Jonathan Cook.
Foto: Israelíes de derechas se manifiestan ante el campamento de Sde Teiman, cerca de Beersheba, contra la detención de reservistas militares sospechosos de maltratar a detenidos palestinos, el 29 de julio de 2024 (Menahem Kahana/AFP)
07 de agosto 2024.
Los fanáticos de Israel hacen caso omiso de las súplicas de los altos mandos. Quieren ampliar el círculo de la guerra, sean cuales sean las consecuencias.
No debería sorprender nada la revelación de que las tropas de Sde Teiman, campo de detención establecido por Israel tras el ataque de Hamás del 7 de octubre contra el sur de Israel, utilizan habitualmente la violación como arma de tortura contra los reclusos palestinos.
La semana pasada, nueve soldados de una unidad penitenciaria, la Fuerza 100, fueron detenidos por violar en grupo a un preso palestino con un objeto punzante. Tuvo que ser hospitalizado a causa de las heridas.
Se sabe que al menos 53 presos han muerto en detención israelí, presuntamente en la mayoría de los casos por tortura o tras negárseles el acceso a atención médica. Israel no ha llevado a cabo ninguna investigación y no se han practicado detenciones.
¿Por qué debería sorprender que el autoproclamado «ejército más moral del mundo» de Israel utilice la tortura y la violación contra los palestinos? Sería verdaderamente sorprendente que esto no estuviera ocurriendo.
Al fin y al cabo, se trata del mismo ejército que durante 10 meses ha utilizado el hambre como arma de guerra contra los 2,3 millones de habitantes de Gaza, la mitad de ellos niños.Principio del formulario
Es el mismo ejército que desde octubre ha arrasado todos los hospitales de Gaza, además de destruir casi todas sus escuelas y el 70% de sus viviendas. Es el mismo ejército que se sabe que ha matado durante ese periodo al menos a 40.000 palestinos, con otros 21.000 niños desaparecidos.
Es el mismo ejército que actualmente está siendo juzgado por genocidio en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el más alto tribunal del mundo.
Si no hay líneas rojas para Israel cuando se trata de brutalizar a los civiles palestinos atrapados en Gaza, ¿por qué habría líneas rojas para los secuestrados en sus calles y arrastrados a sus mazmorras?
Violencia sexual
Ya en mayo documenté en estas páginas algunos de los horrores que se estaban produciendo en Sde Teiman.
Hace meses, los medios de comunicación israelíes empezaron a publicar testimonios de guardias y médicos denunciantes que detallaban las depravadas condiciones que reinaban allí.
Al Comité Internacional de la Cruz Roja se le ha negado el acceso al campo de detención, dejándolo totalmente sin supervisión.
El 31 de julio, las Naciones Unidas publicaron un informe sobre las condiciones en que se encuentran unos 9.400 palestinos cautivos desde el pasado octubre. A la mayoría se les ha aislado del mundo exterior, y nunca se facilitó el motivo de su captura y encarcelamiento.
El informe concluye que en todos los centros de detención israelíes se cometen «actos atroces» de tortura y malos tratos, como violencia sexual, ahogamiento simulado y ataques con perros.
Los autores señalan «desnudez forzada tanto de hombres como de mujeres; palizas mientras están desnudos, incluso en los genitales; electrocución de los genitales y el ano; ser obligados a someterse a repetidos registros humillantes al desnudo; insultos sexuales generalizados y amenazas de violación; y tocamientos inapropiados a mujeres por parte de soldados tanto hombres como mujeres».
Según la investigación, hay «informes constantes» de que las fuerzas de seguridad israelíes «introducen objetos en el ano de los detenidos».
El mes pasado, Save the Children descubrió que muchos centenares de niños palestinos habían sido encarcelados en Israel, donde se enfrentaban al hambre y a abusos sexuales.
Y esta semana B’Tselem, el principal grupo israelí de derechos humanos que vigila la ocupación, elaboró un informe -titulado «Bienvenidos al infierno«- que incluía los testimonios de decenas de palestinos que habían salido de lo que calificaba de «condiciones inhumanas». La mayoría nunca habían sido acusados de ningún delito.
Llegó a la conclusión de que los abusos cometidos en Sde Teiman eran «sólo la punta del iceberg». Todos los centros de detención israelíes formaban «una red de campos de tortura para palestinos» en la que «se condena intencionadamente a cada recluso a un dolor y un sufrimiento graves e implacables». Añadía que se trataba de «una política organizada y declarada de las autoridades penitenciarias israelíes».
Tal Steiner, director del Comité Público contra la Tortura en Israel, que lleva mucho tiempo haciendo campaña contra la tortura sistemática de detenidos palestinos, escribió la semana pasada que Sde Teiman «era un lugar donde se producían las torturas más horribles que jamás habíamos visto».
Caja de Pandora
En resumen, ha sido un secreto a voces en Israel que la tortura y las agresiones sexuales son rutinarias en Sde Teiman.
Los malos tratos son tan espantosos que el mes pasado el Tribunal Supremo de Israel ordenó a los funcionarios que explicaran por qué actuaban al margen de las propias leyes israelíes que rigen el internamiento de «combatientes ilegales».
Lo sorprendente no es que se inflija violencia sexual a los cautivos palestinos. Lo que sorprende es que los altos mandos de Israel hayan imaginado alguna vez que la detención de soldados israelíes por violar a una palestina sería aceptada por la opinión pública.
En cambio, al efectuar las detenciones, el ejército abrió una caja de Pandora tóxica.
Las detenciones provocaron una reacción masiva de soldados, políticos, medios de comunicación israelíes y amplios sectores de la opinión pública israelí.
Los alborotadores, dirigidos por miembros del parlamento israelí, irrumpieron en Sde Teiman. Un grupo aún mayor, que incluía a miembros de la Fuerza 100, intentó invadir una base militar, Beit Lid, donde estaban retenidos los soldados, en un intento de liberarlos.
La policía, bajo el control de Itamar Ben Gvir, dirigente de los colonos con inclinaciones abiertamente fascistas, tardó en llegar para disolver las protestas. Ben Gvir ha pedido que se ejecute sumariamente a los presos palestinos -o que se les mate con «un tiro en la cabeza»- para ahorrarse los costes de retenerlos.
El consenso en Israel es que cualquier abuso, incluida la violación, está permitido contra los miles de palestinos que han sido capturados por Israel en los últimos meses.
No se detuvo a nadie por lo que equivalía tanto a un motín como a una importante violación de la seguridad.
Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas de Israel, contribuyó a azuzar la indignación popular, denunciando las detenciones y describiendo a los soldados de la Fuerza 100 como «guerreros heroicos».
Otros destacados ministros del gabinete se hicieron eco de él.
Ya se ha liberado a tres de los soldados, y es probable que se libere a más.
El consenso en Israel es que cualquier abuso, incluida la violación, está permitido contra los miles de palestinos que han sido capturados por Israel en los últimos meses, entre ellos mujeres, niños y muchos centenares de personal médico.
Ese consenso es el mismo que piensa que está bien bombardear a mujeres y niños palestinos en Gaza, destruir sus casas y hacerles pasar hambre.
Violación permitida
Estas actitudes depravadas no son nuevas. Se basan en convicciones ideológicas y precedentes jurídicos que se han desarrollado a lo largo de décadas de ocupación ilegal israelí. La sociedad israelí ha normalizado por completo la idea de que los palestinos son menos que humanos y de que está permitido todo tipo de abusos contra ellos.
El atentado de Hamás del 7 de octubre simplemente sacó a la luz de forma más evidente la corrupción moral que existe desde hace tiempo en el núcleo de la sociedad israelí.
En 2016, por ejemplo, el ejército israelí nombró rabino jefe al coronel Eyal Karim, incluso después de que éste declarara que los palestinos eran «animales» y aprobara la violación de mujeres palestinas en aras de elevar la moral de los soldados.
Los extremistas religiosos, observémoslo, predominan cada vez más entre las tropas de combate.
En 2015, el Tribunal Supremo de Israel desestimó una demanda de indemnización de un preso libanés que sus abogados presentaron tras ser liberado en un canje de prisioneros. Mustafa Dirani había sido violado con una porra 15 años antes en una cárcel secreta conocida como Instalación 1391.
A pesar de que la demanda de Dirani estaba respaldada por una evaluación médica de la época realizada por un médico militar israelí, el tribunal dictaminó que cualquier persona que participara en un conflicto armado con Israel no podía presentar una demanda contra el Estado israelí.
Mientras tanto, grupos de derechos humanos y jurídicos han denunciado periódicamente casos de soldados y policías israelíes que violan y agreden sexualmente a palestinos, incluidos niños.
Durante muchas décadas se envió un mensaje claro a los soldados israelíes de que, al igual que el asesinato genocida de palestinos se considera justificado y «lícito», la tortura y violación de palestinos cautivos también se considera justificada y «lícita».
Comprensiblemente, hubo indignación por el hecho de que las «normas» establecidas desde hace tiempo -que permiten todas y cada una de las atrocidades- parecieran haber cambiado repentina y arbitrariamente.
En un precipicio
La pregunta más importante es la siguiente: ¿por qué el principal asesor jurídico del ejército israelí aprobó la apertura de una investigación sobre los soldados de la Fuerza 100, y por qué ahora?
La respuesta es obvia. Los mandos de Israel están aterrorizados tras una serie de reveses en el ámbito jurídico internacional.
La CIJ, a veces denominada Tribunal Mundial, ha juzgado a Israel por cometer lo que considera un genocidio «plausible» en Gaza.

Por otra parte, el mes pasado concluyó que los 57 años de ocupación israelí son ilegales y constituyen una forma de agresión contra el pueblo palestino. Gaza nunca dejó de estar bajo ocupación, dictaminaron los jueces, a pesar de que sus apologistas, incluidos los gobiernos occidentales, afirmen lo contrario.
Significativamente, eso significa que los palestinos tienen derecho legal a resistirse a su ocupación. O, dicho de otro modo, tienen un derecho inmutable a la autodefensa contra sus ocupantes israelíes, mientras que Israel no tiene tal derecho contra los palestinos que ocupa ilegalmente.
Israel no está en «conflicto armado» con el pueblo palestino. Lo está ocupando y oprimiendo brutalmente.
Israel debe poner fin inmediatamente a la ocupación para recuperar ese derecho de autodefensa, algo que está demostrado que no tiene intención de hacer.
El derecho internacional, todo el fundamento de la existencia de la CIJ y la CPI, se encuentra en un precipicio. El genocidio de Israel amenaza con derrumbarlo todo.
Mientras tanto, el fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), tribunal hermano de la CIJ, busca activamente órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su ministro de Defensa, Yoav Gallant, por crímenes de guerra.
Los distintos casos se refuerzan mutuamente. Las decisiones del Tribunal Mundial hacen cada vez más difícil que la CPI dé largas a la emisión y ampliación del círculo de órdenes de detención.
Ambos tribunales están ahora sometidos a enormes presiones compensatorias.
Por un lado, se está ejerciendo una enorme presión externa sobre la CIJ y la CPI por parte de Estados como Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, que están dispuestos a que continúe el genocidio en Gaza.
Y por otro, los propios jueces son plenamente conscientes de lo que se juegan si no actúan.
Cuanto más se retrasen, más desacreditarán el derecho internacional y su propio papel como árbitros de ese derecho. Eso dará aún más margen a otros Estados para alegar que la inacción de los tribunales ha sentado un precedente para su propio derecho a cometer crímenes de guerra.
El derecho internacional, todo el fundamento de la existencia de la CIJ y la CPI, se encuentra en un precipicio. El genocidio de Israel amenaza con derrumbarlo todo.
Estancamiento de la CPI
Los altos mandos de Israel se encuentran en medio de esa lucha.
Confían en que Washington bloqueará en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier intento de hacer cumplir las sentencias de la CIJ contra ellos, ya sea una futura sobre el genocidio en Gaza o la existente sobre su ocupación ilegal.
Pero las órdenes de detención de la CPI son harina de otro costal. Washington no tiene ese veto. Todos los Estados firmantes del Estatuto de Roma de la CPI -es decir, la mayor parte de Occidente, menos EEUU- estarán obligados a detener a los funcionarios israelíes que pisen su territorio y a entregarlos a La Haya.
Israel y Estados Unidos esperaban utilizar tecnicismos para retrasar lo más posible la emisión de las órdenes de detención. Y lo que es más importante, reclutaron al Reino Unido, que ha firmado el Estatuto de Roma, para que les hiciera el trabajo sucio.
Parecía que el nuevo gobierno británico de Keir Starmer continuaría donde lo había dejado su predecesor, atascando al tribunal en largos y oscuros debates jurídicos sobre la aplicabilidad continuada de los difuntos Acuerdos de Oslo, de 30 años de antigüedad.
Ex abogado de derechos humanos, Starmer ha respaldado repetidamente el genocidio «plausible» de Israel, argumentando incluso que la inanición de la población de Gaza, incluidos sus niños, podría justificarse como «autodefensa«una idea totalmente ajena al derecho internacional, que la considera un castigo colectivo y un crimen de guerra.
El gobierno británico anunció a finales del mes pasado que retiraría las objeciones legales de Gran Bretaña ante la CPI. Eso ha dejado de repente tanto a Netanyahu como al mando militar israelí extremadamente expuestos
Pero ahora, con una mayoría parlamentaria segura, incluso Starmer parece estar recelando de que se considere que está ayudando personalmente a Netanyahu a evitar su detención por crímenes de guerra.
El gobierno británico anunció a finales del mes pasado que retiraría las objeciones legales de Gran Bretaña ante la CPI.
De repente, esto ha dejado tanto a Netanyahu como al mando militar israelí extremadamente expuestos, que es la razón por la que se sintieron obligados a aprobar la detención de los soldados de la Fuerza 100.
En virtud de una norma conocida como «complementariedad», los funcionarios israelíes podrían evitar los juicios por crímenes de guerra en La Haya si pueden demostrar que Israel es capaz y está dispuesto a enjuiciar por sí mismo los crímenes de guerra. Eso evitaría la necesidad de que la CPI interviniera y cumpliera su mandato.
Los altos mandos israelíes esperaban poder entregar a unos cuantos soldados rasos a los tribunales israelíes y alargar los juicios durante años. Mientras tanto, Washington tendría el pretexto que necesitaba para intimidar a la CPI para que retirara el caso de las detenciones alegando que Israel ya estaba haciendo el trabajo de perseguir los crímenes de guerra.
Aislamiento internacional
El problema patente de esta estrategia es que la CPI no está interesada principalmente en que unos cuantos gruñones sean procesados en Israel como criminales de guerra, aun suponiendo que los juicios lleguen a celebrarse.
Se trata de la estrategia militar que ha permitido a Israel bombardear Gaza hasta la Edad de Piedra. Se trata de una cultura política que ha hecho que matar de hambre a 2,3 millones de personas parezca normal.
Se trata de un fervor religioso y nacionalista cultivado durante mucho tiempo en el ejército que ahora anima a los soldados a ejecutar a niños palestinos disparándoles en la cabeza y el pecho, como ha testificado un médico estadounidense voluntario en Gaza.
Se trata de una jerarquía militar que hace la vista gorda ante soldados que violan y abusan sexualmente de cautivos palestinos, incluidos niños.

La responsabilidad no recae en un puñado de soldados de la Fuerza 100. Recae en el gobierno israelí y en los líderes militares. La culpa es del gobierno israelí y de los líderes militares. Están en la cima de una cadena de mando que ha autorizado crímenes de guerra en Gaza durante los últimos 10 meses, y antes de eso, durante décadas en los territorios ocupados.
Por eso los observadores han subestimado totalmente lo que está en juego con las sentencias de la CPI y la CIJ.
Estos juicios contra Israel obligan a sacar a la luz del día, para que sea debidamente examinado, un estado de cosas que Occidente ha aceptado en silencio durante décadas. ¿Debe Israel tener derecho a actuar como un régimen de apartheid que practica sistemáticamente la limpieza étnica y el asesinato de palestinos?
Como llevan tiempo advirtiendo los medios de comunicación israelíes, algunos sectores del ejército se están convirtiendo en milicias que siguen sus propias reglas.
Se necesita una respuesta directa de cada capital occidental. No queda ningún lugar donde esconderse. A los Estados occidentales se les presenta una dura disyuntiva: o respaldan abiertamente el apartheid y el genocidio israelíes, o por primera vez les retiran su apoyo.
A la extrema derecha israelí, que ahora domina tanto políticamente como en las filas de combate del ejército, no le importa nada de esto. Es inmune a la presión. Está dispuesta a actuar por su cuenta.
Como llevan tiempo advirtiendo los medios de comunicación israelíes, algunos sectores del ejército se están convirtiendo en milicias que siguen sus propias normas.
Los mandos militares israelíes, por otra parte, están empezando a comprender la trampa que se han tendido a sí mismos. Llevan mucho tiempo cultivando el fanatismo fascista entre las tropas de tierra necesario para deshumanizar y oprimir mejor a los palestinos que viven bajo la ocupación israelí. Pero los crímenes de guerra retransmitidos orgullosamente en directo por sus unidades les dejan ahora expuestos a las consecuencias legales.
El aislamiento internacional de Israel significa que un día se sentará en el banquillo de los acusados de La Haya.
Máquina de guerra acorralada
Las sentencias de la CPI y la CIJ no sólo están sacando a la luz los demonios de la sociedad israelí, o los de una clase política y mediática occidental cómplice.
El orden jurídico internacional está arrinconando gradualmente a la maquinaria bélica israelí, obligándola a replegarse sobre sí misma. Los intereses del mando militar israelí son ahora fundamentalmente opuestos a los de las bases y los dirigentes políticos.
El resultado, como ha advertido desde hace tiempo el experto militar Yagil Levy, será una creciente quiebra de la disciplina, como demostraron con demasiada claridad los intentos de detener a los soldados de la Fuerza 100.
El gigante militar israelí no puede invertirse fácil ni rápidamente.
Según los informes, el mando militar está tratando furiosamente de presionar a Netanyahu para que acepte un acuerdo sobre los rehenes para lograr un alto el fuego, no porque le preocupe el bienestar de los civiles palestinos, sino porque cuanto más dure este genocidio «plausible», más posibilidades tendrán los generales de acabar en La Haya.
Los fanáticos de Israel hacen caso omiso de las súplicas de los altos mandos. No sólo quieren continuar la campaña de eliminación del pueblo palestino, sino ampliar el círculo de la guerra, sean cuales sean las consecuencias.
Eso incluyó la temeraria e incendiaria medida de la semana pasada de asesinar al dirigente de Hamás Ismail Haniyeh en Irán, una provocación con un único objetivo: socavar a los moderados de Hamás y Teherán.
Si, como parece seguro, los mandos de Israel no quieren o no son capaces de frenar estos excesos, entonces al Tribunal Mundial le resultará imposible ignorar la acusación de genocidio contra Israel y el TPI se verá obligado a dictar órdenes de detención contra más mandos militares.
Se ha creado una lógica en la que el mal se alimenta del mal en una espiral de muerte. La cuestión es cuánta más carnicería y miseria puede sembrar Israel en su descenso.
Traducción nuestra
*Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí y ganador del Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Su sitio web y su blog se encuentran en http://www.jonathan-cook.net
Fuente original: Middle East Eye
