Shivan Mahendrarajah.
Ilustración: The Cradle
05 de julio 2024.
Con la guerra acechando en el horizonte, el posible conflicto de Israel con Hezbolá se considera un movimiento estratégico para abordar problemas de seguridad de larga data, con importantes implicaciones geopolíticas que implican a EEUU, Irán, Rusia y otras grandes potencias y que hacen surgir el espectro de una crisis regional de gran alcance.
Hay cosas conocidas; hay cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que hay incógnitas conocidas; es decir, sabemos que hay cosas que no sabemos. Pero también hay incógnitas desconocidas: las que no sabemos que no sabemos.
– Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa de EEUU
A medida que aumentan las tensiones entre Hezbolá e Israel, los analistas están elaborando meticulosamente posibles escenarios de conflicto. Para el primer ministro Benjamín Netanyahu y su coalición nacionalista religiosa, un enfrentamiento con el movimiento de resistencia libanés es más que una especulación: es una consideración estratégica. Esta coalición considera una posible guerra como un medio para abordar problemas de seguridad de larga data y reforzar su posición política.
Una parte clave del pensamiento estratégico de Tel Aviv es la esperanza de que EEUU se vea obligado a asumir un papel más activo en la confrontación con los adversarios de Israel – Hezbolá, Siria e Irán – neutralizando así amenazas que han persistido durante décadas. Este concepto de «despejar la baraja» de enemigos regionales sigue siendo un tema central en los debates estratégicos israelíes.
Raíces históricas de la confianza estratégica de Israel
Para el Estado ocupante, este conflicto potencial es una «guerra de elección» impulsada por motivaciones históricas y etnonacionalistas. Pero también se basa en pasadas ventajas militares israelíes que hace tiempo que desaparecieron en la actual Asia Occidental cargada de misiles.
La Guerra de los Seis Días de 1967 fomentó la creencia en la invencibilidad del ejército israelí, la superioridad del sionismo y el destino manifiesto de su «pueblo elegido».
Con una arrogancia similar, Adolf Hitler lanzó la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética en 1941. Si avanzamos ocho décadas, hoy los israelíes informan a los funcionarios estadounidenses «de que pueden llevar a cabo una ‘guerra relámpago’” en el Líbano.
En 1967, el impacto psicológico en los Estados árabes vecinos fue profundo debido a la derrota decisiva de sus ejércitos. Este sentimiento persistió hasta 2006, cuando el Hezbolá libanés salió victorioso políticamente, haciendo añicos la percepción de invulnerabilidad israelí y alterando la dinámica de poder regional.
La retórica etnonacionalista predominante en los círculos de toma de decisiones políticas de Tel Aviv, encarnada por ministros extremistas como Betzalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir, que han revivido las ideologías del antaño proscrito Meir Kahane, está dando aún más forma a los delirios israelíes de superioridad militar.
Mientras unas pocas voces militares sobrias en Israel abogan por una solución diplomática a la crisis de la frontera norte, la arrogancia y el etnonacionalismo dominan actualmente el discurso.
Imperativos estratégicos para Hezbolá e Irán
Por el contrario, para Hezbolá e Irán, este conflicto es una «guerra de necesidad«, algo que ninguno de los dos puede admitir públicamente ni provocar directamente. Ambos han sido marginados y sancionados por EEUU en nombre de Israel, lo que ha provocado presiones internas y dificultades económicas incalculables, una situación insostenible que exige un desafío directo a las políticas israelíes.
Pero revertir las sanciones no puede ocurrir en la mesa de negociaciones. Los israelíes son arrogantes y obstinados; no negociarán de buena fe. Tomemos, por ejemplo, el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés) o el acuerdo nuclear iraní. Cuando el ex presidente estadounidense Barack Obama ultimó el acuerdo, Netanyahu se quejó de que Israel necesitaba una «compensación«. Obama ofreció a Israel un paquete militar, pero en cuanto dejó el cargo, Netanyahu, Jared Kushner y el AIPAC manipularon al «genio muy estable«, el ex presidente Donald Trump. El JCPOA fue anulado. El paquete de compensación, por cierto, no se devolvió a los contribuyentes estadounidenses.
Irán-Hezbolá deben arrastrar a Israel al borde del precipicio. Tel Aviv debe mirar fijamente al abismo y darse cuenta de que, con un suave empujón del Eje de Resistencia de la región, yacerá destrozado en el fondo de la sima. Irán-Hezbolá, sin embargo, no pueden empujarla al precipicio, pues ello podría conducirla a una pesadilla nuclear. Hoy, en su «guerra de elección«, Israel ya ha insinuado el uso de armas «sin precedentes» y «no especificadas» contra Hezbolá, lo que implica una posible amenaza nuclear.
En su lugar, el Eje debe mostrar a Israel un camino de vuelta desde el borde: un tratado que resuelva las preocupaciones pendientes. Teherán ofreció a Tel Aviv y Washington un «Gran Acuerdo» en 2003, pero fue rechazado. Un nuevo Gran Acuerdo es indispensable para Israel y el Eje de la Resistencia, pero la condición sine qua non para un tratado duradero es la derrota militar de Israel a manos del Eje.
Las amenazas y contraamenazas vuelan, cada una con el objetivo de ganar «influencia» y disuasión.
A principios de este mes, el asesor iraní de asuntos exteriores del ayatolá Ali Jamenei, Kamal Kharrazi, declaró que, si Israel lanzara una ofensiva total contra Hezbolá, la República Islámica y otras facciones del Eje de la Resistencia apoyarían al Líbano con «todos los medios» necesarios.
Irán ha advertido anteriormente que podría verse obligado a revisar su doctrina nuclear en respuesta a la agresión israelí. Se sospecha que Irán puede haber cruzado ya el umbral nuclear. Incluso sin capacidad nuclear, Irán tiene capacidad de misiles balísticos y ojivas para destruir Tel Aviv, Haifa y otras ciudades importantes. Israel es un «país de una sola bomba«: es minúsculo y su población está concentrada en unos pocos núcleos centrales. Irán y el Eje no necesitan múltiples cabezas nucleares.
Como explicó el general Hajizadah en un discurso, el misil Khorramshahr puede lanzar 80 ojivas. Si el CGRI lanzara 100 misiles, serían 8.000 ojivas sobre las principales ciudades israelíes. Israel cometería una tontería si confiara en su sistema integrado de defensa antiaérea tras los exitosos ataques del CGRI el 13 de abril.
2024 no es 2006
Comparar el posible conflicto de 2024 con la guerra Israel-Hezbolá de 2006 es un marco de referencia popular, pero ambas partes han aprendido lecciones desde entonces. En particular, se han producido avances significativos en tecnología y tácticas militares en los últimos 18 años.
Hezbolá ha desarrollado nuevas tácticas y armas, como el misil antitanque guiado Almas, Almas Anti-Tank Guided Missile (ATGM), que ha demostrado su eficacia contra los medios militares israelíes. Además, las capacidades de defensa aérea de Hezbolá han planteado nuevos desafíos a las ofensivas israelíes con aviones no tripulados.
La fuerza aérea israelí dominaba los cielos en 2006, pero no está claro si podrá hacerlo en 2024. Hezbolá tiene capacidad de defensa aérea (como el misil tierra-aire de alcance medio Sayyad-2). Se desconoce si dispone de modelos más modernos, como el Khordad-3 de Irán. Esto podría ser una sorpresa.
Es probable que las evaluaciones de los servicios de inteligencia israelíes sobre las capacidades de Hezbolá sean imprecisas. Los éxitos pasados contra grupos como la OLP y Septiembre Negro ya no son relevantes. Los fracasos recientes, como la incapacidad de Tel Aviv para prever la Operación Al-Aqsa Flood de Hamás el 7 de octubre, subrayan las limitaciones de la inteligencia israelí.
Implicación de EEUU
Éste ha sido el objetivo de Israel desde el 11-S: que los estadounidenses luchen en las guerras de Israel. Aunque el jefe del Estado Mayor Conjunto, Charles Brown, declaró que EEUU podría ser incapaz de ayudar a Israel, esto no debe tomarse como una evaluación militar seria.
Se trata de una declaración política en nombre de la Administración Biden, que no quiere sumarse a una guerra importante hasta después de las elecciones del 5 de noviembre. Sin embargo, Netanyahu sabe que Israel controla el Congreso y los medios de comunicación estadounidenses. El congresista Thomas Massie es la excepción, entre 435 representantes y 100 senadores, a quien el AIPAC no ha comprado.
Una vez que comience la guerra, los secuaces de Israel en la Casa Blanca, los medios de comunicación y el Congreso harán campaña a favor de la participación militar estadounidense. Como dijo Netanyahu: «Sé lo que es EEUU. EEUU es algo que puedes mover muy fácilmente; muévelo en la dirección correcta». Y tiene razón.
Si EEUU interviene -algo muy probable-, Hezbolá e Irán lo acogerán (a regañadientes). Para que el Eje se asegure un «Gran Acuerdo«, debe infligir daños catastróficos a los activos estadounidenses terrestres y marítimos en Asia Occidental. Washington sólo abandonará a Israel si por su culpa se destruyen barcos, bases y cientos (o miles) de vidas estadounidenses.
Rusia
Rusia es un comodín, un «desconocido conocido«. El aparato de seguridad estadounidense que lucha contra Rusia y apoya a Israel está repleto de sionistas/neoconservadores. Los enemigos de Irán y los enemigos de Israel son casi congruentes: Victoria Kagan, de soltera Nuland; la familia Kagan (Robert, Fred, Kim, su ISW); Antony Blinken (nieto de un fundador de Israel); Avril Haines (Directora de Inteligencia Nacional); el subdirector de la CIA David Cohen, Alejandro Mayorkas (Secretario del DHS), y más. A Rusia le corresponde castigar a sus verdugos dañando al único país al que son leales: Israel.
Moscú ha estado irritado por el apoyo estadounidense a Ucrania. Elena Panina, directora del Instituto de Estrategias Políticas y Económicas Internacionales, escribió en su canal de Telegram en diciembre de 2023:
La mejor opción para Rusia es responder a EEUU de forma similar: con una guerra híbrida lejos de sus propias fronteras. La más obvia en este momento es un ataque por delegación contra las fuerzas estadounidenses en Oriente Próximo.
En mayo de 2024, Putin dijo lo mismo. Los atentados terroristas en Belgorod y en Sebastopol en una fiesta religiosa pueden inclinar la balanza a favor de Irán, sobre todo si EEUU entra en la contienda.
Derrotar a EEUU aumentará el apoyo popular a Rusia entre los musulmanes de todo el mundo y contribuirá a expulsar a EEUU de Asia Occidental, un objetivo apoyado por Rusia y China. Irán es «demasiado grande para fracasar«: Moscú ha realizado inversiones y alianzas militares y económicas con Teherán, sobre todo tras el inicio de la guerra de Ucrania, y está a punto de firmar un nuevo acuerdo global de cooperación con Teherán.
El Kremlin no puede permitir que Irán sea derrotado y que la república se derrumbe. Lo más probable es que proporcione apoyo de inteligencia, vigilancia y reconocimiento a través de satélites y aviones rusos en Siria. Rusia permite que el IRGC utilice su base aérea de Humaymim/Khmeimim en Siria porque las FDI tratan de impedir que lleguen suministros de Irán a los aeropuertos de Alepo y Damasco.
Rusia podría (si no lo ha hecho ya, dado el reciente tráfico aéreo entre Rusia y la base aérea) entregar baterías de defensa antiaérea, misiles y otras cosas para el ejército sirio y Hezbolá.
Incógnitas desconocidas
Los factores señalados anteriormente, junto con las inversiones y relaciones de China y Corea del Norte con Irán, complican cualquier predicción sobre la inminente guerra entre Israel y la resistencia libanesa. Aunque su participación militar directa es improbable, estas potencias nucleares podrían suministrar a Irán armas y municiones esenciales.
Las «incógnitas conocidas«, algunas de las cuales se señalan, son suficientes para complicar los juegos de guerra, pero las «incógnitas desconocidas» pueden hacer que tales escenarios sean discutibles.
Traducción nuestra
*El Dr. Shivan Mahendrarajah es miembro de la Royal Historical Society. Estudió en la Universidad de Columbia y se doctoró en Historia Islámica y de Oriente Medio en la Universidad de Cambridge. Shivan es autor de artículos de historia revisados por expertos sobre el Islam, Irán y Afganistán; sobre la contrainsurgencia; al-Qaʿida y los movimientos talibanes de Afganistán y Pakistán.
Fuente original: The Cradle
