Mohamad Hasan Sweidan.
Ilustración: The Cradle
24 de mayo 2024.
La pérdida de su presidente y de su principal diplomático podría haber sido una prueba crítica para la República Islámica, pero su política exterior parece mantenerse firme e inquebrantable, impulsada por instituciones sólidas y poderosas alianzas estratégicas.
Durante una conferencia de prensa celebrada el 20 de mayo, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, declaró que, aunque el gobierno estadounidense ofrecía sus condolencias oficiales a Irán por la pérdida del presidente Ebrahim Raisi, fallecido en un accidente de helicóptero junto con el ministro de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, no «prevé ningún cambio en el comportamiento iraní y, por tanto, los iraníes no deben esperar ningún cambio en el comportamiento estadounidense a la hora de exigirles responsabilidades».
En los últimos años, la orientación de la política exterior iraní hacia el Este se ha consolidado con las diversas experiencias y factores que han convencido a sus dirigentes de este planteamiento. La confianza en Occidente se quebró cuando el presidente estadounidense Donald Trump se retiró unilateralmente del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA o «acuerdo nuclear») en 2018, y el uso de sanciones por parte de Occidente ha consolidado la cooperación de Teherán con socios asiáticos y del Sur Global. Además, los recientes cambios en la escena internacional han obligado a la República Islámica a convertirse en un actor activo y asegurarse una posición estratégica en el nuevo orden mundial multipolar.
Esperanzas y escepticismo diplomáticos
En septiembre de 2013, se produjo el primer contacto directo entre el entonces presidente iraní, Hassan Rouhani, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, desde la Revolución Islámica de 1979.
Como supuesto «moderado«, Rouhani, que asumió el cargo en 2013, representaba a una facción que creía en la posibilidad de resolver las diferencias con EEUU mediante la diplomacia y el diálogo. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2014, hizo hincapié en la determinación de Irán de continuar las negociaciones:
Estamos decididos a proseguir las negociaciones con nuestros interlocutores con seriedad y buena fe, sobre la base del respeto y la confianza mutuos, la eliminación de las preocupaciones de ambas partes, así como la igualdad de condiciones y las normas y principios internacionales reconocidos.
Los partidarios del enfoque occidentalista de Rouhani consideraron el acuerdo nuclear de 2015 entre Teherán y Washington como una validación de su estrategia. En aquel momento, el presidente iraní saludó el acuerdo como una «victoria política» para Irán, afirmando que significaba que Teherán dejaría de estar activamente aislado por Washington y sus aliados.
Sin embargo, el Líder Supremo de la República Islámica, Alí Jamenei, se mantuvo escéptico, declarando en su primer discurso tras el acuerdo
He dicho a los funcionarios que no confíen en la parte contraria, que no se dejen engañar por sus sonrisas, que no confíen en sus promesas porque cuando hayan logrado sus objetivos se reirán de vosotros. … Después de cada ronda de conversaciones hacen comentarios públicos que luego nos dicen en privado que estaban destinados a salvar las apariencias en su propio país y a contrarrestar a sus oponentes, pero éste es su propio problema y no tiene nada que ver con nosotros.
Casi tres años después, Trump dio la razón a Jamenei y socavó el planteamiento de Rouhani al anunciar la retirada de Washington del acuerdo nuclear. Esta convicción de que no se podía confiar en Estados Unidos se reforzó aún más cuando el principalista iraní Ebrahim Raisi asumió la presidencia de Irán en 2021.
A partir de ese momento, la República Islámica operó bajo la premisa de que Occidente, a pesar de las declaraciones estadounidenses sobre la vuelta al acuerdo nuclear, no daría ningún paso mutuamente beneficioso que beneficiara positivamente a Teherán.
Hacia un orden mundial multipolar
Existe un consenso global en que el orden mundial está experimentando una transformación. Los estadounidenses afirman que nos encontramos en un «punto de inflexión«, y las políticas que adopten hoy los Estados determinarán sus posiciones en el nuevo orden.
Durante el mandato de Raisi, Irán, al igual que otras potencias regionales, ha ampliado su influencia y su posición en la escena mundial. Es crucial comprender que las decisiones de Irán no están vinculadas únicamente a Raisi, sino que tienen su origen en las variables más amplias del sistema internacional que todos han reconocido.
Con la aceleración del cambio desde Europa Oriental hasta Asia Occidental y África, Teherán se apresura a asegurarse una posición avanzada en el orden posunipolar. Por cierto, Irán fue el primer país de Asia Occidental en unirse a la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) en 2023, ofreciendo una cooperación ampliada con países como Rusia, China y otros seis Estados asiáticos estratégicamente situados. Además, Irán obtuvo el año pasado un puesto en los BRICS, decidido a desempeñar un papel importante en la configuración de estructuras y mecanismos multilaterales.
Con la inclusión de otros cuatro nuevos miembros: Egipto, Etiopía, Arabia Saudí y los EAU, el BRICS+5 representa ahora el 46% de la población mundial y el 30% de su producción económica.
La cuota del grupo en la producción mundial de petróleo pasó del 18% antes de la ampliación al 40%, mientras que su cuota en el consumo de petróleo saltará del 27% al 36%. Del mismo modo, su participación en el comercio mundial de mercancías pasará del 20% al 25%, y su participación en el comercio mundial de servicios aumentará del 12% al 15%.
Significativamente, el nuevo grupo también representará alrededor del 45% de las reservas mundiales de divisas. Esto subraya la importancia a largo plazo de la presencia de Irán en dicha estructura. Uno de los principales objetivos de Teherán al unirse a estos grupos es contrarrestar las políticas atlantistas unilaterales, ya que la pertenencia a los BRICS aumenta la capacidad de Irán para eludir las medidas coercitivas occidentales.
Fortalecimiento de las alianzas orientales
Además de su creciente presencia en los bloques orientales, Teherán se ha esforzado por fortalecer sus relaciones con las principales potencias euroasiáticas, a saber, China y Rusia. Bajo la pesada carga de las sanciones occidentales, la República Islámica intensificó sus esfuerzos para firmar importantes acuerdos con Pekín y Moscú.
Esos esfuerzos dieron sus frutos con la firma en 2021 de un acuerdo de cooperación estratégica de 25 años con China, que abarcaba la cooperación económica, militar y en materia de seguridad, y se puso en práctica a principios de 2022 bajo el gobierno de Raisi.
El impacto de este acuerdo se hizo evidente rápidamente, ya que el comercio entre Irán y China se desarrolló significativamente entre 2021 y 2023. En 2022, el volumen total de comercio entre ambos países alcanzó casi 16.000 millones de dólares, lo que representaba un aumento del 7% respecto al año anterior. Este crecimiento se vio impulsado en gran medida por la importación de petróleo iraní por parte de China, a pesar de las actuales sanciones estadounidenses que han afectado a la capacidad de Irán para comerciar con otros países.
En cuanto a Rusia, la guerra de Ucrania ha reforzado la convicción del Kremlin de ampliar la cooperación con los países «antioccidentales«, en particular Irán. Un ejemplo de ello es que ambas partes han llegado a la fase final de la negociación de un acuerdo de cooperación estratégica.
La activación del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC), que va de Rusia a India pasando por Irán, supone un éxito adicional para los países de tránsito debido a su importancia económica internacional. Rusia realizó su primer envío primer envío a través de este corredor en julio de 2022.
La campaña de sanciones occidentales contra Moscú fue también un factor importante que impulsó al Kremlin a desarrollar la cooperación económica con Teherán. En consecuencia, con el creciente deseo de Moscú de cooperar, la República Islámica tiene la oportunidad de estrechar lazos en consonancia con su visión de su papel en el nuevo orden mundial en rápido desarrollo.
La cooperación en materia de defensa entre Pekín, Moscú y Teherán también se ha acelerado en los últimos años. Los tres países han realizado cinco maniobras conjuntas desde 2019, el mayor número de actividades militares conjuntas de su historia.
Continuidad de la política exterior de Irán
En su libro Madam Secretary: Memoirs, la difunta ex secretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright subraya la importancia de las instituciones y leyes de un país para mantener la estabilidad interna y la eficacia de la política exterior.
Albright sostiene que estas instituciones y leyes proporcionan un marco que limita el poder y garantiza la continuidad y el éxito a largo plazo de la política exterior de un Estado, independientemente de los cambios de liderazgo. Este principio es especialmente relevante para Irán, donde la institucionalización de la política exterior le permite resistir a las conmociones, como el reciente fallecimiento del jefe de Estado y de su ministro de Asuntos Exteriores.
Un Estado cuya política exterior depende de la estabilidad de las instituciones y no de los individuos es más resistente, ya que las líneas generales de la política exterior se derivan de los intereses de estas instituciones, que son esencialmente los intereses del Estado.
Reconociendo esta realidad, varios analistas occidentales han llegado a la conclusión de que no se producirá ningún cambio significativo en la política exterior iraní tras la marcha de Raisi y Amir-Abdollahian. Como señala Jean Kinninmont en su artículo:
Se trata de una situación extraordinaria: el presidente y el ministro de Asuntos Exteriores han muerto repentinamente en uno de los países más importantes desde el punto de vista geopolítico de una región desgarrada por el conflicto, y sin embargo la opinión predominante es que el impacto geopolítico es mínimo.
Esto demuestra que la actual orientación de la política exterior iraní está determinada no sólo por el trasfondo ideológico de la República Islámica, sino también por los intereses pragmáticos del Estado, que hacen necesario continuar con el enfoque establecido por Raisi.
Traducción nuestra
*Mohamed Hasan Sweidan es investigador de estudios estratégicos, escritor para diferentes plataformas mediáticas y autor de varios estudios en el campo de las relaciones internacionales. Mohamed se centra principalmente en los asuntos rusos, la política turca y la relación entre la seguridad energética y la geopolítica.
Fuente original: The Cradle
