Enrico Tomaselli.
Ilustración: ¿Guerra en el Líbano? OTL
06 de julio 2024.
Israel se encuentra en la clásica posición de ‘zugzwang’, haga lo que haga pierde. Netanyahu es prisionero de la situación, y está atado de manos por sus ministros más fanáticos.
Según reveló EuroPostAgency, durante la reciente visita del ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, a EEUU, se celebró una reunión de alto nivel para discutir un audaz plan militar para una incursión de 20 kilómetros en el sur de Líbano, que incluiría tanto ataques aéreos como una invasión terrestre.
A la reunión asistieron altos funcionarios de la administración Biden, entre ellos el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, el secretario de Estado, Antony Blinken, y el enviado especial de Joe Biden, Amos Hochstein.
Según este plan, las fuerzas de las FDI deberían atacar estas zonas (ver mapa):
– Marjayoun
– Hasbaya
– Bint Jbeil
– Nabatiah
– Tibnina
– Ain Ebel
– Remeish
– Qana

Mientras que la operación de ataque aéreo podría incluir el Aeropuerto Internacional de Beirut-Rafic Hariri (BEY) y la Base Aérea Rene Mouawad (Aeropuerto de Qlayaat).
El objetivo de la operación sería, como siempre, repeler a las fuerzas de Hezbolá al otro lado del río Litani (línea azul en el mapa).
Sin embargo, según EuroPostAgency, una parte fundamental de la discusión se refería a los planes de contingencia «en caso de que Hezbolá tomara represalias» (nótese el «en caso de«, como si fuera una posibilidad, no una certeza absoluta…).
Y -sorpresa, sorpresa- si Hezbolá atacara con sus misiles zonas militares o civiles densamente pobladas de Israel, la respuesta israelí consistiría en la eliminación de los tres principales dirigentes de Hezbolá (aunque los servicios de inteligencia no están seguros de dónde se encuentra ahora Nasralá, y seguramente en caso de conflicto los dirigentes militares de Hezbolá se trasladarán a bases subterráneas).
Aun suponiendo, por supuesto, que las fuentes estadounidenses e israelíes que dieron la información a EuroPostAgency no dieran detalles del plan de invasión, saltan a la vista algunas cosas.
En primer lugar, como era previsible, el ataque israelí partiría del saliente del este (los territorios ocupados del Líbano -granjas de Sheeba- y Siria -Altos del Golán-), que se desliza entre los dos países árabes. Desde esta zona, para alcanzar los centros principales (Nabatiah, Marjayoun y Hasbaya) y la línea del Litani, las fuerzas de las FDI tendrían que penetrar unos 7 km en una zona montañosa y boscosa.
Es más fácil alcanzar la primera línea de objetivos en el suroeste (Remeish, Ain Ebel y Bint Jbeil), que se encuentran a un par de kilómetros de la frontera, mientras que la segunda línea (Qana y Tibnine) está a unos 7 km de distancia. Sin embargo, entre ésta y el Litani hay otra decena.
En caso de ataque, las fuerzas israelíes tendrían que enfrentarse a dos problemas
– el territorio no es llano, por lo que el uso de vehículos blindados está muy limitado y obligado a seguir caminos predeterminados orográficamente, y al mismo tiempo está densamente protegido por una red de búnkeres de tiro conectados por pasadizos subterráneos, algunos de los cuales son muy profundos
– Los sistemas de misiles de Hezbolá verterían una lluvia de fuego tanto sobre objetivos militares (aeropuertos, concentraciones de tropas en la retaguardia, sistemas Cúpula de Hierro, etc.) como probablemente sobre asentamientos y ciudades coloniales.
Incluso en el caso de que Irán no interviniera, lo que sólo ocurriría si Hezbolá estuviera en apuros, es fácil prever que tanto los ataques con misiles desde Yemen e Irak como los de la Resistencia palestina en Gaza y Cisjordania aumentarían considerablemente de intensidad; además, aún es posible que la línea de penetración israelí desde el saliente fuera atacada por el flanco derecho, ya que tanto Hezbolá como unidades iraníes del IRGC están presentes en Siria. Si el conflicto se prolonga, no puede descartarse una intervención directa sobre el terreno de las milicias chiíes iraquíes.
Aparte de la dificultad de llevar a cabo una penetración de esta profundidad (y posiblemente del coste en vidas y vehículos destruidos), el plan tiene dos enormes debilidades: en primer lugar, la respuesta esperada a la reacción de Hezbolá es sencillamente infantil, carente de toda lógica militar.
Incluso suponiendo que Israel consiguiera eliminar a todos los principales líderes enemigos, pensar que eso detendría la maquinaria bélica de Hezbolá carece de sentido, ya que allí también existe una cadena de mando, igual que en las FDI, y la posible eliminación de Gallant y Halevi no detendría, desde luego, al ejército israelí.
Pero aún más significativo es el desfase entre el objetivo estratégico y la herramienta táctica.
Si lo que Tel Aviv quiere es repeler a las fuerzas de Hezbolá hasta el río Litani y más allá, una incursión sería perfectamente inútil. Incluso suponiendo que lograra alcanzar el objetivo (lo cual es cuanto menos fantasioso), Hezbolá volvería a sus líneas anteriores en cuanto terminara la incursión y se retiraran las FDI.
Para lograr el objetivo estratégico, pues, Israel tendría que ocupar permanentemente el sur del Líbano. Y esto es algo que Israel es absolutamente incapaz de hacer, en todos los sentidos.
No está en condiciones político-diplomáticas de hacerlo. No tiene fuerzas militares para hacerlo. No está en condiciones de soportar la carga económica, psicológica y militar de una guerra prolongada contra todos sus vecinos.
El plan, por tanto, no es más que la proyección fantástica de sus propios deseos, una ilusoria -aunque tosca- traducción de éstos en planificación militar, cuando no literalmente una locura. Lo que, por supuesto, no excluye en absoluto que se lleve realmente a la práctica.
Israel se encuentra en la clásica posición de zugzwang (1), haga lo que haga pierde. Netanyahu es prisionero de la situación, y está atado de manos por sus ministros más fanáticos.
Y aquellos que podrían equilibrar su influencia aportando su propia y crucial contribución estratégica, es decir, Estados Unidos, se encuentran actualmente sumidos en el caos, con un presidente que ya está abiertamente fuera de sí -pero que se niega a apartarse-, mientras su partido no sabe si sustituirle, cómo ni con quién.
Y los funcionarios de la administración estadounidense más cercanos a Tel Aviv, Blinken y Hochstein, son dos judíos sionistas.
Parafraseando a Mao Zedong, se podría decir que «grande es el desorden bajo el cielo, la situación por tanto es excelente».
Pero para los locos.
Traducción nuestra
*Enrico Tomaselli es Director de arte del festival Magmart, diseñador gráfico y web, desarrollador web, director de video, experto en nuevos medios, experto en comunicación, políticas culturales, y autor de artículos sobre arte y cultura.
Nota nuestra
(1) Zugzwang es un término alemán que significa «obligación de mover.» Se dice que un jugador está en zugzwang si cualquier movimiento permitido supone empeorar su situación
Fuente: Giubbe Rosse News
