fue después de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, su poder está basado en el doble juego del dólar como reserva para comprar recursos y, además, como financiación del gasto militar, déficits comercial y público. El papel del dólar en la economía mundial y la financiación de todo su complejo militar están íntimamente relacionado.
Habrá un proceso de desdolarización a partir de esta reunión, pero no será tan grande como lo quisiéramos. Será un mecanismo para que los países BRICS comercien entre sí con una moneda propia o de una de conjunto para que articulen entre sí. Entonces, habrá nuevos mecanismos que permitirán que el uso del dólar disminuya creciendo el de otras monedas y ya está funcionando entre Irán y Rusia o entre Rusia y China.
Esto tiene que ver también con el Banco de Desarrollo de los BRICS y el papel de Dilma Rousseff. En este marco, habrá una posibilidad de que haya un prestamista alternativo al FMI que permita que los países puedan escoger mecanismos para las necesidades de financiación de acuerdo a sus políticas de desarrollo. Así aparecerá una mayor coordinación entre los países BRICS a lo que se suma un mecanismo de coordinación económica y monetaria más fuerte y, finalmente, la posibilidad de un banco que actúe eficazmente con proyectos de desarrollos cada vez más necesarios. Un ejemplo claro es Milei y sus relaciones con China que demuestra que el anarcocapitalismo no funciona en la realidad.
De aquí habrá un paso más hacia la desdolarización que no será un proceso tan rápido pero que se mantendrá en el marco del factor tiempo que está actuando en la política económica internacional.
Keegan: Planteaste que hay un reagrupamiento desde el Norte que se asocia más con el garrote que con la zanahoria; ¿cómo ves esta cuestión con el ejemplo de Milei en el marco de la realidad de América Latina?
Monereo: No hay nada más fácil para entender la política norteamericana en América Latina que ver a la jefa del Comando Sur. Esta señora, cada vez que habla, dice lo que quiere: fuera China y Rusia de América Latina mientras enumera los recursos de la región. En este marco se ve además cómo se están profundizando las relaciones militares asociándose las fuerzas armadas de algunos países y las de Estados Unidos. Las implicaciones son profundas y parecidas a lo que fue la Doctrina de Seguridad Nacional.
Hay otro elemento que hay que atender que es lo político e ideológico. Nos estamos dando cuenta que el segundo ciclo de la izquierda latinoamericana no llegó muy lejos y que se está revirtiendo muy pronto. El primer ciclo fue acogido con gran expectativa en torno a Venezuela, Ecuador, Bolivia y los cambios en los gobiernos Kirchner, pero se están agotando y la nueva izquierda encabezada por Boric va a terminar haciendo que Chile extrañe a los gobiernos de la Concertación.
El rol de Venezuela es clave. No voy a profundizar mucho porque no termino de entender el sobreposicionamiento que hay en el tema Venezuela; está en primera página de todos los periódicos europeos, todo el tiempo y por supuesto que tiene que ver con que en este momento de reposicionamiento y rearticulación de control y dominio de Estados Unidos, Venezuela no puede quedar afuera. Estamos en un debate político que, como decía Katz, se resume en la energía petrolera y si no ponemos eso sobre el tapete, estamos trabajando para Estados Unidos.
En América Latina el principal problema es el agotamiento de la izquierda y la necesidad de reinventarse y preguntarse qué tipo de izquierda hace falta en este contexto.
Sin embargo, quiero recordar que la izquierda basa sus conceptos en el antiimperialismo y las élites dominantes latinoamericanas profundizaron una alianza estratégica con Estados Unidos. ¿Cómo se traduce la crisis del hegemón en América Latina? Debilita a la élite dominante que tuvo poder de veto basado en el poder de Estados Unidos; esto es lo que temen que ocurra.
Es decir, encontrarse con un potencial norteamericano disminuido que se lleve puesto su propio poder en sus países así que lo que vemos es una articulación de las burguesías dominantes locales con Estados Unidos para acompañarlo en esa transición hacia un mundo multipolar en su expresión más dura o blanda.
Rebottaro: Teniendo en cuenta que hay un proceso de industrialización de Oriente y de desindustrialización de Occidente, de manera relativa. ¿Qué efecto tiene esto?
Monereo: La desindustrialización de Alemania benefició a Estados Unidos. En el terreno energético se ve claro: la clave del poder económico alemán se basaba en dos factores: la producción de energía barata y sin límites por parte de Rusia y la regla de juego de la Unión Europea favorecerá el potencial exportador de Alemania.
Eso la convierte en un país financieramente dominante porque tenía relaciones económicas que le permitió durante mucho tiempo tener superávit permanente y terminó siendo una potencia financiera con la que los países del sur se endeudaron. Esto se vio con la crisis de 2008 y 2009.
Alemania perdió su poder estructural en la Unión Europea y benefició a Estados Unidos a lo que sumó una subordinación de la Unión a los intereses estratégicos de la OTAN, pero ¿por qué Europa se deja dominar así hasta tener que trabajar contra sus propios intereses? Tiene que ver con el modelo económico surgido después de la Segunda Guerra y con que Alemania es un protectorado de Estados Unidos, no es un país independiente y soberano; no sólo porque tiene más de treinta bases militares norteamericanas o porque es un territorio nuclearizado sino porque todo eso significa que desde el punto de vista político. Existen límites que pone Estados Unidos que Alemania no puede pasar. El ejemplo más evidente son las relaciones de Alemania con Israel por la que hay una represión contra cualquier intento de acusación de genocidio por la cuestión palestina o el etnocidio de Gaza.
Debemos tener en cuenta algo más general que es la decadencia de Occidente, pero Japón, ¿es Occidente? Japón es un protectorado militar porque allí están las bases militares de Estados Unidos más importantes y tiene una supeditación a la estrategia militar absoluta. Es un Estado vasallo como Corea del Sur que, si se fijan bien, el núcleo del dominio anglosajón está en esa zona: Gran Bretaña, Japón, Corea del Sur, Filipinas y Alemania como complementos de AUKUS.
Algún día deberemos dedicar tiempo al análisis del papel complejo que juega la India. ¿A qué juega en esta historia? Está jugando en una posición de no alineamiento activo y saca beneficio de ambos en una posición muy complicada de mantener. Indonesia está, con sus 270 millones de habitantes, en la misma posición, así como Turquía.
Todo está cambiando, pero sí es claro que Estados Unidos quiere construir un muro, una línea para frenar el desarrollo económico de China, de su capacidad exportadora y crear un frente amplio para acosar y reducir la influencia político militar de China sobre su propio Mar. Porque China nunca será una superpotencia si no controla su propio Mar y en ello cobra sentido Taiwán porque allí no es una cuestión de mero nacionalismo sino político estratégico. En esto juega todas sus cartas Estados Unidos.
Martinelli: Se habla de una nueva guerra fría, de guerras tecnológicas. De hecho, sos el compilador del libro ‘¿Hacia una nueva guerra mundial?’
Monereo: Le quito el interrogante. Cuando publicamos el libro, mi editor dijo que al título había que ponerle algo, que era muy pesimista y la gente se asustaría, pero yo le quito el interrogante por las posiciones que están en juego.
Soy poco optimista sobre las posibilidades de un acuerdo que permita una salida negociada a la crisis de Ucrania y un restablecimiento de comunicaciones entre el eje Rusia- China- Irán y el eje OTAN- Estados Unidos.
Tengo cada vez más la convicción de que vamos a vivir momentos delicados en los próximos dos o tres años y que, en parte, va a depender en quienes salgan vencedores de las elecciones de Estados Unidos, pero no únicamente porque no quiero focalizar en el papel del individuo en la historia porque sería patético.
Solo me preocupa algo que es real y simbólico al mismo tiempo: Gaza, Palestina. No me habría podido imaginar como europeo y español que asistiríamos a un genocidio televisado sin que nada pase. Nos acostumbramos a la matanza cotidiana. Veo imágenes impactantes de enfermos quemados, cuerpos ardiendo en un hospital después del bombardeo o la muerte en vivo del jefe de Hamas. Se refleja la mentalidad del Antiguo Testamento que es la idea de ver al jefe de Hamas con una mano amputada al que se lo iba a rematar. Esto lo publicaron los israelíes y podemos compararlo con las imágenes del Che.
Las nuevas generaciones árabes verán a un señor que con toda la heroicidad estaba luchando con un palo en la mano, mientras tenía la otra amputada, contra un dron que lo remataba mientras lo filmaba.
Eso es la resistencia y las ideas que no mueren porque quedan en la retina de mucha gente que, cultural, religiosa y étnicamente, se siente comprometida con Palestina.
Mientras tanto, vemos cómo los colonos se organizan para colonizar Gaza. Esto es el símbolo de este mundo: la normalización de la guerra y de la masacre, televisadas en directo, pero ¿eso es compatible con la libertad y la democracia o con la justicia social? ¿El mundo que viene no nos obliga a repensar los términos de ‘izquierda’, ‘pacifismo’, ‘antiimperialismo’ y ser partícipes con conciencia histórica?
Lo peor de la posmodernidad es que nos quitó conciencia histórica y esto implica la derrota cultural de la izquierda como la conocimos.
Gracias a la colaboración de Martín Martinelli para Observatorio de Trabajador@s en Lucha.
Entrevistado
*Manolo Monereo es un abogado, politólogo y político español. Ha sido militante del PCE e IU y diputado de Unidas Podemos. Su último libro es «Oligarquía o democracia. España, nuestro futuro» (El Viejo Topo).
Entrevistadores
*Martín Martinelli es docente de la Universidad Nacional de Luján. Co-coordinador del Grupo Especial Revista Al-Zeytun “Palestina y América Latina” e integrante del Grupo de Trabajo Medio Oriente y norte de África del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
*Keegan, Gustavo es Geógrafo, Técnico en Información Ambiental. Investigador y profesor en Universidad Nacional de Luján. Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO). Comisión Centro Humboldt (Internacional). Observatorio Geohistórico (UNLu). Coordinador adjunto de http://www.portalcoordenadas.com.ar Proyectos de Investigación: La nueva geografía del capitalismo. Organizador de varios Congresos y Jornadas habituales. Escribe en diversas revistas. Mail: gustavokeegan@yahoo.com
*Alan Rebottaro es Geógrafo. Observatorios Geohistórico y Geoeconómico. Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO). Centro Humboldt. Observatorio Geohistórico (UNLu). Coordinador adjunto www.portalcoordenadas.com.ar.).
