ALGUNAS NOTAS SOBRE LAS ELECCIONES EUROPEAS. Pungolorosso.

Pungolorosso.

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13 de junio 2024.

El gobierno de Meloni, la nueva Comisión Europea, la OTAN y las fuerzas del gran capital transnacional que les respaldan, no dejarán tregua ni a las clases trabajadoras ni a nosotros. En las necesarias respuestas de lucha, surgirán nuevas fuerzas frescas.


Los resultados de las elecciones europeas han hecho estallar una crisis política largamente gestada en Francia, dada la enorme impopularidad de Macron y su élite de ricos tecnócratas represores y belicistas, y han conducido a un callejón sin salida en Alemania con el igualmente impopular gobierno de Scholz, pero difícilmente puede afirmarse que junto con el binomio Macron-Scholz haya sido derrotado el «partido de la guerra» contra Rusia.

En realidad, precisamente sobre la base del resultado de las encuestas, se avecina la confirmación tanto de von der Leyen, principal exponente del llamado «partido de la guerra», como de su mayoría formada por populares-socialdemócratas-liberales (posiblemente ampliada a Hermanos de Italia [Fratelli d’Italia] y/o los Verdes), lo que desafiamos a cualquiera a considerar en contra de la carrera hacia la guerra, tanto en la formación restringida como en la ampliada. Desgraciadamente, hay que señalar que la «cuestión de la guerra«, a pesar de la aceleración que se ha producido en los últimos meses, sigue estando bastante alejada de la masa de votantes, porque sus consecuencias prácticas, empezando por la inflación y el endurecimiento de las medidas represivas, todavía no se sienten como tales, al menos en los países más alejados del frente ucraniano.

Pero procedamos en orden, empezando por la cifra de participación en las votaciones, relegada a un segundo plano, casi borrada, por los partidos vencedores de las elecciones porque reduciría enormemente su victoria -una cifra que, en cambio, debe ser considerada en su importancia y analizada.

1. La media europea de votantes fue algo superior al 50%, la italiana ligeramente inferior.

Con una diferencia significativa: en Italia se confirmó la tendencia a muy largo plazo de disminución de la participación electoral, que ha caído en picado desde el 85,6% inicial en 1979 hasta el 49,7% actual (6 puntos menos que en 2019) a lo largo de una línea descendente casi continua. La tendencia europea ha seguido la misma trayectoria durante 35 años, cayendo del 62% inicial al 42,6% en 2014, pero desde entonces se ha producido una recuperación de la participación que ha devuelto el porcentaje de votantes al 50,9% hace unos días, con un aumento significativo en Alemania (donde rozaba el 65%).

Una masa impresionante de individuos, en su mayoría asalariados (obreros, proletarios, empleados), la «gente corriente» (Censis asi los llama) que tiene que trabajar a las órdenes de un patrón, privado o público, para poder vivir, se ha mantenido al margen de la contienda electoral. En los 28 países, unos 185 millones no votaron, en Italia unos 23 millones y medio. En los estratos más desfavorecidos de la clase obrera, la abstención ha alcanzado el 60% en Italia (según SWG), con los picos más altos entre los parados y los trabajadores agrícolas; en Francia (según Ipsos) a niveles similares; entre los obreros es del 56%.

Este importante hecho social se confirma también por la fuerte heterogeneidad territorial de la participación electoral: ha sido máxima, entre el 80 y el 90% (Luxemburgo, Bélgica) o al menos muy superior a la media (Alemania, Austria, Dinamarca, etc.) en las zonas más ricas de la Unión Europea; ha sido mínima, entre el 20 y el 30% (Croacia, Lituania) o muy inferior a la media (Portugal, Grecia, Eslovaquia) en las zonas donde hay mayor sufrimiento social.

En Italia, cuanto más se avanza desde el Norte (extendido hasta Emilia-Romaña) hacia el Sur y las islas, más crece la abstención. La falta de homogeneidad de la misma matriz también es evidente en las metrópolis individuales o en las grandes ciudades, donde en los suburbios pobres se vota sistemáticamente menos que en las zonas centrales de residencia más acomodadas.

https://www.tpi.it/politica/elezioni-europee-affluenza-dal-1979-20190523322921

https://results.elections.europa.eu/it

https://results.elections.europa.eu/it/affluenza

La profunda distancia que existe entre las instituciones europeas y estatales y la masa de población formada por las capas explotadas y oprimidas es el espejo y el efecto de un proceso de polarización social y de una ofensiva político-ideológica capitalista que dura ya casi medio siglo, sin contrapartidas sustanciales.

Por supuesto, podemos y debemos aprovechar el malestar que está en la raíz de esta deserción de las urnas, la sana desconfianza, a flor de piel, de mucha «gente corriente» contra los malabaristas profesionales de las palabras y los proveedores de falsas promesas.

Cuidado, sin embargo, con dos cortocircuitos lógicos (ilógicos): la retirada de las urnas ha sido hasta ahora pasiva (¿conoces casos de urnas quemadas, o de abstención organizada y militante?), y no debe confundirse con un rechazo consciente de masas a la política antiobrera y belicista de las instituciones europeas y de cada uno de los partidos burgueses, no sea que caigamos en el autoengaño.

En Italia, entre 2019 y 2024 hubo un salto de 6 puntos en la abstención, que sigue a muchos años de baja conflictividad obrera y social: ¿un crecimiento impetuoso de la conciencia de clase que tuvo lugar sin luchas? Uhm…

Otra cosa que hay que tener en cuenta es que la tendencia a largo plazo a alejarse de las urnas no es lineal. Pueden suceder momentos particulares, circunstancias particulares, figuras particulares (en nuestro caso, a pequeña escala, las atractivas candidaturas de Ilaria Salis -militante antifascista italiana, presa política en Hungría- y Mimmo Lucano -alcalde de Riace, conocido por su popularidad en la acogida de inmigrantes-) que arrastren a votar incluso a quienes hubieran permanecido lejos.

Imaginar que la clase dominante o los propios partidos pequeñoburgueses (como la Alianza Verdes-Izquierda /GLA) no tienen márgenes, ni posibilidades, de triunfar en el futuro entre las masas abstencionistas, que ya no son capaces de movilizar a los explotados y a las clases subalternas en su propio beneficio, sería ingenuo.

Por el contrario, debemos tener en cuenta estas posibles recuperaciones para comprender las razones, e instar a los implicados a que pongan condiciones, a que sean elementos activos para dar a estos «apoderados especiales«, en lugar de intentar convencerles «a priori» de que, en cualquier caso, el voto no cambia nada. La experiencia directa es casi siempre más instructiva que la propaganda.

Y nuestro objetivo básico es la activación consciente, la organización por sí misma de los proletarios, que también pueden pasar, dialécticamente, por tales procesos y las desilusiones relacionadas.

El próximo enfrentamiento electoral en Francia se perfila como uno de esos casos. La respuesta espontánea de las calles a la victoria de la derecha puede ser el detonante de una verdadera batalla antifascista, antirracista y antimilitarista, sólo a condición de que no quede aprisionada en un frente anti-Le Pen todo jugado en clave electoral, con el títere del capital financiero Macron a la cabeza…

2. Estas elecciones han visto en casi todos los países un enfrentamiento abierto, a veces furioso, entre distintas expresiones políticas de la clase dominante.

El campo de batalla, sin embargo, no fue el de las políticas sociales, como ha sido el caso durante mucho tiempo entre la derecha tradicional y la izquierda reformista, ya que sobre las políticas «neoliberales» existe ahora un consenso entre partidos con variaciones muy limitadas –Le Pen, por ejemplo, insistió en la carga de la inflación para los asalariados, sin proponer, sin embargo, ciertas soluciones para la recuperación; Schlein (la líder del Partido Demócrata) insistió en los inconvenientes en la sanidad pública, con propuestas igualmente vagas para invertir el rumbo elegido en las últimas décadas incluso por su partido-.

El verdadero campo de batalla fue el de la política exterior. Existen dos opciones alternativas: el alineamiento total con Estados Unidos, o una mayor autonomía respecto a Estados Unidos de la Unión Europea y/o de los países individuales. Sin embargo, ninguna fuerza política burguesa importante ha cuestionado realmente la OTAN, el suministro de armas cada vez más letales a Ucrania, el apoyo a Israel y su política genocida.

A pesar de ello, la opción ultraatlantista de la Comisión von der Leyen, que responde plenamente a las necesidades de la industria armamentística europea y a las históricas relaciones transatlánticas, ha encontrado resistencia en todas partes, ya que perjudica a otros sectores clave de la industria manufacturera alemana y europea, tanto porque ha generado un aumento de sus costes de producción, como porque -entrando necesariamente también en colisión con China- debilita las exportaciones alemanas y europeas de mercancías y capitales al gran mercado chino que sigue expandiéndose, aunque con criticidades obvias y estructurales.

Los partidos «soberanistas», en lugar de cuestionar real y enérgicamente el atlantismo (los únicos que parecen hacerlo con la suficiente decisión son, de momento, Alternative für Deutschland (AfD) y el partido personal de Wagenknecht), son portadores de intereses nacionales que, si por un lado entran en conflicto con los de los yanquis, por otro no se solapan, es más, contrastan con los intereses defendidos por otros partidos «hermanos» de otros países.

Por tanto, su fortalecimiento relativo acabará aumentando el caos en el seno de la UE al debilitarla aún más tanto frente a Estados Unidos como frente al bloque que se forme en torno al eje Pekín-Moscú.

Las mediaciones en Bruselas serán cada vez más complicadas y difíciles: sólo por nombrar uno, el presidente del Partido Popular, Manfred Weber, ya está cuestionando el «Pacto Verde» que ha sido hasta ahora el caballo de batalla de von der Leyen, argumentando que la prohibición de los motores endotérmicos para 2035 es absurda, e incluso parece querer posicionarse como una candidatura alternativa a la de von der Leyen.

No menos aguda es la contradicción entre los partidarios de aranceles proteccionistas contra los coches eléctricos chinos y Alemania. En este contexto, es previsible que los empujes autonomistas de las distintas naciones se vuelvan más decisivos, con la especulación de los mercados financieros (léase EEUU) al acecho.

Se abre, por tanto, una fase de mayor incertidumbre en el seno de la Unión Europea, de intensificación de las contradicciones intercapitalistas y de los antagonismos sociales, de los que Francia ha sido en los últimos años el principal laboratorio, que habrá que observar con la máxima atención.

Las repercusiones sobre la masa de los trabajadores del mayor debilitamiento de la economía europea y de la entrada en la economía de guerra se dejarán sentir de forma particularmente aguda en los países del sur de Europa. Por tanto, la reanudación de la lucha de clases en el corazón de Europa es sólo cuestión de tiempo, de toda Europa, si es cierto que entre los signos más sorprendentes de estas elecciones están los resultados de las izquierdas «duras» de Suecia (la Suecia de Greta con el keffiyeh), Dinamarca y Finlandia.

3. En otro frente de guerra, sin embargo, los partidos «soberanistas» se encuentran sustancialmente unidos, con una parte creciente del centro «popular» y también de formaciones de «izquierda» de su lado, como la recién nacida encabezada por Wagenknecht: la guerra contra los proletarios inmigrantes e inmigrados.

Y es lamentable que la mayoría de los camaradas no perciban el asunto y la urgencia de una respuesta. La AfD lo ha convertido en el tema principal de su campaña electoral. Para la Agrupación Nacional (RN) de Le Pen es un hecho histórico (su ominoso y exitoso eslogan «Alt à l’immigration sauvage» se remonta a 1971), duplicado ahora por el mensaje aún más agresivo de la Reconquete de Zemmour. En Italia, con su candidato a general Vannacci, la Lega de Salvini ha ido mucho más allá de su mensaje tradicional en lo que respecta al racismo explícito contra los inmigrantes, aderezado con repetidas referencias explícitas al fascismo.

A raíz de la provocadora decisión del Reino Unido (deportar a Ruanda a los solicitantes de asilo), Meloni hizo un anuncio electoral en el campo de concentración de inmigrantes que se está construyendo en Albania. Por no hablar de las encendidas campañas antiinmigración de Vox en España, el PVV de Wilders en Holanda, entre las más ferozmente antiislámicas, la nauseabunda retórica de Fidesz en Hungría (duplicada por las correspondientes medidas represivas), Chega en Portugal…

Para la banda sionista de La Repubblica, la «ola negra» que amenaza a Europa está formada por quienes se atreven a hacer alguna crítica a Washington e Israel, siguiendo la estela de Macron, para quien el baluarte contra Le Pen debe tener entre sus tareas primordiales «luchar contra el creciente antisemitismo de la izquierda«.

Para nosotros, en cambio, la «ola negra» está constituida por las fuerzas que llevan a cabo la infame campaña de criminalización y demonización de las poblaciones inmigrantes, sobre todo si son de tradición islámica, la otra cara de la guerra «exterior».

Las burguesías europeas son conscientes de que tienen que enfrentarse a todo el campo de los musulmanes oprimidos y explotados, que son cada vez más hostiles a sus regímenes despóticos y a sus señores occidentales: llevan décadas haciéndolo [las burguesías europeas] sin poder aplastarlos ni siquiera con guerras devastadoras como las desencadenadas contra los pueblos de Iraq, Afganistán y ahora Palestina.

Saben que tienen muchos proletarios árabes e islámicos en casa (a los que consideran, con razón, su «enemigo interior«) y, para intimidarlos, están movilizando y fanatizando a todos los canallas sociales disponibles, desde generales analfabetos hasta la Vendée de pequeños acumuladores, en Italia pletóricos pero presentes en todas partes, hasta una parte de los trabajadores abandonados a sí mismos por la izquierda más degenerada de todos los tiempos, e incultos por aparatos sindicales imbuidos de corporativismo e ideología colonial, por si no bastara con el bombardeo diario de los medios de comunicación del régimen.

4. Sobre este último aspecto, la prensa patronal toca el bombo, haciendo hincapié en el voto de los trabajadores a los partidos de derechas.

No lo hace por casualidad. Sabe muy bien que la única clase que realmente puede combatirla -sobre todo en la perspectiva cada vez más concreta de escenarios de «gran guerra»-, la única clase que realmente puede interponerse es la clase de los obreros y proletarios.

Por eso hace todo lo posible por dividirla (la división más fácil de utilizar es la que existe entre nativos e inmigrantes) y desacreditarla frente a sí misma.

He aquí los titulares: «Los obreros votaron a Le Pen«, «los obreros coronaron a Meloni«. «Verdades» pregonadas frente a los trabajadores, las capas sociales asalariadas intermedias y aquellos (muy pocos) que siguen creyendo, como nosotros -y como los capitalistas, para el caso, lo único en lo que estamos de acuerdo-, que sólo desde este lado pueden llegar los peligros al sistema capitalista, y el mayor (para ellos) de todos los peligros: la revolución social.

Pero si miras más de cerca las mismas estadísticas que se exhiben, descubrirás que –teniendo en cuenta la abstención– según Ipsos en Francia 24 de cada 100 trabajadores votaron a Le Pen, 22 de cada 100 votaron a la izquierda; y que entre las capas salariales más aplastadas el voto a la izquierda alcanza el 36%, mientras que llega incluso al 50% entre los más jóvenes (18-24 años) más afectados por la precariedad.

Descubrirás, además, que en el programa «social» de la RN hay al menos dos puntosla defensa contra la inflación y el fortalecimiento de la industria nacional– que resultan atractivos para los proletarios como fuerza de trabajo sin autonomía de clase, tal como son hoy tras décadas de desarticulación de sus filas y sus cabezas. Y que, por tanto, siendo éste el caso, la colocación a la derecha de sectores sustanciales de los trabajadores italianos y europeos, fenómeno ciertamente no desconocido en el pasado, puede explicarse de manera materialista-histórica (ya lo hemos hecho en otra ocasión poniendo en cuestión en primer lugar la estructura del imperialismo y los privilegios relativos que desde hace tiempo asegura también al proletariado, privilegios que se reducen constantemente), sin caer en la desesperación, ni ir en busca de nuevos sujetos, tal vez sujetos estatales (¿Rusia? ¿China? ¿Irán?), como fuerzas de liberación de la explotación y la guerra, en lugar de reconocer en ellos otras máquinas de explotación y guerra.

Para Italia, la famosa encuesta de SWG da las siguientes cifras: de 100 trabajadores, 58 no fueron a votar. De los 42 restantes, 16-17 votaron a Meloni, 4 a Salvini, 4 a Forza Italia, 7 al Partido Democrático, 5-6 al 5 Estrellas, sólo 1 (UNO) a la «izquierda» de la Alianza Verdes-Izquierda (AVS). Básicamente, entre los trabajadores que votan, el 60% vota a la derecha. Es una tendencia que lleva años, si no décadas (empezando por el voto masivo a la Liga Norte en los años 90 también por parte de los miembros de Fiom (Fiom es el sindicato de los trabajadores del metal, durante muchos años un sindicato combativo). En Francia y Alemania, el fenómeno es quizá aún más pronunciado.

De ello se desprenden tres elementos de reflexión:

  • Entre los obreros, y más aún entre el resto de los proletarios, el abstencionismo es, como ya se ha dicho (pero vale la pena repetirlo), claramente superior a la cifra general. Y, con toda probabilidad, es precisamente en el seno de esta masa abstencionista, de momento informe, donde se esconden las fuerzas proletarias potencialmente más predispuestas a la política de clase.
  • La tesis del «voto mayoritario a la derecha» de los trabajadores es tan falsa como la de la victoria «clara» de la derecha en las elecciones, por el simple hecho de que esta afirmación se basa únicamente en datos porcentuales y no en cifras absolutas y reales. Si nos referimos a estas últimas, vemos que la derecha «triunfante» ha perdido en realidad varios cientos de miles de votos en comparación con las elecciones generales de hace dos años, e incluso millones en comparación con las anteriores elecciones europeas.

Del lado de los trabajadores, la derecha obtuvo el 24-25% de los votos, mientras que el «campo amplio» de Schlein, Conte y Fratoianni el 13-14%. Así pues, si por un lado un voto de cada 4 a la derecha es cualquier cosa menos «la mayoría» y una coronación, por otro lado está claro que la «victoria» en términos porcentuales es única y exclusivamente el resultado del hundimiento de los partidos de centro-izquierda entre los trabajadores, entre los que destaca un Partido Democrático belicista y prosionista incluso más que ciertos sectores de la derecha.

  • El resultado del GLA entre los obreros y proletarios, diametralmente opuesto al total de votos, certifica el carácter enteramente pequeñoburgués de esta fuerza, cuyos dirigentes han sido buenos y astutos en aprovechar el «vientre antifascista» de la llamada «gente de izquierda» (y también de extrema izquierda), pero que es completamente incapaz de interceptar el descontento de la clase «en sí».

Por último, los datos del Sur de Italia, y más concretamente de Nápoles. Allí, el equilibrio de poder que se desprende de las encuestas está más que invertido en comparación con el panorama del centro-norte. Especialmente en los barrios obreros, el voto global a la derecha (la suma de Hermanos de Italia, Lega y Forza Italia) ni siquiera alcanza el 20%, mientras que el Partido Democrático, 5 Estrellas y GLA también llegan al 70% de los votantes (en la ciudad la media de votantes fue del 42%). Más allá de cualquier retórica antifascista, esta cifra certifica la expansión exponencial del malestar y el descontento social en Nápoles y en amplias franjas del sur, que debe atribuirse, además del recorte de los ingresos de la ciudadanía, a los recortes del gasto social tras la emergencia Covid y, más recientemente, a la autonomía diferenciada anticipada por las prácticas gubernamentales incluso antes de que adquiera fuerza de ley.

Dicho esto, para desmontar las falsas verdades de la propaganda dominante, el momento es difícil, seamos claros. No necesitábamos el resultado de las elecciones europeas para comprenderlo. El renacimiento de un movimiento de clase digno de ese nombre en Italia y en Europa será un parto difícil, muy doloroso, no corto. Y es en fases históricas difíciles como ésta cuando vemos la auténtica sustancia de las organizaciones y de los camaradas individuales.

5. A diferencia de Francia y Alemania, en Italia el gobierno de derechas en funciones, dirigido por Meloni, sale indudablemente reforzado de las elecciones.

Fortalecido por el seguidismo ganado en la marea de pequeños acumuladores al son de regalos fiscales sin precedentes, acelera en las «reformas» destinadas a centralizar aún más el poder estatal en manos del ejecutivo con la premiería y a alinear al poder judicial, y a restringir aún más los espacios de las luchas obreras y sociales con el lanzamiento del Ddl 1660 y una práctica rastrera de uso duro de la policía.

No se puede descartar que, a su vez, animados por el favorable resultado electoral, el Partido Democrático y su cola GLA tomen algunas iniciativas en el terreno social, por ejemplo, apoyando a la CGIL de Landini en su, hasta ahora floja, campaña de referéndum por la abolición de la Ley de Empleo.

Dado que no existen diferencias sustanciales entre los dos bandos enfrentados en cuanto a la posición internacional de Italia y el belicismo, es posible que en los próximos meses se manifiesten fricciones, a nivel propagandístico, sobre cuestiones sociales.

Entre ellas, la acción para oponerse a la fatal reforma de la «autonomía diferenciada» que quiere la Lega de Salvini, que profundizaría aún más las distancias entre los proletarios del Norte y los proletarios del Sur. En ambos casos, el referéndum sobre la Ley de Empleo y la resistencia a la autonomía diferenciada, la iniciativa política de las fuerzas de centro-izquierda y de la CGIL ha tenido lugar hasta ahora de formas muy suaves y controladas, por miedo a desencadenar un despertar obrero y proletario que ciertamente no está en los programas ni de Schlein ni de Landini [el secretario de la CGIL].

Pero el desafío debe ser asumido y relanzado en el terreno de una movilización real de los trabajadores en primera persona, porque se trata de cuestiones importantes para toda la clase obrera.

Para las modestas fuerzas de clase en el campo, la carrera hacia la guerra, el enredo aún mayor de los acontecimientos de la Unión Europea, el retorno -sancionado por el nuevo Reglamento de la UE- de las políticas de «austeridad», el auge de la «ola negra» contra las poblaciones inmigrantes, constituyen una amarga prueba.

Lo son para el sindicalismo de base, que sólo podrá salir del estrecho espacio en el que está confinado hoy y convertirse en una alternativa para la masa de los trabajadores, si se opone activamente a la línea del menor esfuerzo que querría desterrar la «política» en sus filas, justo en el momento en que la imbricación de la lucha reivindicativa y la lucha política está en su punto más alto, y la necesidad de iniciativas que se dirijan al conjunto de la clase obrera es mayor.

Lo son igualmente para las organizaciones políticas y los colectivos territoriales llamados a superar la perspectiva particularista y las formas de semiinternacionalismo para desarrollar plenamente el gran potencial inherente a las iniciativas antibelicistas, aunque limitadas, de los últimos años y al poderoso movimiento internacional de solidaridad con el pueblo y la resistencia palestinos.

El gobierno de Meloni, la nueva Comisión Europea, la OTAN y las fuerzas del gran capital transnacional que les respaldan, no dejarán tregua ni a las clases trabajadoras ni a nosotros. En las necesarias respuestas de lucha, surgirán nuevas fuerzas frescas.

Traducción nuestra


Pungolorosso: Este blog, nacido hace unos años, es un blog anticapitalista y militante internacionalista…Este enfoque original del blog se mantiene en la actualidad, aunque con la progresiva ampliación tanto del equipo editorial como de los temas tratados, con una mirada más atenta que en el pasado a la condición y las luchas de las mujeres, y a la catástrofe ecológica en curso…El contexto que determina nuestro trabajo es el de una crisis histórica del sistema capitalista, para la que «soñamos» con un desenlace revolucionario. Por eso escudriñamos cuidadosamente los movimientos, grandes y pequeños, de la única fuerza social que puede lograr ese desenlace: el ejército mundial de proletarios, hombres y mujeres, los oprimidos de todas las razas, géneros y colores. Empezando por esa pequeña parte del mundo en la que nos encontramos, Italia…Así pues, éste es un blog para personas que sueñan y aman luchar.

Fuente original: Pungolorosso

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